¿Es periodismo todo lo que reluce en los medios de comunicación?

No, ya sé que no. Hace tiempo que el periodismo no se puede definir como aquello que se publica en un medio de comunicación ni el periodista como aquel que trabaja en un medio, por mucho que la Rcrisis-per21AE defina al profesional de la información periodística como aquella “persona profesionalmente dedicada en un periódico o en un medio audiovisual a tareas literarias o gráficas de información o de creación de opinión”. Que sí, que ya sabemos que lo importante es el afán de búsqueda y transmisión de la verdad (veracidad) y el interés público (no confundir con lo que interesa al público). Y, sin embargo, cuántas inercias quedan aún por frenar y reconducir…

Esta idea me ha venido a la cabeza porque es la primera vez que no trabajo en un medio de comunicación tradicional –léase, una radio, televisión, periódico o medio de comunicación generalista- y me siento extraña, como pez fuera del agua. Y, sin embargo, comparo lo que estoy haciendo ahora con lo que hace escasos meses realizaba en un gran medio tradicional, y creo que ahora estoy haciendo más periodismo que antes.

Porque busco temas, investigo, contrasto opiniones e intento aportar lo que creo que tiene más interés para la mayoría, sólo que en el ámbito de la educación, la formación y el empleo. No siempre las circunstancias me dejan hacerlo como me gustaría, pero mi aspiración, sin duda alguna, sigue siendo exactamente la de siempre.

Y si esto me pasa a mí, que lo tengo claro –al menos en mi cabeza-, ¿cómo no van a estar confundidos la sociedad y los poderes públicos? Porque todavía seguimos creyendo que un medio de comunicación  tradicional nos informará mejor que otros espacios más pequeños, más humildes, más especializados.

Con el periodismo especializado hemos topado

Obviamente, los medios generalistas cumplen una función importantísima. Nos ayudan a reorientar nuestra mirada: de nuestro ombligo al horizonte de la actualidad. Sin ellos, no sabríamos qué pasa a nuestro lado ni más allá.

Ahora bien, tampoco llegan a todo, y menos tras este periodo largo de recortes/EREs que han dejado las redacciones vacías de periodistas veteranos y especializados.

La especialización constituye una salida muy digna, siempre y cuando no se pierda el horizonte. Sólo desde esa búsqueda de la máxima profesionalidad podremos convencer a un público especializado y exigente, y unos poderes acostumbrados a atender sólo a quienes les ofrecen amplia difusión o acriticismo, que el periodismo no ha muerto, sino que está renaciendo de mil formas diferentes.

Compañeros, que el periodismo siga brillando, allá donde estemos.

Imagen tomada de aquí.

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Entretenidos y exhaustos

Impresiona ver a cientos de personas saliendo de un tren en una gran ciudad, pongamos Barcelona.
Decenas y decenas de cuerpos caminando en la misma dirección, decenas y decenas de cabezas mirando hacia el mismo lugar…
Levanto la cabeza y observo la señal de Sortida/Salida que seguimos sin cuestionarnos.
Cuántos caminos trillados, encauzados, dirigidos, controlados…
Siento que alguien o algo, tal vez nosotros mismos, nos ha ganado la partida, la vida…
Entretenidos y exhaustos, lo difícil -¿lo imposible?- es mirar al que camina a mi lado.
Yo estoy aburrido, yo estoy cansado, yo, yo, yo…
El nosotros está desapareciendo de nuestro vocabulario.
Son las ocho de la mañana y creo que todavía no he despertado.

 

rayban

¿Es este anuncio un reflejo de las contradicciones del sistema?

 

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El periodista que acabó vendiendo pañuelos de papel

Apuesto a que el periodista con el que me he topado hoy nunca imaginó que acabaría vendiendo pañuelos de papel a los conductores de los vehículos que se paran delante de uno de los semáforos de la calle Aragó de Barcelona.

Lleva un paquete de kleenex en cada mano y de su cuello pende un cartel que le llega prácticamente hasta los pies. Me pregunto si tamaño tablón constituye una medida extrapolable de su desesperación.

En letras rojas sobre fondo blanco he podido leer únicamente que también es exmigrante (?) y que busca trabajo. No paraba de moverse en busca de clientes acatarrados.

Inmediatamente después he recordado a mis estudiantes. Si lo miraran como yo lo estoy mirando, si pudieran apreciar el sudor en su frente, su sonrisa enmuecada, su ir y venir, venir e ir, su cansancio…

dedo-y-lunaTal vez ya no percibirían los ejercicios como juegos sin sentido, tal vez los concebirían como oportunidades de aprendizaje en un mundo complejo y acelerado.

Tal vez comprenderían que el tiempo es escaso y asimilarían aquello que tan solo pude esbozar en una clase: que los necios ven el dedo en las prácticas, mientras que los sabios ven la luna de lo que se avecina.

PD: El periodista no acabó vendiendo pañuelos de papel, porque ninguna vida está perdida mientra no termina. Este hombre se merece una entrevista.

Imagen tomada de aquí.

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Ante la crisis del periodismo, más ética y autorregulación

Hace unos días que se ha presentado el libro “100 casos. La ética periodística en tiempos de precariedad”, escrito por el presidente del Consell de la Informació de Catalunya (CIC) y exdefensor del lector de La Vanguardia, Roger Jiménez. Como indica el título, se trata de una obra donde se explican 100 casos de ética periodística que permiten reflexionar sobre los puntos débiles del periodismo y aportar criterios para ofrecer una mejor información.

etica periodistica roger jimenez

Alsius, Jiménez y Herrscher el 20 de junio / EJG

El periodista y director de la colección Periodismo Activo, Roberto Herrscher, destacó el carácter práctico de la obra, algo muy común en la tradición norteamericana y no tanto en la española, así como la importancia de reflexionar sobre la ética en el mundo de las redes sociales.

El periodista y consejero del Consell Audiovisual de Catalunya (CAC), Salvador Alsius, reconoció que el periodismo está viviendo un periodo de “desorientación” y “desánimo”, y que la receta para salir de la llamada crisis residía en “más periodismo y un sistema de valores que garanticen la calidad de la información”. Es por ello que abogó por “la autorregulación como solución”.

¿Para cuándo un congreso de periodistas y un nuevo código deontológico?

El profesor de la Universitat Pompeu Fabra también aprovechó su intervención para recordar que tanto Roger como él como otras personas trabajaron, en el seno del CIC, para actualizar el código deontológico de la profesión periodística catalana, obsoleto con la irrupción de la tecnología digital, entre otros factores. Es por eso que lanzó una invitación al Col·legi y, más concretamente, a su actual decana, Neus Bonet, para retomar la tradición de organizar congresos de periodistas y poder así reflexionar sobre la situación de la profesión y generar un nuevo compromiso ético.

Finalmente, Roger Jiménez explicó cómo los periodistas han pecado de “exceso de arrogancia”, ya que antes de Internet el lector no tenía “ni voz ni voto” en la elaboración de la información. Ahora bien, esto no significa que el público no tenga su responsabilidad, ha matizado el veterano periodista. Jiménez ha sostenido que la implicación del público es “esencial para corregir la deriva del periodismo”. Es más, el exdefensor de La Vanguardia ha afirmado que “hay una ética de la empresa, del periodista y del público”. En cuanto a los empresarios que buscan rendimiento a corto plazo –“la mayoría”-, ha asegurado que “no hay ningún editor que no respete a un periodista con carácter”, a pesar de algunos despidos recientes en sentido contrario que también ha mencionado.

Sea como fuere, la obra está concebida como una “ayuda” a los periodistas más jóvenes, para que encuentren ejemplos y argumentos suficientes para hacer valer el derecho a la información de los ciudadanos, un “bien público” necesario para que funcione cualquier democracia.

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¿Quién regenerará el periodismo? Retos de una profesión en transformación

Hace unos días se presentó en el Col·legi de Periodistes de Catalunya el libro de Josep Carles Rius, Periodismo en reconstrucción. De la crisis de la prensa al reto de un oficio más independiente y libre. El periodista y presidente de la Fundación Periodismo Plural ha estado acompañado por periodistas de varias generaciones como la joven periodista experta en África, Gemma Parellada, la periodista y ex defensora del lector de El País, Milagros Pérez Oliva, el ex director del diario Ara, Carles Capdevila y el veterano periodista catalán, Josep Martí Gómez.periodismo en reconstruccin

En palabras de su autor, la obra pretende ofrecer un buen diagnóstico de la situación actual para, a partir de ahí, “reconstruir el periodismo y no volver a repetir los mismos errores”. Rius sostiene que la crisis del periodismo se ha debido a la confluencia de diversos factores que han dado lugar a una especie de “tormenta perfecta”: cambios tecnológicos, grandes errores de gestión, la “depresión” económica y la “crisis de credibilidad o ética”.

Entre las soluciones, el periodista sostiene que es necesaria una “regeneración de los grandes medios públicos y privados” y que la principal aspiración ha de consistir en recuperar la credibilidad y la confianza. Para ello, recomienda comprometerse con las personas (“factor humano”), volver a los orígenes del periodismo, favorecer las voces libres dentro de los grandes medios y recuperar el debate intelectual en las redacciones. Ante tamaña tarea, el profesional de la información propone “una alianza entre generaciones para llegar a un periodismo independiente y libre”.

La siguiente en tomar la palabra ha sido la periodista más joven de la sala, Gemma Parellada, quien ha considerado “la falta de criterio” como una de las causas de la crisis del periodismo. También ha pedido que dejemos de echar la culpa de todo a los demás, con argumentos como que “al lector eso no le interesa”.

Redacciones amordazadas

La periodista de El País, Milagros Pérez Oliva, ha asegurado que la crisis es una oportunidad que algunos han aprovechado para “convertir el periodismo en un instrumento al servicio de los intereses económicos y partidistas”. También ha lamentado la ausencia de verdaderos editores, quienes han sido sustituidos por gestores que sólo miran la cuenta de resultados. Todo ello ha producido, según Pérez Oliva, “consecuencias graves en las redacciones”, como por ejemplo la autocensura. Y la precariedad laboral no ha hecho más que agravar este problema, ha añadido. Que las redacciones se estén convirtiendo además en gestoras del tráfico y el espacio supone una “devaluación del intelectual colectivo” muy peligroso. Es por ello que ha valorado mucho el libro que se ha presentado, pues da voz a muchos periodistas y abre “un espacio de reflexión que no existe en las redacciones”.

El siguiente en intervenir, Carles Capdevila, ha calificado la obra como una mezcla de “mala hostia y esperanza”. El exdirector del Ara ha pedido “más autocrítica” a los compañeros de profesión y ha comparado el periodismo con un edificio en ruinas, donde coexisten paredes derruidas y paredes maestras, donde algo se ha perdido, algo debe conservarse y algo está por construir.

Falta de épica

Entre las amenazas que se ciernen sobre el periodismo, ha citado los algoritmos matemáticos, que la gente no quiera pagar por la información, la ausencia de un modelo de negocio, el desánimo de los profesionales, el exceso de pragmatismo y la falta de épica, la crisis económica que ha dejado a los medios en manos de los bancos y la confusión entre lo que es el periodismo y lo que no lo es.

Por el contrario, Capdevila considera que ahora existen más oportunidades para llegar al lector, que este tiene más ganas de aprender, que la impunidad es mucho más difícil que antes, que es más fácil saber lo que piensa el lector, que se ha acabado el monopolio da la información y que contamos con “herramientas interactivas brutales”.

Finalmente, Josep Martí Gómez també ha insistido en la importancia de realizar “examen de conciencia” y ha constatado la fuerte autocensura y falta de diálogo que se vive en las redacciones. Es por eso que ha alentado a ganarse la confianza de los lectores y ha lanzado un interrogante al auditorio: “¿Qué pasará cuando llegue la publicidad del Santander, el Corte Inglés y La Caixa a la web?”.

A modo de conclusión, Josep Carles Rius ha afirmado que la “revolución” del periodismo ha de hacerse dentro y fuera de los medios, y ha alentado a los periodistas allí presentes a buscar la credibilidad, “el bien más preciado”.

***

Muy interesante, muy interesante.

Al salir de la sala, una compañera allí presente me comenta: “¿Y dónde estaban algunos de los que han hablado cuando el periodismo entraba en crisis?”.

Ah, qué gran pregunta…

Sigue faltando autocrítica…

Se saludan los conocidos y todos nos marchamos de la sala antes o después…

¿Cuál ha sido el efecto de palabras tan acertadas?

Si nos hubiera escuchado un alto cargo político o el consejero delegado de algún banco, se hubiera frotado las manos: “Tranquilos, nada ha cambiado”.

Seguimos siendo francotiradores, orgullosos de la calidad de nuestro disparo.

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Grandezas y miserias del periodismo de proximidad

Tengo la sensación de que no escribo hace siglos. En enero de este año comencé a realizar crónicas semanales de la ciudad donde vivo –L’Hospitalet de Llobregat, al lado de Barcelona- y siento que la actualidad me ha absorbido. Y no es que no haya reflexionado sobre lo que hago desde entonces, pero mentiría si dijera que no echaba de menos pararme un poco y pensar con calma, que en mi caso equivale a escribir.

Lo primero que he notado es que mis crónicas han tenido un impacto en la sociedad mucho mayor que mis columnas de opinión. Esto lo constato viendo el número de clics, retuits y comentarios en las redes sociales que me dedican algunas personas.

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adiccio evajgSinceramente, yo no creo que ahora escriba mucho mejor que antes, por lo que interpreto que la diferencia se halla en que ahora tengo más acceso a la información y, por tanto, puedo fundamentar mejor mis percepciones. Otra conclusión fácil de extraer es que la opinión es fácil de conseguir, no así la información, por lo que esta se valora mucho más. Se cumple, por tanto, una de las leyes más básicas del mercado: lo escaso es valioso, aunque muchos todavía no estén dispuestos a pagar por ello –si me disculpas, de la precariedad hablaré en otro momento-.

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Contacto con la realidad

Vivir en la ciudad sobre la que uno tiene que informar presenta grandes ventajas. La primera, muy evidente, es que estás muy cerca de la realidad y, por tanto, puedes comprobar la diferencia entre las palabras y los hechos. En este mundo saturado de eslóganes y postureos, el periodista de proximidad cuenta con una gran ventaja respecto al que no sale de la redacción central.

Separar lo profesional de lo personal

Una concreción de lo anterior es que estás muy cerca de las personas sobre las que informas o que te pasan información, por lo que resulta más fácil separar lo profesional de lo personal. Si ves que un político o política sale al parque con su familia, lo ves como un ser humano que es querido por los suyos y se siente feliz con ellos. Es más fácil empatizar y dejar los (pre)juicios a un lado. Y si es verdad que sólo se puede conocer verdaderamente lo que se ama, entonces no vamos mal.

Círculos de confianza

Lo mismo sucede en sentido contrario. Si te ven por la calle y ven que eres una persona “normal” y no un periodista-sensacionalista, entonces puedes comenzar a tejer círculos de confianza, espacios donde se puede hablar con sinceridad sin miedo a que te explote la noticia en la cara al día siguiente. Si uno cumple su palabra, entonces llegará el día en que alguien te confiará eso que algunos periodistas ansían más que un buen sueldo: la exclusiva.

¿No tiene desventajas el periodismo de proximidad? Naturalmente.

El anonimato se ha acabado

Si te conviertes en alguien muy conocido –que no es el caso, je, je-, entonces no puedes ir a un sitio y dejar que todo transcurra como si no hubiera ningún medio presente. Es decir, sin proponértelo, estás influyendo en el transcurso de los acontecimientos, con lo que puedes distorsionarlos involuntariamente y, por tanto, co-crearlos sin quererlo.

Aprender a dar la cara

Como consecuencia de lo anterior, alguien puede acercarse a ti y echarte la bronca –esto sí lo he vivido, pero no tengo pruebas de ello-. Entonces, debes aprender eso que ahora se llama habilidades sociales: escuchar con mucha paciencia, comprender lo que el otro te quiere dar a entender aunque las formas no sean las mejores, responder sin alterarte, razonar, argumentar… En definitiva, se trata aprender a rendir cuentas de tu trabajo en todo momento y circunstancia. Lo más natural del mundo, vaya, pero que muchos no han aprendido por no haber salido de la redacción en mucho tiempo o por haber aprendido a relacionarse sólo en debates televisivos.

Evitar odios viscerales

Relacionado con lo que acabo de comentar, resulta muy importante intentar mantener la relación con todo el mundo. Obviamente, habrá gente que te caiga muy bien y gente que te caiga menos bien –humanos somos, aunque no lo parezca-, pero es vital no perder la relación con nadie, porque tenemos el deber de escuchar a todo el mundo para que nuestra información sea muy plural y, de este modo, se acerque lo más posible a la verdad –algún día hablaré de esto, que me apasiona el tema-.

En definitiva, aprender a convivir como hermanos

Los periodistas y ciudadanos que compartimos el mismo espacio hemos de aprender a convivir juntos, como padres, hermanos o cuñados han de relacionarse aunque piensen y actúen de modo distinto e incluso opuesto. Esta comparación no me parece exagerada.  De hecho, es una idea que se acerca mucho a la denominación, ahora tan de moda, de “periodismo de proximidad”. Todos somos prójimos de todos y estamos aquí para ser felices. Ojalá que los prejuicios y los intereses creados no nos impidan verlo antes de que sea demasiado tarde, como sucede en la película El Valle de los Carneros que saqué a colación en otra crónica y otro blog.

Personalmente, creo que el periodismo de proximidad es uno de los periodismos más bellos que existen, porque te permiten conocer muy bien tu ciudad y, gracias a ese conocimiento, puedes amarla y sentirte parte activa de su transformación. Nadie es perfecto y puedes equivocarte miles de veces, pero las personas de bien sabrán valorar tu intención, más allá de tus palabras y tus gestos.

 

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García Avilés: “Lo digital se ha introducido en nuestro mundo de una manera casi sibilina”

Un experto en teoría de la comunicación invitar a usar la tecnología con espíritu crítico

José Alberto García Avilés (Granada, 1965) ejerce como Profesor Titular de Periodismo en la Universidad Miguel Hernández de Elche.  Tras una década impartiendo la asignatura de Teoría de la Comunicación, este periodista y doctor en Comunicación por la Universidad de Navarra decidió plasmar todo su conocimiento y experiencia  en una obra divulgativa al servicio de toda la sociedad: “No es un manual para alumnos, sino que intenta ofrecer algunas respuestas y también bastantes incertidumbres acerca de cómo nos afecta la comunicación en el día y cómo podemos estudiar y analizar foto 3los fenómenos comunicativos”. El libro, publicado por la editorial UOC, no obstante, también puede resultar de utilidad a los académicos y profesionales del ramo.

¿Por qué resulta tan importante pararnos a pensar en la comunicación?

Es muy importante porque es una actividad que realizamos constantemente todos los seres humanos a lo largo del día. Querámoslo o no, estamos comunicando y, por tanto, tomar conciencia de cómo comunicamos e intentar reflexionar sobre cómo podemos mejorar nuestra comunicación, me parece que merece la pena, aunque no seamos expertos o no trabajemos en el ámbito de la comunicación.

Y, luego, caer en la cuenta de que hay diversos niveles de comunicación que tienen siempre una relación bidireccional, es decir, que lo que comunicamos afecta a nuestro entorno, y lo que recibimos de nuestro entorno incide en nuestra forma de actuar y de pensar. Hay un nivel de comunicación personal e íntima, como en las relaciones de pareja; luego tenemos un nivel de comunicación grupal, como puede ser el entorno familiar, amical o laboral; un nivel organizacional, como una empresa; y, por su puesto, una proyección social, como los medios de comunicación o las redes sociales.  El núcleo del libro es la comunicación social, pero también se toca la comunicación verbal y no verbal o la organizacional, por ejemplo.

¿No resulta un poco exagerado afirmar que vivimos en una sociedad de la información, la comunicación y el conocimiento?, ¿qué ocurre en los países en vías de desarrollo?

comunicar en la sociedad redComo sostienen muchos autores, desde los años 80, con la irrupción de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, vivimos en una sociedad de la información, y es un término que ha hecho fortuna, porque el desarrollo y la implantación de dichas tecnologías ha cambiado los paradigmas de la comunicación de una manera radical. A este planteamiento se le pueden hacer diversas críticas, como que no es lo mismo una sociedad de la información que una sociedad del conocimiento, donde esa información se convierte en un bien útil y repartido. No hay duda de que estamos en la sociedad del dato, y por eso se habla de una saturación informativa, pero otra cosa es que tengamos capacidad para procesar esos datos. Sí que podemos coincidir en que hay información que fluye libremente, pero eso no se está plasmando en un mejor conocimiento y mucho menos en lo que es la sabiduría, la experiencia de la vida, esa aplicación ética frente a los problemas. Y, por supuesto, existe una brecha digital entre la gente que está en ese núcleo duro de la sociedad de la información, y personas y zonas que están fuera de esa sociedad porque no tienen la tecnología ni los recursos necesarios. En el barrio de Manhattan de Nueva York existen más conexiones a internet que en todo el continente africano.

La obra incide constantemente en cómo internet y el mundo digital en general nos ha cambiado la vida. ¿Somos conscientes de lo que ha supuesto ese cambio?

En un nivel micro, sí que hay estudios sobre poblaciones y usos de tecnologías concretas que ofrecen resultados sobre lo que supone el consumo de comunicación a través de móviles, el visionado de tantas horas de televisión o la presencia continuada en redes sociales para las capacidades de la persona o unos determinados hábitos positivos o negativos. Pero sí es cierto que esa irrupción de lo digital en nuestro mundo se ha introducido de una manera casi sibilina, sin que nos demos mucha cuenta. A mí no me gusta ser apocalíptico, pero la tecnología nunca es neutral. Siempre nos acaba afectando y a veces nos puede crear perjuicios.

Neil Postman proponía un ejercicio mental que puede ser muy útil: desconectar todos los enchufes de la casa, empezando por los más recientes hasta los más antiguos. Si lo hacemos, veremos cómo hay tecnologías que parecen irremplazables y que en ocasiones podríamos funcionar perfectamente sin ellas, e incluso nuestra vida podría mejorar. Tenemos que pararnos a valorar si ese hábito nos beneficia o realmente nos puede perjudicar.

Cuando habla de la irrupción sibilina de la tecnología, ¿está pensando en grandes compañías, como Google, que controlan lo que hacemos?

Me refiero a que a veces es difícil apreciar el efecto que las tecnologías producen en nuestras vidas. Si tú no tienes una nevera, lo notas. Pero el móvil lo tienes ahí, te vas acostumbrando y, al final, parece que sin móvil no podemos vivir, cuando realmente tendríamos que preguntarnos: ¿el tiempo que dedico al móvil de dónde lo estoy restando? Quizá de relaciones que antes eran más ricas, cara a cara o con otras personas…

En el libro propone un modelo para explicar los cambios acontecidos en el ámbito de la comunicación social. ¿Podría explicarlo con palabras sencillas?

Parto de la premisa de que comunicamos en una sociedad red, término acuñado por el sociólogo catalán Manuel Castells, donde el medio fundamental es la red, en sentido amplio, que permite que todos los usuarios estemos conectados en tiempo real desde cualquier lugar y recibir respuesta a nuestros mensajes prácticamente en cualquier momento. Esta comunicación es tanto horizontal como vertical (gente que está en una posición de control y otros más de recepción o vulnerabilidad), pero esas funciones son intercambiables: el que comunica también es el usuario y el que usa la comunicación también puede ser el emisor. Por tanto, la diferencia radical entre medios y usuarios se rompe en esa sociedad red y el mensaje realmente se configura en torno a las personas. Al final, lo que interesa es lo que de único y específico tiene cada usuario y lo que esa persona puede aportar.

Concretemos un poco más los efectos de los medios: ¿están hoy más definidos que cuando comenzaron a investigarse?

Hemos pasado por diversas etapas. En los años 30, una serie de teorías consideraban que los medios tenían un efecto total y absoluto. De ahí se pasó a un planteamiento casi contrario, diciendo que tampoco los medios afectaban a la sociedad o el efecto era mínimo, en los años 60. Y al final, los investigadores de audiencias tienden a pensar que los efectos no son totalmente persuasivos pero tampoco nimios. Cuando uno consume medios, eso moldea actitudes y tiene unos determinados efectos. Lo que ocurre es que el acceso a internet ha permitido dar un salto cuantitativo y cualitativo en cuanto a la capacidad que tienen las empresas para medir lo que la gente hace con los contenidos. Ahora está muy desarrollada toda la parte de la audimetría y el tráfico en internet y existen herramientas que permiten, de una manera que en ocasiones da un poco de miedo, como las famosas cookies... Esos son unos dispositivos que están enviando información constantemente a la web en concreto del comportamiento que hacemos cuando navegamos a través de esa web. Ahí tenemos una información que cada vez se va complementando más que hace que vaya en aumento la información, lo que se llama los grandes datos o datos masivos, que las empresas tienen de nosotros. Y ya hay empresas que comercializan esos datos y son ca
paces de predecir pautas de comportamiento en función de nuestros previos patrones de conducta y consumo. Hace poco el director de Marketing de unos grandes almacenes en Gran Bretaña comentaba que, con la información de una tarjeta de fidelización eran capaces de predecir, con un 80% de probabilidad, de predecir qué cliente se iba a divorciar en un plazo de dos meses. Conviene que se enciendan las luces de alarma de lo que nos pueden llegar a controlar.

¿Podemos decir entonces que estamos más vigilados que nunca? ¿El peligro de un Gran Hermano, como denunció Orwell, es hoy más real?

Ese peligro siempre está ahí y, de hecho, esto hay que conectarlo con la desinformación. Estamos en una sociedad de la información donde cada vez hay más desinformación y un grupo reducido de grandes corporaciones controla los temas sobre los que hablamos. Cuando vemos las interrelaciones, vemos cómo hay redes de poder y a veces hay revelaciones, como las de Edward Snowden y el espionaje de la agencia de seguridad norteamericana, que son simplemente la punta de iceberg de cómo se está controlando la información y que, si nos ponemos a investigar, ahí hay mucho que revelar, aunque las primeras interesadas en que esto no se sepa son las corporaciones y los gobiernos que trafican con datos y hacen este tipo de actividades, a todas luces, ilegales.

¿Y qué puede hacer una persona corriente para protegerse de esas y otras invasiones de su vida privada?

Yo hablaría de dos frentes. Uno, en el consumo de contenidos, pues no limitarse a fuentes reducidas sino tener una dieta informativa saludable con fuentes de diverso espectro ideológico, que contraste la información, que sea un usuario activo, crítico ante lo que consume y que no espere a ver qué le echan en la televisión. Y, en segundo lugar, a la hora de utilizar la identidad personal en las redes, ser celoso de la privacidad, es decir, no publicar en abierto datos, imágenes o material sensible que afecte a nuestra integridad o la de nuestros seres queridos porque, al final, todo lo que uno publica, aunque sea en un entorno cerrado de Whatsapp o Facebook, se puede acceder a ello y puede ser conocido por todo el mundo. Y, luego, aplicar las normas que uno intenta aplicar a la vida real a la vida en internet, esto es, las normas de cortesía, la educación, etc. No porque no haya una comunicación cara a cara puede uno actuar con un código distinto. La identidad digital es parte de nuestra identidad personal y lo que somos en internet, cada vez más, está siendo valorado por determinadas empresas para tomar decisiones.

¿Y respecto a las cookies?

Es una hoja de doble filo. Tienes que dar tu consentimiento, pero intentar, ante páginas no conocidas, no aceptar las cookies, para que no tengan más información, sobre todo si no estamos seguros de honestidad o no tenemos confianza en ese sitio.

El libro dedica una atención especial al periodismo. ¿Sigue teniendo sentido esta profesión en un mundo donde cada vez resulta más fácil comunicarse con facilidad y sin intermediarios?

Creo que hay que romper una lanza en favor del periodismo, porque sigue siendo necesario y más que nunca. Creo que el periodismo, como tal, no está en crisis. Lo que está en crisis son las empresas de comunicación, pero yo creo que hoy día se hace más y mejor periodismo que antes. Lo que sí que es necesario entender es que el periodista no puede limitarse a elaborar contenidos y que los medios no son los dueños de la información. En la sociedad red, la agenda también la marcan los usuarios y hay que escucharles. El papel del periodista tiene que seguir siendo el de intérprete, el de la persona que escudriña los contenidos, que jerarquiza, que estructura, que selecciona, que dar valor a esos contenidos, que crea un periodismo al servicio de los ciudadanos, que les hace la vida más sencilla y les fortalece, que somete al escrutinio a las instituciones y gobiernos. En la medida en que haya un periodismo más fuerte, la sociedad será también más libre y democrática.

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