Comienza la reconstrucción del periodismo en la Casa de la Premsa de Barcelona

Dedicado a los compañeros y compañeras de El Periódico de Catalunya y el grupo Zeta que no se resignan a ser los únicos responsables de la situación económico-financiera de la empresa

 

¿Qué hacen una cuarentena de periodistas un sábado por la mañana en un edificio medio en ruinas? Pasar el tiempo, compartir preocupaciones y, sobre todo, buscar soluciones a los problemas que afectan a la profesión.
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Muchos ya lo han hecho muchas veces, y lo seguirán haciendo, pero este acto posee un gran simbolismo, una gran fuerza. Es la primera vez que se juntan representantes del Col·legi de Periodistes de Catalunya, la Associació de Dones Periodistes de Catalunya, el Grup de Periodistes Ramon Barnils, el colectivo Som Atents y el Sindicat de Periodistes de Catalunya -de quien, por cierto, ha partido la iniciativa-. Y es el primer acto propiamente periodístico que se organiza en muchos años en la Casa de la Premsa, un edificio construido para facilitar a los profesionales de la información la cobertura de la exposición universal de 1929.

El edificio es precioso por fuera, pero está medio en ruinas por dentro. No obstante, continúa resultando atractivo y posee mucho potencial para realizar actos cívicos. ¿Como el periodismo?, me pregunto mientras participo en la visita guiada anterior a la mesa redonda.

Durante la jornada se tocan cuatro temas principales, por este orden: la cuestión de género en los medios, las condiciones laborales, la responsabilidad profesional y si es necesario regular o no la información.

La representante de la Associació de Dones Periodistes explica que la sensibilidad de género es mucho más que poner los/las, y nos hace caer en la cuenta de que los hechos también hablan: ¿sólo una mujer preparada/disponible para hablar en una mesa de cinco personas?

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En cuanto a la precariedad, todo el mundo coincide en que es abundante -demasiado- y que afecta a la calidad de las informaciones. También en que los periodistas del país somos incapaces de unirnos y decir basta. No lo recuerda un periodista extranjero que colabora con El Periódico de Catalunya: “El mismo reportaje aquí vale 400 euros; en Alemania, más de 1.000. Nos toman por tontos”.

En algún momento el representante del Grup Barnils, Enric Borràs, nos recuerda que nos hemos resignado a no disponer de unas tarifas mínimas por las piezas que producimos, a no exigir más transparencia sobre la propiedad mediática… ¿Y cómo van a pagar los ciudadanos por la información, si nos limitamos a copiar y pegar notas de prensa y comunicados? Borràs pone el dedo en la llaga: “Hay que distinguir entre contenidos, comunicación, entretenimiento y periodismo”.

La jornada concluye con la necesidad de que se regule algo, como el derecho a acceder a la información pública, a los juicios, las condiciones laborales mínimas de colaboradores… Y nos perdemos un poco en las palabras -¿como buenos o malos periodistas?-: ¿queremos regular el periodismo, a los periodistas, el derecho a la información de la ciudadanía?

No puedo callarme e intervengo -¡toma autocita!-: está muy bien pedir socorro al Gobierno para arreglar este desgobierno, pero no lancemos balones fuera, porque así no conseguiremos el respeto ni de nuestros propios compañeros -ni su apoyo para pedir el cambio legislativo, por supuesto-. Empecemos por nosotros mismos, por no llamarnos periodistas si no hacemos periodismo. Y sigamos por las organizaciones, que no saben, no pueden o no quieren apoyar a quienes lo ejercen ni criticar a quienes hacen antiperiodismo. Sólo así recuperaremos la confianza de los profesionales del gremio -que se traduciría a la larga en más colegiados, afiliados o asociados, o sea, más manos- y, tal vez, de la ciudadanía -que se traduciría en más audiencia y más gente dispuesta a pagar por la información, esto es, más ciudadanos críticos-.

En realidad, mi intervención oral no ha sido tan buena -o tan mala- como lo que acabo de escribir. Un compañero me ha hecho pensar por qué he dicho que el derecho es la constatación del fracaso de la deontología; y ésta, de la ética personal.  En parte, porque si hubiera más respeto y solidaridad, no harían falta ni la autorregulación ni la legislación. Es verdad que esto puede resultar utópico, pero también espero haber dejado claro que sin utopía nos estancamos. Porque, como bien ha comentado el histórico periodista y primer presidente del SPC, Enric Bastardes, ya hay muchas leyes, y estas no se cumplen. O sea, que puede haber situaciones tan degradadas que requieran la intervención del legislador, del mismo modo que sin formación/sensibilidad ética el derecho resultará estéril.

Y, ahora, escribiendo estas letras y alejándome, por tanto, de todo y todas las intervenciones público-privadas, me ha venido a la cabeza una idea que ya me ronda hace algún tiempo. Apostar por la ética y la autorregulación no significa debilidad ni ingenuidad. Hay que ser muy fuerte para que un profesional o una institución profesional afirme públicamente: “Lo siento, lo que tú haces no es periodismo, no puedes formar parte de nuestra entidad”; o “lo siento, pero esto que has hecho no está bien, y no podemos permanecer callados o darte la razón”. Hay que ser muy fuerte para apoyar y/o criticar a tus propios compañeros -no a los políticos ni a los empresarios, eso se nos da fenomenal-.  Hay que ser muy fuerte para aguantar el aluvión de críticas: “Y tú qué te has creído, que eres un santo, un experto en Ética, que estás por encima del bien y del mal, y tú, tú y tú más…?”.

Ya me he vuelto a despistar/apasionar, oye. Quedémonos con esta idea: cinco entidades importantes -aunque alguna no haya querido figurar en el cartel, y ella sabrá por qué- se han unido por primera vez para compartir su visión del periodismo y buscar estrategias para defenderla. Ojalá que la próxima vez -que la haya, que la habrá- seamos muchos más los que amamos el periodismo, los que queremos una sociedad informada. Por un #periodigne, por una auténtica Casa/Hogar de la prensa, donde podamos ayudarnos mutuamente a mejorar.

Posdata: Oye, tú, ¿habrá nacido hoy la Comisión para la recuperación del periodismo, a imitación de la Comisión para la recuperación de la Casa de la Premsa? Unos buscan recuperar un edificio para los vecinos; otros, una profesión para la ciudadanía.

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¿Hay algo mejor que soñar y cumplir tus sueños? Sí, compartirlos con los demás y ponerlos al servicio de una gran causa

Hace unos días se ha celebrado en la Universitat Internacional de Catalunya un simposio sobre nuevas tendencias publicitarias; más concretamente, sobre advergaming y gamificación en publicidad. No pude disfrutar de todas las intervenciones, como me hubiera gustado, pero la del fundador de Bliss Games, Julio Hidalgo, me pareció genial.

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Comencemos por el principio. El advergaming (unión de ‘advertising’ y ‘gaming’, publicidad y jugando) y la gamificación publicitaria son, muy toscamente hablando, dos estrategias que combinan la publicidad y el entretenimiento con el fin de que los ‘jugadores’ pasen un buen rato y, sobre todo, compren un producto o contraten un servicio de una marca determinada.

Seguimos. Bliss Games (Juegos de gozo o la dicha, en inglés) es una empresa fundada por Julio Hidalgo que se dedica a idear, diseñar y desarrollar videojuegos que no fomentan la violencia y cultivan la inteligencia emocional, entre otros valores.

Valores. Caliente, caliente. No voy a hablar de los millones de dólares que genera la industria del videojuego cada año ni de los que está previsto que genere. Tampoco me voy a detener en el mercado potencial que se está abriendo ante los anunciantes. Y tampoco voy a fijarme en la trayectoria profesional de Hidalgo, quien ha trabajado en algunas de las mejores empresas tecnológicas del momento.

¡Arde! Hoy sólo quiero fijarme y que mis estudiantes se fijen en los mensajes que, entre imágenes, cifras y gráficos, Hidalgo nos iba regalando en cada diapositiva de su presentación. Aprendizajes de toda una vida, sabiduría comprimida.

* Atrévete a soñar. Ah, mis pragmáticos alumnos, no os conforméis con la primera idea que surja de vuestra mente ni el primer trabajo que caiga en vuestras manos. ¿Cómo, que todavía no sabes a qué dedicarte? Hidalgo tampoco lo tenía claro, pero sabía que, desde pequeño -¡gran pista!-, le encantaba contar historias. Sí, luego estudió Ingeniería, pero nunca dejó de crear historias y formarse en ello -¡otro gran consejo!-.

** No te olvides de disfrutar. El secreto del éxito profesional, según Hidalgo, consiste en una equilibrada fórmula que combina la competencia (ser muy bueno en lo que haces) con el disfrute (pasártelo muy bien haciendo lo que haces). Porque así no te cansas, porque así nunca te estancas, porque así no tienes miedo al riesgo, porque así tu único límite es tu imaginación…

*** Al servicio de una gran causa o la felicidad. Ah, queridos míos, aquí no puedo añadir mucho más a sus palabras: “Hay algo más que cumplir tus sueños de la infancia: compartir tus dones y tus valores poniéndolos al servicio de una causa mayor”. Tal vez vuestra cabeza no os deje apreciar el valor de estas palabras -¿hace falta ser un hidalgo soñador para verlo?-. Tal vez sea el pesimismo, tal vez el miedo…

Ojalá algún día reciba un correo vuestro donde aparezca algo similar a esto: “De eso que hablábamos en clase de Ética, de eso que el TFG (Trabajo Final de Grado) no me dejaba ni olerlo, comienzo a verlo, comienzo a verlo”. Y yo seré feliz, porque vosotros y vosotras habéis empezado a serlo.

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¿Y qué es lo importante? Balance de una experiencia docente

Hoy la lluvia acompañaba, pero siempre que finaliza una asignatura me surgen las mismas preguntas: ¿habrán aprendido algo? ¿Habré conseguido transmitirles lo que de verdad importa?

Lo he intentado, me digo, a modo de consuelo en la oscuridad que me envuelve camino a casa.

¿Y qué es lo que de verdad importa? No los productos audiovisuales, en un curso introductorio al lenguaje audiovisual. Sí los hábitos y actitudes que habéis adquirido o comenzado a adquirir al tratar de finalizarlos en tiempo y forma. No poiesis, sí praxis, para lograr habitus y un nuevo ethos, una segunda naturaleza.

Mejores profesionales a base de valorar la asistencia, la puntualidad, la observación, el espíritu crítico, la calidad y la claridad lingüística, la profundidad, el rigor, el respeto, la comunicación…

Y eso, aun siendo importante, no es lo más importante. Lo más importante es por qué no has querido involucrarte más o por qué te has involucrado demasiado.

Sí, demasiado. Los profesores miopes nunca le dicen a los mejores alumnos si no estarán descuidando otras facetas de su vida por alcanzar el éxito académico o profesional. Ah, qué políticamente incorrecto no alentar al excelente -que sí a la excelencia- en una facultad.

¿Excelente en la profesión o en la vida? ¿No estamos cansados los adultos de ver a otros adultos exitosos caer en el egoísmo, la insolidaridad, la infelicidad? ¿Trump es un ganador o un fracasado?

Queridos alumnos y alumnas del seminario de Comunicación Profesional, gracias por el camino compartido, por lo aprendido. Hoy, noche de viernes y de frío,  he descubierto lo que no me cansa, lo que me da sentido. Buscad la verdadera felicidad. No os olvido.

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¿Es periodismo todo lo que reluce en los medios de comunicación?

No, ya sé que no. Hace tiempo que el periodismo no se puede definir como aquello que se publica en un medio de comunicación ni el periodista como aquel que trabaja en un medio, por mucho que la Rcrisis-per21AE defina al profesional de la información periodística como aquella “persona profesionalmente dedicada en un periódico o en un medio audiovisual a tareas literarias o gráficas de información o de creación de opinión”. Que sí, que ya sabemos que lo importante es el afán de búsqueda y transmisión de la verdad (veracidad) y el interés público (no confundir con lo que interesa al público). Y, sin embargo, cuántas inercias quedan aún por frenar y reconducir…

Esta idea me ha venido a la cabeza porque es la primera vez que no trabajo en un medio de comunicación tradicional –léase, una radio, televisión, periódico o medio de comunicación generalista- y me siento extraña, como pez fuera del agua. Y, sin embargo, comparo lo que estoy haciendo ahora con lo que hace escasos meses realizaba en un gran medio tradicional, y creo que ahora estoy haciendo más periodismo que antes.

Porque busco temas, investigo, contrasto opiniones e intento aportar lo que creo que tiene más interés para la mayoría, sólo que en el ámbito de la educación, la formación y el empleo. No siempre las circunstancias me dejan hacerlo como me gustaría, pero mi aspiración, sin duda alguna, sigue siendo exactamente la de siempre.

Y si esto me pasa a mí, que lo tengo claro –al menos en mi cabeza-, ¿cómo no van a estar confundidos la sociedad y los poderes públicos? Porque todavía seguimos creyendo que un medio de comunicación  tradicional nos informará mejor que otros espacios más pequeños, más humildes, más especializados.

Con el periodismo especializado hemos topado

Obviamente, los medios generalistas cumplen una función importantísima. Nos ayudan a reorientar nuestra mirada: de nuestro ombligo al horizonte de la actualidad. Sin ellos, no sabríamos qué pasa a nuestro lado ni más allá.

Ahora bien, tampoco llegan a todo, y menos tras este periodo largo de recortes/EREs que han dejado las redacciones vacías de periodistas veteranos y especializados.

La especialización constituye una salida muy digna, siempre y cuando no se pierda el horizonte. Sólo desde esa búsqueda de la máxima profesionalidad podremos convencer a un público especializado y exigente, y unos poderes acostumbrados a atender sólo a quienes les ofrecen amplia difusión o acriticismo, que el periodismo no ha muerto, sino que está renaciendo de mil formas diferentes.

Compañeros, que el periodismo siga brillando, allá donde estemos.

Imagen tomada de aquí.

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Entretenidos y exhaustos

Impresiona ver a cientos de personas saliendo de un tren en una gran ciudad, pongamos Barcelona.
Decenas y decenas de cuerpos caminando en la misma dirección, decenas y decenas de cabezas mirando hacia el mismo lugar…
Levanto la cabeza y observo la señal de Sortida/Salida que seguimos sin cuestionarnos.
Cuántos caminos trillados, encauzados, dirigidos, controlados…
Siento que alguien o algo, tal vez nosotros mismos, nos ha ganado la partida, la vida…
Entretenidos y exhaustos, lo difícil -¿lo imposible?- es mirar al que camina a mi lado.
Yo estoy aburrido, yo estoy cansado, yo, yo, yo…
El nosotros está desapareciendo de nuestro vocabulario.
Son las ocho de la mañana y creo que todavía no he despertado.

 

rayban

¿Es este anuncio un reflejo de las contradicciones del sistema?

 

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El periodista que acabó vendiendo pañuelos de papel

Apuesto a que el periodista con el que me he topado hoy nunca imaginó que acabaría vendiendo pañuelos de papel a los conductores de los vehículos que se paran delante de uno de los semáforos de la calle Aragó de Barcelona.

Lleva un paquete de kleenex en cada mano y de su cuello pende un cartel que le llega prácticamente hasta los pies. Me pregunto si tamaño tablón constituye una medida extrapolable de su desesperación.

En letras rojas sobre fondo blanco he podido leer únicamente que también es exmigrante (?) y que busca trabajo. No paraba de moverse en busca de clientes acatarrados.

Inmediatamente después he recordado a mis estudiantes. Si lo miraran como yo lo estoy mirando, si pudieran apreciar el sudor en su frente, su sonrisa enmuecada, su ir y venir, venir e ir, su cansancio…

dedo-y-lunaTal vez ya no percibirían los ejercicios como juegos sin sentido, tal vez los concebirían como oportunidades de aprendizaje en un mundo complejo y acelerado.

Tal vez comprenderían que el tiempo es escaso y asimilarían aquello que tan solo pude esbozar en una clase: que los necios ven el dedo en las prácticas, mientras que los sabios ven la luna de lo que se avecina.

PD: El periodista no acabó vendiendo pañuelos de papel, porque ninguna vida está perdida mientra no termina. Este hombre se merece una entrevista.

Imagen tomada de aquí.

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Ante la crisis del periodismo, más ética y autorregulación

Hace unos días que se ha presentado el libro “100 casos. La ética periodística en tiempos de precariedad”, escrito por el presidente del Consell de la Informació de Catalunya (CIC) y exdefensor del lector de La Vanguardia, Roger Jiménez. Como indica el título, se trata de una obra donde se explican 100 casos de ética periodística que permiten reflexionar sobre los puntos débiles del periodismo y aportar criterios para ofrecer una mejor información.

etica periodistica roger jimenez

Alsius, Jiménez y Herrscher el 20 de junio / EJG

El periodista y director de la colección Periodismo Activo, Roberto Herrscher, destacó el carácter práctico de la obra, algo muy común en la tradición norteamericana y no tanto en la española, así como la importancia de reflexionar sobre la ética en el mundo de las redes sociales.

El periodista y consejero del Consell Audiovisual de Catalunya (CAC), Salvador Alsius, reconoció que el periodismo está viviendo un periodo de “desorientación” y “desánimo”, y que la receta para salir de la llamada crisis residía en “más periodismo y un sistema de valores que garanticen la calidad de la información”. Es por ello que abogó por “la autorregulación como solución”.

¿Para cuándo un congreso de periodistas y un nuevo código deontológico?

El profesor de la Universitat Pompeu Fabra también aprovechó su intervención para recordar que tanto Roger como él como otras personas trabajaron, en el seno del CIC, para actualizar el código deontológico de la profesión periodística catalana, obsoleto con la irrupción de la tecnología digital, entre otros factores. Es por eso que lanzó una invitación al Col·legi y, más concretamente, a su actual decana, Neus Bonet, para retomar la tradición de organizar congresos de periodistas y poder así reflexionar sobre la situación de la profesión y generar un nuevo compromiso ético.

Finalmente, Roger Jiménez explicó cómo los periodistas han pecado de “exceso de arrogancia”, ya que antes de Internet el lector no tenía “ni voz ni voto” en la elaboración de la información. Ahora bien, esto no significa que el público no tenga su responsabilidad, ha matizado el veterano periodista. Jiménez ha sostenido que la implicación del público es “esencial para corregir la deriva del periodismo”. Es más, el exdefensor de La Vanguardia ha afirmado que “hay una ética de la empresa, del periodista y del público”. En cuanto a los empresarios que buscan rendimiento a corto plazo –“la mayoría”-, ha asegurado que “no hay ningún editor que no respete a un periodista con carácter”, a pesar de algunos despidos recientes en sentido contrario que también ha mencionado.

Sea como fuere, la obra está concebida como una “ayuda” a los periodistas más jóvenes, para que encuentren ejemplos y argumentos suficientes para hacer valer el derecho a la información de los ciudadanos, un “bien público” necesario para que funcione cualquier democracia.

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