¿Cómo debería ser la relación con el director de tesis?

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La relación entre doctorando y director de tesis debería ser como cualquier relación de dos personas adultas que tienen un objetivo común: aportar una investigación de calidad a la sociedad / Imagen: Freepik (jcomp).

El otro día me escribió una persona que está haciendo el doctorado y me comentó: “Mi director de tesis no me contesta correos y sólo he tenido tres entrevistas personales. ¿Eso también forma parte de la tesis?”. Le contesté un poco rápido, porque había más cuestiones: “Lo que comentas me consta que le ha pasado a otras personas, pero no debería ser lo normal”. Hoy quiero ahondar en la respuesta y, en cierto modo, matizarla.

En primer lugar, quiero dejar claro algo que muchas veces olvidamos, por los motivos que sean: todos somos personas. Olvídate, por tanto, de las etiquetas, de los roles que adoptamos en el ámbito profesional, y piensa en tu director y en ti como dos personas adultas.

¿Cómo es la comunicación entre dos personas adultas, independientemente de la vía de comunicación que utilicen? Si te diriges a una persona, esperas una respuesta; si envías un mensaje de correo, esperas una contestación; si envías un mensaje personal de Whatsapp, también esperas un comentario. Y viceversa.

Desgraciadamente, y como ya apunté en otro artículo titulado Un mundo sin respuestas, hace tiempo que percibo que los adultos han comenzado a comportarse como niños egocéntricos y malcriados, que sólo responden a aquello que les interesa. No incido en esto, pues puedes releer el post si así lo deseas.

Por tanto, a la primera parte de la pregunta, respondo rotundamente no. Que un director de tesis no te responda a los correos no debería ser norma, aunque desgraciadamente pueda convertirse en algo normal. Dicho esto, asegúrate de que le llegan antes de hacer mala sangre. Llama a la universidad y pregúntaselo como se lo preguntarías a otra persona cualquiera. Y, si no le localizan, deja el recado a quien puedas (desde el conserje al vicedecano de investigación). Este último mensaje seguro que le llega. 😉

Una relación para aportar algo útil a la sociedad

Vayamos a la segunda parte de la pregunta. No sé en cuánto tiempo has tenido tres entrevistas personales, pero por el contexto entiendo que han sido tres entrevistas en un periodo prolongado de tiempo. Bien, aquí vuelvo un poco a lo de antes: una relación de dos personas adultas será como esas dos personas establezcan que sea.

Esto significa muchas cosas. La primera, que no puede ser una relación en la que uno esté muy cómodo y otro muy incómodo, pues no se cumplirá el objetivo final de la dirección de tesis, que es acompañar a la persona en el proceso de realizar una investigación de máximo nivel académico y máxima utilidad social.

He puesto acompañar en cursiva porque creo que todos tenemos claro que el director o directora de tesis no hace la investigación por el doctorando o doctoranda, sino que supervisa que el aprendiz avanza adecuadamente en su proceso de investigación y garantiza la calidad del resultado.

¿Cómo se hace esto? ¿Con una reunión inicial y otra final, encuentros cada vez que se realiza y corrige una entrega, con sesiones periódicas? Esta decisión depende de las dos partes y, por tanto, requiere mucha honestidad por parte del doctorando/a y del director/a.

La persona que comienza el doctorado ha de realizar un importante ejercicio de autoconocimiento, basándose en su experiencia como estudiante. Algunas preguntas que podría hacerse son:

  • ¿Puedo aprender sin necesidad de compartir mis avances con otras personas?
  • ¿Pienso mejor solo o a través del diálogo con otras personas?
  • ¿Puedo avanzar rápida y eficazmente o necesito retorno de mis avances cada poco tiempo? En caso negativo, ¿cada cuánto?

El director o directora de tesis ha de ser también muy sincero con la persona que inicia la aventura del doctorado:

  • ¿Existe una mínima afinidad personal con la persona que dirigirá?
  • ¿Le interesa mínimamente el tema de investigación?
  • ¿Cuánto tiempo está dispuesto a dedicar a dialogar y corregir?

Cada director de tesis con su doctorando

Si es cierto que cada maestrillo tiene su librillo, y cada oveja su pareja, dejadme imaginar que cada director de tesis tiene su doctorando…

Tipo de relación

Director de tesis

Doctorando

Pasiva

El director se reúne con el doctorando el mínimo imprescindible, a veces sólo al principio y cuando recibe la tesis finalizada. Proactivo

Con gran fuerza de voluntad

Con elevado don de gentes

Con alta confianza en sí mismo

Reactiva

El director se reúne sólo cuando lo solicita el doctorando, normalmente cuando hay alguna duda o se entrega una parte de la tesis. Autónomo

Con fuerza de voluntad

Con cierto don de gentes

Con cierta confianza en sí mismo

Proactiva

El director se interesa por la evolución del doctorando, le envía material útil, se reúne periódicamente para dialogar, revisa a medida que el doctorando va avanzando. Dependiente

Con menor fuerza de voluntad

Con poco don de gentes

Con poca confianza en sí mismo

Obviamente, no son tipos puros, pero pueden ayudaros a ver con más claridad dónde estáis cada uno. A partir de esta tabla podéis hacer las combinaciones que queráis. Si se juntan una directora pasiva con una doctoranda dependiente, esa tesis no se termina nunca. Si se juntan una directora proactiva con una doctoranda semejante, esa tesis termina en el plazo previsto o incluso antes.

En resumen. Si todavía no has elegido director/a de tesis, analiza muy bien quién eres tú e infórmate muy bien de cómo trabaja tu posible director o directora. Lo ideal es que se lo preguntes tú mismo, como le preguntarías a cualquier persona que te presta un servicio, en el mejor sentido de la palabra. Y si te da apuro, piensa que más vale ponerse una vez “colorao” que cien veces amarillo.

Si ya estás comprometido con un director y te das cuenta de que la relación que mantenéis no te permite avanzar en el objetivo final, atrévete a planteárselo con normalidad. No acabar una tesis doctoral es un fracaso para ambas partes, tal vez más para el director, que es quien tiene más conocimiento y experiencia y, por tanto, más responsabilidad. Por tanto, lo más inteligente para los dos es ponerle remedio al asunto antes de que sea demasiado tarde.

Vuelvo a remarcar la cursiva, en este caso de fracaso. Todo en la vida sirve para aprender, sin duda. Y a veces se aprende mucho más de los errores que de los aciertos, por supuesto. Ahora bien, también es cierto que solo tenemos una vida, con un tiempo limitado, y hemos de aprovecharlo. No pierdas tú tiempo, tu vida, si ves que el doctorado no es para ti o no estás con la persona adecuada. Que todos somos personas, iguales en dignidad. No lo olvides.

 

 

Imagen: Freepik

¿Abrumado por el exceso de información? Cómo saber a quién citar en tu tesis doctoral

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La elaboración de la tesis requiere humildad, pero también paciencia y comprensión hacia uno mismo. / Imagen: Freepik (pressfoto).

Sigo respondiendo a las cuestiones que van surgiendo a raíz de ese artículo que ya se ha convertido en una especie de foro Consejos para quien comienza el doctorado de quien no lo ha terminado.

La formulación de la pregunta es la siguiente: “Siempre tienes la sensación de estar perdido y cuando estás en un artículo surge la pregunta: ¿Esto me sirve? Lo cual te desalienta. Como hoy en día hay tanto exceso de información, nunca sé cuándo estoy leyendo un artículo si es ‘el correcto’ y dudo de todos (quizás forme parte de la tesis también esto)”.

Muchas personas se sienten abrumadas por el “exceso de información” cuando comienzan su tesis doctoral. Es normal, si se tiene en cuenta la cantidad de información que se produce diariamente en internet y fuera de ella. Recuerdo perfectamente la sensación de insignificancia cuando me paseaba por los pasillos de la gran biblioteca de la universidad. ¡Cuánta información, cuánto conocimiento, cuánta sabiduría acumulada!, hubieran exclamado mis ojos, abiertos como platos, si hubieran podido hablar.

No está mal sentirse un poco insignificante, si esta sensación nos ayuda a reconocer nuestra propia ignorancia. De sobra es conocido el caso de Sócrates, padre de la filosofía occidental, quien llegó más lejos que muchos otros pensadores a partir de una sencilla pero firme convicción interior: “Sólo sé que no sé nada”.

No olvidemos tampoco al hombre que dio por obsoletos todos los presupuestos de la filosofía anterior a su época con otra máxima que ha pasado a la Historia de la Filosofía: “Pienso, luego existo”. Frase de Descartes que bien podría haber sido sustituida por otra, más fiel a su método: “Dudo, luego existo”.

Estos ejemplos y nuestra experiencia cotidiana han de servirnos para recordarnos que, a la hora de innovar, es mejor no saber nada y dudar de todo que tener todas las respuestas antes de comenzar una investigación. Porque sólo así podremos realmente enriquecernos, porque sólo de este modo podremos encontrar algo nuevo.

Dicho esto, que quede claro que no sabemos cuántos diálogos mantuvo Sócrates a lo largo de su vida para llegar a tan lúcidas conclusiones ni cuántos viajes y lecturas hizo Descartes antes de poder expresar su pensamiento con la fuerza que lo hizo. Lo aviso desde ya porque muchos doctorandos y doctorandas se comparan, consciente o inconscientemente, con investigadores/as que llevan muchos años en un área, muchos más de los que dura la tesis. Que no te confundan los egos que pululan por el mundo universitario: esa eminencia y ese catedrático también empezaron sin tener ni idea de lo que leían.

Por tanto, mucha humildad, pero también mucha paciencia y comprensión a lo largo de un proceso que requiere un tiempo de entrenamiento y maduración.

Consejos para seleccionar las referencias clave

Desde un punto de vista más práctico, voy a intentar exponer algunos consejos que hubiera agradecido en el momento en que me iniciaba en la aventura de la investigación. No son los únicos ni probablemente los mejores, así que os invito a los lectores y lectoras a aportar vuestro granito de arena a través de los comentarios. Así nos enriquecemos todos, que es de lo que se trata.

  1. Estudiar dos o tres manuales de referencia del área o tema en que nos iniciamos. Creo que una buena forma de empezar es buscar dos o tres manuales de referencia del área o tema en que nos iniciamos para saber cuáles son los temas clave, las teorías principales y los autores más reconocidos. Es verdad que las personas que realizan el doctorado, al menos en España, han cursado un grado y un máster, pero la mirada de un alumno no es la misma que la de un doctorando, por lo que no está de más volver a leer lo ya sabido. Porque sólo sabemos que no sabemos nada, ¿recuerdas? 😉
  1. Buscar los conceptos o teorías clave en diccionarios o enciclopedias especializadas y/o de prestigio. Otra opción muy recomendable es buscar los conceptos sobre los que quieres trabajar o las teorías donde crees que podrías enmarcar tu trabajo en diccionarios o enciclopedias especializas y/o de prestigio. Los escriben personas que saben de lo que hablan y explican el concepto, su evolución y la bibliografía de referencia. Buen punto de partida para saber quiénes son los autores más reconocidos, siempre que contrastes la información, pues podría ocurrir que un autor se citara únicamente a sí mismo y a sus amigos (ese ego y esas camarillas, que no falten).
  1. Consultar artículos en revistas científicas Seguidamente, puedes buscar la obra de los autores clave que hayas encontrado anteriormente. Ahora bien, algunos expertos recomiendan comenzar con artículos en vez de libros, y estoy de acuerdo. Un artículo es mucho más breve y te permite hacerte una idea rápida de si esa persona te puede aportar algo o no. En caso de que te interese, puedes seguir profundizando en su obra a través de sus monografías o libros.
  1. Analizar repeticiones e índices de citación. De la lectura de artículos, podrás ver los autores que más se repiten en la bibliografía. Es una buena pista para saber a quién se tiene en cuenta y a quién no dentro del ámbito. Algunos investigadores también indican cuál es su índice de citación, por ejemplo a través del Google Scholar Citations, lo cual también te puede dar pistas sobre su relevancia (o su red de contactos, ejem).
  1. Seguir la intuición o resonancia del corazón. Hay algo muy importante a lo que todavía no se le da suficiente importancia, pero que creo que ya recogía en cierto modo Umberto Eco en su libro Cómo hacer una tesis y que reinterpreto a mi manera: toma nota de todas las citas que te resuenen por dentro, que digan algo que te conmueva, te llene, te inspire, te remueva. Toda investigación no deja de ser un diálogo entre un sujeto y un objeto, entre una persona (completa, no esas cabezas andantes que se ven por algunas universidades) y una realidad. Tu mirada es tan importante como lo que crees que estás mirando pues, como ya se ha demostrado científicamente, la mirada del observador condiciona el resultado de lo observado.
  1. Actuar sin pausa, pero sin prisa. Este apunte merecería otro post, pues al exceso de información se añade la enorme aceleración que ha comportado el uso masivo de las tecnologías digitales. Pues bien, sólo quiero decirte que no por leer más páginas y más rápido lo vas a hacer mejor, de la misma manera que no por mucho madrugar amanece más temprano. Es importante que sepas en qué momentos del día puedes leer lo más complicado, estás más inspirado para escribir, cuándo has de parar porque ya estás embotado o cuándo dejar de leer y pensar qué te está aportando realmente un autor o lectura. Y, como te he dicho antes, mucha paciencia y comprensión contigo mismo, que esto es un proceso, y el músculo cerebral también requiere de entrenamiento.

Abrumar significa, según la RAE, “agobiar con un peso grave”, “preocupar gravemente”, “producir tedio o hastío”; pero, al mismo tiempo, se asocia con “asombro o admiración”. Con este artículo te invito a no ponerle tanto hierro a lo que haces, a no preocuparte tanto por si estás haciendo lo correcto o no, sino a recuperar tu capacidad de asombro y admiración por las personas que se han preguntado o se preguntan lo mismo que tú y han buscado o están buscando la respuesta más comprensiva y útil para la sociedad, para todos. Encuentra un sentido a tu trabajo y confía en ti mismo, y encontrarás el camino.

 

Imagen de Freepik(pressfoto):

 

Cómo convivir con la soledad durante la tesis de doctorado

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¿Es la soledad un problema o una oportunidad? / Imagen: Freepik (Racool_Studio).

 

A raíz de uno de mis artículos más comentados, titulado Consejos para quien comienza el doctorado de quien no lo ha terminado, ha surgido la pregunta de “cómo afrontar la soledad que conlleva la tesis doctoral”.

Fíjate en la formulación de la pregunta. Afrontar la soledad. ¿Sabes cuál es el significado de esta palabra? La RAE ofrece diversas acepciones: poner cara a cara, hacer frente al enemigo, hacer cara a un peligro, problema o situación comprometida…

¿Es la soledad un problema para ti?

A ver si estás de acuerdo conmigo en esto.

La investigación es una tarea fundamentalmente solitaria, ya que se trata de un ejercicio mental, y este es un acto o conjunto de actos íntimos accesibles únicamente para la persona que los ejecuta –y por muchos años, que quién sabe lo que puede pasar cuando avancen las neurociencias, ejem-.

Formar parte de un grupo de investigación puede mitigar la sensación de soledad, pero no te exime de realizar el esfuerzo de pensar. Así, cuanto más reflexiones por ti mismo, más podrás aportar al grupo, y viceversa.

¿Qué te quiero decir con esto?

Pues que el problema no es la existencia objetiva de la soledad, inevitable en una tarea intelectual, sino cómo interpretamos subjetivamente dicha soledad.

Como casi todo en la vida, el primer paso para superar cualquier dolor es reconocerlo. En este caso, lo primero es reconocer que nos sentimos solos o solas cuando investigamos. Una vez reconocido, intenta acotar mejor esa sensación.  Si localizas el foco principal del dolor y lo iluminas, podrás ponerle remedio y dejar de sentirte tan solo o sola.

¿En qué momentos te sientes solo o sola cuando investigas?

¿Antes de ponerte a ello? ¿Te gustaría trabajar con más personas a tu alrededor?

¿Durante la investigación? ¿Alguien con quien comentar algo que te ha llamado la atención?

¿Cuando has finalizado? ¿Alguien con quien hacer balance de la jornada?

¿En momentos puntuales? ¿Cuándo se realizan eventos presenciales y no puedes asistir?

No conozco tus circunstancias concretas, pero a continuación te ofrezco algunas ideas para poder convivir con la soledad mientras realizas la tesis doctoral. Y digo expresamente “convivir”, porque la soledad siempre nos acompañará a quienes nos planteamos problemas y buscamos soluciones en el ámbito académico.

  1. Utilizar un diario-agenda de investigación. Puedes utilizarlo sólo cuando necesites compartir algo con alguien, pero también para aprovechar al máximo cada día: qué vas a hacer, qué has logrado y qué queda pendiente para el día siguiente.
  2. Abrir una cuenta en las redes sociales. Elige una o dos redes sociales donde se encuentren los expertos o expertas de tu área de investigación y comienza a seguirles y a interactuar con ellos. Así sabrán de tu existencia y, en algún momento, podrían responder a algunos de tus mensajes o compartir contigo información relevante.
  3. Crear un blog sobre el tema de investigación. Esta herramienta tiene la ventaja de que te permite profundizar más en algunas cuestiones y alimentar tus redes sociales. También te sirve para crear una comunidad de personas interesadas en el tema y trabajar en la construcción de tu marca personal y reputación profesional. Este blog que estás leyendo ahora mismo lo inicié durante el proceso de doctorado, y creo que fue una excelente decisión. Fíjate, así nos hemos conocido tú y yo. 😉
  4. Montar un club de doctorandos. Es cierto que la mayoría de las veces se investigan temas muy diferentes, pero todos los doctorandos comparten presupuestos teóricos y dificultades parecidas que, compartidas, tienen más fácil solución o, al menos, digestión. Ya sabes, una pena entre dos es menos pena. Este punto no es fácil –hablo por experiencia-, pero siempre encontrarás a algún platónico convencido del poder del diálogo, algún director de tesis con vocación de coach o alguna facultad que ponga los medios para fortalecer el trabajo en equipo en su cantera de futuros profesores.
  5. Acudir a congresos de tu especialidad de investigación. Si no tienes suerte con el punto anterior, prueba a acudir a congresos, seminarios, jornadas, etc. donde se traten temas relacionados con tu tesis doctoral. Seguro que conoces doctorandos que están deseando conocerte y compartir lecturas y herramientas para darle un salto cualitativo a su proyecto.
  6. Impartir clases, seminarios o charlas sobre tu especialidad. Los doctorandos pueden tener encomendadas tareas de docencia o no. En caso de que no sea así, ¿por qué no te ofreces a dar una o varias charlas sobre un tema en el que estés trabajando? Este hecho te requerirá un mayor esfuerzo, pero también te aportará mucho más a nivel personal, pues sabrás hasta qué punto tienes claro lo que estás haciendo. Más todavía, te permitirá saber si la docencia universitaria puede ser lo tuyo o no. En caso afirmativo, contarás con una motivación interna extraordinaria –también lo digo por experiencia-, algo fundamental para finalizar la tesis.

Si te ocurre alguna idea más, escríbeme por favor un comentario en este blog y así más personas podrán tenerla en cuenta.

¿Y has llegado a alguna conclusión?

Si todavía concibes la soledad como una situación insufrible y desagradable, como un problema que hay que superar, entonces es probable que mucha energía mental se escape a través de esa creencia y no acabes de disfrutar del privilegio que suponen el silencio y el pensamiento en una sociedad ruidosa y reactiva.

Por el contrario, si percibes la soledad como una amiga que te está dando el gran regalo de profundizar en el autoconocimiento y avanzar en el desarrollo personal, entonces la tesis doctoral se convierte en la gran oportunidad para aprender a controlar la propia mente, las palabras que nos decimos a nosotros mismos en los momentos de dificultad: nuestros miedos, nuestros condicionamientos, nuestros prejuicios, nuestro desconocimiento…

Para ti, con todo mi afecto.

 

 

 

 

 

Por qué es importante un sindicado de periodistas como el SPC

Hace unos días que el Sindicato de Periodistas de Catalunya / Sindicato de Profesionales de la Comunicación ha puesto en marcha una campaña de micromecenazgo o crowdfunding para poder cumplir mejor su objetivo fundacional: “Defender laboral y profesionalmente a los profesionales del periodismo y la información, y para representarles sindicalmente en las empresas”.

No entraré ahora a detallar los objetivos concretos de la campaña ni las recompensas que se obtienen por colaborar con ella, pues creo que todo está muy bien explicado en la web de la plataforma Goteo y que conseguir un bien o un servicio no debería ser la principal motivación para colaborar con ella.

Cada uno ha de buscar la motivación dentro de sí mismo, y yo voy a buscar y compartir la mía, por si a alguien le interesa. A mí seguro que sí, que ya sabéis que yo me aclaro escribiendo.

Un testimonio personal

El Sindicato de Periodistas de Catalunya (SPC) nació un año antes de que yo entrara en la universidad, en 1993 él y en 1994 yo. Entonces no tenía ni idea de lo que significaba el periodismo, ni profesional ni laboralmente.  A lo largo de la carrera fui aprendiendo algo más sobre la dimensión profesional, muy poco sobre la dimensión laboral.

El caso es que siempre me he preguntado por qué no se explica mejor a los futuros periodistas cuáles son sus derechos laborales, cuál es la situación del mercado laboral, por qué es importante unirse a otros colegas para mejorar sus condiciones de trabajo, etc., etc., etc. ¿Tal vez porque quedarían en evidencias las contradicciones de la universidad, que a veces permite la explotación de los becarios y becarias a cambio de un supuesto aprendizaje?

Sea como fuere, mi inconsciente fue lo suficientemente consciente como para saber que, cuando terminara de estudiar, debía acudir a una organización de periodistas y compartir con mis futuros colegas los éxitos y los fracasos, en pro del derecho a la información de la ciudadanía. Es por ello que me vinculé a la entidad que entonces había en mi ciudad, la Asociación de Periodistas de Pamplona, después aporté mi –ínfimo- granito de arena a la puesta en marcha de la Asociación de Periodistas de Cuenca y acabé en el Sindicato de Periodistas de Catalunya.

Por convicción.

Con el tiempo, he ido distinguiendo entre una asociación, un colegio profesional y un sindicato, y me ha quedado claro que el sindicato es la única forma organizativa que permite plantar cara a las empresas. Todas las organizaciones son importantes, porque toda unión constituye una fuerza, pero sólo los sindicatos pueden representar a los trabajadores delante de la empresa y conseguir mejores condiciones laborales y salariales.

Esta diferencia es vital, pues todo el mundo entiende, y las encuestas lo confirman, que con un sueldo bajo y unas condiciones laborales precarias, ¿quién es el guapo o la guapa que levanta la voz para defender el interés de la ciudadanía en la redacción?

Hace poco he requerido los servicios del SPC por un tema laboral personal, después de más de una década afiliada, y he comprobado en carne y hueso la tranquilidad y seguridad que da contar con un experto en lides empresariales. Y he comprobado que al sindicato se puede afiliar uno por otros motivos.

Por interés.

Por un motivo u otro, te animo a que colabores con la campaña #GoteoSPC y, en el mejor de los casos, que te afilies. Sin afiliados ni afiliadas no se pueden ofrecer servicios de calidad, de la misma manera que sin un trabajo digno no se puede realizar un trabajo de utilidad.

No te resignes, no te limites a quejarte cuando el jefe sale por la puerta, no seas un periodista-estrella que va de francotirador por la vida…

Sólo juntos podremos contribuir a una ciudadanía más informada, más consciente, más libre.

No dejes que las Fake News nos ganen la partida.

Queda mucho trabajo por hacer, y necesitamos todas las voces posibles.

Colabora económicamente, afíliate, ayúdanos a difundir la campaña a través de Twitter o Facebook, establezcamos un convenio de colaboración con tu universidad…

Si se quiere, se puede.

Cómo luchar contra las Fake News en la universidad (o cómo recuperar el espíritu de Sócrates)

En el mundo de la comunicación se ha puesto muy de moda hablar de Fake News, un concepto que parece haber saltado a la esfera pública desde que el presidente norteamericano Donald Trump llegara a la Casablanca en noviembre de 2016. Ya se ha convertido en un tópico citar la primera rueda de prensa que ofreció tras ser elegido presidente, en la que acusa a un periodista de la CNN, no de practicar Fake News, sino de serlo.

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Momento en que Donald Trump acusa de ser Fake News al periodista de la CNN, Jim Acosta / CNN

La sola creación del concepto, Fake News, ya me parece un gol en propia puerta del 45º presidente de los Estados Unidos. Son los periodistas, son los medios, quienes propagan las noticias falsas, no los poderes políticos, no los poderes económicos, no los poderes tecnológicos, no los ciudadanos. Es por ello que, sin resultar tan espectacular, prefiero el término desinformación que utiliza la Unión Europea.

El asunto es bastante grave, en la medida en que cada vez resulta más complicado distinguir entre una noticia verdadera y una falsa, lo que nos puede llevar a tomar decisiones equivocadas y de consecuencias impredecibles. Los expertos en comunicación y política aseguran que es lo que ha ocurrido en el Brexit, el plebiscito de paz en Colombia o la elección de Donald Trump como presidente de EEUU, por citar tres ejemplos bastante consensuados.

 

La enseñanza del periodismo como fórmula autoreguladora

Interesada en la cuestión, como periodista, profesora y ciudadana, asistí lo que pude a La nova ética de la comunicación en temps de fake news, jornada organizada por la Fundació Consell de la Informació de Catalunya. En ella figuraba una mesa redonda sobre “La enseñanza del periodismo como fórmula autoreguladora”, moderada por el profesor y consejero del CIC, Carlos Ruiz Caballero, en la que participaron Marçal Sintes, hasta hace poco director del Departamento de Periodismo de la Facultad de Comunicación y Relaciones Internacionales de Blanquerna – Universitat Ramon Llull; Alfonso Méndiz, decado de la Facultad de Ciencias de la Comunicació de la Universitat Internacional de Catalunya; y María José Recoder, decana de la facultad del mismo nombre de la Universitat Autònoma de la Barcelona.

Conozco personalmente a la mayoría de los ponentes, y no dudo de su buena intención, pero me sorprendió que nadie hiciera referencia al título de la mesa redonda. Quiero decir, nadie pareció apostar claramente por el papel de las facultades de Comunicación en la lucha contra las Fake News, contra la desinformación. Por eso les pregunté por las medidas impulsadas dentro de sus facultades (materias, formación transversal, currículum oculto…), entre las propias universidades (como crear un consorcio anti Fake News) y entre las universidades y la profesión periodística.

El decano de la UIC explicó que en su facultad existe la asignatura de Ética y Deontología en todos los grados (Periodismo, Comunicación Audiovisual y Publicidad y Relaciones Públicas), y que en la facultad han comenzado a verificar cómo forman a los estudiantes en espíritu crítico, a partir del análisis de los elementos del paradigma de Lasswell (quién, qué, cómo, etc.). Esta iniciativa me parece muy valiosa, en la medida en que va más allá de la impartición de una única materia, que siempre corre el peligro de convertirse en un compartimento estanco y descoordinado del resto del plan de estudios.

La decana de la UAB explicó que en su facultad todavía no existe asignatura de Ética y Deontología en todos los grados, y anunció que la UAB retirará 120 plazas de Periodismo el próximo curso para no lanzar más estudiantes al paro. Esta decisión me parece valiente y digna de elogio, ya que, como hace años denuncian las organizaciones profesionales, existe mucha más demanda de puestos de trabajo que ofertas de empleo para periodistas. Ella misma no estaba segura del éxito de la medida, pues depende de que el resto de facultades no se aprovechen de la misma, pero sin duda ha encarnado esa idea que el sabio Sócrates, padre de la filosofía y de la ética, defendió tan bien: es mejor padecer la injusticia que cometerla.

 

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Méndiz, Ruiz, Sintes y Recoder, durante la mesa redonda organizada por la Fundación CIC / Eva Jiménez

 

¿Debe limitarse la universidad a transmitir conocimientos? ¿Puede?

En Blanquerna sí que existe la materia en los tres grados, si bien el exdirector del Departamento de Periodismo realizó algunas afirmaciones que me preocuparon un poco. En algún momento comentó que, cuando el alumnado le explica las dificultades para ejercer un periodismo ético, le responde: “Aquí explicamos la teoría, porque es la universidad”. Me gustaría hablar más del tema con él, porque igual le entendí mal, pero esta respuesta, a mi juicio, no hace sino agrandar la distancia existente entre academia y profesión, algo que rechazo de pleno, porque creo que el éxito profesional, y en la vida en general, se consigue si existe un adecuado equilibrio entre reflexión y acción. Y vuelvo a Sócrates, un hombre que decía que “una vida sin examen no merece la pena ser vivida” y al mismo tiempo era capaz de vivir aquello que pensaba, hasta el punto de aceptar la muerte antes que contradecirse a sí mismo. La respuesta que yo les doy a mis alumnos y alumnas cuando doy clase es otra: “Tú eres un profesional, y lo mínimo que puedes decirle a tu jefe o jefa es: ‘Esta es mi opinión y estos son mis argumentos. Ahora, tú tienes el poder, tú decides y tú tienes la responsabilidad”.

Marçal Sintes también comentó en otro momento que “las universidades no han de organizar la revuelta”, dando a entender que ya hacían suficiente con transmitir conocimientos. Ahora bien, desde Bolonia todas las universidades han asumido como propio el deber de formar en competencias, concepto completo que incluye conocimientos (saber teórico), habilidades (saber práctico) y actitudes (saber ético). ¿Alguien cree que se puede enseñar la ética, la actitud por salir de uno mismo y preocuparse por el otro, sin practicar con el ejemplo? ¿Alguien cree que un estudiante recién graduado tiene el conocimiento, la habilidad y el coraje de plantar cara, no a un superior, sino a una organización, a un sistema, si ni siquiera se atreve el claustro de profesores ni la directiva de la facultad y universidad? Sócrates fue maestro y marcó el rumbo de toda una civilización porque no pedía a los demás lo que él no se exigía a sí mismo. El “sólo sé que no sé nada” es un acto de profunda humildad, de profundo conocimiento de sí mismo, que lleva a la apertura al otro, a la empatía.

Cuando realicé mi pregunta y propuse crear un consorcio entre facultades de comunicación contra la desinformación, la mayoría de los participantes en la mesa asintieron con la cabeza. Puede ser un consorcio, puede ser un observatorio junto a organizaciones profesionales, puede ser una mesa de trabajo para comparar qué se enseña en clases de ética y encontrar un corpus común; puede ser lo que quieran, mientras haya voluntad de salir de este estado de posverdad, del que las Fake News son sólo un fenómeno.  ¿Quién dará el primer paso y lanzará su voz en medio del ágora pública? Vuelve espíritu socrático, vuelve.

¿En qué momento se distanciaron profesión y academia? Reflexiones en torno al V Media Ethics Conference

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Por fin pude asistir a la quinta edición del Congreso Internacional de Ética de la Comunicación (V International Conference Media Ethics), que se celebró en Sevilla los pasados 28 y 29 de marzo. Había asistido a la primera y a la segunda edición, pero no había podido acudir a las restantes, y fue un auténtico placer reencontrarme con viejos conocidos y viejas problemáticas. Esta vez no presenté ninguna comunicación, por falta de tiempo para prepararla, pero me pregunto si ese hecho me ayudó a mirar el congreso desde otra perspectiva…

Esta vez no voy a hacer un resumen de las ponencias y comunicaciones que se presentaron. Para eso, apreciado lector o lectora, ya cuentas con el programa del congreso, la cobertura que hice desde mi cuenta de Twitter con el hagstag #MethicsConf y alguna que otra crónica, como la que resume la intervención de Hugo Aznar, profesor de la Universidad CEU-San Pablo de Valencia.

Esta vez voy a anotar algunas reflexiones que me ha sugerido el congreso, por el puro placer de escribirlas y compartirlas:

  • Nada nuevo sobre el horizonte: mismos enfoques, mismas técnicas. Me sorprendió que, tres años después de haber defendido mi tesis y no haber podido dedicarme a la investigación sobre ética periodística, se sigan tratando prácticamente las mismas cuestiones con los mismos planteamientos y metodologías. Comprendo que el avance científico es lento, y que en poco tiempo es imposible establecer un cambio de paradigma, pero no puedo quitarme de encima esa sensación de Déjà vu
  • El periodismo sigue siendo el rey de la investigación en comunicación. A pesar de tratarse de un congreso de ética de la comunicación, el periodismo sigue acaparando el protagonismo de los investigadores, dejando en un muy segundo plano los medios audiovisuales –y no hablo de las reflexiones sobre la ética de la ficción, inexistentes- y la comunicación publicitaria o, en general, persuasiva.
  • Ni rastro de los periodistas ni de los comunicadores en ejercicio. En algún momento del congreso se hizo referencia a los periodistas vocacionales que se esfuerzan por hacer bien su trabajo en medio de circunstancias adversas. Ahora bien, no había prácticamente ninguno en la sala, con lo que todas las recomendaciones no dejaban de ser lo que denominamos un brindis al sol…
  • La dificultad de hacer autocrítica. Algunos investigadores abogaron por establecer una relación más estrecha entre periodistas y ciudadanía, como una vía para conseguir financiación y contenidos de mayor calidad. Eso sí, nadie se planteó por qué existen tantas dificultades para que la universidad y los profesionales puedan trabajar juntos en pro de una mejor investigación y una mejor información, respectivamente.
  • La inteligencia emocional todavía no ha llegado a la universidad. Me sorprendió que la mayoría de las investigaciones siguen la tradición positivista-cientificista, es decir, hipótesis, comprobación de hipótesis a través de un trabajo de campo, conclusiones. No es que tenga nada en contra de ella; más bien al contrario, me parece necesario que existan este tipo de investigaciones. Sin embargo, la ética, como filosofía moral, no puede quedar reducida a ella, so pena de perder sentido y trascendencia. ¿Qué significa investigar sobre ética: saber qué se entiende por ella, contribuir al bien de la profesión y de la sociedad, ser mejor persona y mejor profesional…? Aristóteles lo tenía claro: estudiamos ética para ser buenos, para ser mejores personas. Los estudios de corte cientificista ni inspiran ni motivan. Desmoralizan, que diría mi admirado Ortega y Gasset.
  • No hay congreso pequeño, sino almas pequeñas. Si comparo esta edición con las dos primeras, observo que el International Conference Media Ethics ha quedado reducido a su mínima expresión. Muy lejos quedaron el enorme salón de actos de la Facultad de Comunicación, las numerosas sesiones paralelas, el bullicio de congresistas y estudiantes… Y, sin embargo, ha sido el congreso que más me ha conquistado a nivel humano. Felicidades a todos los organizadores, especialmente a Juan Carlos Suárez Villegas, profesor de la Universidad de Sevilla.
  • Si seguimos haciendo lo mismo, seguiremos obteniendo los mismos resultados. No conseguimos que periodistas ni estudiantes se interesen por los congresos de ética y, sin embargo, seguimos repitiendo la misma fórmula: busto parlante, preguntas, busto parlante, preguntas… Creo que ya es hora de atreverse a probar otros formatos, otras estrategias. Como bien me recuerda mi apreciado Enrique Sueiro, “comete nuevo errores”. El “no” ya lo tenemos.

Si algún periodista o directivo de un medio de comunicación está preocupado por la repercusión que pueden tener sus informaciones en la sociedad y ha conseguido leer este post –dos circunstancias dignas de mérito-, que por favor nos ayude a buscar fórmulas para que quienes tienen tiempo para pensar –académicos- y quienes tienen tiempo para actuar –profesionales- puedan compartir ideas y experiencias, y trabajar juntos por un periodismo digno de ese nombre: veraz, plural y de interés público.

AlbertEinstein

Un mundo sin respuestas

Que le dé un “me gusta” a este texto quien alguna vez haya enviado un mensaje y no haya recibido respuesta. Ejemplos: ese correo de trabajo donde realizas una pregunta que nadie responde, ese mensaje de Whatsapp que no recibe contestación, esa llamada perdida que nadie devuelve…

Y la tecnología de por medio.

¿Casualidad o causalidad?

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Las pantallas pueden opacar las relaciones / Rawpixel.com

Las nuevas tecnologías nos han permitido algo increíble: contactar con cualquier persona en cualquier parte del mundo en tiempo real con escaso gasto económico y energético.

Sin embargo, también se han convertido en sólidas pantallas que bloquean la comunicación cuando cualquiera de las partes implicadas así lo desea, con el mismo coste monetario y de energía.

Que sí, que sí, que la técnica es una herramienta creada por el ser humano y, por ende, al servicio de su libre albedrío, y que ésta, a su vez, también condiciona al ser humano que se sirve de ella, pero… ¿qué revelan estos ejemplos de nuestra condición humana en este final de la segunda década del siglo XXI?

Que, si algo o alguien no nos gusta, ahora es más fácil volver la espalda.

Que, si algo o alguien me resulta indiferente, puedo pasar de él o ella sin tener que dar ninguna explicación.

¿Somos más libres? Tal vez sí, o tal vez se trata de un espejismo provocado por la falta de lo que se llama control social. “Venga, acércate y haced las paces”, que dirían las abuelitas de antaño.

¿Somos más responsables? Soy de las que pienso que no, aunque sólo sea porque la palabra “responsabilidad” está relacionada con “respuesta”, y en el momento en que no damos una respuesta estamos privándole a la otra persona de su condición, de su dignidad.

Porque un objeto no puede escuchar. Una planta no puede entender. Un animal puede percibir, a su manera. Y un ser humano puede comprender a la suya, esto es, con la palabra, con la mirada, con el cuerpo.

Negar esa palabra es rebajarlo a la condición de mero objeto.

Y yo protesto y me rebelo.

Así no se construyen relaciones de peso.

Y así peligran las bases que nos mantienen unidos.

Que a algunos les puede venir muy bien en algún momento, pero que, generalizado y aplicado a gran escala, puede provocar resultados devastadores.

Me pregunto cuántos comentarios de Twitter responde el señor Donald Trump.

Para eso están los gabinetes de prensa, ¿no?

Para aparentar una escucha.

Para aparentar una respuesta.

Para aparentar.

¿En qué se convierte el mundo cuando desaparece la capacidad de escuchar y responder aquello que no nos interesa?

Yo veo un mundo infantil, egocéntrico, narcisista, comodón y, en definitiva, poco ético.

Porque, no me cansaré de repetirlo, la ética no es ni más ni menos que nuestra capacidad para abrirnos al otro como otro yo. Si yo quiero ser escuchado y atendido, por el mero hecho de ser persona, el otro también merece el mismo trato.

¿Y tú, qué piensas?

¿Crees que vivimos en un mundo sin respuestas?

 

Imagen diseñada por rawpixel.com