“Medios para una nueva democracia”  

Estimado lector/a:

Ya ha salido publicada mi última columna en el El Llobregat, dentro de un especial sobre las elecciones municipales del 24 de mayo en la comarca del Baix Llobregat y la ciudad de L’Hospitalet, en Barcelona. En esta ocasión, hablo de las relaciones entre políticos y periodísticas y, más concretamente, de algunas medidas utilizadas por los partidos para controlar la información electoral.

Estás elecciones son muy importantes, porque por primera vez en muchos años se considera factible que se acabe el bipartidismo entre los dos partidos dominantes hasta la fecha: el Partido Popular (en el poder del gobierno estatal y de tendencia conservadora) y el Partido Socialista Obrero Español (de tendencia progresista). Los partidos con más posibilidades de irrumpir en el escenario político son Ciudadanos y Podemos, dos partidos que aseguran querer regenerar el sistema, el primero de corte más reformista y el segundo de carácter más radical o revolucionario.

No sabemos finalmente qué pasará, porque las inercias y los miedos son poderosos ‘argumentos’ en un ambiente poco propicio a la reflexión serena y racional, pero lo que está claro es que la calidad de una democracia también se mide por el nivel de pluralismo que existe en ella. De hecho, parece evidente que cuanta más libertad exista para opinar y escuchar, más posibilidades tendremos de vislumbrar qué opción resulta la más adecuada. Y aquí los medios de comunicación son insustituibles.

Por eso no se entiende que los partidos políticos sigan queriendo controlar la información de los medios, bien sea a través de los bloques electorales en los medios públicos, bien sea a través del acceso a los mítines, bien sea a través de los comunicados de prensa/cortes de radio y televisión, bien sea a través de ruedas de prensa sin preguntas… Y para qué seguir.

Alguien podrá decirme que está muy bien que los periodistas reivindiquen más libertad, pero que estos también han de actuar con responsabilidad.  Estoy completamente de acuerdo y creo la campaña contra los bloques electorales tendría que tener la misma importancia que una campaña a favor de la veracidad y el pluralismo en los medios. Pero, si no te importa, déjame que toque ese tema en otro post, más adelante, que el asunto merece la pena.

Muchas gracias por tu lectura y, como siempre, espero tus comentarios.  

“Ética de la compasión” sale a escena en la obra “Mar i cel”

Joan-Carles Mèlich (Barcelona, 1961) tiene un libro que recomiendo vivamente. Se titula Ética de la compasión (Herder, 2010) y es de lo más interesante que he leído en los últimos tiempos sobre el tema. Creo que lo que más me gusta de su obra es cómo transmite sus ideas. No digo que sus ideas no me convenzan. Solamente digo que empatizo con su estilo y discrepo en algunas cuestiones.

melich i eva

El autor dedicándome un ejemplar.

El estilo de Mèlich, para quienes no le conozcan, es difícil de describir. Es un lenguaje muy humano, muy vital, a caballo entre la filosofía y la literatura, la poética. No en vano, el autor considera que las grandes obras de la literatura deberían ser consideradas también obras mayúsculas en Filosofía. Porque la vida es finita, imperfecta e inacabada, como las historias que nos cuentan los grandes narradores.

Con esta visión de la vida, no resultará extraño que el profesor de Filosofía de la Educación de la Universidad Autónoma de Barcelona se muestre muy crítico con lo que denomina “el teatro metafísico”, de reconocida inspiración nietzscheana. Mèlich piensa que “los seres humanos hemos inventado la metafísica para poder hacer frente al temor de vivir en un mundo incierto”, para poder responder con certeza a todas las respuestas que la vida nos plantea, cuando la grandeza y la miseria de nuestra vida es que no controlamos prácticamente nada.

¿Significa esto que todo es relativo, que debemos dejarnos arrastrar por el escepticismo y el nihilismo? Para nada, y este creo que es el gran mérito de la obra: intentar encontrar, explicar, comprender cómo es posible la ética sin necesidad de recurrir a algo que está más allá de la vida, sin necesidad de apelar a una metafísica.

Esta concepción de la realidad (metafísica-ontología) y del ser humano como ser finito y limitado (antropología) es lo que posibilita la existencia de la ética. Porque, en lo que ya es una constante del autor, la ética no puede confundirse con la moral. La moral es el conjunto de valores, principios y normas que heredamos al venir al mundo. La ética, por el contrario, es

“su punto ciego porque emerge en un escenario en el que el ‘marco normativo heredado’ es puesto en cuestión. La ética surge en una situación-límite, en una situación de radical excepcionalidad. Por eso no es la excepción que confirma la regla, sino la que la rompe, la que la quiebra, la que la suspende. En otras palabras, podríamos decir que la ética aparece en una situación en la que uno se da cuenta de que la gramática propia de la cultura en la que había sido educado, el universo normativo-simbólico que le habían transmitido, no ‘encaja”.

Es decir, al contrario que las éticas metafísicas, no hace falta apelar a otro mundo trascendente donde se hallan el Bien, el Deber, la Ley o la Dignidad. Dicho con otras palabras, no hay un modelo ideal, inmutable, universal y necesario con quien compararse. Lo que hay son personas frágiles necesitadas de compañía y consuelo. Lo que hay es “la experiencia del sufrimiento del otro”. Lo que hay, inspirándose en Emmanuel Levinas, es la “dimensión doliente del rostro”.

Es por este motivo que la ética no puede expresarse con los mismos conceptos de la metafísica o la epistemología. “La ética no puede contemplarse en términos de sujeto-objeto, ni en términos de ser-ente, sino como una llamada y una respuesta responsable, como una acusación a mi libertad. Y es la respuesta a ese grito silencioso, una respuesta imposible de planificar y de organizar, una respuesta siempre improvisada, la que configura la compasión”.

Como paradigma de ética de la compasión, Mèlich pone como ejemplo la parábola del Samaritano que aparece en la Biblia. Aquel hombre que, si hubiera seguido la moral que le inculcaron desde pequeño, no se habría parado ante el pobre hombre que yacía en el suelo, mientras que quienes sí debían de haberse parado no lo hicieron. Y que se paró y ayudó al otro porque miró el rostro del hombre que sufría y sintió la necesidad de acogerlo, protegerlo y acompañarlo.

Donde se encuentran el cielo y el mar

Yo creo haber encontrado otro ejemplo que muestra a la perfección esta idea. Se trata de una escena de la obra de teatro “Mar i cel” que he visto hace poco. Basada en  el texto de Àngel Guimerà, está ambientada en el siglo XVII y cuenta la historia de unos piratas moriscos que han apresado a unos cristianos, a quienes mantienen retenidos. El caso es que se odian a muerte hasta que Blanca, una joven cristiana, escucha la historia del capitán del barco, Saïd. Él le explica cómo les expulsaron de España con violencia, cómo mataron a su madre… Y ella y él se sorprenden cuando ella rompe a llorar. Sus sistemas morales se hacen añicos y ella termina gritando: “Per què he plorat per qui no havia de plorar? (¿por qué he llorado por quien no debía llorar?).

No sé hasta qué punto podemos renunciar a la metafísica, a poner etiquetas, a intentar encontrar respuestas que nos aporten seguridad y orientación en el camino de la vida. Querer hacerlo es despojarnos de otras facetas de nuestra personalidad. Tampoco tengo claro que sólo hayamos conocido el mal, como sostiene a menudo Mèlich. Jesús de Nazareth, Gandhi, Luther King, Teresa de Calcuta, Vicente Ferrer… El bien también ha brillado en nuestra historia y espero que siga haciéndolo por mucho tiempo. Este libro creo que contribuye a ello y es por este motivo que lo recomiendo vivamente. La ética es vida.

“Los ciudadanos, entre la Política y el partidismo”

Apreciado lector,

Si vives en España, sabrás que el próximo 24 de mayo tenemos una cita con las urnas para elegir a quienes queremos que se conviertan en el alcalde y los concejales de nuestra ciudad durante los próximo cuatro años.

Se trata de una decisión importante, que conviene pensar con cuidado, porque, como comento en mi última columna para El Llobregat, nos encontramos en un momento de plena efervescencia sociopolítica que podría volverse en nuestra contra.

Últimamente asistimos a un ‘boom’ de supuestas asociaciones cívicas que quieren contribuir a una mejor política, como Sociedad Civil por el Debate, en Madrid; Construïm, en Catalunya; e Impuls, en L’Hospitalet. Y al revés, también aparecen iniciativas políticas que aseguran querer escuchar el latido de la ciudadanía, como Podemos a nivel estatal, Barcelona en comú en Cataluña o Canviem L’Hospitalet.

Me parece estupendo que POR FIN ciudadanos y políticos se muestren más activos a la hora de hablar y de escuchar, que en eso consiste la verdadera comunicación. Y, sin embargo, el ambiente está tan enrarecido, por no decir corrupto, que resulta muy complicado creer en estas iniciativas. Es decir, es imposible determinar a priori si existe un verdadero interés público, objeto de la Política con mayúsculas, o un minúsculo interés privado, propio de intereses partidistas.

En mi columna pongo algunos ejemplos que me plantean dudas en la ciudad de L’Hospitalet e invito al lector, a ti y a mí al fin y al cabo, a fijarnos más en los hechos que en las palabras. Que de términos huecos como participación, diálogo, gobernanza o transparencia está el mundo lleno. Y lanzo un deseo: que el 24 de mayo no nos tomen el pelo.

“Quiero respirArte”

Pues sí, hay días en que uno se cansa de la actualidad, de la rutina, y decide distanciarse, serenarse y abstraerse. Y qué mejor que la Cultura, con mayúsculas, para dejar de mirar a ras de suelo y elevar un poco el espíritu. Por eso en mi última columna de este mes os propongo buscar una exposición que tengáis cerca de casa. Porque no hay que gastar mucho ni viajar lejos para llegar adentro, al corazón de uno mismo.

paradigma

“Paradigma”

Yo fui a ver unas cuantas exposiciones que había en L’Hospitalet  (Barcelona) y me quedé con dos. Una es “Momentos mágicos”, de María Carmen García Larrosa. Como escribo en la columna, “me llama la atención el título y el cuadro que acompaña la presentación. Alguien viaja en una barca durante una puesta de sol y atraviesa un marco, como de un cuadro, en cuya esquina derecha nace una planta sobre la que se posa la luna. Me pregunto si quienes contemplamos arte somos como ese barquero que se atreve a salir de su vida cotidiana para compartir el punto de vista que nos ofrecen los artistas. García Larrosa nos invita a acompañarla en su camino, desde lo figurativo a lo abstracto, pasando por la creación de atmósferas como “Poesía” o “Nocturno” que nos recuerdan que lo bello se encuentra al alcance de cualquiera, en una puesta de sol o en la salida de la luna”.

"Poesía"

“Poesía”

"Nocturno"

“Nocturno”

La otra es “El moll de l’os”, de Josep Maria Alcover. “Al principio no entiendo nada. ¿Qué belleza puede haber en unos trozos amorfos de plomo y antimonio, en unas mallas metálicas, en unas telas negras colgadas de unas cuerdas?”

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“Silencio. Vacío. Suite para violocenlo de fondo y algunas palabras que van calando dentro. Alguien que, cansado de la uniformidad del mundo, se rebela exponiendo “materia informe”. Alguien que, abandonado por sus padres, necesita la escultura “para justificar” su existencia, para “afrontar los miedos y el pánico, la decadencia y la muerte”.

Josep Maria Alcover

Josep Maria Alcover

Alguien que descubre la belleza como “sentimiento, afecto”, que define la belleza como “lo que tus sentidos son capaces de captar del exterior”. Contemplo, siento, comprendo, respeto. El silencio y el vacío han despejado el camino, el ruido y la impaciencia, y me encuentro con mi esencia. Me siento y contemplo el vídeo en el que Josep Maria se mancha las manos y, con gran delicadeza, empapa los papeles que hoy me rodean, a modo de abrazo, de tierno y cálido abrazo. Pierdo la noción del tiempo, disfruto, encuentro algo de paz en medio de la ciudad”.

“La transparencia como coartada”

Ah, qué bien suena la transparencia… cuando la ejercen los demás. Ya lo había comentado en otro post, pero ahora toco el tema desde la vertiente política y desde la realidad local en mi columna mensual en El Llobregat.

El Ayuntamiento de L’Hospitalet de Llobregat, premiado doblemente por su transparencia, resulta que no es tan transparente como parece. Lo he comprobado al solicitar información sobre los gastos en protocolo y representación del ejercicio 2013. Quería comprobar las críticas del Partido Popular a los gastos excesivos e injustificados del gobierno socialista, pero no ha sido posible. Y eso que la administración se comprometió hace años a rellenar unos formularios cada vez que se solicitara un gasto; formularios que, por cierto, nadie ha visto nunca. Y eso que existen unas facturas, que sí que han podido ver los concejales de la oposición durante un periodo limitado de tiempo.

Qué lástima que se abuse tanto de una palabra tan bonita. Porque cuando no hay nada que ocultar, la transparencia fluye de modo natural. Y aquí andamos los periodistas, forzando y forzando para obtener unos míseros datos que no nos aclaran demasiado. Que se trata de nuestro dinero, oigan.

“El Gordo y el Malo”

El número de enero de El Llobregat ha salido un poco tarde y la columna ha quedado algo obsoleta, pues ya sabemos que Artur Mas ha convocado elecciones autonómicas para el 27 de septiembre de este año.

Sin embargo, la idea principal sigue siendo válida: echar el voto no es cuestión de suerte. Por favor, no confundamos la democracia con la lotería.

Como siempre, te animo a leer el artículo completo y compartir tu opinión conmigo desde la libertad y el respeto.

Qué me ha aportado y quitado el doctorado. Carta a María.

María navega en un mar de dudas. No sabe si realizar el doctorado o no hacerlo. Dice en un comentario a otro ‘post‘ que lo cogió con “mucha ilusión”, pero que, con el paso del tiempo, se ha desmotivado, duda si podrá hacerlo y no sabe si continuar o abandonarlo. Se plantea si merecerá la pena el tiempo que les restará a su familia y a su hija pequeña. Ay, la vida está repleta de pequeños-grandes dilemas.

barco en la tormenta

Me he comprometido a escribir este artículo, no porque tenga la solución, que sólo puede encontrar María, sino porque creo en el diálogo, es decir, creo que el intercambio de experiencias en un espacio de libertad y confianza genera progresos significativos en el conocimiento de las partes que participan. Es cierto que yo ya estoy a punto de concluir la etapa doctoral, pero agradezco mucho la posibilidad que me brinda María para hacer balance hasta el día de hoy y estoy deseando escuchar su opinión al respecto.

También quiero matizar que yo realizo la tesis doctoral en el ámbito de la Ética periodística y, por tanto, me muevo a caballo entre las Humanidades y las Ciencias Sociales; y que he podido disfrutar de una beca para investigar a tiempo completo durante cuatro años. Quiero decir que no sé hasta qué punto podré “saltar sobre mi propia sombra” y aportar ideas que sirvan a cualquier tipo de doctorando en cualquier circunstancia. Y, ahora sí, me dirijo a María y a todas las Marías que visitan el ciberespacio.

Apreciada María,

Sé muy poco de ti, pero lo suficiente para darme cuenta de que te encuentras en una encrucijada vital. Así interpreto yo el hecho de que te hayas decidido a buscar información por internet y, más todavía, a que hayas contactado conmigo. Te felicito por ser consciente de eso (el primer paso para solucionar un problema es ser consciente de su existencia) y te animo, como lo hice al responder a tu comentario, a ir hasta el final de tus dudas para poder tomar una decisión de la que luego no puedas arrepentirte.

Por lo que veo, atraviesas una etapa de gran desánimo. Si te soy sincera, yo creo que  esto es muy normal al principio. Porque uno se adentra en un mar infinito de informaciones montado en la barquichuela de la licenciatura o el grado y con una hoja de ruta muy precaria (los directores suelen delegar en los doctorandos la tripulación de la nave desde el inicio y muchos no vuelven a pisar el barco hasta que este llega a buen puerto). O sea, que la nave avanza lenta, insegura y empujada por las corrientes con las que se encuentra, con lo que tu autoestima baja tan pronto como se agotan los víveres de los que te equipó la carrera. ¡Y qué frustración, a ti que tanto te gustaba estudiar y encima sacabas buenas notas! 

Con esto sólo quiero decir que uno no debería abandonar el barco y volver a tierra por encontrarse en esa fase ya que, como digo, suele ser frecuente en los primeros momentos… Que pueden ser perfectamente dos años a tiempo completo (más si  son a tiempo parcial), que es el tiempo que se suele dedicar a elaborar el mapa mental o marco teórico (y que, dicho sea de paso, a mí me parece insuficiente, dada la sociedad de la información en la que nos movemos).

Si te has quedado estancada en esta fase, tal vez no hayas podido disfrutar todavía de la satisfacción que produce comprender en qué consiste o cómo funciona lo que estás estudiando, qué factores, qué condiciones, qué circunstancias, qué ideas se mueven en la superficie y cuáles en el fondo…  Esto que te cuento es muy difícil de explicar si no lo has experimentado, pero voy a intentarlo porque creo que aquí reside la clave para comprender qué es lo me ha aportado el doctorado.

Hay una frase, no recuerdo de quién, que dice que si tiras de un hilo, de cualquiera, te encontrarás con la vida. Mi hilo es la ética periodística, pero tu hilo puede ser la arquitectura modernista o la física cuántica. Da igual. Lo importante es saber que ese hilo, si lo tejes y desenvuelves bien, te conducirá hacia las verdades de la vida. En mi caso, por ejemplo, he visto cómo la deontología periodística en España se halla estancada porque nació como reacción a unas presiones sociopolíticas, derivadas a su vez de una sociedad que transitaba como podía de una moral católica nacional a una ética cívica global sin suficiente tiempo para asimilar el cambio. He visto, he visto en el sentido de que he contemplado, asimilado e integrado, la historia de mis antepasados, la de mis abuelos, la de mis padres y la mía. Y ahora me conozco mejor, me comprendo mejor y soy capaz de aportar algo al mundo, sobre todo a los que me rodean.

Me objetarás que esto se puede conseguir sin realizar el doctorado y te contestaré que tienes toda la razón. El hilo de la vida se encuentra en cualquier actividad, oficio u profesión (dejo ahora de lado la familia,) siempre que tires de él con suficiente convicción, persistencia y valor. Si esto es cierto, entonces, ¿para qué realizar tantos sacrificios? Algunos te dirán que el doctorado te aportará cierto prestigio social, cierta estabilidad laboral y cierta capacidad de influencia. Los típicos “bienes externos” de fama, dinero y poder que, por otro lado, puedes hallar más fácilmente en otras actividades.

¿Qué te quiero decir con esto? Pues que al final, al final, al final de todo, tú eres la única que puede saber si te atraen tanto conocer, entender, comprender y, en definitiva, aprender y compartir lo aprendido como para dedicarle tus mayores desvelos. Que los habrá, y desde el primer momento, como te he mostrado hace un momento.

En mi caso, he tenido la suerte de contar con becas de investigación y, por tanto, he podido adentrarme en el mundo del conocimiento sin preocupaciones de otro tipo. Ahora bien, también te digo que el exceso de tiempo a veces te lleva a no ser suficientemente efectivo. Y sobre el cuidado de tu hija, que comprendo perfectamente, pues no sé qué decirte, pero el sabio Aristóteles igual te recordaba que la virtud se halla en el término medio. Es decir, que no se trata de renunciar a una aspiración vital (que, ojo, podría transformarse en resentimiento hacia tu hija a medio plazo) o realizarla en un tiempo récord (no te compares, por favor, con quienes puedan o quieran ir más rápido), sino, tal vez, de hallar un lugar, tu lugar,  en que puedas disfrutar de lo que haces sin renunciar a otros valores importantes. Sólo así podrás comprender que el doctorado no te ‘quita’ nada que tú no quieras que te ‘quite’. Cómo ponerle límites es otra historia que, si quieres, comentamos más adelante. Que cada día tiene su afán. Cuídate.  

Imagen tomada de aquí.