Hacer o no hacer el doctorado, he ahí la cuestión

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Una decisión importante debe tomarse con todo nuestro ser: cabeza, corazón y cuerpo. /  Freepik.

En la vida hay decisiones más o menos importantes. Elegir la profesión a la que uno quiere dedicarse, encontrar la pareja adecuada y tener o no descendencia suelen considerarse trascendentales. La realización de una tesis doctoral o una primera investigación de envergadura tal vez no pueda compararse a las anteriores, pero reviste importancia en la medida en que requiere un tiempo, un dinero y una energía considerables.

En relación el tiempo, el doctorado suele durar una media de cuatro años a tiempo completo, a veces incluso más. Sobre el dinero, existe una diferencia importante entre contar con alguna beca o ayuda y no disponer de ella, pues la compra de libros, la asistencia a congresos y la realización del trabajo de campo suelen generar gastos. Y en cuanto a la energía, qué decir, es el bien fungible más preciado. La persona que realiza una tesis doctoral gasta una considerable energía mental y reduce su vida social de forma significativa, algo que también puede suponer un gran desgaste, como comentaré más adelante.

Una decisión que requiere considerable tiempo, dinero y energía no debería tomarse a la ligera. Es más, podría decirse que, a grandes decisiones, (son necesarias) grandes meditaciones.  Elijo la palabra meditación de forma deliberada, pues, aunque la Real Academia Española la reduce a pensamiento, no considero que se trate únicamente de un ejercicio mental, sino de una escucha completa y profunda del propio ser.

Dicho de un modo menos abstracto, una decisión relevante no debería limitarse únicamente a sopesar las razones por las que uno podría hacer el doctorado, sino también los deseos, los valores, las vibraciones…  Cabeza, corazón y cuerpo, grosso modo, serían los tres pilares que permiten sentarse y asentarse en el taburete del doctorado cuando las fuerzas flaquean, y ten por seguro que en algún momento flaquearán. Nadie aguanta cuatro años en la misma posición, por muy cómoda que sea.

Por tanto, si no tienes claro si quieres hacer el doctorado o no, lo mejor que puedes hacer por ti mismo es regalarte el tiempo necesario para decidir con todo tu ser: no sólo con tu cabeza, no sólo con tu corazón, no sólo con tu cuerpo. Esta decisión implica conocerse muy bien a uno mismo y, como no suele ser lo habitual, la realización de la tesis doctoral constituye sin duda un proceso de conocimiento, pero también un viaje al autoconocimiento que te invito a iniciar cuanto antes. ¿Me acompañas?

(Extracto de mi próximo libro, Coaching para doctorandos)

 

Imagen: Freepik

 

¿Cómo debería ser la relación con el director de tesis?

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La relación entre doctorando y director de tesis debería ser como cualquier relación de dos personas adultas que tienen un objetivo común: aportar una investigación de calidad a la sociedad / Imagen: Freepik (jcomp).

El otro día me escribió una persona que está haciendo el doctorado y me comentó: “Mi director de tesis no me contesta correos y sólo he tenido tres entrevistas personales. ¿Eso también forma parte de la tesis?”. Le contesté un poco rápido, porque había más cuestiones: “Lo que comentas me consta que le ha pasado a otras personas, pero no debería ser lo normal”. Hoy quiero ahondar en la respuesta y, en cierto modo, matizarla.

En primer lugar, quiero dejar claro algo que muchas veces olvidamos, por los motivos que sean: todos somos personas. Olvídate, por tanto, de las etiquetas, de los roles que adoptamos en el ámbito profesional, y piensa en tu director y en ti como dos personas adultas.

¿Cómo es la comunicación entre dos personas adultas, independientemente de la vía de comunicación que utilicen? Si te diriges a una persona, esperas una respuesta; si envías un mensaje de correo, esperas una contestación; si envías un mensaje personal de Whatsapp, también esperas un comentario. Y viceversa.

Desgraciadamente, y como ya apunté en otro artículo titulado Un mundo sin respuestas, hace tiempo que percibo que los adultos han comenzado a comportarse como niños egocéntricos y malcriados, que sólo responden a aquello que les interesa. No incido en esto, pues puedes releer el post si así lo deseas.

Por tanto, a la primera parte de la pregunta, respondo rotundamente no. Que un director de tesis no te responda a los correos no debería ser norma, aunque desgraciadamente pueda convertirse en algo normal. Dicho esto, asegúrate de que le llegan antes de hacer mala sangre. Llama a la universidad y pregúntaselo como se lo preguntarías a otra persona cualquiera. Y, si no le localizan, deja el recado a quien puedas (desde el conserje al vicedecano de investigación). Este último mensaje seguro que le llega. 😉

Una relación para aportar algo útil a la sociedad

Vayamos a la segunda parte de la pregunta. No sé en cuánto tiempo has tenido tres entrevistas personales, pero por el contexto entiendo que han sido tres entrevistas en un periodo prolongado de tiempo. Bien, aquí vuelvo un poco a lo de antes: una relación de dos personas adultas será como esas dos personas establezcan que sea.

Esto significa muchas cosas. La primera, que no puede ser una relación en la que uno esté muy cómodo y otro muy incómodo, pues no se cumplirá el objetivo final de la dirección de tesis, que es acompañar a la persona en el proceso de realizar una investigación de máximo nivel académico y máxima utilidad social.

He puesto acompañar en cursiva porque creo que todos tenemos claro que el director o directora de tesis no hace la investigación por el doctorando o doctoranda, sino que supervisa que el aprendiz avanza adecuadamente en su proceso de investigación y garantiza la calidad del resultado.

¿Cómo se hace esto? ¿Con una reunión inicial y otra final, encuentros cada vez que se realiza y corrige una entrega, con sesiones periódicas? Esta decisión depende de las dos partes y, por tanto, requiere mucha honestidad por parte del doctorando/a y del director/a.

La persona que comienza el doctorado ha de realizar un importante ejercicio de autoconocimiento, basándose en su experiencia como estudiante. Algunas preguntas que podría hacerse son:

  • ¿Puedo aprender sin necesidad de compartir mis avances con otras personas?
  • ¿Pienso mejor solo o a través del diálogo con otras personas?
  • ¿Puedo avanzar rápida y eficazmente o necesito retorno de mis avances cada poco tiempo? En caso negativo, ¿cada cuánto?

El director o directora de tesis ha de ser también muy sincero con la persona que inicia la aventura del doctorado:

  • ¿Existe una mínima afinidad personal con la persona que dirigirá?
  • ¿Le interesa mínimamente el tema de investigación?
  • ¿Cuánto tiempo está dispuesto a dedicar a dialogar y corregir?

Cada director de tesis con su doctorando

Si es cierto que cada maestrillo tiene su librillo, y cada oveja su pareja, dejadme imaginar que cada director de tesis tiene su doctorando…

Tipo de relación

Director de tesis

Doctorando

Pasiva

El director se reúne con el doctorando el mínimo imprescindible, a veces sólo al principio y cuando recibe la tesis finalizada. Proactivo

Con gran fuerza de voluntad

Con elevado don de gentes

Con alta confianza en sí mismo

Reactiva

El director se reúne sólo cuando lo solicita el doctorando, normalmente cuando hay alguna duda o se entrega una parte de la tesis. Autónomo

Con fuerza de voluntad

Con cierto don de gentes

Con cierta confianza en sí mismo

Proactiva

El director se interesa por la evolución del doctorando, le envía material útil, se reúne periódicamente para dialogar, revisa a medida que el doctorando va avanzando. Dependiente

Con menor fuerza de voluntad

Con poco don de gentes

Con poca confianza en sí mismo

Obviamente, no son tipos puros, pero pueden ayudaros a ver con más claridad dónde estáis cada uno. A partir de esta tabla podéis hacer las combinaciones que queráis. Si se juntan una directora pasiva con una doctoranda dependiente, esa tesis no se termina nunca. Si se juntan una directora proactiva con una doctoranda semejante, esa tesis termina en el plazo previsto o incluso antes.

En resumen. Si todavía no has elegido director/a de tesis, analiza muy bien quién eres tú e infórmate muy bien de cómo trabaja tu posible director o directora. Lo ideal es que se lo preguntes tú mismo, como le preguntarías a cualquier persona que te presta un servicio, en el mejor sentido de la palabra. Y si te da apuro, piensa que más vale ponerse una vez “colorao” que cien veces amarillo.

Si ya estás comprometido con un director y te das cuenta de que la relación que mantenéis no te permite avanzar en el objetivo final, atrévete a planteárselo con normalidad. No acabar una tesis doctoral es un fracaso para ambas partes, tal vez más para el director, que es quien tiene más conocimiento y experiencia y, por tanto, más responsabilidad. Por tanto, lo más inteligente para los dos es ponerle remedio al asunto antes de que sea demasiado tarde.

Vuelvo a remarcar la cursiva, en este caso de fracaso. Todo en la vida sirve para aprender, sin duda. Y a veces se aprende mucho más de los errores que de los aciertos, por supuesto. Ahora bien, también es cierto que solo tenemos una vida, con un tiempo limitado, y hemos de aprovecharlo. No pierdas tú tiempo, tu vida, si ves que el doctorado no es para ti o no estás con la persona adecuada. Que todos somos personas, iguales en dignidad. No lo olvides.

 

 

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¿Abrumado por el exceso de información? Cómo saber a quién citar en tu tesis doctoral

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La elaboración de la tesis requiere humildad, pero también paciencia y comprensión hacia uno mismo. / Imagen: Freepik (pressfoto).

Sigo respondiendo a las cuestiones que van surgiendo a raíz de ese artículo que ya se ha convertido en una especie de foro Consejos para quien comienza el doctorado de quien no lo ha terminado.

La formulación de la pregunta es la siguiente: “Siempre tienes la sensación de estar perdido y cuando estás en un artículo surge la pregunta: ¿Esto me sirve? Lo cual te desalienta. Como hoy en día hay tanto exceso de información, nunca sé cuándo estoy leyendo un artículo si es ‘el correcto’ y dudo de todos (quizás forme parte de la tesis también esto)”.

Muchas personas se sienten abrumadas por el “exceso de información” cuando comienzan su tesis doctoral. Es normal, si se tiene en cuenta la cantidad de información que se produce diariamente en internet y fuera de ella. Recuerdo perfectamente la sensación de insignificancia cuando me paseaba por los pasillos de la gran biblioteca de la universidad. ¡Cuánta información, cuánto conocimiento, cuánta sabiduría acumulada!, hubieran exclamado mis ojos, abiertos como platos, si hubieran podido hablar.

No está mal sentirse un poco insignificante, si esta sensación nos ayuda a reconocer nuestra propia ignorancia. De sobra es conocido el caso de Sócrates, padre de la filosofía occidental, quien llegó más lejos que muchos otros pensadores a partir de una sencilla pero firme convicción interior: “Sólo sé que no sé nada”.

No olvidemos tampoco al hombre que dio por obsoletos todos los presupuestos de la filosofía anterior a su época con otra máxima que ha pasado a la Historia de la Filosofía: “Pienso, luego existo”. Frase de Descartes que bien podría haber sido sustituida por otra, más fiel a su método: “Dudo, luego existo”.

Estos ejemplos y nuestra experiencia cotidiana han de servirnos para recordarnos que, a la hora de innovar, es mejor no saber nada y dudar de todo que tener todas las respuestas antes de comenzar una investigación. Porque sólo así podremos realmente enriquecernos, porque sólo de este modo podremos encontrar algo nuevo.

Dicho esto, que quede claro que no sabemos cuántos diálogos mantuvo Sócrates a lo largo de su vida para llegar a tan lúcidas conclusiones ni cuántos viajes y lecturas hizo Descartes antes de poder expresar su pensamiento con la fuerza que lo hizo. Lo aviso desde ya porque muchos doctorandos y doctorandas se comparan, consciente o inconscientemente, con investigadores/as que llevan muchos años en un área, muchos más de los que dura la tesis. Que no te confundan los egos que pululan por el mundo universitario: esa eminencia y ese catedrático también empezaron sin tener ni idea de lo que leían.

Por tanto, mucha humildad, pero también mucha paciencia y comprensión a lo largo de un proceso que requiere un tiempo de entrenamiento y maduración.

Consejos para seleccionar las referencias clave

Desde un punto de vista más práctico, voy a intentar exponer algunos consejos que hubiera agradecido en el momento en que me iniciaba en la aventura de la investigación. No son los únicos ni probablemente los mejores, así que os invito a los lectores y lectoras a aportar vuestro granito de arena a través de los comentarios. Así nos enriquecemos todos, que es de lo que se trata.

  1. Estudiar dos o tres manuales de referencia del área o tema en que nos iniciamos. Creo que una buena forma de empezar es buscar dos o tres manuales de referencia del área o tema en que nos iniciamos para saber cuáles son los temas clave, las teorías principales y los autores más reconocidos. Es verdad que las personas que realizan el doctorado, al menos en España, han cursado un grado y un máster, pero la mirada de un alumno no es la misma que la de un doctorando, por lo que no está de más volver a leer lo ya sabido. Porque sólo sabemos que no sabemos nada, ¿recuerdas? 😉
  1. Buscar los conceptos o teorías clave en diccionarios o enciclopedias especializadas y/o de prestigio. Otra opción muy recomendable es buscar los conceptos sobre los que quieres trabajar o las teorías donde crees que podrías enmarcar tu trabajo en diccionarios o enciclopedias especializas y/o de prestigio. Los escriben personas que saben de lo que hablan y explican el concepto, su evolución y la bibliografía de referencia. Buen punto de partida para saber quiénes son los autores más reconocidos, siempre que contrastes la información, pues podría ocurrir que un autor se citara únicamente a sí mismo y a sus amigos (ese ego y esas camarillas, que no falten).
  1. Consultar artículos en revistas científicas Seguidamente, puedes buscar la obra de los autores clave que hayas encontrado anteriormente. Ahora bien, algunos expertos recomiendan comenzar con artículos en vez de libros, y estoy de acuerdo. Un artículo es mucho más breve y te permite hacerte una idea rápida de si esa persona te puede aportar algo o no. En caso de que te interese, puedes seguir profundizando en su obra a través de sus monografías o libros.
  1. Analizar repeticiones e índices de citación. De la lectura de artículos, podrás ver los autores que más se repiten en la bibliografía. Es una buena pista para saber a quién se tiene en cuenta y a quién no dentro del ámbito. Algunos investigadores también indican cuál es su índice de citación, por ejemplo a través del Google Scholar Citations, lo cual también te puede dar pistas sobre su relevancia (o su red de contactos, ejem).
  1. Seguir la intuición o resonancia del corazón. Hay algo muy importante a lo que todavía no se le da suficiente importancia, pero que creo que ya recogía en cierto modo Umberto Eco en su libro Cómo hacer una tesis y que reinterpreto a mi manera: toma nota de todas las citas que te resuenen por dentro, que digan algo que te conmueva, te llene, te inspire, te remueva. Toda investigación no deja de ser un diálogo entre un sujeto y un objeto, entre una persona (completa, no esas cabezas andantes que se ven por algunas universidades) y una realidad. Tu mirada es tan importante como lo que crees que estás mirando pues, como ya se ha demostrado científicamente, la mirada del observador condiciona el resultado de lo observado.
  1. Actuar sin pausa, pero sin prisa. Este apunte merecería otro post, pues al exceso de información se añade la enorme aceleración que ha comportado el uso masivo de las tecnologías digitales. Pues bien, sólo quiero decirte que no por leer más páginas y más rápido lo vas a hacer mejor, de la misma manera que no por mucho madrugar amanece más temprano. Es importante que sepas en qué momentos del día puedes leer lo más complicado, estás más inspirado para escribir, cuándo has de parar porque ya estás embotado o cuándo dejar de leer y pensar qué te está aportando realmente un autor o lectura. Y, como te he dicho antes, mucha paciencia y comprensión contigo mismo, que esto es un proceso, y el músculo cerebral también requiere de entrenamiento.

Abrumar significa, según la RAE, “agobiar con un peso grave”, “preocupar gravemente”, “producir tedio o hastío”; pero, al mismo tiempo, se asocia con “asombro o admiración”. Con este artículo te invito a no ponerle tanto hierro a lo que haces, a no preocuparte tanto por si estás haciendo lo correcto o no, sino a recuperar tu capacidad de asombro y admiración por las personas que se han preguntado o se preguntan lo mismo que tú y han buscado o están buscando la respuesta más comprensiva y útil para la sociedad, para todos. Encuentra un sentido a tu trabajo y confía en ti mismo, y encontrarás el camino.

 

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Cómo convivir con la soledad durante la tesis de doctorado

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¿Es la soledad un problema o una oportunidad? / Imagen: Freepik (Racool_Studio).

 

A raíz de uno de mis artículos más comentados, titulado Consejos para quien comienza el doctorado de quien no lo ha terminado, ha surgido la pregunta de “cómo afrontar la soledad que conlleva la tesis doctoral”.

Fíjate en la formulación de la pregunta. Afrontar la soledad. ¿Sabes cuál es el significado de esta palabra? La RAE ofrece diversas acepciones: poner cara a cara, hacer frente al enemigo, hacer cara a un peligro, problema o situación comprometida…

¿Es la soledad un problema para ti?

A ver si estás de acuerdo conmigo en esto.

La investigación es una tarea fundamentalmente solitaria, ya que se trata de un ejercicio mental, y este es un acto o conjunto de actos íntimos accesibles únicamente para la persona que los ejecuta –y por muchos años, que quién sabe lo que puede pasar cuando avancen las neurociencias, ejem-.

Formar parte de un grupo de investigación puede mitigar la sensación de soledad, pero no te exime de realizar el esfuerzo de pensar. Así, cuanto más reflexiones por ti mismo, más podrás aportar al grupo, y viceversa.

¿Qué te quiero decir con esto?

Pues que el problema no es la existencia objetiva de la soledad, inevitable en una tarea intelectual, sino cómo interpretamos subjetivamente dicha soledad.

Como casi todo en la vida, el primer paso para superar cualquier dolor es reconocerlo. En este caso, lo primero es reconocer que nos sentimos solos o solas cuando investigamos. Una vez reconocido, intenta acotar mejor esa sensación.  Si localizas el foco principal del dolor y lo iluminas, podrás ponerle remedio y dejar de sentirte tan solo o sola.

¿En qué momentos te sientes solo o sola cuando investigas?

¿Antes de ponerte a ello? ¿Te gustaría trabajar con más personas a tu alrededor?

¿Durante la investigación? ¿Alguien con quien comentar algo que te ha llamado la atención?

¿Cuando has finalizado? ¿Alguien con quien hacer balance de la jornada?

¿En momentos puntuales? ¿Cuándo se realizan eventos presenciales y no puedes asistir?

No conozco tus circunstancias concretas, pero a continuación te ofrezco algunas ideas para poder convivir con la soledad mientras realizas la tesis doctoral. Y digo expresamente “convivir”, porque la soledad siempre nos acompañará a quienes nos planteamos problemas y buscamos soluciones en el ámbito académico.

  1. Utilizar un diario-agenda de investigación. Puedes utilizarlo sólo cuando necesites compartir algo con alguien, pero también para aprovechar al máximo cada día: qué vas a hacer, qué has logrado y qué queda pendiente para el día siguiente.
  2. Abrir una cuenta en las redes sociales. Elige una o dos redes sociales donde se encuentren los expertos o expertas de tu área de investigación y comienza a seguirles y a interactuar con ellos. Así sabrán de tu existencia y, en algún momento, podrían responder a algunos de tus mensajes o compartir contigo información relevante.
  3. Crear un blog sobre el tema de investigación. Esta herramienta tiene la ventaja de que te permite profundizar más en algunas cuestiones y alimentar tus redes sociales. También te sirve para crear una comunidad de personas interesadas en el tema y trabajar en la construcción de tu marca personal y reputación profesional. Este blog que estás leyendo ahora mismo lo inicié durante el proceso de doctorado, y creo que fue una excelente decisión. Fíjate, así nos hemos conocido tú y yo. 😉
  4. Montar un club de doctorandos. Es cierto que la mayoría de las veces se investigan temas muy diferentes, pero todos los doctorandos comparten presupuestos teóricos y dificultades parecidas que, compartidas, tienen más fácil solución o, al menos, digestión. Ya sabes, una pena entre dos es menos pena. Este punto no es fácil –hablo por experiencia-, pero siempre encontrarás a algún platónico convencido del poder del diálogo, algún director de tesis con vocación de coach o alguna facultad que ponga los medios para fortalecer el trabajo en equipo en su cantera de futuros profesores.
  5. Acudir a congresos de tu especialidad de investigación. Si no tienes suerte con el punto anterior, prueba a acudir a congresos, seminarios, jornadas, etc. donde se traten temas relacionados con tu tesis doctoral. Seguro que conoces doctorandos que están deseando conocerte y compartir lecturas y herramientas para darle un salto cualitativo a su proyecto.
  6. Impartir clases, seminarios o charlas sobre tu especialidad. Los doctorandos pueden tener encomendadas tareas de docencia o no. En caso de que no sea así, ¿por qué no te ofreces a dar una o varias charlas sobre un tema en el que estés trabajando? Este hecho te requerirá un mayor esfuerzo, pero también te aportará mucho más a nivel personal, pues sabrás hasta qué punto tienes claro lo que estás haciendo. Más todavía, te permitirá saber si la docencia universitaria puede ser lo tuyo o no. En caso afirmativo, contarás con una motivación interna extraordinaria –también lo digo por experiencia-, algo fundamental para finalizar la tesis.

Si te ocurre alguna idea más, escríbeme por favor un comentario en este blog y así más personas podrán tenerla en cuenta.

¿Y has llegado a alguna conclusión?

Si todavía concibes la soledad como una situación insufrible y desagradable, como un problema que hay que superar, entonces es probable que mucha energía mental se escape a través de esa creencia y no acabes de disfrutar del privilegio que suponen el silencio y el pensamiento en una sociedad ruidosa y reactiva.

Por el contrario, si percibes la soledad como una amiga que te está dando el gran regalo de profundizar en el autoconocimiento y avanzar en el desarrollo personal, entonces la tesis doctoral se convierte en la gran oportunidad para aprender a controlar la propia mente, las palabras que nos decimos a nosotros mismos en los momentos de dificultad: nuestros miedos, nuestros condicionamientos, nuestros prejuicios, nuestro desconocimiento…

Para ti, con todo mi afecto.

 

 

 

 

 

Por qué es importante un sindicado de periodistas como el SPC

Hace unos días que el Sindicato de Periodistas de Catalunya / Sindicato de Profesionales de la Comunicación ha puesto en marcha una campaña de micromecenazgo o crowdfunding para poder cumplir mejor su objetivo fundacional: “Defender laboral y profesionalmente a los profesionales del periodismo y la información, y para representarles sindicalmente en las empresas”.

No entraré ahora a detallar los objetivos concretos de la campaña ni las recompensas que se obtienen por colaborar con ella, pues creo que todo está muy bien explicado en la web de la plataforma Goteo y que conseguir un bien o un servicio no debería ser la principal motivación para colaborar con ella.

Cada uno ha de buscar la motivación dentro de sí mismo, y yo voy a buscar y compartir la mía, por si a alguien le interesa. A mí seguro que sí, que ya sabéis que yo me aclaro escribiendo.

Un testimonio personal

El Sindicato de Periodistas de Catalunya (SPC) nació un año antes de que yo entrara en la universidad, en 1993 él y en 1994 yo. Entonces no tenía ni idea de lo que significaba el periodismo, ni profesional ni laboralmente.  A lo largo de la carrera fui aprendiendo algo más sobre la dimensión profesional, muy poco sobre la dimensión laboral.

El caso es que siempre me he preguntado por qué no se explica mejor a los futuros periodistas cuáles son sus derechos laborales, cuál es la situación del mercado laboral, por qué es importante unirse a otros colegas para mejorar sus condiciones de trabajo, etc., etc., etc. ¿Tal vez porque quedarían en evidencias las contradicciones de la universidad, que a veces permite la explotación de los becarios y becarias a cambio de un supuesto aprendizaje?

Sea como fuere, mi inconsciente fue lo suficientemente consciente como para saber que, cuando terminara de estudiar, debía acudir a una organización de periodistas y compartir con mis futuros colegas los éxitos y los fracasos, en pro del derecho a la información de la ciudadanía. Es por ello que me vinculé a la entidad que entonces había en mi ciudad, la Asociación de Periodistas de Pamplona, después aporté mi –ínfimo- granito de arena a la puesta en marcha de la Asociación de Periodistas de Cuenca y acabé en el Sindicato de Periodistas de Catalunya.

Por convicción.

Con el tiempo, he ido distinguiendo entre una asociación, un colegio profesional y un sindicato, y me ha quedado claro que el sindicato es la única forma organizativa que permite plantar cara a las empresas. Todas las organizaciones son importantes, porque toda unión constituye una fuerza, pero sólo los sindicatos pueden representar a los trabajadores delante de la empresa y conseguir mejores condiciones laborales y salariales.

Esta diferencia es vital, pues todo el mundo entiende, y las encuestas lo confirman, que con un sueldo bajo y unas condiciones laborales precarias, ¿quién es el guapo o la guapa que levanta la voz para defender el interés de la ciudadanía en la redacción?

Hace poco he requerido los servicios del SPC por un tema laboral personal, después de más de una década afiliada, y he comprobado en carne y hueso la tranquilidad y seguridad que da contar con un experto en lides empresariales. Y he comprobado que al sindicato se puede afiliar uno por otros motivos.

Por interés.

Por un motivo u otro, te animo a que colabores con la campaña #GoteoSPC y, en el mejor de los casos, que te afilies. Sin afiliados ni afiliadas no se pueden ofrecer servicios de calidad, de la misma manera que sin un trabajo digno no se puede realizar un trabajo de utilidad.

No te resignes, no te limites a quejarte cuando el jefe sale por la puerta, no seas un periodista-estrella que va de francotirador por la vida…

Sólo juntos podremos contribuir a una ciudadanía más informada, más consciente, más libre.

No dejes que las Fake News nos ganen la partida.

Queda mucho trabajo por hacer, y necesitamos todas las voces posibles.

Colabora económicamente, afíliate, ayúdanos a difundir la campaña a través de Twitter o Facebook, establezcamos un convenio de colaboración con tu universidad…

Si se quiere, se puede.

Cómo luchar contra las Fake News en la universidad (o cómo recuperar el espíritu de Sócrates)

En el mundo de la comunicación se ha puesto muy de moda hablar de Fake News, un concepto que parece haber saltado a la esfera pública desde que el presidente norteamericano Donald Trump llegara a la Casablanca en noviembre de 2016. Ya se ha convertido en un tópico citar la primera rueda de prensa que ofreció tras ser elegido presidente, en la que acusa a un periodista de la CNN, no de practicar Fake News, sino de serlo.

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Momento en que Donald Trump acusa de ser Fake News al periodista de la CNN, Jim Acosta / CNN

La sola creación del concepto, Fake News, ya me parece un gol en propia puerta del 45º presidente de los Estados Unidos. Son los periodistas, son los medios, quienes propagan las noticias falsas, no los poderes políticos, no los poderes económicos, no los poderes tecnológicos, no los ciudadanos. Es por ello que, sin resultar tan espectacular, prefiero el término desinformación que utiliza la Unión Europea.

El asunto es bastante grave, en la medida en que cada vez resulta más complicado distinguir entre una noticia verdadera y una falsa, lo que nos puede llevar a tomar decisiones equivocadas y de consecuencias impredecibles. Los expertos en comunicación y política aseguran que es lo que ha ocurrido en el Brexit, el plebiscito de paz en Colombia o la elección de Donald Trump como presidente de EEUU, por citar tres ejemplos bastante consensuados.

 

La enseñanza del periodismo como fórmula autoreguladora

Interesada en la cuestión, como periodista, profesora y ciudadana, asistí lo que pude a La nova ética de la comunicación en temps de fake news, jornada organizada por la Fundació Consell de la Informació de Catalunya. En ella figuraba una mesa redonda sobre “La enseñanza del periodismo como fórmula autoreguladora”, moderada por el profesor y consejero del CIC, Carlos Ruiz Caballero, en la que participaron Marçal Sintes, hasta hace poco director del Departamento de Periodismo de la Facultad de Comunicación y Relaciones Internacionales de Blanquerna – Universitat Ramon Llull; Alfonso Méndiz, decado de la Facultad de Ciencias de la Comunicació de la Universitat Internacional de Catalunya; y María José Recoder, decana de la facultad del mismo nombre de la Universitat Autònoma de la Barcelona.

Conozco personalmente a la mayoría de los ponentes, y no dudo de su buena intención, pero me sorprendió que nadie hiciera referencia al título de la mesa redonda. Quiero decir, nadie pareció apostar claramente por el papel de las facultades de Comunicación en la lucha contra las Fake News, contra la desinformación. Por eso les pregunté por las medidas impulsadas dentro de sus facultades (materias, formación transversal, currículum oculto…), entre las propias universidades (como crear un consorcio anti Fake News) y entre las universidades y la profesión periodística.

El decano de la UIC explicó que en su facultad existe la asignatura de Ética y Deontología en todos los grados (Periodismo, Comunicación Audiovisual y Publicidad y Relaciones Públicas), y que en la facultad han comenzado a verificar cómo forman a los estudiantes en espíritu crítico, a partir del análisis de los elementos del paradigma de Lasswell (quién, qué, cómo, etc.). Esta iniciativa me parece muy valiosa, en la medida en que va más allá de la impartición de una única materia, que siempre corre el peligro de convertirse en un compartimento estanco y descoordinado del resto del plan de estudios.

La decana de la UAB explicó que en su facultad todavía no existe asignatura de Ética y Deontología en todos los grados, y anunció que la UAB retirará 120 plazas de Periodismo el próximo curso para no lanzar más estudiantes al paro. Esta decisión me parece valiente y digna de elogio, ya que, como hace años denuncian las organizaciones profesionales, existe mucha más demanda de puestos de trabajo que ofertas de empleo para periodistas. Ella misma no estaba segura del éxito de la medida, pues depende de que el resto de facultades no se aprovechen de la misma, pero sin duda ha encarnado esa idea que el sabio Sócrates, padre de la filosofía y de la ética, defendió tan bien: es mejor padecer la injusticia que cometerla.

 

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Méndiz, Ruiz, Sintes y Recoder, durante la mesa redonda organizada por la Fundación CIC / Eva Jiménez

 

¿Debe limitarse la universidad a transmitir conocimientos? ¿Puede?

En Blanquerna sí que existe la materia en los tres grados, si bien el exdirector del Departamento de Periodismo realizó algunas afirmaciones que me preocuparon un poco. En algún momento comentó que, cuando el alumnado le explica las dificultades para ejercer un periodismo ético, le responde: “Aquí explicamos la teoría, porque es la universidad”. Me gustaría hablar más del tema con él, porque igual le entendí mal, pero esta respuesta, a mi juicio, no hace sino agrandar la distancia existente entre academia y profesión, algo que rechazo de pleno, porque creo que el éxito profesional, y en la vida en general, se consigue si existe un adecuado equilibrio entre reflexión y acción. Y vuelvo a Sócrates, un hombre que decía que “una vida sin examen no merece la pena ser vivida” y al mismo tiempo era capaz de vivir aquello que pensaba, hasta el punto de aceptar la muerte antes que contradecirse a sí mismo. La respuesta que yo les doy a mis alumnos y alumnas cuando doy clase es otra: “Tú eres un profesional, y lo mínimo que puedes decirle a tu jefe o jefa es: ‘Esta es mi opinión y estos son mis argumentos. Ahora, tú tienes el poder, tú decides y tú tienes la responsabilidad”.

Marçal Sintes también comentó en otro momento que “las universidades no han de organizar la revuelta”, dando a entender que ya hacían suficiente con transmitir conocimientos. Ahora bien, desde Bolonia todas las universidades han asumido como propio el deber de formar en competencias, concepto completo que incluye conocimientos (saber teórico), habilidades (saber práctico) y actitudes (saber ético). ¿Alguien cree que se puede enseñar la ética, la actitud por salir de uno mismo y preocuparse por el otro, sin practicar con el ejemplo? ¿Alguien cree que un estudiante recién graduado tiene el conocimiento, la habilidad y el coraje de plantar cara, no a un superior, sino a una organización, a un sistema, si ni siquiera se atreve el claustro de profesores ni la directiva de la facultad y universidad? Sócrates fue maestro y marcó el rumbo de toda una civilización porque no pedía a los demás lo que él no se exigía a sí mismo. El “sólo sé que no sé nada” es un acto de profunda humildad, de profundo conocimiento de sí mismo, que lleva a la apertura al otro, a la empatía.

Cuando realicé mi pregunta y propuse crear un consorcio entre facultades de comunicación contra la desinformación, la mayoría de los participantes en la mesa asintieron con la cabeza. Puede ser un consorcio, puede ser un observatorio junto a organizaciones profesionales, puede ser una mesa de trabajo para comparar qué se enseña en clases de ética y encontrar un corpus común; puede ser lo que quieran, mientras haya voluntad de salir de este estado de posverdad, del que las Fake News son sólo un fenómeno.  ¿Quién dará el primer paso y lanzará su voz en medio del ágora pública? Vuelve espíritu socrático, vuelve.

¿En qué momento se distanciaron profesión y academia? Reflexiones en torno al V Media Ethics Conference

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Por fin pude asistir a la quinta edición del Congreso Internacional de Ética de la Comunicación (V International Conference Media Ethics), que se celebró en Sevilla los pasados 28 y 29 de marzo. Había asistido a la primera y a la segunda edición, pero no había podido acudir a las restantes, y fue un auténtico placer reencontrarme con viejos conocidos y viejas problemáticas. Esta vez no presenté ninguna comunicación, por falta de tiempo para prepararla, pero me pregunto si ese hecho me ayudó a mirar el congreso desde otra perspectiva…

Esta vez no voy a hacer un resumen de las ponencias y comunicaciones que se presentaron. Para eso, apreciado lector o lectora, ya cuentas con el programa del congreso, la cobertura que hice desde mi cuenta de Twitter con el hagstag #MethicsConf y alguna que otra crónica, como la que resume la intervención de Hugo Aznar, profesor de la Universidad CEU-San Pablo de Valencia.

Esta vez voy a anotar algunas reflexiones que me ha sugerido el congreso, por el puro placer de escribirlas y compartirlas:

  • Nada nuevo sobre el horizonte: mismos enfoques, mismas técnicas. Me sorprendió que, tres años después de haber defendido mi tesis y no haber podido dedicarme a la investigación sobre ética periodística, se sigan tratando prácticamente las mismas cuestiones con los mismos planteamientos y metodologías. Comprendo que el avance científico es lento, y que en poco tiempo es imposible establecer un cambio de paradigma, pero no puedo quitarme de encima esa sensación de Déjà vu
  • El periodismo sigue siendo el rey de la investigación en comunicación. A pesar de tratarse de un congreso de ética de la comunicación, el periodismo sigue acaparando el protagonismo de los investigadores, dejando en un muy segundo plano los medios audiovisuales –y no hablo de las reflexiones sobre la ética de la ficción, inexistentes- y la comunicación publicitaria o, en general, persuasiva.
  • Ni rastro de los periodistas ni de los comunicadores en ejercicio. En algún momento del congreso se hizo referencia a los periodistas vocacionales que se esfuerzan por hacer bien su trabajo en medio de circunstancias adversas. Ahora bien, no había prácticamente ninguno en la sala, con lo que todas las recomendaciones no dejaban de ser lo que denominamos un brindis al sol…
  • La dificultad de hacer autocrítica. Algunos investigadores abogaron por establecer una relación más estrecha entre periodistas y ciudadanía, como una vía para conseguir financiación y contenidos de mayor calidad. Eso sí, nadie se planteó por qué existen tantas dificultades para que la universidad y los profesionales puedan trabajar juntos en pro de una mejor investigación y una mejor información, respectivamente.
  • La inteligencia emocional todavía no ha llegado a la universidad. Me sorprendió que la mayoría de las investigaciones siguen la tradición positivista-cientificista, es decir, hipótesis, comprobación de hipótesis a través de un trabajo de campo, conclusiones. No es que tenga nada en contra de ella; más bien al contrario, me parece necesario que existan este tipo de investigaciones. Sin embargo, la ética, como filosofía moral, no puede quedar reducida a ella, so pena de perder sentido y trascendencia. ¿Qué significa investigar sobre ética: saber qué se entiende por ella, contribuir al bien de la profesión y de la sociedad, ser mejor persona y mejor profesional…? Aristóteles lo tenía claro: estudiamos ética para ser buenos, para ser mejores personas. Los estudios de corte cientificista ni inspiran ni motivan. Desmoralizan, que diría mi admirado Ortega y Gasset.
  • No hay congreso pequeño, sino almas pequeñas. Si comparo esta edición con las dos primeras, observo que el International Conference Media Ethics ha quedado reducido a su mínima expresión. Muy lejos quedaron el enorme salón de actos de la Facultad de Comunicación, las numerosas sesiones paralelas, el bullicio de congresistas y estudiantes… Y, sin embargo, ha sido el congreso que más me ha conquistado a nivel humano. Felicidades a todos los organizadores, especialmente a Juan Carlos Suárez Villegas, profesor de la Universidad de Sevilla.
  • Si seguimos haciendo lo mismo, seguiremos obteniendo los mismos resultados. No conseguimos que periodistas ni estudiantes se interesen por los congresos de ética y, sin embargo, seguimos repitiendo la misma fórmula: busto parlante, preguntas, busto parlante, preguntas… Creo que ya es hora de atreverse a probar otros formatos, otras estrategias. Como bien me recuerda mi apreciado Enrique Sueiro, “comete nuevo errores”. El “no” ya lo tenemos.

Si algún periodista o directivo de un medio de comunicación está preocupado por la repercusión que pueden tener sus informaciones en la sociedad y ha conseguido leer este post –dos circunstancias dignas de mérito-, que por favor nos ayude a buscar fórmulas para que quienes tienen tiempo para pensar –académicos- y quienes tienen tiempo para actuar –profesionales- puedan compartir ideas y experiencias, y trabajar juntos por un periodismo digno de ese nombre: veraz, plural y de interés público.

AlbertEinstein

Un mundo sin respuestas

Que le dé un “me gusta” a este texto quien alguna vez haya enviado un mensaje y no haya recibido respuesta. Ejemplos: ese correo de trabajo donde realizas una pregunta que nadie responde, ese mensaje de Whatsapp que no recibe contestación, esa llamada perdida que nadie devuelve…

Y la tecnología de por medio.

¿Casualidad o causalidad?

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Las pantallas pueden opacar las relaciones / Rawpixel.com

Las nuevas tecnologías nos han permitido algo increíble: contactar con cualquier persona en cualquier parte del mundo en tiempo real con escaso gasto económico y energético.

Sin embargo, también se han convertido en sólidas pantallas que bloquean la comunicación cuando cualquiera de las partes implicadas así lo desea, con el mismo coste monetario y de energía.

Que sí, que sí, que la técnica es una herramienta creada por el ser humano y, por ende, al servicio de su libre albedrío, y que ésta, a su vez, también condiciona al ser humano que se sirve de ella, pero… ¿qué revelan estos ejemplos de nuestra condición humana en este final de la segunda década del siglo XXI?

Que, si algo o alguien no nos gusta, ahora es más fácil volver la espalda.

Que, si algo o alguien me resulta indiferente, puedo pasar de él o ella sin tener que dar ninguna explicación.

¿Somos más libres? Tal vez sí, o tal vez se trata de un espejismo provocado por la falta de lo que se llama control social. “Venga, acércate y haced las paces”, que dirían las abuelitas de antaño.

¿Somos más responsables? Soy de las que pienso que no, aunque sólo sea porque la palabra “responsabilidad” está relacionada con “respuesta”, y en el momento en que no damos una respuesta estamos privándole a la otra persona de su condición, de su dignidad.

Porque un objeto no puede escuchar. Una planta no puede entender. Un animal puede percibir, a su manera. Y un ser humano puede comprender a la suya, esto es, con la palabra, con la mirada, con el cuerpo.

Negar esa palabra es rebajarlo a la condición de mero objeto.

Y yo protesto y me rebelo.

Así no se construyen relaciones de peso.

Y así peligran las bases que nos mantienen unidos.

Que a algunos les puede venir muy bien en algún momento, pero que, generalizado y aplicado a gran escala, puede provocar resultados devastadores.

Me pregunto cuántos comentarios de Twitter responde el señor Donald Trump.

Para eso están los gabinetes de prensa, ¿no?

Para aparentar una escucha.

Para aparentar una respuesta.

Para aparentar.

¿En qué se convierte el mundo cuando desaparece la capacidad de escuchar y responder aquello que no nos interesa?

Yo veo un mundo infantil, egocéntrico, narcisista, comodón y, en definitiva, poco ético.

Porque, no me cansaré de repetirlo, la ética no es ni más ni menos que nuestra capacidad para abrirnos al otro como otro yo. Si yo quiero ser escuchado y atendido, por el mero hecho de ser persona, el otro también merece el mismo trato.

¿Y tú, qué piensas?

¿Crees que vivimos en un mundo sin respuestas?

 

Imagen diseñada por rawpixel.com 

Liderazgo y ética, una historia en crisis

Hoy en día se habla mucho de liderazgo. Demasiado. Mala señal. En demasiadas ocasiones la ausencia de hechos se intenta mitigar con el exceso de palabras, como apunta el refranero tradicional “dime de qué presumes y te diré de qué careces”.

Hacen falta líderes en el ámbito político, empresarial, social y, cómo no, en el personal. Ahora bien, ¿todos entendemos liderazgo de la misma manera? Y si no, ¿de qué se habla realmente cuando se denuncia la escasez de liderazgo? ¿Y por qué es tan importante el tema?

La editorial LID me ha hecho llegar el libro 50 líderes que hicieron historia, del profesor de IESE Business School Luis Huete y el ingeniero Javier García. Interesante obra para introducirse en el tema, conocer 50 personas influyentes y reflexionar sobre la condición humana.

Lo primero que me sorprende es que, entre las 50 personas o personajes seleccionados, se encuentran Robespierre (1758-1794), Stalin (1878-1953) o Hitler (1889-1945), conocidos mundialmente por su crueldad. Deduzco, por tanto, que los autores, y otros tantos expertos en el tema, conciben el liderazgo como una extraordinaria capacidad de influencia sobre una amplia número de personas. O no, porque el Epílogo de la obra comienza con una definición de Sheryl Sandberg, directora de Operaciones de Facebook: liderar es hacer que la presencia de uno haga mejor a los demás, y que esa mejore perdure aun en nuestra ausencia. ¿Se trata, entonces, de una influencia positiva?

La discrepancia o incongruencia me lleva a pensar que no resulta tan fácil distinguir entre una influencia positiva y negativa, al menos no en el tiempo presente. Siempre resulta más fácil valorar la trayectoria de una persona cuando esta ha finalizado. Si no, ¿por qué habrían votando tantos estadounidenses a Donald Trump, cuyos discursos y acciones siguen siendo muy parecidos antes y después de las elecciones?

También sorprende la ausencia de líderes reconocidos universalmente -o casi- como Buda, Jesús y Martin Luther King, entre otros. Y al contrario: los autores han incluido otros menos conocidos y reconocidos como los empresarios François Michelin (1926-2016) y Amancio Ortega (1936-). Yo no los habría incluido en mi listado, pero hay que reconocer que aportan originalidad y contribuyen a hacer patente una idea que me parece muy verdadera: los auténticos líderes no se circunscriben únicamente al ámbito político o espiritual.

El caso de María Moliner (1900-1981) me parece paradigmático en este sentido. Filóloga y lexicógrafa condenada al ostracismo tras la Guerra Civil por defender los valores republicanos, aprovechó el tiempo alejada de la vida pública para elaborar el famoso diccionario que lleva su nombre.

Ya que cito a una mujer, no puedo evitar preguntarme por qué el libro incluye tan pocas (Leonor de Aquitania, Isabel, Teresa de Ávila, Catalina la Grande, Marie Curie, Helen Keller, Eleanor Roosevelt, Edith Stein, María Moliner, Teresa y Svetlana Alexievich) y expone sus casos de manera más breve que los de sus homólogos masculinos. ¿No hay mujeres líderes en una historia masculinizada? ¿Apenas existe documentación sobre ellas?

Liderazgo sociópata y liderazgo con conciencia

El libro apenas cuenta con reflexiones teóricas sobre el liderazgo, ya que su punto fuerte, como indica el título, radica en exponer la vida y obra de 50 personas o personajes influyentes en la Historia. Las historias individuales son breves y ágiles, algunas más literaturizadas que otras, y concluyen con tres o cuatro Reflexiones que permiten, valga la redundancia, reflexionar sobre la condición humana y los valores o antivalores que nos mueven. En el caso de María Moliner, por ejemplo, aparece en primer lugar: “Ninguna circunstancia nos impide tomar las riendas de nuestra vida y verter toda nuestra creatividad en esas circunstancias adversas; en el caso de María, fue el ostracismo y la relegación a una ocupación sin brillo” (p 241).

Ahora bien, los autores se esfuerzan por distinguir claramente entre lo que podrían considerarse los dos tipos básicos de liderazgo según ellos: el liderazgo sociópata y el liderazgo con conciencia. “Un sociópata es una persona que actúa como si no tuviera conciencia; es decir, no siente ningún deber de hacer el bien por los demás salvo cuando le interese personalmente. Los demás son medios, no tienen una condición de finalidad” (p. 309).

Este rasgo psicológico o distorsión cognitiva afecta al menos al 4% de la población, por lo que los autores no dudan en lanzarnos algunas advertencias para detectar sociópatas en todos los ámbitos de nuestra vida. Por ejemplo, seguir la regla de tres: “A la tercera mentira y/o promesa importante incumplida, o a la tercera dejación seria de responsabilidad, ir cortando con esa persona antes de que sea tarde” (p. 314). En el ámbito público, recomiendan realizar mejores procesos de selección a la hora de contratar a alguien, diseñar gobiernos colegiales, reforzar la transparencia y las normas de buen gobierno, evitar salarios y privilegios desmesurados, etc.

Frente el liderazgo sociópata, los autores proponen el liderazgo con conciencia. “La conciencia es un sentido del deber y un sentimiento de responsabilidad hacia los demás y hacia uno mismo”. Y, atención: “La conciencia y la capacidad de amar son como dos caras de una misma moneda” (306, 307). Muchas de las obras que perduran en el tiempo, añaden los autores, son fruto precisamente de una equilibrada conjunción de amor y técnica.

Liderazgo ajeno y liderazgo interior

Esta distinción no se muestra de manera tan evidente como la anterior, pero se desprende de la lectura de la obra. Desde el punto de vista personal, conocer historias de liderazgo ajeno nos sirve para conocer mejor qué conocimientos, habilidades y actitudes estamos ejercitando o atrofiando en nuestra vida. Y desde el punto de vista social, estas historias nos sirven de aviso de lo que hemos de evitar. “Ejemplo o advertencia”, sintetizan Huete y García.

Existe, por tanto, un liderazgo ajeno, en el que podemos inspirarnos y motivarnos, pero que no puede servir de excusa para descuidar el liderazgo propio o interior. Y, en caso de tener que elegir, los autores lo tienen claro: “La [batalla] primera y más importante es el crecimiento armónico y simbiótico de los recursos (salud, estado físico), intelectuales (conocimientos y estilos de pensar), emocionales (estado anímico y sentimientos) y espirituales (sentido de propósito y conciencia). Hacerlos crecer y hacer que esos recursos se retroalimenten de forma positiva unos con otros es la obra maestra del liderazgo” (p. 32).

El cuidado del liderazgo interior constituye el primer paso para, a partir de ahí, impulsar el progreso político, económico y social: “Un interior bien construido hace que la presencia de uno influya positivamente en los demás, y que esa mejora permanezca aun en nuestra ausencia. También ayuda a hacer de un grupo humano un equipo, y que este quiera moverse del sitio que ocupa a uno mejor” (p. 35).

Últimas preguntas, en soledad

Leer literatura sobre liderazgo aporta algunos beneficios indiscutibles. Cuando las fuerzas de la globalización y la macroeconomía parecen dirigir el mundo, este tipo de obras permite tomar conciencia del poder del individuo, de una única persona, para transformar la realidad. Si todos fuéramos más conscientes del poder, la fuerza, que existe dentro de cada uno de nosotros, estoy convencida de que el mundo daría un giro de 180 grados.

Una manera de descubrir nuestros talentos, tan antigua como la humanidad, reside en la narración de historias de héroes, de personas que se trabajaron a sí mismas para sacar a relucir todo su potencial, para llegar a ser plenamente ellas mismas. Leer estas vidas, estas biografías, y prestar atención a las palabras y acciones que quedan grabadas en nuestra memoria, en nuestro corazón, constituye un ejercicio de autoconocimiento imprescindible para iniciarse en el camino del desarrollo personal.

50 líderes que hicieron historia constituye además una seria advertencia a navegantes y demás influencers. Si solo pensamos en nosotros mismos, en nuestro bienestar, comodidad e interés, nos estamos haciendo un flaco favor a nosotros mismos y a los que nos rodean. La sociopatía no deja de ser un extremo que, como deja patente este libro, ha afectado a personas de todas las épocas y, por tanto, también puede afectarnos a nosotros.

En última instancia, este tipo de publicaciones permite reflexionar sobre el lugar en que se encuentra uno mismo a todos los niveles mencionados y, sobre todo, en qué lugar desea estar. Y a preguntarse por qué. ¿Desde dónde o para qué hago todo lo que hago, o no hago todo lo que puedo?

Estas preguntas no dejan de tener un componente ético, en la medida en que nos invitan a reflexionar sobre quiénes somos y por qué hacemos -o no hacemos- lo que hacemos, a ser los únicos dueños y señores de nuestra vida, y a poner nuestros dones al servicio del bien común, que también es el nuestro. Conciencia, palabra elegida por los autores del libro, la otra cara del amor. Lástima que hayamos llegado a un punto donde no esté bien visto hablar de ética ni de amor y tengamos que recurrir a nuevos términos, como liderazgo o empoderamiento. O no. Al fin y al cabo, el fondo es lo que importa. Y ahí nadie puede acompañarnos. Ahí nadie puede acompañarte. Cierro el libro, cierro internet y me sumerjo en la profundidad, en la soledad, ese lugar donde las palabras ya no importan. Hasta luego, era de la hipercomunicación. Buen verano, verano bueno.

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Buena gente + periodistas trabajadores + propietarios valientes = periodismo de éxito (Reviviendo ‘Los archivos del Pentágono’)

La cartelera acoge estos días ‘Los archivos el Pentágono’, la última película dirigida por Steven Spielberg y protagonizada por Meryl Streep y Tom Hanks. El largometraje, basado en hechos reales, cuenta cómo el diario The Washington Post se enfrentó al Gobierno de Richard Nixon al publicar información secreta que revelaba que varias generaciones de presidentes de Estados Unidos habían ocultado al pueblo americano que la guerra de Vietnam estaba condenada al fracaso y, contra todo pronóstico, habían continuado enviando soldados al campo de batalla.

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Bradlee y Graham en la vida real.

El filme, rodado al estilo de los años 70, puede parecer muy lejano en el tiempo, pero no lo es tanto, pues se siguen librando guerras a distancia y se continúa mintiendo a la ciudadanía acerca de los verdaderos intereses que se juegan en ellas. A estas alturas, no hace falta que insista, ya estamos todos hartos de oír hablar de infoxicación, noticias falsas, postverdad, fake news, etc.

Las primeras imágenes nos muestran la guerra desde el punto de vista de un observador del Gobierno estadounidense. Un inicio sorprendente, pero muy acertado, por dos motivos.  Uno, porque nos enseña aquello que no queremos ver: la soledad, el miedo, el dolor, la muerte… Dos, porque nos ponemos en el lugar del observador, quien más tarde se jugará su futuro profesional y personal por revelar lo que ha descubierto a sus conciudadanos.

Los periodistas nos identificamos indefectiblemente con el director de The Washington Post en aquella época, el mítico Ben Bradlee, quien se enfurece cuando The New York Times le roba la exclusiva y salta como un niño cuando consigue los mismos documentos de la misma fuente. Bradlee consigue ganarse la confianza y autoridad de su equipo a base de trabajo y rigor, y deja claro que hacen falta periodistas dispuestos a dejarse la piel por conseguir la información, analizarla y comunicarla de la mejor manera posible.

Ahora bien, escuchemos a la mujer de Bradlee, prototipo de las parejas sacrificadas que han tenido el coraje o la inconsciencia de casarse con un o una periodista: ¿qué te jugas tú, Bradlee? Si el periódico se hunde, te contratarán al día siguiente en otro lugar. ¿Pero qué pasa con la propietaria, la increíble Katharine Graham? Ella pierde su negocio familiar, su dinero, su vida…

Gran lección la de ‘Los archivos del Pentágono’: para que exista un periodismo de éxito, que aúne rentabilidad y servicio público, hacen falta tres elementos: ciudadanos preocupados por el bien común, periodistas que encuentren la mejor manera de hacer llegar su mensaje y propietarios o inversores que confíen en sus trabajadores y les apoyen en sus decisiones.

Esto es lo que vamos a intentar un grupo de periodistas en L’Hospitalet de Llobregat, esperemos que con la ayuda de buena gente y mecenas valientes. Si quieres más detalles, sigue Foment de la Informació Crítica a través de su blog y su cuenta de Twitter. ¡Todos somos necesarios si queremos mejorar las cosas!

El periodismo resiste: motivos para la esperanza

Hace mucho que no escribía, tal vez demasiado. Los compromisos profesionales y familiares a veces ahogan estos momentos de escritura-reflexión, tan necesarios entre quienes necesitamos comunicar como respirar. Y, hoy, tal vez por mi situación convaleciente –nada grave, afortunadamente, aunque nunca antes en mi vida me había cogido una baja-, encuentro algo de silencio, algo de reflexión, algo de expresión.

Mirando Twitter, que es lo que mi mente me ha permitido hacer sin agotarse demasiado –algo que no juzgo ni bueno ni malo-, he visto la cara y la cruz del periodismo. La cara, el lanzamiento de Maldita.es, “un proyecto periodístico independiente cuyo fin es dotar a los lectores de ‘herramientas para que no te la cuelen’. Las diferentes ramas de maldita.es monitorizan en discurso político y las informaciones que circulan en redes sociales y analizan el mensaje aplicando técnicas del periodismo de datos para su verificación”.

Como he expresado en Twitter, qué felicidad que el periodismo vuelva a su esencia, que no es otra que la búsqueda de la verdad –que, por muy pretencioso que pueda resultar, refleja muy bien de qué estamos hablando-.

 

 

Y sí, yo también creo que el periodismo renovado que se atisba en el horizonte es un periodismo mucho más cercano a la gente, mucho más pedagógico incluso. Mirad qué gran vídeo han realizado los  Maldita.es para descubrir falsedades y no contribuir a su difusión.

 

 

La cruz del periodismo: #SPORTseacaba

El mismo día del alumbramiento de Maldita.es, asistimos al que parece el ocaso del periódico deportivo SPORT, al menos tal y como lo hemos conocido hasta ahora. Casi una treintena de profesionales despedidos, el 35% de la plantilla de un diario que, según dicen, goza de buena salud.

Para algunos ya habremos salido de la crisis, pero el caso de Sport se suma a otros tantos que se vivieron en los momentos más difíciles, y que confirman que el modelo del periodismo tradicional está llegando a su fin.

Justo de eso nos habla el Informe de la Profesión Periodística 2017 publicado por la Asociación de la Prensa de Madrid. En él se observa claramente cómo aumenta el número de trabajadores autónomos frente a empleados por cuenta ajena, con toda la precariedad que eso conlleva. La nota de prensa dice textualmente:

“Una de las consecuencias de este deterioro se refleja en el creciente número de periodistas que trabajan en régimen de autónomos, que ya representa la cuarta parte de quienes trabajan en periodismo y en comunicación. Uno de los aspectos en los que la encuesta del Informe muestra diferencias sustanciales entre autónomos y contratados es “en el de los medios donde prestan sus servicios”. Los periodistas autónomos están más presentes en medios nativos digitales, revistas de papel y desarrollos digitales de los medios convencionales, y los contratados están más asentados en televisión, diarios en papel y radios”.

El paro y la precariedad laboral siguen siendo los asuntos que más preocupan a los periodistas: el 45,9% de los encuestados considera que este es el principal problema de la profesión periodística. Les siguen las malas retribuciones (16,1%), la falta de independencia (14,7%) y la falta de rigor y neutralidad en la información (13,4%).

Es lógico. A uno le cuesta mucho preocuparse por los demás cuando se encuentra en una situación difícil o complicada. Se comprende pero no se justifica, porque, si perdemos la independencia, si perdemos el rigor y la neutralidad, entonces perdemos la confianza, la credibilidad… Y, al final, ni somos vistos como necesarios –y eso es la muerte de cualquier profesión- ni somos apoyados por la sociedad cuando nos encontramos en situación de dificultad.

Está por ver, y no me quiero meter en este berenjenal hoy, cómo saldrán parados los periodistas tras la crisis entre Catalunya y España, acabe cuando acabe. Estoy detectando poca independencia, poco rigor, poca neutralidad… Y me preocupa, claro que me preocupa. Me pregunto si no se convertirá en un punto de inflexión –negativo, claro-, como algunos dicen que sucedió tras los atentados del 11-M, cuando medios y periodistas se olvidaron de su función de informar y la mezclaron con la opinión, la ideología, el partidismo…

Y a pesar de todo, algunos trabajamos por un #periodigne

¿Luz, ocaso? ¿Cuál es la situación actual del periodismo? Vaya usted a saber. La realidad es tan compleja que requeriría una buena investigación. Por de pronto, me quedo con el buen sabor de boca que me ha dejado la iniciativa #periodigne (la suma de las palabras “periodismo” y “digno” en catalán).

Para quienes no lo conozcan, se trata de un movimiento periodístico-cívico muy interesante, no tanto por lo que exige en un pentadecálogo hecho público hace aproximadamente un mes, sino porque supone el trabajo conjunto de entidades periodísticas diferentes y el esfuerzo de estas por escuchar a la ciudadanía.

Entre las entidades se encuentran el Sindicat de Periodistes de Catalunya –al que pertenezco, ya lo sabéis-, la Associació de Dones Periodistes de Catalunya, el Grup de Periodistes Ramon Barnils, el colectivo Som Atents y Solidaritat i Comunicació. Faltan otras muchas, como el Col·legi de Periodistes de Catalunya, pero el solo hecho de haberse unido e intentar sumar esfuerzos ya me parece un logro, y más en los tiempos que corren –que ya he comentado-.

El aspecto cívico se refleja en el hecho de que el primer encuentro, celebrado el 6 de mayo de este año, se realizó en la Casa de la Premsa, un edificio emblemático que los vecinos del barrio barcelonés de Poble Sec reivindican para su uso y que el Sindicato de Periodistas de Catalunya y la Fundació Periodisme Plural también quieren aprovechar para “reivindicar la información como un derecho democrático esencial de la ciudadanía”, como se explica en esta noticia.

El segundo encuentro se celebró en la Confederació d’Associacions Veïnals de Catalunya (CONFAVC) y contó con la ponencia de la activista Simona Levi, que justamente apuntaba a la importancia de la independencia periodística para poder ser útiles y valorados por la sociedad.

 

 

Acabo felicitando a los periodistas comprometidos con las raíces del oficio, como parece con los profesionales de Maldita.es, mostrando mi solidaridad con los despedidos del diario SPORT, y animando a todos, profesionales del periodismo y ciudadanos, a seguir juntos por este camino que hemos iniciado.

Seguiremos informando, si la mala salud me lo permite. Al fin y al cabo, una crisis no deja de ser una oportunidad fantástica para pararse, tomar distancia, hacer autocrítica y volver a la carga de nuevo, pero de otro modo. Renovarse o morir, you know!

Ética y Deontología periodísticas en caso de terrorismo. El atentado de Barcelona en mente

El atentado de Barcelona del 17 de agosto me pilló por sorpresa. Como todos los actos de este tipo, dirá alguien con razón. Me pilló de vacaciones en una zona con escasa cobertura y donde no se venden periódicos, aclaro. Sólo pude ver la información que se realizó por televisión, y creo que fue suficiente para comprobar que, una vez más, las prisas nos han jugado una mala pasada.

Mucha gente ha criticado a los medios de comunicación y a los periodistas que cubrieron los primeros momentos de la tragedia que ya se ha cobrado la vida de 16 personas. Es fácil criticar a los demás, sobre todo cuando estos se exponen públicamente. Más difícil es hacer autocrítica de verdad y señalar los propios errores. Desde aquí, mis sinceras felicitaciones para Gerardo Tecé, de CTXT.

No quiero ser destructiva, no debo ser destructiva. Ya hay mucho dolor y muchos malentendidos como para ahondar en la herida. Prefiero aprender de la experiencia, en la línea de Antoni Maria Piqué.

Tanto se ha hablado sobre este tema, que siento que no aportaré gran cosa. Al menos, yo aprenderé algo con ello, me consuelo. Decido, por tanto, releer las Recomendaciones sobre la cobertura informativa d’actos terroristas elaboradas por el Consell Audiovisual de Catalunya (CAC) y el Col·legi de Periodistes de Catalunya (CPC).

Como siempre, se trata de documentos que recogen los conocimientos y experiencias de gente que ha leído sobre el tema y/o trabajado en estas circunstancias y, por tanto, aportaciones muy valiosas de cara a no volver a cometer los mismos errores… Si es cierto que podemos escarmentar en cabeza ajena.

1. SOBRE LOS TERRORISTAS

El CAC y el CPC nos recomiendan revelar la identidad de los “presuntos” terroristas sólo cuando esté confirmada oficialmente; aunque eso no quita para contrastar dicha información, añaden.

Recuerdo haber visto la foto del “presunto” conductor de la furgoneta en todas las televisiones, a pesar de que sólo se había encontrado su pasaporte –y que luego resultó no ser el autor de la masacre-.

También recuerdo que la mayoría de los medios hablaban de 13 muertos, a pesar de que el conseller de Interior sólo confirmó uno. Tan sólo un medio de comunicación reconoció que la información, que más tarde resultó verdadera, procedía de “fuentes policiales”. ¿Quién contrastó y quién copió a quién?, me pregunto. Y peor, ¿qué hubiera pasado si se hubieran equivocado en la cifra? Menuda alarma innecesaria…

Sobre los cuerpos de seguridad

En este punto se habla también de no entorpecer la labor policial ni mostrar imágenes que puedan mostrar la identidad de los cuerpos de seguridad.

Recuerdo que algunos medios hacían referencia a un restaurante, Luna de Estambul, donde se creía que estaba atrincherado uno o varios terroristas. No era cierto, pero si había algún simpatizante con la causa, ya sabría dónde acudir para armar barullo y distraer a la policía.

También recuerdo haber visto periodistas informando en directo en lugares donde sólo podían transitar policías y, por tanto, deducir que pertenecían a la secreta. Y haber visto con suma claridad matrículas de coches no oficiales, esto es, camuflados. No hay que ser muy listo para grabar los telediarios en esos momentos y… No daré más ideas.

Este tema me parece tan fundamental que habría que plantearse si merecería un epígrafe aparte, algo por lo que abogo.

2. SOBRE LAS VÍCTIMAS

Todos hemos visto algunas imágenes que no olvidaremos nunca, como esos cuerpos inertes tumbados en el suelo o esas piernas torcidas de una manera poco natural, fruto del impacto de la furgoneta. ¿Era necesario incluirlas? Y peor aún, ¿era necesario repetirlas hasta la saciedad?

La falta de recursos gráficos no debería hacernos perder la perspectiva. Si yo no podré olvidar esas imágenes, ¿cómo podrán hacerlo los familiares? ¿Las repetiremos cada vez que hablemos del atentado de Barcelona, más todavía?

Tampoco resulta recomendable entrevistar a los supervivientes nada más producirse la tragedia. “Se debería evitar la intromisión gratuita y las especulaciones sobre sus sentimientos”.

Lamentablemente, yo vi a muchos periodistas informando en directo al lado del perímetro policial, buscando testimonios que pudieran rellenar esos especiales televisivos que nadie sabe por qué duran tanto cuando se sabe tan poco.

Y, lo peor de todo, es que este comportamiento se repite con demasiada frecuencia, como me ha hecho ver Ismael López a propósito del atentado de Londres. ¿Por qué? No podemos conocer las intenciones de los demás, Ismael, pero los motivos pueden ir desde querer mostrar lo que se llama “interés humano”, si pensamos bien, a querer mantener la audiencia como sea, si pensamos mal.

3. SOBRE LA AUDIENCIA

En este punto del documento se habla por cierto de la necesidad de no caer en la “espectacularización” del lenguaje verbal y audiovisual, señal de que es una tentación demasiado frecuente.

También se hace referencia a algo más novedoso, y es cómo utilizar la información recibida por la audiencia. Se apuntan cuatro cuestiones básicas:

  • Verificar la autenticidad
  • Citar la procedencia
  • Evaluar el interés informativo y social
  • Verificar que respeta los derechos de las víctimas y de la audiencia

En este punto, he de reconocer que otras personas que sí tenían cobertura recibieron videos más impactantes por Whatsapp, por lo que algunos medios de comunicación sí que hicieron un esfuerzo por no dejarse arrastrar por la corriente del morbo que, aunque cueste reconocerlo, nos afecta a todos, periodistas y público.

El documento también recomienda advertir previamente a la audiencia de la dureza de las imágenes, aunque siempre tengo la sensación de que se dice con la boca pequeña, con poco tiempo para valorar si quiero o no quiero verlas y, sobre todo, para coger el mando y cambiar de cadena.

4. SOBRE LOS PERIODISTAS

Este epígrafe me ha sorprendido, pues apenas se les dedica un punto, dedicado a cuidar de que no sufran estrés o un shock postraumático. El punto me parece estupendo, pues son profesionales que no están tan acostumbrados a abordar este tipo de acontecimientos violentos y pueden ver situaciones que queden para siempre en su memoria.

Ahora bien, ¿por qué no continuar con las recomendaciones? ¿Por qué no sugerirles que hagan valer su criterio periodístico ante las demandas de los superiores que no lo tengan en cuenta? Estoy segura de que a muchos les repugna meterse en la vida privada de las víctimas, hurgar en la herida…

Sí, ya sé que es difícil, pero alguien tiene que poner un poco de sentido común en momentos tan complicados… Y ya se sabe, lo que no haga uno, no lo hará nadie.

5. SOBRE LAS AUTORIDADES

En este apartado también se toca únicamente una cuestión, la relación de las autoridades con los medios. Muchos han felicitado la tarea comunicativa de Mossos d’Esquadra, así que me sumo y confío en que se estudie su caso para emularlo.

Ahora bien, viendo la repercusión política o, mejor dicho, la utilización partidista que se ha hecho del atentado, ¿no habría que ahondar en este punto? Porque ya tuvimos el atentado del 11-M en 2004 y no parece que hayamos aprendido demasiado…

Sobre la sociedad civil

Viendo las muestras de solidaridad ciudadana, viendo el rechazo de la violencia por parte de los musulmanes de buen corazón, también creo que habría que dedicar un apartado a la sociedad civil. Porque medios y periodistas estamos demasiado acostumbrados –bien adoctrinados ya desde las facultades- a mostrar el lado negativo de la humanidad, y eso no es toda la realidad. Y de esto va el periodismo, ¿no? Explicar toda la realidad desde el respeto a la humanidad.

Seguimos…

 

‘Un enemigo del pueblo’ o la obra de teatro que todo periodista local debería conocer

No sé cómo ha llegado a mis oídos Un enemigo del pueblo, una obra de teatro publicada por el dramaturgo noruego Henry Ibsen en 1883. Sólo sé que algo me dijo que tenía que leerla. Sólo sé que justo antes de hacerlo me enteré de que se representaba durante un único día y pude verla. Tal vez sea cierto eso que dicen de que no hay obras malas, sino malos momentos. O, al revés, que sólo leemos -escuchamos- de verdad cuando estamos preparados para ello. Intuyo que ha llegado mi momento porque Un enemigo del pueblo me ha hablado de…

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  • Un hombre -imperfecto, como todo ser humano- que busca y defiende la verdad,  aunque esa decisión vaya en contra de sus intereses y los de su familia.
  • Una clase político-económica que no duda en manipular a la opinión pública, la “inconmovible mayoría”, para mantenerse en el poder, aunque eso suponga sacrificar gente inocente.
  • Un medio de comunicación –La Voz del Pueblo, que más quisiera- que asegura defender la verdad, la libertad y la justicia, pero que tiembla ante las mayorías, las minorías y cambia de estrategia en función de los potenciales ingresos.
  • Una sociedad exigente y miedosa, que sólo piensa en sus intereses y derechos y que no duda en atacar o dejar que ataquen al más débil con tal de obviar sus deberes como ciudadanos.

La frase final del protagonista, el ya inseparable compañero de camino doctor Thomas Stockman, me revela el secreto que comparto con mis queridos lectores y lectoras y con el abriría una clase de periodismo local, de proximidad o de amor al próximo/prójimo:

“El hombre más fuerte del mundo es el que está más solo”

Senyores i senyors, visca L’Hospitalet de Llobregat! 😉

 

Imagen tomada de aquí 

 

 

Cuando la realidad duele demasiado. Un caso de postverdad aplicado al periodismo

El otro día me pasó algo que no me había pasado nunca. Una entrevistada se quejó de la transcripción que hice de nuestra conversación telefónica, no porque tergiversara sus palabras, sino por todo lo contrario: había sido demasiado fiel y eso solo le parecía adecuado en un medio oral, no escrito. Me ha dado mucho que pensar.

Lo primero que me ha venido a la mente es que algo no anda bien cuando a una persona le molesta que se recojan sus palabras tal y como fueron pronunciadas, más todavía  cuando se trata de un tema de Sociedad, es decir, que no tiene la repercusión ni la polémica de Política o Economía.

Luego he pensado que la realidad puede no gustar porque nos hemos acostumbrado a leer “entrevistas” perfectas, donde el entrevistado se expresa de maravilla: es claro, conciso, riguroso, no incurre en informalidades ni repeticiones, no titubea…

Entrevista va entre comillas precisamente porque muchas entrevistas actuales no son tales, esto es, no son conversaciones orales sino cuestionarios que se envían por correo electrónico. Hay que reconocer que es muy cómodo para ambas partes -el periodista no ha de transcribir y el entrevistado controla hasta la última coma de su texto-, pero mucho me temo que todos nos hemos dejado por el camino algo muy importante en una democracia: el arte de escuchar, de hablar, de (re)preguntar, de argumentar… Y ahora resulta que la realidad nos duele demasiado.

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Me pregunto si este fenómeno estará relacionado con la postverdad e intuyo que sí. La postverdad, dicho muy llanamente, es un concepto que ha surgido para explicar la tendencia creciente a seguir nuestras opiniones y sentimientos en detrimento de los hechos y los argumentos racionales. Nada nuevo sobre el horizonte, pero que adquiere una nueva dimensión con la mediación tecnológica, que impide, dificulta o adormece nuestra capacidad para  comprobar lo que circula por el mundo virtual y puede que también real.

Este fenómeno también está relacionado, en mi opinión, con el hecho de que vivimos en una sociedad donde prima la imagen y se otorga más importancia a la forma, a las apariencias, en detrimento del fondo, lo verdadero.

¿Qué valor posee lo verdadero si presenta una forma imperfecta? ¿A quién le importa la verdad cuando el acceso a la imagen es mucho más cómodo y directo? Estas parecen ser las dudas que anidan en el subconsciente del occidental medio del siglo XXI y que el término postverdad parece haber sacado a la luz, denunciando una nueva sofística para un mundo nuevo.

Y si este es el diagnóstico, ¿cuál es la solución? Compleja y compartida, como todo aquello que no depende únicamente de nuestra voluntad, por muy importante que sea esta. Los Gobiernos hablan de transparencia, los dueños de buscadores y redes sociales aseguran que trabajan para buscar filtros mientras solicitan la colaboración ciudadana…

Como periodistas, podemos comenzar por explicar a nuestros entrevistad@s que la autenticidad y la espontaneidad son valores a preservar, aunque alguien pueda criticarnos por no dar nuestra mejor imagen en un momento concreto, como si hubiéramos de ser perfectos en todo momento. Y los responsables de los medios de comunicación podrían reconocer la existencia de un nuevo género periodístico -el cuestionario- u obligar a sus periodistas a no aplicarlo -lo cual no sería una obligación, sino una bendición-. Eso sí, que no esperen que no baje la producción. La calidad, no se engañen, requiere tiempo.

¿Quiénes son los vencedores y quiénes los vencidos? La distinción entre ética y moral en una novela de Coelho

Mucha gente concibe la ética como algo abstracto, aburrido y alejado de su vida cotidiana. Sin embargo, el bien y mal están -inevitablemente- presentes en nuestro día a día,  como cuando pensamos “qué amable” o exclamamos “qué sinvergüenza”. Pero son muchos años, siglos, de vericuetos teóricos y tecnicismos enrevesados, de malinterpretaciones y abusos.
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La literatura puede ayudarnos a explicarnos y a entenderlo mejor. Estos días he leído una novela que me regalaron hace tiempo -por fin-: El vendedor está solo, de Paulo Coelho.

No desvelo nada importante si afirmo que el protagonista es un asesino y que la acción transcurre durante el festival cinematográfico de Cannes.

El libro constituye una descripción muy verosímil de quién y qué se mueve durante esos días. La obra puede resultar especialmente reveladora para los y las jóvenes que se quieren dedicar al mundo del cine y la moda, pues se observa con gran claridad cómo se juega con la vocación de los aspirantes a hacerse un hueco en el celuloide y la pasarela.

También puede ayudar a las grandes estrellas a percibir con claridad el precio que muchas veces se paga por alcanzar los propios sueños y a plantearse si realmente vale la pena hacerlo.

¿Y esto, tiene que ver con la ética? Mucho. Desde un punto de vista social, somos testigos de un universo que vive ajeno e indiferente a todo lo que sucede a las personas que ingresan unos millones o miles de euros menos. El autor lo expresa magníficamente cuando detalla el proceso de creación de un diamante: desde su extracción y venta en condiciones infrahumanas e ilegales hasta el dedo de la estrella de turno.

Ahora bien, Coelho deja muy claro que los deslumbrantes valores del dinero, el poder, la fama, la belleza y la juventud no pueden ocultar la profunda soledad en que se encuentran muchas de las personas que se pasean por Cannes y, en general, bajo los focos y los flashes. Aquí destaca la historia de un distribuidor de cine, admirado por todos por haberse hecho un hueco entre las grandes distribuidoras, quien a su vez envidia al hombre que es capaz de permanecer solo en una de las muchas fiestas que se organizan durante los días del festival.

Aquí entramos ya en un punto de vista más personal y psicológico. ¿Es casualidad que las estrellas que relucen por fuera se hallen tan apagadas por dentro? ¿O que quienes supuestamente se consideran vencedores socialmente sean unos fracasados a título personal o familiar?

La cuestión es todavía más compleja en el caso del protagonista, quien se muestra seguro de regirse por una moral individual, si no intachable, al menos justificable. Y aquí topamos con el que considero que debería ser uno de los grandes temas de la ética, por mucho que haya pasado y siga pasando prácticamente desapercibido: el autoengaño.

Ah, qué fácil ver la paja en el ojo ajeno y la   viga en el propio, que diría el sabio de Nazaret, muy citado y venerado, por cierto, por el protagonista del relato. Ah, qué fácil justificar cualquier medio para alcanzar el más bello de los fines.

El asunto es francamente importante y aquí reside, a mi juicio, el sentido de la distinción entre ética y moral que muchas veces los teóricos y docentes no sabemos explicar. La moral social y la moral individual nos dicen lo que -supuestamente- está bien o mal, pero sólo la ética, la persona ética, se pregunta los porqués, pone entre paréntesis los valores heredados y se cuestiona a sí misma en profundidad.

Resulta curioso que muchas veces quien se cuestione a sí mismo sea tachado de débil o percibido como tal, cuando precisamente sólo los inseguros repelen la autocrítica como el aceite al agua. Y aquí veo yo que reside la moraleja de esta fábula contemporánea: los vencedores están solos, si vencer significa perseguir los valores sociales e individuales a ciegas y a cualquier precio. Bravo, Coelho.

Comienza la reconstrucción del periodismo en la Casa de la Premsa de Barcelona

Dedicado a los compañeros y compañeras de El Periódico de Catalunya y el grupo Zeta que no se resignan a ser los únicos responsables de la situación económico-financiera de la empresa

 

¿Qué hacen una cuarentena de periodistas un sábado por la mañana en un edificio medio en ruinas? Pasar el tiempo, compartir preocupaciones y, sobre todo, buscar soluciones a los problemas que afectan a la profesión.
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Muchos ya lo han hecho muchas veces, y lo seguirán haciendo, pero este acto posee un gran simbolismo, una gran fuerza. Es la primera vez que se juntan representantes del Col·legi de Periodistes de Catalunya, la Associació de Dones Periodistes de Catalunya, el Grup de Periodistes Ramon Barnils, el colectivo Som Atents y el Sindicat de Periodistes de Catalunya -de quien, por cierto, ha partido la iniciativa-. Y es el primer acto propiamente periodístico que se organiza en muchos años en la Casa de la Premsa, un edificio construido para facilitar a los profesionales de la información la cobertura de la exposición universal de 1929.

El edificio es precioso por fuera, pero está medio en ruinas por dentro. No obstante, continúa resultando atractivo y posee mucho potencial para realizar actos cívicos. ¿Como el periodismo?, me pregunto mientras participo en la visita guiada anterior a la mesa redonda.

Durante la jornada se tocan cuatro temas principales, por este orden: la cuestión de género en los medios, las condiciones laborales, la responsabilidad profesional y si es necesario regular o no la información.

La representante de la Associació de Dones Periodistes explica que la sensibilidad de género es mucho más que poner los/las, y nos hace caer en la cuenta de que los hechos también hablan: ¿sólo una mujer preparada/disponible para hablar en una mesa de cinco personas?

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En cuanto a la precariedad, todo el mundo coincide en que es abundante -demasiado- y que afecta a la calidad de las informaciones. También en que los periodistas del país somos incapaces de unirnos y decir basta. No lo recuerda un periodista extranjero que colabora con El Periódico de Catalunya: “El mismo reportaje aquí vale 400 euros; en Alemania, más de 1.000. Nos toman por tontos”.

En algún momento el representante del Grup Barnils, Enric Borràs, nos recuerda que nos hemos resignado a no disponer de unas tarifas mínimas por las piezas que producimos, a no exigir más transparencia sobre la propiedad mediática… ¿Y cómo van a pagar los ciudadanos por la información, si nos limitamos a copiar y pegar notas de prensa y comunicados? Borràs pone el dedo en la llaga: “Hay que distinguir entre contenidos, comunicación, entretenimiento y periodismo”.

La jornada concluye con la necesidad de que se regule algo, como el derecho a acceder a la información pública, a los juicios, las condiciones laborales mínimas de colaboradores… Y nos perdemos un poco en las palabras -¿como buenos o malos periodistas?-: ¿queremos regular el periodismo, a los periodistas, el derecho a la información de la ciudadanía?

No puedo callarme e intervengo -¡toma autocita!-: está muy bien pedir socorro al Gobierno para arreglar este desgobierno, pero no lancemos balones fuera, porque así no conseguiremos el respeto ni de nuestros propios compañeros -ni su apoyo para pedir el cambio legislativo, por supuesto-. Empecemos por nosotros mismos, por no llamarnos periodistas si no hacemos periodismo. Y sigamos por las organizaciones, que no saben, no pueden o no quieren apoyar a quienes lo ejercen ni criticar a quienes hacen antiperiodismo. Sólo así recuperaremos la confianza de los profesionales del gremio -que se traduciría a la larga en más colegiados, afiliados o asociados, o sea, más manos- y, tal vez, de la ciudadanía -que se traduciría en más audiencia y más gente dispuesta a pagar por la información, esto es, más ciudadanos críticos-.

En realidad, mi intervención oral no ha sido tan buena -o tan mala- como lo que acabo de escribir. Un compañero me ha hecho pensar por qué he dicho que el derecho es la constatación del fracaso de la deontología; y ésta, de la ética personal.  En parte, porque si hubiera más respeto y solidaridad, no harían falta ni la autorregulación ni la legislación. Es verdad que esto puede resultar utópico, pero también espero haber dejado claro que sin utopía nos estancamos. Porque, como bien ha comentado el histórico periodista y primer presidente del SPC, Enric Bastardes, ya hay muchas leyes, y estas no se cumplen. O sea, que puede haber situaciones tan degradadas que requieran la intervención del legislador, del mismo modo que sin formación/sensibilidad ética el derecho resultará estéril.

Y, ahora, escribiendo estas letras y alejándome, por tanto, de todo y todas las intervenciones público-privadas, me ha venido a la cabeza una idea que ya me ronda hace algún tiempo. Apostar por la ética y la autorregulación no significa debilidad ni ingenuidad. Hay que ser muy fuerte para que un profesional o una institución profesional afirme públicamente: “Lo siento, lo que tú haces no es periodismo, no puedes formar parte de nuestra entidad”; o “lo siento, pero esto que has hecho no está bien, y no podemos permanecer callados o darte la razón”. Hay que ser muy fuerte para apoyar y/o criticar a tus propios compañeros -no a los políticos ni a los empresarios, eso se nos da fenomenal-.  Hay que ser muy fuerte para aguantar el aluvión de críticas: “Y tú qué te has creído, que eres un santo, un experto en Ética, que estás por encima del bien y del mal, y tú, tú y tú más…?”.

Ya me he vuelto a despistar/apasionar, oye. Quedémonos con esta idea: cinco entidades importantes -aunque alguna no haya querido figurar en el cartel, y ella sabrá por qué- se han unido por primera vez para compartir su visión del periodismo y buscar estrategias para defenderla. Ojalá que la próxima vez -que la haya, que la habrá- seamos muchos más los que amamos el periodismo, los que queremos una sociedad informada. Por un #periodigne, por una auténtica Casa/Hogar de la prensa, donde podamos ayudarnos mutuamente a mejorar.

Posdata: Oye, tú, ¿habrá nacido hoy la Comisión para la recuperación del periodismo, a imitación de la Comisión para la recuperación de la Casa de la Premsa? Unos buscan recuperar un edificio para los vecinos; otros, una profesión para la ciudadanía.

¿Hay algo mejor que soñar y cumplir tus sueños? Sí, compartirlos con los demás y ponerlos al servicio de una gran causa

Hace unos días se ha celebrado en la Universitat Internacional de Catalunya un simposio sobre nuevas tendencias publicitarias; más concretamente, sobre advergaming y gamificación en publicidad. No pude disfrutar de todas las intervenciones, como me hubiera gustado, pero la del fundador de Bliss Games, Julio Hidalgo, me pareció genial.

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Comencemos por el principio. El advergaming (unión de ‘advertising’ y ‘gaming’, publicidad y jugando) y la gamificación publicitaria son, muy toscamente hablando, dos estrategias que combinan la publicidad y el entretenimiento con el fin de que los ‘jugadores’ pasen un buen rato y, sobre todo, compren un producto o contraten un servicio de una marca determinada.

Seguimos. Bliss Games (Juegos de gozo o la dicha, en inglés) es una empresa fundada por Julio Hidalgo que se dedica a idear, diseñar y desarrollar videojuegos que no fomentan la violencia y cultivan la inteligencia emocional, entre otros valores.

Valores. Caliente, caliente. No voy a hablar de los millones de dólares que genera la industria del videojuego cada año ni de los que está previsto que genere. Tampoco me voy a detener en el mercado potencial que se está abriendo ante los anunciantes. Y tampoco voy a fijarme en la trayectoria profesional de Hidalgo, quien ha trabajado en algunas de las mejores empresas tecnológicas del momento.

¡Arde! Hoy sólo quiero fijarme y que mis estudiantes se fijen en los mensajes que, entre imágenes, cifras y gráficos, Hidalgo nos iba regalando en cada diapositiva de su presentación. Aprendizajes de toda una vida, sabiduría comprimida.

* Atrévete a soñar. Ah, mis pragmáticos alumnos, no os conforméis con la primera idea que surja de vuestra mente ni el primer trabajo que caiga en vuestras manos. ¿Cómo, que todavía no sabes a qué dedicarte? Hidalgo tampoco lo tenía claro, pero sabía que, desde pequeño -¡gran pista!-, le encantaba contar historias. Sí, luego estudió Ingeniería, pero nunca dejó de crear historias y formarse en ello -¡otro gran consejo!-.

** No te olvides de disfrutar. El secreto del éxito profesional, según Hidalgo, consiste en una equilibrada fórmula que combina la competencia (ser muy bueno en lo que haces) con el disfrute (pasártelo muy bien haciendo lo que haces). Porque así no te cansas, porque así nunca te estancas, porque así no tienes miedo al riesgo, porque así tu único límite es tu imaginación…

*** Al servicio de una gran causa o la felicidad. Ah, queridos míos, aquí no puedo añadir mucho más a sus palabras: “Hay algo más que cumplir tus sueños de la infancia: compartir tus dones y tus valores poniéndolos al servicio de una causa mayor”. Tal vez vuestra cabeza no os deje apreciar el valor de estas palabras -¿hace falta ser un hidalgo soñador para verlo?-. Tal vez sea el pesimismo, tal vez el miedo…

Ojalá algún día reciba un correo vuestro donde aparezca algo similar a esto: “De eso que hablábamos en clase de Ética, de eso que el TFG (Trabajo Final de Grado) no me dejaba ni olerlo, comienzo a verlo, comienzo a verlo”. Y yo seré feliz, porque vosotros y vosotras habéis empezado a serlo.

¿Y qué es lo importante? Balance de una experiencia docente

Hoy la lluvia acompañaba, pero siempre que finaliza una asignatura me surgen las mismas preguntas: ¿habrán aprendido algo? ¿Habré conseguido transmitirles lo que de verdad importa?

Lo he intentado, me digo, a modo de consuelo en la oscuridad que me envuelve camino a casa.

¿Y qué es lo que de verdad importa? No los productos audiovisuales, en un curso introductorio al lenguaje audiovisual. Sí los hábitos y actitudes que habéis adquirido o comenzado a adquirir al tratar de finalizarlos en tiempo y forma. No poiesis, sí praxis, para lograr habitus y un nuevo ethos, una segunda naturaleza.

Mejores profesionales a base de valorar la asistencia, la puntualidad, la observación, el espíritu crítico, la calidad y la claridad lingüística, la profundidad, el rigor, el respeto, la comunicación…

Y eso, aun siendo importante, no es lo más importante. Lo más importante es por qué no has querido involucrarte más o por qué te has involucrado demasiado.

Sí, demasiado. Los profesores miopes nunca le dicen a los mejores alumnos si no estarán descuidando otras facetas de su vida por alcanzar el éxito académico o profesional. Ah, qué políticamente incorrecto no alentar al excelente -que sí a la excelencia- en una facultad.

¿Excelente en la profesión o en la vida? ¿No estamos cansados los adultos de ver a otros adultos exitosos caer en el egoísmo, la insolidaridad, la infelicidad? ¿Trump es un ganador o un fracasado?

Queridos alumnos y alumnas del seminario de Comunicación Profesional, gracias por el camino compartido, por lo aprendido. Hoy, noche de viernes y de frío,  he descubierto lo que no me cansa, lo que me da sentido. Buscad la verdadera felicidad. No os olvido.

¿Es periodismo todo lo que reluce en los medios de comunicación?

No, ya sé que no. Hace tiempo que el periodismo no se puede definir como aquello que se publica en un medio de comunicación ni el periodista como aquel que trabaja en un medio, por mucho que la Rcrisis-per21AE defina al profesional de la información periodística como aquella “persona profesionalmente dedicada en un periódico o en un medio audiovisual a tareas literarias o gráficas de información o de creación de opinión”. Que sí, que ya sabemos que lo importante es el afán de búsqueda y transmisión de la verdad (veracidad) y el interés público (no confundir con lo que interesa al público). Y, sin embargo, cuántas inercias quedan aún por frenar y reconducir…

Esta idea me ha venido a la cabeza porque es la primera vez que no trabajo en un medio de comunicación tradicional –léase, una radio, televisión, periódico o medio de comunicación generalista- y me siento extraña, como pez fuera del agua. Y, sin embargo, comparo lo que estoy haciendo ahora con lo que hace escasos meses realizaba en un gran medio tradicional, y creo que ahora estoy haciendo más periodismo que antes.

Porque busco temas, investigo, contrasto opiniones e intento aportar lo que creo que tiene más interés para la mayoría, sólo que en el ámbito de la educación, la formación y el empleo. No siempre las circunstancias me dejan hacerlo como me gustaría, pero mi aspiración, sin duda alguna, sigue siendo exactamente la de siempre.

Y si esto me pasa a mí, que lo tengo claro –al menos en mi cabeza-, ¿cómo no van a estar confundidos la sociedad y los poderes públicos? Porque todavía seguimos creyendo que un medio de comunicación  tradicional nos informará mejor que otros espacios más pequeños, más humildes, más especializados.

Con el periodismo especializado hemos topado

Obviamente, los medios generalistas cumplen una función importantísima. Nos ayudan a reorientar nuestra mirada: de nuestro ombligo al horizonte de la actualidad. Sin ellos, no sabríamos qué pasa a nuestro lado ni más allá.

Ahora bien, tampoco llegan a todo, y menos tras este periodo largo de recortes/EREs que han dejado las redacciones vacías de periodistas veteranos y especializados.

La especialización constituye una salida muy digna, siempre y cuando no se pierda el horizonte. Sólo desde esa búsqueda de la máxima profesionalidad podremos convencer a un público especializado y exigente, y unos poderes acostumbrados a atender sólo a quienes les ofrecen amplia difusión o acriticismo, que el periodismo no ha muerto, sino que está renaciendo de mil formas diferentes.

Compañeros, que el periodismo siga brillando, allá donde estemos.

Imagen tomada de aquí.

Entretenidos y exhaustos

Impresiona ver a cientos de personas saliendo de un tren en una gran ciudad, pongamos Barcelona.
Decenas y decenas de cuerpos caminando en la misma dirección, decenas y decenas de cabezas mirando hacia el mismo lugar…
Levanto la cabeza y observo la señal de Sortida/Salida que seguimos sin cuestionarnos.
Cuántos caminos trillados, encauzados, dirigidos, controlados…
Siento que alguien o algo, tal vez nosotros mismos, nos ha ganado la partida, la vida…
Entretenidos y exhaustos, lo difícil -¿lo imposible?- es mirar al que camina a mi lado.
Yo estoy aburrido, yo estoy cansado, yo, yo, yo…
El nosotros está desapareciendo de nuestro vocabulario.
Son las ocho de la mañana y creo que todavía no he despertado.

 

rayban
¿Es este anuncio un reflejo de las contradicciones del sistema?