“El Gordo y el Malo”

El número de enero de El Llobregat ha salido un poco tarde y la columna ha quedado algo obsoleta, pues ya sabemos que Artur Mas ha convocado elecciones autonómicas para el 27 de septiembre de este año.

Sin embargo, la idea principal sigue siendo válida: echar el voto no es cuestión de suerte. Por favor, no confundamos la democracia con la lotería.

Como siempre, te animo a leer el artículo completo y compartir tu opinión conmigo desde la libertad y el respeto.

Qué me ha aportado y quitado el doctorado. Carta a María.

María navega en un mar de dudas. No sabe si realizar el doctorado o no hacerlo. Dice en un comentario a otro ‘post‘ que lo cogió con “mucha ilusión”, pero que, con el paso del tiempo, se ha desmotivado, duda si podrá hacerlo y no sabe si continuar o abandonarlo. Se plantea si merecerá la pena el tiempo que les restará a su familia y a su hija pequeña. Ay, la vida está repleta de pequeños-grandes dilemas.

barco en la tormenta

Me he comprometido a escribir este artículo, no porque tenga la solución, que sólo puede encontrar María, sino porque creo en el diálogo, es decir, creo que el intercambio de experiencias en un espacio de libertad y confianza genera progresos significativos en el conocimiento de las partes que participan. Es cierto que yo ya estoy a punto de concluir la etapa doctoral, pero agradezco mucho la posibilidad que me brinda María para hacer balance hasta el día de hoy y estoy deseando escuchar su opinión al respecto.

También quiero matizar que yo realizo la tesis doctoral en el ámbito de la Ética periodística y, por tanto, me muevo a caballo entre las Humanidades y las Ciencias Sociales; y que he podido disfrutar de una beca para investigar a tiempo completo durante cuatro años. Quiero decir que no sé hasta qué punto podré “saltar sobre mi propia sombra” y aportar ideas que sirvan a cualquier tipo de doctorando en cualquier circunstancia. Y, ahora sí, me dirijo a María y a todas las Marías que visitan el ciberespacio.

Apreciada María,

Sé muy poco de ti, pero lo suficiente para darme cuenta de que te encuentras en una encrucijada vital. Así interpreto yo el hecho de que te hayas decidido a buscar información por internet y, más todavía, a que hayas contactado conmigo. Te felicito por ser consciente de eso (el primer paso para solucionar un problema es ser consciente de su existencia) y te animo, como lo hice al responder a tu comentario, a ir hasta el final de tus dudas para poder tomar una decisión de la que luego no puedas arrepentirte.

Por lo que veo, atraviesas una etapa de gran desánimo. Si te soy sincera, yo creo que  esto es muy normal al principio. Porque uno se adentra en un mar infinito de informaciones montado en la barquichuela de la licenciatura o el grado y con una hoja de ruta muy precaria (los directores suelen delegar en los doctorandos la tripulación de la nave desde el inicio y muchos no vuelven a pisar el barco hasta que este llega a buen puerto). O sea, que la nave avanza lenta, insegura y empujada por las corrientes con las que se encuentra, con lo que tu autoestima baja tan pronto como se agotan los víveres de los que te equipó la carrera. ¡Y qué frustración, a ti que tanto te gustaba estudiar y encima sacabas buenas notas! 

Con esto sólo quiero decir que uno no debería abandonar el barco y volver a tierra por encontrarse en esa fase ya que, como digo, suele ser frecuente en los primeros momentos… Que pueden ser perfectamente dos años a tiempo completo (más si  son a tiempo parcial), que es el tiempo que se suele dedicar a elaborar el mapa mental o marco teórico (y que, dicho sea de paso, a mí me parece insuficiente, dada la sociedad de la información en la que nos movemos).

Si te has quedado estancada en esta fase, tal vez no hayas podido disfrutar todavía de la satisfacción que produce comprender en qué consiste o cómo funciona lo que estás estudiando, qué factores, qué condiciones, qué circunstancias, qué ideas se mueven en la superficie y cuáles en el fondo…  Esto que te cuento es muy difícil de explicar si no lo has experimentado, pero voy a intentarlo porque creo que aquí reside la clave para comprender qué es lo me ha aportado el doctorado.

Hay una frase, no recuerdo de quién, que dice que si tiras de un hilo, de cualquiera, te encontrarás con la vida. Mi hilo es la ética periodística, pero tu hilo puede ser la arquitectura modernista o la física cuántica. Da igual. Lo importante es saber que ese hilo, si lo tejes y desenvuelves bien, te conducirá hacia las verdades de la vida. En mi caso, por ejemplo, he visto cómo la deontología periodística en España se halla estancada porque nació como reacción a unas presiones sociopolíticas, derivadas a su vez de una sociedad que transitaba como podía de una moral católica nacional a una ética cívica global sin suficiente tiempo para asimilar el cambio. He visto, he visto en el sentido de que he contemplado, asimilado e integrado, la historia de mis antepasados, la de mis abuelos, la de mis padres y la mía. Y ahora me conozco mejor, me comprendo mejor y soy capaz de aportar algo al mundo, sobre todo a los que me rodean.

Me objetarás que esto se puede conseguir sin realizar el doctorado y te contestaré que tienes toda la razón. El hilo de la vida se encuentra en cualquier actividad, oficio u profesión (dejo ahora de lado la familia,) siempre que tires de él con suficiente convicción, persistencia y valor. Si esto es cierto, entonces, ¿para qué realizar tantos sacrificios? Algunos te dirán que el doctorado te aportará cierto prestigio social, cierta estabilidad laboral y cierta capacidad de influencia. Los típicos “bienes externos” de fama, dinero y poder que, por otro lado, puedes hallar más fácilmente en otras actividades.

¿Qué te quiero decir con esto? Pues que al final, al final, al final de todo, tú eres la única que puede saber si te atraen tanto conocer, entender, comprender y, en definitiva, aprender y compartir lo aprendido como para dedicarle tus mayores desvelos. Que los habrá, y desde el primer momento, como te he mostrado hace un momento.

En mi caso, he tenido la suerte de contar con becas de investigación y, por tanto, he podido adentrarme en el mundo del conocimiento sin preocupaciones de otro tipo. Ahora bien, también te digo que el exceso de tiempo a veces te lleva a no ser suficientemente efectivo. Y sobre el cuidado de tu hija, que comprendo perfectamente, pues no sé qué decirte, pero el sabio Aristóteles igual te recordaba que la virtud se halla en el término medio. Es decir, que no se trata de renunciar a una aspiración vital (que, ojo, podría transformarse en resentimiento hacia tu hija a medio plazo) o realizarla en un tiempo récord (no te compares, por favor, con quienes puedan o quieran ir más rápido), sino, tal vez, de hallar un lugar, tu lugar,  en que puedas disfrutar de lo que haces sin renunciar a otros valores importantes. Sólo así podrás comprender que el doctorado no te ‘quita’ nada que tú no quieras que te ‘quite’. Cómo ponerle límites es otra historia que, si quieres, comentamos más adelante. Que cada día tiene su afán. Cuídate.  

Imagen tomada de aquí.

¿Dónde están los referentes del periodismo? Una invitación a la solidaridad profesional

Estos días he preguntado en Facebook quién o quiénes consideras un referente del periodismo en España, profesionales que influyen en la opinión pública para bien o para mal. Han aparecido nombres como Iñaki Gabilondo, Luis del Olmo, José María García, Julia Otero, Jordi Évole, Ana Pastor, Susana Griso, Teresa Viejo, Pedro J. Ramírez, Arcadi Espada, Francisco Marhuenda, Arturo Pérez Reverte o Risto Mejide. A mí me gustaría añadir a Félix Madero, Lorenzo Milá y Manuel Campo Vidal; y, en Cataluña, a Josep Cuní, Mònica Terribas y Antoni Bassas, por nombrar algunos nombres que me vienen más rápidamente a la cabeza.

He hecho esta pregunta porque, al hilo de mi investigación de doctorado, me ha venido a la cabeza la siguiente idea. Muchos académicos y periodistas reconocen que el periodismo atraviesa una profunda crisis. Las causas son variadas y complejas, pero sobresalen cuatro: la irrupcgabilondoión de la tecnología digital (que requiere una inversión económica), la llegada de la crisis económica (que se traduce en menor consumo y menores ingresos publicitarios), la  existencia de una generación de empresarios que ya no cree en la función social del periodismo y cuyo objetivo es maximizar beneficios (por lo que despide a los veteranos y no invierte en formación ni investigación) y la difusión de la cultura del gratis total (que lleva a los ciudadanos a no querer pagar por recibir información).

Cuando afirman que el periodismo se halla en crisis, no están pensando únicamente en los puestos de trabajo que se han perdido y ejordi evolen la precariedad en la que trabajan quienes los conservan –como ocurre en la mayoría de las profesiones-, sino muy especialmente en la función social del periodismo, principalmente su labor de búsqueda y comunicación de la verdad (sí, de lo que otros no quieren que sepamos la mayoría porque sólo buscan su propio beneficio).

Si afirmar que el periodismo están en crisis equivale a decir que peligra lo que nos mantiene unidos, la siguiente pregunta que (me) surge inmediatamente es: ¿y qué podemos hacer? Aquí las opiniones se hallan divididas, pues algunos piensan que lo mejor es obligar por ley a respetar el derecholorenzo mila a la información (veraz) que contempla la Constitución; y otros consideran que ‘la mejor ley de prensa es la que no existe’ y que lo importante es la ética y autorregulación profesional. La cuestión es tan polémica que ningún gobierno se atreverá a regular sobre dicha cuestión, aparte de que la ley se quedará en ‘papel mojado’ si los profesionales de la información no están convencidos de la importancia de su misión (editores y periodistas). Ya conoces el dicho popular que afirma ‘hecha la ley, hecha la trampa’.

Si lo más realista consiste en empezar por trabajar por la autorregulación, entonces, continúo, ¿qué podemos hacer en este campo? En España tenemos códigos deontológicos, estatutos devidal redacción, libros de estilo, defensores de la audiencia y el lector como para parar un tren… Y no digo que no sirvan para nada, ni mucho menos, pero tengo la impresión de que también se han convertido en más ‘papel mojado’. Básicamente, porque no existe una plataforma que agrupe a todas las organizaciones profesionales (ni de periodistas ni de editores + periodistas) que tenga la autoridad suficiente como para persuadir a los profesionales de la importancia de unirnos para defender un periodismo de calidad.

Y aquí es adonde quiero llegar. ¿Quién tiene autoridad hoy en periodismo? ¿Quién podría liderar un proceso de reactivación de la profesión? Sin lugar a dmaderoudas, los directivos o exdirectivos de prestigio. Ellos son la bisagra entre los editores y los periodistas, ellos cuentan con el respeto de la ciudadanía y –espero- de sus compañeros. Sí, no son perfectos –ninguno lo somos-, pero, como decía cierto periodista, ‘con estos bueyes tenemos que arar’. O eso, o seguimos petrificados sobreviviendo en una profesión que ya no se puede enderezar a base de voluntarismo individual, sino con una decidida organización colectiva.

Por eso lanzo esta invitación a la solidaridad profesional a aquellos que han mencionado mis seguidores de Facebook. Sé que os falta tiempo –a todos nos falta-, sé que hacéis mucho intentando hacer el mejor periodismo que podéis –que no es ‘moco de pavo’-, sé que recibís muchas presiones como para encima aguantar las críticas de los compañeros –que seguro que las habjosep cunirá, pues los periodistas somos críticos hasta decir basta-, sé que es lo que menos os apetece en este momento… Pero si amáis el periodismo, si lo amáis más que la fama que os otorga y el dinero que os entrega, entonces… Entonces creo que ha llegado el momento de dar un paso al frente y liderar el cambio. O eso, o, como enseña la historia, primero caeremos los de abajo (que ya llevamos años cayendo) y, a continuación, caerán los de arriba.

Y tú, lector, si todavía conservas algo de fe en el periodismo y en su capacidad para iluminar la conciencia ciudadana, difunde por favor esta invitación para que se oiga nuestra llamada. Muchas gracias.

 

“Los juegos de la comunicación”

Ya puedes leer mi última columna en El Llobregat titulada “Los juegos de la comunicación”. El primer párrafo creo que refleja bastante bien por dónde voy. Ojalá que te resulte interesante y, como siempre, tus comentarios son siempre bien recibidos.

Como en la saga cinematográfica Los juegos del hambre, a veces tengo la impresión de que vivimos en dos mundos paralelos: uno, el real, el que vivimos día a día; y otro, el virtual, el que otros nos venden a través de los medios de comunicación. ¿Es el fin de la acción responsable y de la interacción cara a cara?

“La maté porque era mía”

Unos párrafos de párrafos sobre el tema que he abordado este mes en la columna mensual de El Llobregat:

El 25 de noviembre se celebra el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Poca broma. En L’Hospitalet de Llobregat hemos sido testigos de dos asesinatos en poco menos de tres meses. Me pregunto cómo es posible que llegue a matarte la persona que prometió amarte durante toda la vida. […]

Generalizar es errar, pero yo creo que en la mayoría de los casos se produce un fenómeno que sintetiza muy bien la popular frase “la maté porque era mía”. El marido se cree con derecho al asesinato, porque la otra persona ha perdido su condición de tal, es decir, se ha convertido en un objeto, en una posesión más que puede manejar a su antojo. […]

El problema es que muchas de estas actitudes se toleran, como si fueran virtudes varoniles, y que los hijos aprenden de ellas. Y así vamos, de generación en generación, de degeneración en degeneración, ignorando el hecho de que la humanidad se aprende en casa, no en el juzgado, no en la escuela.

Directivos que no escuchan, empresas que fracasan

Enrique Sueiro Villafranca (Pamplona, 1968) acaba de publicar el libro Comunicar o no ser. Escuchar y gestionar percepciones: el nuevo liderazgo, una obra cuyo principal mensaje podría resumirse así: si además de mandar, quieres liderar, más te valdría empezar por escuchar. Esto que, dicho así, puede sonar muy simple, tiene su complejidad, y la prueba de ello es que Sueiro se gana la vida formando y asesorando a directivos y profesionales en lo que él denomina Comunicagement, un modelo de gestión de la comunicación inspirado en la obra de Javier Fernández Aguado. comunicar_o_no_ser_final

Una de las cosas que más me gusta de su punto de vista, tal vez porque pienso lo mismo, es que la persona y la empresa no son realidades tan diferentes. Sí, ya sabemos que las empresas y las instituciones funcionan gracias a las personas, pero pocas veces se encuentra un libro que intente conectar esas dos realidades de modo tan claro. Así, la comunicación interna equivale, en el lenguaje sueiril, a la intimidad organizacional. Y si, como aconsejaba el sabio Sócrates,  la clave de la felicidad reside, en gran medida, en conocerse a uno mismo, ya podemos concluir cuál será la conclusión a nivel organizativo: o escuchas, o fracasas.

Ahora mismo me estoy acordando de una amiga que me decía algo así: “Jó, antes mi jefe me llamaba a su despacho y me decía que le encantaban mis críticas, porque estaba rodeado de pelotas y no podía hacerse cargo de la realidad. Ahora ya no me llama, salvo que no sea estrictamente necesario”. Qué pena. Por su jefe, que ha perdido una excelente fuente de información. Por ella, que ha perdido la confianza en su jefe. Y por la empresa que, de seguir así, acabará sufriendo innumerables patologías para finalmente morir y enviar personas valiosas al paro.

Estas analogías con el mundo de la medicina no son gratuitas, pues Sueiro aprovecha todo su saber y experiencia en comunicación científica para aplicarlos al mundo de la dirección de empresas. Un ejemplo muy querido al autor reside en la idea de que el rumor en cualquier organización equivale a un tumor en un organismo vivo que requiere una intervención  inmediata en comunicación.

En definitiva, la obra de Enrique Sueiro constituye un estímulo, un revulsivo para centrarse en lo importante. No en vano, la dedicatoria de la obra contiene una de sus máximas más conocidas, el Principio PePa (primero las personas, después los papeles). Cosas que, de puro sentido común, conviene recordar de vez en cuando, en medio de la vorágine de encargos, reuniones, llamadas y correos electrónicos:

  • Importa más la vida (vita) que la carrera profesional (el currículum).
  • Ser buena persona es, por tanto, más importante que ser buen profesional.
  • Hay que decir lo que se hace y hacer lo que se dice.
  • La comunicación más la coherencia generan confianza.
  • No hay que tener miedo a pedir perdón.

Y no sigo, que, digo yo, habrá que dejar algo para la lectura del libro. Ahí va el índice, para quienes se hayan quedado con ganas de más.

 Actualización

El 20 de noviembre de 2014 se publicó la entrevista que le hice a Enrique Sueiro en los diarios del Grupo Promecal y El Correo de Andalucía.

“Apología de la moderación”

Así se titula el artículo que podéis leer en la última edición de El Llobregat.

Como ya sabéis, las relaciones entre España y Catalunya no atraviesan su mejor momento, y creo que hoy, más que nunca, conviene pararse, serenarse y dialogar. Y dialogar implica hablar, pero también escuchar.

Nunca es tarde, pues este tipo de conflictos, como nos enseña la maestra Historia, sólo se resuelven de verdad cuando no podemos hablar ni de vencedores ni de vencidos. O sea, que o ganamos todos, o perdemos todos. Y vuelta a empezar.