Por qué es importante un sindicado de periodistas como el SPC

Hace unos días que el Sindicato de Periodistas de Catalunya / Sindicato de Profesionales de la Comunicación ha puesto en marcha una campaña de micromecenazgo o crowdfunding para poder cumplir mejor su objetivo fundacional: “Defender laboral y profesionalmente a los profesionales del periodismo y la información, y para representarles sindicalmente en las empresas”.

No entraré ahora a detallar los objetivos concretos de la campaña ni las recompensas que se obtienen por colaborar con ella, pues creo que todo está muy bien explicado en la web de la plataforma Goteo y que conseguir un bien o un servicio no debería ser la principal motivación para colaborar con ella.

Cada uno ha de buscar la motivación dentro de sí mismo, y yo voy a buscar y compartir la mía, por si a alguien le interesa. A mí seguro que sí, que ya sabéis que yo me aclaro escribiendo.

Un testimonio personal

El Sindicato de Periodistas de Catalunya (SPC) nació un año antes de que yo entrara en la universidad, en 1993 él y en 1994 yo. Entonces no tenía ni idea de lo que significaba el periodismo, ni profesional ni laboralmente.  A lo largo de la carrera fui aprendiendo algo más sobre la dimensión profesional, muy poco sobre la dimensión laboral.

El caso es que siempre me he preguntado por qué no se explica mejor a los futuros periodistas cuáles son sus derechos laborales, cuál es la situación del mercado laboral, por qué es importante unirse a otros colegas para mejorar sus condiciones de trabajo, etc., etc., etc. ¿Tal vez porque quedarían en evidencias las contradicciones de la universidad, que a veces permite la explotación de los becarios y becarias a cambio de un supuesto aprendizaje?

Sea como fuere, mi inconsciente fue lo suficientemente consciente como para saber que, cuando terminara de estudiar, debía acudir a una organización de periodistas y compartir con mis futuros colegas los éxitos y los fracasos, en pro del derecho a la información de la ciudadanía. Es por ello que me vinculé a la entidad que entonces había en mi ciudad, la Asociación de Periodistas de Pamplona, después aporté mi –ínfimo- granito de arena a la puesta en marcha de la Asociación de Periodistas de Cuenca y acabé en el Sindicato de Periodistas de Catalunya.

Por convicción.

Con el tiempo, he ido distinguiendo entre una asociación, un colegio profesional y un sindicato, y me ha quedado claro que el sindicato es la única forma organizativa que permite plantar cara a las empresas. Todas las organizaciones son importantes, porque toda unión constituye una fuerza, pero sólo los sindicatos pueden representar a los trabajadores delante de la empresa y conseguir mejores condiciones laborales y salariales.

Esta diferencia es vital, pues todo el mundo entiende, y las encuestas lo confirman, que con un sueldo bajo y unas condiciones laborales precarias, ¿quién es el guapo o la guapa que levanta la voz para defender el interés de la ciudadanía en la redacción?

Hace poco he requerido los servicios del SPC por un tema laboral personal, después de más de una década afiliada, y he comprobado en carne y hueso la tranquilidad y seguridad que da contar con un experto en lides empresariales. Y he comprobado que al sindicato se puede afiliar uno por otros motivos.

Por interés.

Por un motivo u otro, te animo a que colabores con la campaña #GoteoSPC y, en el mejor de los casos, que te afilies. Sin afiliados ni afiliadas no se pueden ofrecer servicios de calidad, de la misma manera que sin un trabajo digno no se puede realizar un trabajo de utilidad.

No te resignes, no te limites a quejarte cuando el jefe sale por la puerta, no seas un periodista-estrella que va de francotirador por la vida…

Sólo juntos podremos contribuir a una ciudadanía más informada, más consciente, más libre.

No dejes que las Fake News nos ganen la partida.

Queda mucho trabajo por hacer, y necesitamos todas las voces posibles.

Colabora económicamente, afíliate, ayúdanos a difundir la campaña a través de Twitter o Facebook, establezcamos un convenio de colaboración con tu universidad…

Si se quiere, se puede.

Buena gente + periodistas trabajadores + propietarios valientes = periodismo de éxito (Reviviendo ‘Los archivos del Pentágono’)

La cartelera acoge estos días ‘Los archivos el Pentágono’, la última película dirigida por Steven Spielberg y protagonizada por Meryl Streep y Tom Hanks. El largometraje, basado en hechos reales, cuenta cómo el diario The Washington Post se enfrentó al Gobierno de Richard Nixon al publicar información secreta que revelaba que varias generaciones de presidentes de Estados Unidos habían ocultado al pueblo americano que la guerra de Vietnam estaba condenada al fracaso y, contra todo pronóstico, habían continuado enviando soldados al campo de batalla.

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Bradlee y Graham en la vida real.

El filme, rodado al estilo de los años 70, puede parecer muy lejano en el tiempo, pero no lo es tanto, pues se siguen librando guerras a distancia y se continúa mintiendo a la ciudadanía acerca de los verdaderos intereses que se juegan en ellas. A estas alturas, no hace falta que insista, ya estamos todos hartos de oír hablar de infoxicación, noticias falsas, postverdad, fake news, etc.

Las primeras imágenes nos muestran la guerra desde el punto de vista de un observador del Gobierno estadounidense. Un inicio sorprendente, pero muy acertado, por dos motivos.  Uno, porque nos enseña aquello que no queremos ver: la soledad, el miedo, el dolor, la muerte… Dos, porque nos ponemos en el lugar del observador, quien más tarde se jugará su futuro profesional y personal por revelar lo que ha descubierto a sus conciudadanos.

Los periodistas nos identificamos indefectiblemente con el director de The Washington Post en aquella época, el mítico Ben Bradlee, quien se enfurece cuando The New York Times le roba la exclusiva y salta como un niño cuando consigue los mismos documentos de la misma fuente. Bradlee consigue ganarse la confianza y autoridad de su equipo a base de trabajo y rigor, y deja claro que hacen falta periodistas dispuestos a dejarse la piel por conseguir la información, analizarla y comunicarla de la mejor manera posible.

Ahora bien, escuchemos a la mujer de Bradlee, prototipo de las parejas sacrificadas que han tenido el coraje o la inconsciencia de casarse con un o una periodista: ¿qué te jugas tú, Bradlee? Si el periódico se hunde, te contratarán al día siguiente en otro lugar. ¿Pero qué pasa con la propietaria, la increíble Katharine Graham? Ella pierde su negocio familiar, su dinero, su vida…

Gran lección la de ‘Los archivos del Pentágono’: para que exista un periodismo de éxito, que aúne rentabilidad y servicio público, hacen falta tres elementos: ciudadanos preocupados por el bien común, periodistas que encuentren la mejor manera de hacer llegar su mensaje y propietarios o inversores que confíen en sus trabajadores y les apoyen en sus decisiones.

Esto es lo que vamos a intentar un grupo de periodistas en L’Hospitalet de Llobregat, esperemos que con la ayuda de buena gente y mecenas valientes. Si quieres más detalles, sigue Foment de la Informació Crítica a través de su blog y su cuenta de Twitter. ¡Todos somos necesarios si queremos mejorar las cosas!

El periodismo resiste: motivos para la esperanza

Hace mucho que no escribía, tal vez demasiado. Los compromisos profesionales y familiares a veces ahogan estos momentos de escritura-reflexión, tan necesarios entre quienes necesitamos comunicar como respirar. Y, hoy, tal vez por mi situación convaleciente –nada grave, afortunadamente, aunque nunca antes en mi vida me había cogido una baja-, encuentro algo de silencio, algo de reflexión, algo de expresión.

Mirando Twitter, que es lo que mi mente me ha permitido hacer sin agotarse demasiado –algo que no juzgo ni bueno ni malo-, he visto la cara y la cruz del periodismo. La cara, el lanzamiento de Maldita.es, “un proyecto periodístico independiente cuyo fin es dotar a los lectores de ‘herramientas para que no te la cuelen’. Las diferentes ramas de maldita.es monitorizan en discurso político y las informaciones que circulan en redes sociales y analizan el mensaje aplicando técnicas del periodismo de datos para su verificación”.

Como he expresado en Twitter, qué felicidad que el periodismo vuelva a su esencia, que no es otra que la búsqueda de la verdad –que, por muy pretencioso que pueda resultar, refleja muy bien de qué estamos hablando-.

 

 

Y sí, yo también creo que el periodismo renovado que se atisba en el horizonte es un periodismo mucho más cercano a la gente, mucho más pedagógico incluso. Mirad qué gran vídeo han realizado los  Maldita.es para descubrir falsedades y no contribuir a su difusión.

 

 

La cruz del periodismo: #SPORTseacaba

El mismo día del alumbramiento de Maldita.es, asistimos al que parece el ocaso del periódico deportivo SPORT, al menos tal y como lo hemos conocido hasta ahora. Casi una treintena de profesionales despedidos, el 35% de la plantilla de un diario que, según dicen, goza de buena salud.

Para algunos ya habremos salido de la crisis, pero el caso de Sport se suma a otros tantos que se vivieron en los momentos más difíciles, y que confirman que el modelo del periodismo tradicional está llegando a su fin.

Justo de eso nos habla el Informe de la Profesión Periodística 2017 publicado por la Asociación de la Prensa de Madrid. En él se observa claramente cómo aumenta el número de trabajadores autónomos frente a empleados por cuenta ajena, con toda la precariedad que eso conlleva. La nota de prensa dice textualmente:

“Una de las consecuencias de este deterioro se refleja en el creciente número de periodistas que trabajan en régimen de autónomos, que ya representa la cuarta parte de quienes trabajan en periodismo y en comunicación. Uno de los aspectos en los que la encuesta del Informe muestra diferencias sustanciales entre autónomos y contratados es “en el de los medios donde prestan sus servicios”. Los periodistas autónomos están más presentes en medios nativos digitales, revistas de papel y desarrollos digitales de los medios convencionales, y los contratados están más asentados en televisión, diarios en papel y radios”.

El paro y la precariedad laboral siguen siendo los asuntos que más preocupan a los periodistas: el 45,9% de los encuestados considera que este es el principal problema de la profesión periodística. Les siguen las malas retribuciones (16,1%), la falta de independencia (14,7%) y la falta de rigor y neutralidad en la información (13,4%).

Es lógico. A uno le cuesta mucho preocuparse por los demás cuando se encuentra en una situación difícil o complicada. Se comprende pero no se justifica, porque, si perdemos la independencia, si perdemos el rigor y la neutralidad, entonces perdemos la confianza, la credibilidad… Y, al final, ni somos vistos como necesarios –y eso es la muerte de cualquier profesión- ni somos apoyados por la sociedad cuando nos encontramos en situación de dificultad.

Está por ver, y no me quiero meter en este berenjenal hoy, cómo saldrán parados los periodistas tras la crisis entre Catalunya y España, acabe cuando acabe. Estoy detectando poca independencia, poco rigor, poca neutralidad… Y me preocupa, claro que me preocupa. Me pregunto si no se convertirá en un punto de inflexión –negativo, claro-, como algunos dicen que sucedió tras los atentados del 11-M, cuando medios y periodistas se olvidaron de su función de informar y la mezclaron con la opinión, la ideología, el partidismo…

Y a pesar de todo, algunos trabajamos por un #periodigne

¿Luz, ocaso? ¿Cuál es la situación actual del periodismo? Vaya usted a saber. La realidad es tan compleja que requeriría una buena investigación. Por de pronto, me quedo con el buen sabor de boca que me ha dejado la iniciativa #periodigne (la suma de las palabras “periodismo” y “digno” en catalán).

Para quienes no lo conozcan, se trata de un movimiento periodístico-cívico muy interesante, no tanto por lo que exige en un pentadecálogo hecho público hace aproximadamente un mes, sino porque supone el trabajo conjunto de entidades periodísticas diferentes y el esfuerzo de estas por escuchar a la ciudadanía.

Entre las entidades se encuentran el Sindicat de Periodistes de Catalunya –al que pertenezco, ya lo sabéis-, la Associació de Dones Periodistes de Catalunya, el Grup de Periodistes Ramon Barnils, el colectivo Som Atents y Solidaritat i Comunicació. Faltan otras muchas, como el Col·legi de Periodistes de Catalunya, pero el solo hecho de haberse unido e intentar sumar esfuerzos ya me parece un logro, y más en los tiempos que corren –que ya he comentado-.

El aspecto cívico se refleja en el hecho de que el primer encuentro, celebrado el 6 de mayo de este año, se realizó en la Casa de la Premsa, un edificio emblemático que los vecinos del barrio barcelonés de Poble Sec reivindican para su uso y que el Sindicato de Periodistas de Catalunya y la Fundació Periodisme Plural también quieren aprovechar para “reivindicar la información como un derecho democrático esencial de la ciudadanía”, como se explica en esta noticia.

El segundo encuentro se celebró en la Confederació d’Associacions Veïnals de Catalunya (CONFAVC) y contó con la ponencia de la activista Simona Levi, que justamente apuntaba a la importancia de la independencia periodística para poder ser útiles y valorados por la sociedad.

 

 

Acabo felicitando a los periodistas comprometidos con las raíces del oficio, como parece con los profesionales de Maldita.es, mostrando mi solidaridad con los despedidos del diario SPORT, y animando a todos, profesionales del periodismo y ciudadanos, a seguir juntos por este camino que hemos iniciado.

Seguiremos informando, si la mala salud me lo permite. Al fin y al cabo, una crisis no deja de ser una oportunidad fantástica para pararse, tomar distancia, hacer autocrítica y volver a la carga de nuevo, pero de otro modo. Renovarse o morir, you know!

Ética y Deontología periodísticas en caso de terrorismo. El atentado de Barcelona en mente

El atentado de Barcelona del 17 de agosto me pilló por sorpresa. Como todos los actos de este tipo, dirá alguien con razón. Me pilló de vacaciones en una zona con escasa cobertura y donde no se venden periódicos, aclaro. Sólo pude ver la información que se realizó por televisión, y creo que fue suficiente para comprobar que, una vez más, las prisas nos han jugado una mala pasada.

Mucha gente ha criticado a los medios de comunicación y a los periodistas que cubrieron los primeros momentos de la tragedia que ya se ha cobrado la vida de 16 personas. Es fácil criticar a los demás, sobre todo cuando estos se exponen públicamente. Más difícil es hacer autocrítica de verdad y señalar los propios errores. Desde aquí, mis sinceras felicitaciones para Gerardo Tecé, de CTXT.

No quiero ser destructiva, no debo ser destructiva. Ya hay mucho dolor y muchos malentendidos como para ahondar en la herida. Prefiero aprender de la experiencia, en la línea de Antoni Maria Piqué.

Tanto se ha hablado sobre este tema, que siento que no aportaré gran cosa. Al menos, yo aprenderé algo con ello, me consuelo. Decido, por tanto, releer las Recomendaciones sobre la cobertura informativa d’actos terroristas elaboradas por el Consell Audiovisual de Catalunya (CAC) y el Col·legi de Periodistes de Catalunya (CPC).

Como siempre, se trata de documentos que recogen los conocimientos y experiencias de gente que ha leído sobre el tema y/o trabajado en estas circunstancias y, por tanto, aportaciones muy valiosas de cara a no volver a cometer los mismos errores… Si es cierto que podemos escarmentar en cabeza ajena.

1. SOBRE LOS TERRORISTAS

El CAC y el CPC nos recomiendan revelar la identidad de los “presuntos” terroristas sólo cuando esté confirmada oficialmente; aunque eso no quita para contrastar dicha información, añaden.

Recuerdo haber visto la foto del “presunto” conductor de la furgoneta en todas las televisiones, a pesar de que sólo se había encontrado su pasaporte –y que luego resultó no ser el autor de la masacre-.

También recuerdo que la mayoría de los medios hablaban de 13 muertos, a pesar de que el conseller de Interior sólo confirmó uno. Tan sólo un medio de comunicación reconoció que la información, que más tarde resultó verdadera, procedía de “fuentes policiales”. ¿Quién contrastó y quién copió a quién?, me pregunto. Y peor, ¿qué hubiera pasado si se hubieran equivocado en la cifra? Menuda alarma innecesaria…

Sobre los cuerpos de seguridad

En este punto se habla también de no entorpecer la labor policial ni mostrar imágenes que puedan mostrar la identidad de los cuerpos de seguridad.

Recuerdo que algunos medios hacían referencia a un restaurante, Luna de Estambul, donde se creía que estaba atrincherado uno o varios terroristas. No era cierto, pero si había algún simpatizante con la causa, ya sabría dónde acudir para armar barullo y distraer a la policía.

También recuerdo haber visto periodistas informando en directo en lugares donde sólo podían transitar policías y, por tanto, deducir que pertenecían a la secreta. Y haber visto con suma claridad matrículas de coches no oficiales, esto es, camuflados. No hay que ser muy listo para grabar los telediarios en esos momentos y… No daré más ideas.

Este tema me parece tan fundamental que habría que plantearse si merecería un epígrafe aparte, algo por lo que abogo.

2. SOBRE LAS VÍCTIMAS

Todos hemos visto algunas imágenes que no olvidaremos nunca, como esos cuerpos inertes tumbados en el suelo o esas piernas torcidas de una manera poco natural, fruto del impacto de la furgoneta. ¿Era necesario incluirlas? Y peor aún, ¿era necesario repetirlas hasta la saciedad?

La falta de recursos gráficos no debería hacernos perder la perspectiva. Si yo no podré olvidar esas imágenes, ¿cómo podrán hacerlo los familiares? ¿Las repetiremos cada vez que hablemos del atentado de Barcelona, más todavía?

Tampoco resulta recomendable entrevistar a los supervivientes nada más producirse la tragedia. “Se debería evitar la intromisión gratuita y las especulaciones sobre sus sentimientos”.

Lamentablemente, yo vi a muchos periodistas informando en directo al lado del perímetro policial, buscando testimonios que pudieran rellenar esos especiales televisivos que nadie sabe por qué duran tanto cuando se sabe tan poco.

Y, lo peor de todo, es que este comportamiento se repite con demasiada frecuencia, como me ha hecho ver Ismael López a propósito del atentado de Londres. ¿Por qué? No podemos conocer las intenciones de los demás, Ismael, pero los motivos pueden ir desde querer mostrar lo que se llama “interés humano”, si pensamos bien, a querer mantener la audiencia como sea, si pensamos mal.

3. SOBRE LA AUDIENCIA

En este punto del documento se habla por cierto de la necesidad de no caer en la “espectacularización” del lenguaje verbal y audiovisual, señal de que es una tentación demasiado frecuente.

También se hace referencia a algo más novedoso, y es cómo utilizar la información recibida por la audiencia. Se apuntan cuatro cuestiones básicas:

  • Verificar la autenticidad
  • Citar la procedencia
  • Evaluar el interés informativo y social
  • Verificar que respeta los derechos de las víctimas y de la audiencia

En este punto, he de reconocer que otras personas que sí tenían cobertura recibieron videos más impactantes por Whatsapp, por lo que algunos medios de comunicación sí que hicieron un esfuerzo por no dejarse arrastrar por la corriente del morbo que, aunque cueste reconocerlo, nos afecta a todos, periodistas y público.

El documento también recomienda advertir previamente a la audiencia de la dureza de las imágenes, aunque siempre tengo la sensación de que se dice con la boca pequeña, con poco tiempo para valorar si quiero o no quiero verlas y, sobre todo, para coger el mando y cambiar de cadena.

4. SOBRE LOS PERIODISTAS

Este epígrafe me ha sorprendido, pues apenas se les dedica un punto, dedicado a cuidar de que no sufran estrés o un shock postraumático. El punto me parece estupendo, pues son profesionales que no están tan acostumbrados a abordar este tipo de acontecimientos violentos y pueden ver situaciones que queden para siempre en su memoria.

Ahora bien, ¿por qué no continuar con las recomendaciones? ¿Por qué no sugerirles que hagan valer su criterio periodístico ante las demandas de los superiores que no lo tengan en cuenta? Estoy segura de que a muchos les repugna meterse en la vida privada de las víctimas, hurgar en la herida…

Sí, ya sé que es difícil, pero alguien tiene que poner un poco de sentido común en momentos tan complicados… Y ya se sabe, lo que no haga uno, no lo hará nadie.

5. SOBRE LAS AUTORIDADES

En este apartado también se toca únicamente una cuestión, la relación de las autoridades con los medios. Muchos han felicitado la tarea comunicativa de Mossos d’Esquadra, así que me sumo y confío en que se estudie su caso para emularlo.

Ahora bien, viendo la repercusión política o, mejor dicho, la utilización partidista que se ha hecho del atentado, ¿no habría que ahondar en este punto? Porque ya tuvimos el atentado del 11-M en 2004 y no parece que hayamos aprendido demasiado…

Sobre la sociedad civil

Viendo las muestras de solidaridad ciudadana, viendo el rechazo de la violencia por parte de los musulmanes de buen corazón, también creo que habría que dedicar un apartado a la sociedad civil. Porque medios y periodistas estamos demasiado acostumbrados –bien adoctrinados ya desde las facultades- a mostrar el lado negativo de la humanidad, y eso no es toda la realidad. Y de esto va el periodismo, ¿no? Explicar toda la realidad desde el respeto a la humanidad.

Seguimos…

 

‘Un enemigo del pueblo’ o la obra de teatro que todo periodista local debería conocer

No sé cómo ha llegado a mis oídos Un enemigo del pueblo, una obra de teatro publicada por el dramaturgo noruego Henry Ibsen en 1883. Sólo sé que algo me dijo que tenía que leerla. Sólo sé que justo antes de hacerlo me enteré de que se representaba durante un único día y pude verla. Tal vez sea cierto eso que dicen de que no hay obras malas, sino malos momentos. O, al revés, que sólo leemos -escuchamos- de verdad cuando estamos preparados para ello. Intuyo que ha llegado mi momento porque Un enemigo del pueblo me ha hablado de…

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  • Un hombre -imperfecto, como todo ser humano- que busca y defiende la verdad,  aunque esa decisión vaya en contra de sus intereses y los de su familia.
  • Una clase político-económica que no duda en manipular a la opinión pública, la “inconmovible mayoría”, para mantenerse en el poder, aunque eso suponga sacrificar gente inocente.
  • Un medio de comunicación –La Voz del Pueblo, que más quisiera- que asegura defender la verdad, la libertad y la justicia, pero que tiembla ante las mayorías, las minorías y cambia de estrategia en función de los potenciales ingresos.
  • Una sociedad exigente y miedosa, que sólo piensa en sus intereses y derechos y que no duda en atacar o dejar que ataquen al más débil con tal de obviar sus deberes como ciudadanos.

La frase final del protagonista, el ya inseparable compañero de camino doctor Thomas Stockman, me revela el secreto que comparto con mis queridos lectores y lectoras y con el abriría una clase de periodismo local, de proximidad o de amor al próximo/prójimo:

“El hombre más fuerte del mundo es el que está más solo”

Senyores i senyors, visca L’Hospitalet de Llobregat! 😉

 

Imagen tomada de aquí 

 

 

Cuando la realidad duele demasiado. Un caso de postverdad aplicado al periodismo

El otro día me pasó algo que no me había pasado nunca. Una entrevistada se quejó de la transcripción que hice de nuestra conversación telefónica, no porque tergiversara sus palabras, sino por todo lo contrario: había sido demasiado fiel y eso solo le parecía adecuado en un medio oral, no escrito. Me ha dado mucho que pensar.

Lo primero que me ha venido a la mente es que algo no anda bien cuando a una persona le molesta que se recojan sus palabras tal y como fueron pronunciadas, más todavía  cuando se trata de un tema de Sociedad, es decir, que no tiene la repercusión ni la polémica de Política o Economía.

Luego he pensado que la realidad puede no gustar porque nos hemos acostumbrado a leer “entrevistas” perfectas, donde el entrevistado se expresa de maravilla: es claro, conciso, riguroso, no incurre en informalidades ni repeticiones, no titubea…

Entrevista va entre comillas precisamente porque muchas entrevistas actuales no son tales, esto es, no son conversaciones orales sino cuestionarios que se envían por correo electrónico. Hay que reconocer que es muy cómodo para ambas partes -el periodista no ha de transcribir y el entrevistado controla hasta la última coma de su texto-, pero mucho me temo que todos nos hemos dejado por el camino algo muy importante en una democracia: el arte de escuchar, de hablar, de (re)preguntar, de argumentar… Y ahora resulta que la realidad nos duele demasiado.

entrevista

Me pregunto si este fenómeno estará relacionado con la postverdad e intuyo que sí. La postverdad, dicho muy llanamente, es un concepto que ha surgido para explicar la tendencia creciente a seguir nuestras opiniones y sentimientos en detrimento de los hechos y los argumentos racionales. Nada nuevo sobre el horizonte, pero que adquiere una nueva dimensión con la mediación tecnológica, que impide, dificulta o adormece nuestra capacidad para  comprobar lo que circula por el mundo virtual y puede que también real.

Este fenómeno también está relacionado, en mi opinión, con el hecho de que vivimos en una sociedad donde prima la imagen y se otorga más importancia a la forma, a las apariencias, en detrimento del fondo, lo verdadero.

¿Qué valor posee lo verdadero si presenta una forma imperfecta? ¿A quién le importa la verdad cuando el acceso a la imagen es mucho más cómodo y directo? Estas parecen ser las dudas que anidan en el subconsciente del occidental medio del siglo XXI y que el término postverdad parece haber sacado a la luz, denunciando una nueva sofística para un mundo nuevo.

Y si este es el diagnóstico, ¿cuál es la solución? Compleja y compartida, como todo aquello que no depende únicamente de nuestra voluntad, por muy importante que sea esta. Los Gobiernos hablan de transparencia, los dueños de buscadores y redes sociales aseguran que trabajan para buscar filtros mientras solicitan la colaboración ciudadana…

Como periodistas, podemos comenzar por explicar a nuestros entrevistad@s que la autenticidad y la espontaneidad son valores a preservar, aunque alguien pueda criticarnos por no dar nuestra mejor imagen en un momento concreto, como si hubiéramos de ser perfectos en todo momento. Y los responsables de los medios de comunicación podrían reconocer la existencia de un nuevo género periodístico -el cuestionario- u obligar a sus periodistas a no aplicarlo -lo cual no sería una obligación, sino una bendición-. Eso sí, que no esperen que no baje la producción. La calidad, no se engañen, requiere tiempo.

Comienza la reconstrucción del periodismo en la Casa de la Premsa de Barcelona

Dedicado a los compañeros y compañeras de El Periódico de Catalunya y el grupo Zeta que no se resignan a ser los únicos responsables de la situación económico-financiera de la empresa

 

¿Qué hacen una cuarentena de periodistas un sábado por la mañana en un edificio medio en ruinas? Pasar el tiempo, compartir preocupaciones y, sobre todo, buscar soluciones a los problemas que afectan a la profesión.
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Muchos ya lo han hecho muchas veces, y lo seguirán haciendo, pero este acto posee un gran simbolismo, una gran fuerza. Es la primera vez que se juntan representantes del Col·legi de Periodistes de Catalunya, la Associació de Dones Periodistes de Catalunya, el Grup de Periodistes Ramon Barnils, el colectivo Som Atents y el Sindicat de Periodistes de Catalunya -de quien, por cierto, ha partido la iniciativa-. Y es el primer acto propiamente periodístico que se organiza en muchos años en la Casa de la Premsa, un edificio construido para facilitar a los profesionales de la información la cobertura de la exposición universal de 1929.

El edificio es precioso por fuera, pero está medio en ruinas por dentro. No obstante, continúa resultando atractivo y posee mucho potencial para realizar actos cívicos. ¿Como el periodismo?, me pregunto mientras participo en la visita guiada anterior a la mesa redonda.

Durante la jornada se tocan cuatro temas principales, por este orden: la cuestión de género en los medios, las condiciones laborales, la responsabilidad profesional y si es necesario regular o no la información.

La representante de la Associació de Dones Periodistes explica que la sensibilidad de género es mucho más que poner los/las, y nos hace caer en la cuenta de que los hechos también hablan: ¿sólo una mujer preparada/disponible para hablar en una mesa de cinco personas?

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En cuanto a la precariedad, todo el mundo coincide en que es abundante -demasiado- y que afecta a la calidad de las informaciones. También en que los periodistas del país somos incapaces de unirnos y decir basta. No lo recuerda un periodista extranjero que colabora con El Periódico de Catalunya: “El mismo reportaje aquí vale 400 euros; en Alemania, más de 1.000. Nos toman por tontos”.

En algún momento el representante del Grup Barnils, Enric Borràs, nos recuerda que nos hemos resignado a no disponer de unas tarifas mínimas por las piezas que producimos, a no exigir más transparencia sobre la propiedad mediática… ¿Y cómo van a pagar los ciudadanos por la información, si nos limitamos a copiar y pegar notas de prensa y comunicados? Borràs pone el dedo en la llaga: “Hay que distinguir entre contenidos, comunicación, entretenimiento y periodismo”.

La jornada concluye con la necesidad de que se regule algo, como el derecho a acceder a la información pública, a los juicios, las condiciones laborales mínimas de colaboradores… Y nos perdemos un poco en las palabras -¿como buenos o malos periodistas?-: ¿queremos regular el periodismo, a los periodistas, el derecho a la información de la ciudadanía?

No puedo callarme e intervengo -¡toma autocita!-: está muy bien pedir socorro al Gobierno para arreglar este desgobierno, pero no lancemos balones fuera, porque así no conseguiremos el respeto ni de nuestros propios compañeros -ni su apoyo para pedir el cambio legislativo, por supuesto-. Empecemos por nosotros mismos, por no llamarnos periodistas si no hacemos periodismo. Y sigamos por las organizaciones, que no saben, no pueden o no quieren apoyar a quienes lo ejercen ni criticar a quienes hacen antiperiodismo. Sólo así recuperaremos la confianza de los profesionales del gremio -que se traduciría a la larga en más colegiados, afiliados o asociados, o sea, más manos- y, tal vez, de la ciudadanía -que se traduciría en más audiencia y más gente dispuesta a pagar por la información, esto es, más ciudadanos críticos-.

En realidad, mi intervención oral no ha sido tan buena -o tan mala- como lo que acabo de escribir. Un compañero me ha hecho pensar por qué he dicho que el derecho es la constatación del fracaso de la deontología; y ésta, de la ética personal.  En parte, porque si hubiera más respeto y solidaridad, no harían falta ni la autorregulación ni la legislación. Es verdad que esto puede resultar utópico, pero también espero haber dejado claro que sin utopía nos estancamos. Porque, como bien ha comentado el histórico periodista y primer presidente del SPC, Enric Bastardes, ya hay muchas leyes, y estas no se cumplen. O sea, que puede haber situaciones tan degradadas que requieran la intervención del legislador, del mismo modo que sin formación/sensibilidad ética el derecho resultará estéril.

Y, ahora, escribiendo estas letras y alejándome, por tanto, de todo y todas las intervenciones público-privadas, me ha venido a la cabeza una idea que ya me ronda hace algún tiempo. Apostar por la ética y la autorregulación no significa debilidad ni ingenuidad. Hay que ser muy fuerte para que un profesional o una institución profesional afirme públicamente: “Lo siento, lo que tú haces no es periodismo, no puedes formar parte de nuestra entidad”; o “lo siento, pero esto que has hecho no está bien, y no podemos permanecer callados o darte la razón”. Hay que ser muy fuerte para apoyar y/o criticar a tus propios compañeros -no a los políticos ni a los empresarios, eso se nos da fenomenal-.  Hay que ser muy fuerte para aguantar el aluvión de críticas: “Y tú qué te has creído, que eres un santo, un experto en Ética, que estás por encima del bien y del mal, y tú, tú y tú más…?”.

Ya me he vuelto a despistar/apasionar, oye. Quedémonos con esta idea: cinco entidades importantes -aunque alguna no haya querido figurar en el cartel, y ella sabrá por qué- se han unido por primera vez para compartir su visión del periodismo y buscar estrategias para defenderla. Ojalá que la próxima vez -que la haya, que la habrá- seamos muchos más los que amamos el periodismo, los que queremos una sociedad informada. Por un #periodigne, por una auténtica Casa/Hogar de la prensa, donde podamos ayudarnos mutuamente a mejorar.

Posdata: Oye, tú, ¿habrá nacido hoy la Comisión para la recuperación del periodismo, a imitación de la Comisión para la recuperación de la Casa de la Premsa? Unos buscan recuperar un edificio para los vecinos; otros, una profesión para la ciudadanía.

¿Hay algo mejor que soñar y cumplir tus sueños? Sí, compartirlos con los demás y ponerlos al servicio de una gran causa

Hace unos días se ha celebrado en la Universitat Internacional de Catalunya un simposio sobre nuevas tendencias publicitarias; más concretamente, sobre advergaming y gamificación en publicidad. No pude disfrutar de todas las intervenciones, como me hubiera gustado, pero la del fundador de Bliss Games, Julio Hidalgo, me pareció genial.

advergaming

Comencemos por el principio. El advergaming (unión de ‘advertising’ y ‘gaming’, publicidad y jugando) y la gamificación publicitaria son, muy toscamente hablando, dos estrategias que combinan la publicidad y el entretenimiento con el fin de que los ‘jugadores’ pasen un buen rato y, sobre todo, compren un producto o contraten un servicio de una marca determinada.

Seguimos. Bliss Games (Juegos de gozo o la dicha, en inglés) es una empresa fundada por Julio Hidalgo que se dedica a idear, diseñar y desarrollar videojuegos que no fomentan la violencia y cultivan la inteligencia emocional, entre otros valores.

Valores. Caliente, caliente. No voy a hablar de los millones de dólares que genera la industria del videojuego cada año ni de los que está previsto que genere. Tampoco me voy a detener en el mercado potencial que se está abriendo ante los anunciantes. Y tampoco voy a fijarme en la trayectoria profesional de Hidalgo, quien ha trabajado en algunas de las mejores empresas tecnológicas del momento.

¡Arde! Hoy sólo quiero fijarme y que mis estudiantes se fijen en los mensajes que, entre imágenes, cifras y gráficos, Hidalgo nos iba regalando en cada diapositiva de su presentación. Aprendizajes de toda una vida, sabiduría comprimida.

* Atrévete a soñar. Ah, mis pragmáticos alumnos, no os conforméis con la primera idea que surja de vuestra mente ni el primer trabajo que caiga en vuestras manos. ¿Cómo, que todavía no sabes a qué dedicarte? Hidalgo tampoco lo tenía claro, pero sabía que, desde pequeño -¡gran pista!-, le encantaba contar historias. Sí, luego estudió Ingeniería, pero nunca dejó de crear historias y formarse en ello -¡otro gran consejo!-.

** No te olvides de disfrutar. El secreto del éxito profesional, según Hidalgo, consiste en una equilibrada fórmula que combina la competencia (ser muy bueno en lo que haces) con el disfrute (pasártelo muy bien haciendo lo que haces). Porque así no te cansas, porque así nunca te estancas, porque así no tienes miedo al riesgo, porque así tu único límite es tu imaginación…

*** Al servicio de una gran causa o la felicidad. Ah, queridos míos, aquí no puedo añadir mucho más a sus palabras: “Hay algo más que cumplir tus sueños de la infancia: compartir tus dones y tus valores poniéndolos al servicio de una causa mayor”. Tal vez vuestra cabeza no os deje apreciar el valor de estas palabras -¿hace falta ser un hidalgo soñador para verlo?-. Tal vez sea el pesimismo, tal vez el miedo…

Ojalá algún día reciba un correo vuestro donde aparezca algo similar a esto: “De eso que hablábamos en clase de Ética, de eso que el TFG (Trabajo Final de Grado) no me dejaba ni olerlo, comienzo a verlo, comienzo a verlo”. Y yo seré feliz, porque vosotros y vosotras habéis empezado a serlo.

¿Es periodismo todo lo que reluce en los medios de comunicación?

No, ya sé que no. Hace tiempo que el periodismo no se puede definir como aquello que se publica en un medio de comunicación ni el periodista como aquel que trabaja en un medio, por mucho que la Rcrisis-per21AE defina al profesional de la información periodística como aquella “persona profesionalmente dedicada en un periódico o en un medio audiovisual a tareas literarias o gráficas de información o de creación de opinión”. Que sí, que ya sabemos que lo importante es el afán de búsqueda y transmisión de la verdad (veracidad) y el interés público (no confundir con lo que interesa al público). Y, sin embargo, cuántas inercias quedan aún por frenar y reconducir…

Esta idea me ha venido a la cabeza porque es la primera vez que no trabajo en un medio de comunicación tradicional –léase, una radio, televisión, periódico o medio de comunicación generalista- y me siento extraña, como pez fuera del agua. Y, sin embargo, comparo lo que estoy haciendo ahora con lo que hace escasos meses realizaba en un gran medio tradicional, y creo que ahora estoy haciendo más periodismo que antes.

Porque busco temas, investigo, contrasto opiniones e intento aportar lo que creo que tiene más interés para la mayoría, sólo que en el ámbito de la educación, la formación y el empleo. No siempre las circunstancias me dejan hacerlo como me gustaría, pero mi aspiración, sin duda alguna, sigue siendo exactamente la de siempre.

Y si esto me pasa a mí, que lo tengo claro –al menos en mi cabeza-, ¿cómo no van a estar confundidos la sociedad y los poderes públicos? Porque todavía seguimos creyendo que un medio de comunicación  tradicional nos informará mejor que otros espacios más pequeños, más humildes, más especializados.

Con el periodismo especializado hemos topado

Obviamente, los medios generalistas cumplen una función importantísima. Nos ayudan a reorientar nuestra mirada: de nuestro ombligo al horizonte de la actualidad. Sin ellos, no sabríamos qué pasa a nuestro lado ni más allá.

Ahora bien, tampoco llegan a todo, y menos tras este periodo largo de recortes/EREs que han dejado las redacciones vacías de periodistas veteranos y especializados.

La especialización constituye una salida muy digna, siempre y cuando no se pierda el horizonte. Sólo desde esa búsqueda de la máxima profesionalidad podremos convencer a un público especializado y exigente, y unos poderes acostumbrados a atender sólo a quienes les ofrecen amplia difusión o acriticismo, que el periodismo no ha muerto, sino que está renaciendo de mil formas diferentes.

Compañeros, que el periodismo siga brillando, allá donde estemos.

Imagen tomada de aquí.

Entretenidos y exhaustos

Impresiona ver a cientos de personas saliendo de un tren en una gran ciudad, pongamos Barcelona.
Decenas y decenas de cuerpos caminando en la misma dirección, decenas y decenas de cabezas mirando hacia el mismo lugar…
Levanto la cabeza y observo la señal de Sortida/Salida que seguimos sin cuestionarnos.
Cuántos caminos trillados, encauzados, dirigidos, controlados…
Siento que alguien o algo, tal vez nosotros mismos, nos ha ganado la partida, la vida…
Entretenidos y exhaustos, lo difícil -¿lo imposible?- es mirar al que camina a mi lado.
Yo estoy aburrido, yo estoy cansado, yo, yo, yo…
El nosotros está desapareciendo de nuestro vocabulario.
Son las ocho de la mañana y creo que todavía no he despertado.

 

rayban
¿Es este anuncio un reflejo de las contradicciones del sistema?

 

El periodista que acabó vendiendo pañuelos de papel

Apuesto a que el periodista con el que me he topado hoy nunca imaginó que acabaría vendiendo pañuelos de papel a los conductores de los vehículos que se paran delante de uno de los semáforos de la calle Aragó de Barcelona.

Lleva un paquete de kleenex en cada mano y de su cuello pende un cartel que le llega prácticamente hasta los pies. Me pregunto si tamaño tablón constituye una medida extrapolable de su desesperación.

En letras rojas sobre fondo blanco he podido leer únicamente que también es exmigrante (?) y que busca trabajo. No paraba de moverse en busca de clientes acatarrados.

Inmediatamente después he recordado a mis estudiantes. Si lo miraran como yo lo estoy mirando, si pudieran apreciar el sudor en su frente, su sonrisa enmuecada, su ir y venir, venir e ir, su cansancio…

dedo-y-lunaTal vez ya no percibirían los ejercicios como juegos sin sentido, tal vez los concebirían como oportunidades de aprendizaje en un mundo complejo y acelerado.

Tal vez comprenderían que el tiempo es escaso y asimilarían aquello que tan solo pude esbozar en una clase: que los necios ven el dedo en las prácticas, mientras que los sabios ven la luna de lo que se avecina.

PD: El periodista no acabó vendiendo pañuelos de papel, porque ninguna vida está perdida mientra no termina. Este hombre se merece una entrevista.

Imagen tomada de aquí.

Ante la crisis del periodismo, más ética y autorregulación

Hace unos días que se ha presentado el libro “100 casos. La ética periodística en tiempos de precariedad”, escrito por el presidente del Consell de la Informació de Catalunya (CIC) y exdefensor del lector de La Vanguardia, Roger Jiménez. Como indica el título, se trata de una obra donde se explican 100 casos de ética periodística que permiten reflexionar sobre los puntos débiles del periodismo y aportar criterios para ofrecer una mejor información.

etica periodistica roger jimenez
Alsius, Jiménez y Herrscher el 20 de junio / EJG

El periodista y director de la colección Periodismo Activo, Roberto Herrscher, destacó el carácter práctico de la obra, algo muy común en la tradición norteamericana y no tanto en la española, así como la importancia de reflexionar sobre la ética en el mundo de las redes sociales.

El periodista y consejero del Consell Audiovisual de Catalunya (CAC), Salvador Alsius, reconoció que el periodismo está viviendo un periodo de “desorientación” y “desánimo”, y que la receta para salir de la llamada crisis residía en “más periodismo y un sistema de valores que garanticen la calidad de la información”. Es por ello que abogó por “la autorregulación como solución”.

¿Para cuándo un congreso de periodistas y un nuevo código deontológico?

El profesor de la Universitat Pompeu Fabra también aprovechó su intervención para recordar que tanto Roger como él como otras personas trabajaron, en el seno del CIC, para actualizar el código deontológico de la profesión periodística catalana, obsoleto con la irrupción de la tecnología digital, entre otros factores. Es por eso que lanzó una invitación al Col·legi y, más concretamente, a su actual decana, Neus Bonet, para retomar la tradición de organizar congresos de periodistas y poder así reflexionar sobre la situación de la profesión y generar un nuevo compromiso ético.

Finalmente, Roger Jiménez explicó cómo los periodistas han pecado de “exceso de arrogancia”, ya que antes de Internet el lector no tenía “ni voz ni voto” en la elaboración de la información. Ahora bien, esto no significa que el público no tenga su responsabilidad, ha matizado el veterano periodista. Jiménez ha sostenido que la implicación del público es “esencial para corregir la deriva del periodismo”. Es más, el exdefensor de La Vanguardia ha afirmado que “hay una ética de la empresa, del periodista y del público”. En cuanto a los empresarios que buscan rendimiento a corto plazo –“la mayoría”-, ha asegurado que “no hay ningún editor que no respete a un periodista con carácter”, a pesar de algunos despidos recientes en sentido contrario que también ha mencionado.

Sea como fuere, la obra está concebida como una “ayuda” a los periodistas más jóvenes, para que encuentren ejemplos y argumentos suficientes para hacer valer el derecho a la información de los ciudadanos, un “bien público” necesario para que funcione cualquier democracia.

¿Quién regenerará el periodismo? Retos de una profesión en transformación

Hace unos días se presentó en el Col·legi de Periodistes de Catalunya el libro de Josep Carles Rius, Periodismo en reconstrucción. De la crisis de la prensa al reto de un oficio más independiente y libre. El periodista y presidente de la Fundación Periodismo Plural ha estado acompañado por periodistas de varias generaciones como la joven periodista experta en África, Gemma Parellada, la periodista y ex defensora del lector de El País, Milagros Pérez Oliva, el ex director del diario Ara, Carles Capdevila y el veterano periodista catalán, Josep Martí Gómez.periodismo en reconstruccin

En palabras de su autor, la obra pretende ofrecer un buen diagnóstico de la situación actual para, a partir de ahí, “reconstruir el periodismo y no volver a repetir los mismos errores”. Rius sostiene que la crisis del periodismo se ha debido a la confluencia de diversos factores que han dado lugar a una especie de “tormenta perfecta”: cambios tecnológicos, grandes errores de gestión, la “depresión” económica y la “crisis de credibilidad o ética”.

Entre las soluciones, el periodista sostiene que es necesaria una “regeneración de los grandes medios públicos y privados” y que la principal aspiración ha de consistir en recuperar la credibilidad y la confianza. Para ello, recomienda comprometerse con las personas (“factor humano”), volver a los orígenes del periodismo, favorecer las voces libres dentro de los grandes medios y recuperar el debate intelectual en las redacciones. Ante tamaña tarea, el profesional de la información propone “una alianza entre generaciones para llegar a un periodismo independiente y libre”.

La siguiente en tomar la palabra ha sido la periodista más joven de la sala, Gemma Parellada, quien ha considerado “la falta de criterio” como una de las causas de la crisis del periodismo. También ha pedido que dejemos de echar la culpa de todo a los demás, con argumentos como que “al lector eso no le interesa”.

Redacciones amordazadas

La periodista de El País, Milagros Pérez Oliva, ha asegurado que la crisis es una oportunidad que algunos han aprovechado para “convertir el periodismo en un instrumento al servicio de los intereses económicos y partidistas”. También ha lamentado la ausencia de verdaderos editores, quienes han sido sustituidos por gestores que sólo miran la cuenta de resultados. Todo ello ha producido, según Pérez Oliva, “consecuencias graves en las redacciones”, como por ejemplo la autocensura. Y la precariedad laboral no ha hecho más que agravar este problema, ha añadido. Que las redacciones se estén convirtiendo además en gestoras del tráfico y el espacio supone una “devaluación del intelectual colectivo” muy peligroso. Es por ello que ha valorado mucho el libro que se ha presentado, pues da voz a muchos periodistas y abre “un espacio de reflexión que no existe en las redacciones”.

El siguiente en intervenir, Carles Capdevila, ha calificado la obra como una mezcla de “mala hostia y esperanza”. El exdirector del Ara ha pedido “más autocrítica” a los compañeros de profesión y ha comparado el periodismo con un edificio en ruinas, donde coexisten paredes derruidas y paredes maestras, donde algo se ha perdido, algo debe conservarse y algo está por construir.

Falta de épica

Entre las amenazas que se ciernen sobre el periodismo, ha citado los algoritmos matemáticos, que la gente no quiera pagar por la información, la ausencia de un modelo de negocio, el desánimo de los profesionales, el exceso de pragmatismo y la falta de épica, la crisis económica que ha dejado a los medios en manos de los bancos y la confusión entre lo que es el periodismo y lo que no lo es.

Por el contrario, Capdevila considera que ahora existen más oportunidades para llegar al lector, que este tiene más ganas de aprender, que la impunidad es mucho más difícil que antes, que es más fácil saber lo que piensa el lector, que se ha acabado el monopolio da la información y que contamos con “herramientas interactivas brutales”.

Finalmente, Josep Martí Gómez també ha insistido en la importancia de realizar “examen de conciencia” y ha constatado la fuerte autocensura y falta de diálogo que se vive en las redacciones. Es por eso que ha alentado a ganarse la confianza de los lectores y ha lanzado un interrogante al auditorio: “¿Qué pasará cuando llegue la publicidad del Santander, el Corte Inglés y La Caixa a la web?”.

A modo de conclusión, Josep Carles Rius ha afirmado que la “revolución” del periodismo ha de hacerse dentro y fuera de los medios, y ha alentado a los periodistas allí presentes a buscar la credibilidad, “el bien más preciado”.

***

Muy interesante, muy interesante.

Al salir de la sala, una compañera allí presente me comenta: “¿Y dónde estaban algunos de los que han hablado cuando el periodismo entraba en crisis?”.

Ah, qué gran pregunta…

Sigue faltando autocrítica…

Se saludan los conocidos y todos nos marchamos de la sala antes o después…

¿Cuál ha sido el efecto de palabras tan acertadas?

Si nos hubiera escuchado un alto cargo político o el consejero delegado de algún banco, se hubiera frotado las manos: “Tranquilos, nada ha cambiado”.

Seguimos siendo francotiradores, orgullosos de la calidad de nuestro disparo.

Grandezas y miserias del periodismo de proximidad

Tengo la sensación de que no escribo hace siglos. En enero de este año comencé a realizar crónicas semanales de la ciudad donde vivo –L’Hospitalet de Llobregat, al lado de Barcelona- y siento que la actualidad me ha absorbido. Y no es que no haya reflexionado sobre lo que hago desde entonces, pero mentiría si dijera que no echaba de menos pararme un poco y pensar con calma, que en mi caso equivale a escribir.

Lo primero que he notado es que mis crónicas han tenido un impacto en la sociedad mucho mayor que mis columnas de opinión. Esto lo constato viendo el número de clics, retuits y comentarios en las redes sociales que me dedican algunas personas.

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adiccio evajgSinceramente, yo no creo que ahora escriba mucho mejor que antes, por lo que interpreto que la diferencia se halla en que ahora tengo más acceso a la información y, por tanto, puedo fundamentar mejor mis percepciones. Otra conclusión fácil de extraer es que la opinión es fácil de conseguir, no así la información, por lo que esta se valora mucho más. Se cumple, por tanto, una de las leyes más básicas del mercado: lo escaso es valioso, aunque muchos todavía no estén dispuestos a pagar por ello –si me disculpas, de la precariedad hablaré en otro momento-.

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Contacto con la realidad

Vivir en la ciudad sobre la que uno tiene que informar presenta grandes ventajas. La primera, muy evidente, es que estás muy cerca de la realidad y, por tanto, puedes comprobar la diferencia entre las palabras y los hechos. En este mundo saturado de eslóganes y postureos, el periodista de proximidad cuenta con una gran ventaja respecto al que no sale de la redacción central.

Separar lo profesional de lo personal

Una concreción de lo anterior es que estás muy cerca de las personas sobre las que informas o que te pasan información, por lo que resulta más fácil separar lo profesional de lo personal. Si ves que un político o política sale al parque con su familia, lo ves como un ser humano que es querido por los suyos y se siente feliz con ellos. Es más fácil empatizar y dejar los (pre)juicios a un lado. Y si es verdad que sólo se puede conocer verdaderamente lo que se ama, entonces no vamos mal.

Círculos de confianza

Lo mismo sucede en sentido contrario. Si te ven por la calle y ven que eres una persona “normal” y no un periodista-sensacionalista, entonces puedes comenzar a tejer círculos de confianza, espacios donde se puede hablar con sinceridad sin miedo a que te explote la noticia en la cara al día siguiente. Si uno cumple su palabra, entonces llegará el día en que alguien te confiará eso que algunos periodistas ansían más que un buen sueldo: la exclusiva.

¿No tiene desventajas el periodismo de proximidad? Naturalmente.

El anonimato se ha acabado

Si te conviertes en alguien muy conocido –que no es el caso, je, je-, entonces no puedes ir a un sitio y dejar que todo transcurra como si no hubiera ningún medio presente. Es decir, sin proponértelo, estás influyendo en el transcurso de los acontecimientos, con lo que puedes distorsionarlos involuntariamente y, por tanto, co-crearlos sin quererlo.

Aprender a dar la cara

Como consecuencia de lo anterior, alguien puede acercarse a ti y echarte la bronca –esto sí lo he vivido, pero no tengo pruebas de ello-. Entonces, debes aprender eso que ahora se llama habilidades sociales: escuchar con mucha paciencia, comprender lo que el otro te quiere dar a entender aunque las formas no sean las mejores, responder sin alterarte, razonar, argumentar… En definitiva, se trata aprender a rendir cuentas de tu trabajo en todo momento y circunstancia. Lo más natural del mundo, vaya, pero que muchos no han aprendido por no haber salido de la redacción en mucho tiempo o por haber aprendido a relacionarse sólo en debates televisivos.

Evitar odios viscerales

Relacionado con lo que acabo de comentar, resulta muy importante intentar mantener la relación con todo el mundo. Obviamente, habrá gente que te caiga muy bien y gente que te caiga menos bien –humanos somos, aunque no lo parezca-, pero es vital no perder la relación con nadie, porque tenemos el deber de escuchar a todo el mundo para que nuestra información sea muy plural y, de este modo, se acerque lo más posible a la verdad –algún día hablaré de esto, que me apasiona el tema-.

En definitiva, aprender a convivir como hermanos

Los periodistas y ciudadanos que compartimos el mismo espacio hemos de aprender a convivir juntos, como padres, hermanos o cuñados han de relacionarse aunque piensen y actúen de modo distinto e incluso opuesto. Esta comparación no me parece exagerada.  De hecho, es una idea que se acerca mucho a la denominación, ahora tan de moda, de “periodismo de proximidad”. Todos somos prójimos de todos y estamos aquí para ser felices. Ojalá que los prejuicios y los intereses creados no nos impidan verlo antes de que sea demasiado tarde, como sucede en la película El Valle de los Carneros que saqué a colación en otra crónica y otro blog.

Personalmente, creo que el periodismo de proximidad es uno de los periodismos más bellos que existen, porque te permiten conocer muy bien tu ciudad y, gracias a ese conocimiento, puedes amarla y sentirte parte activa de su transformación. Nadie es perfecto y puedes equivocarte miles de veces, pero las personas de bien sabrán valorar tu intención, más allá de tus palabras y tus gestos.

 

García Avilés: “Lo digital se ha introducido en nuestro mundo de una manera casi sibilina”

Un experto en teoría de la comunicación invitar a usar la tecnología con espíritu crítico

José Alberto García Avilés (Granada, 1965) ejerce como Profesor Titular de Periodismo en la Universidad Miguel Hernández de Elche.  Tras una década impartiendo la asignatura de Teoría de la Comunicación, este periodista y doctor en Comunicación por la Universidad de Navarra decidió plasmar todo su conocimiento y experiencia  en una obra divulgativa al servicio de toda la sociedad: “No es un manual para alumnos, sino que intenta ofrecer algunas respuestas y también bastantes incertidumbres acerca de cómo nos afecta la comunicación en el día y cómo podemos estudiar y analizar foto 3los fenómenos comunicativos”. El libro, publicado por la editorial UOC, no obstante, también puede resultar de utilidad a los académicos y profesionales del ramo.

¿Por qué resulta tan importante pararnos a pensar en la comunicación?

Es muy importante porque es una actividad que realizamos constantemente todos los seres humanos a lo largo del día. Querámoslo o no, estamos comunicando y, por tanto, tomar conciencia de cómo comunicamos e intentar reflexionar sobre cómo podemos mejorar nuestra comunicación, me parece que merece la pena, aunque no seamos expertos o no trabajemos en el ámbito de la comunicación.

Y, luego, caer en la cuenta de que hay diversos niveles de comunicación que tienen siempre una relación bidireccional, es decir, que lo que comunicamos afecta a nuestro entorno, y lo que recibimos de nuestro entorno incide en nuestra forma de actuar y de pensar. Hay un nivel de comunicación personal e íntima, como en las relaciones de pareja; luego tenemos un nivel de comunicación grupal, como puede ser el entorno familiar, amical o laboral; un nivel organizacional, como una empresa; y, por su puesto, una proyección social, como los medios de comunicación o las redes sociales.  El núcleo del libro es la comunicación social, pero también se toca la comunicación verbal y no verbal o la organizacional, por ejemplo.

¿No resulta un poco exagerado afirmar que vivimos en una sociedad de la información, la comunicación y el conocimiento?, ¿qué ocurre en los países en vías de desarrollo?

comunicar en la sociedad redComo sostienen muchos autores, desde los años 80, con la irrupción de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, vivimos en una sociedad de la información, y es un término que ha hecho fortuna, porque el desarrollo y la implantación de dichas tecnologías ha cambiado los paradigmas de la comunicación de una manera radical. A este planteamiento se le pueden hacer diversas críticas, como que no es lo mismo una sociedad de la información que una sociedad del conocimiento, donde esa información se convierte en un bien útil y repartido. No hay duda de que estamos en la sociedad del dato, y por eso se habla de una saturación informativa, pero otra cosa es que tengamos capacidad para procesar esos datos. Sí que podemos coincidir en que hay información que fluye libremente, pero eso no se está plasmando en un mejor conocimiento y mucho menos en lo que es la sabiduría, la experiencia de la vida, esa aplicación ética frente a los problemas. Y, por supuesto, existe una brecha digital entre la gente que está en ese núcleo duro de la sociedad de la información, y personas y zonas que están fuera de esa sociedad porque no tienen la tecnología ni los recursos necesarios. En el barrio de Manhattan de Nueva York existen más conexiones a internet que en todo el continente africano.

La obra incide constantemente en cómo internet y el mundo digital en general nos ha cambiado la vida. ¿Somos conscientes de lo que ha supuesto ese cambio?

En un nivel micro, sí que hay estudios sobre poblaciones y usos de tecnologías concretas que ofrecen resultados sobre lo que supone el consumo de comunicación a través de móviles, el visionado de tantas horas de televisión o la presencia continuada en redes sociales para las capacidades de la persona o unos determinados hábitos positivos o negativos. Pero sí es cierto que esa irrupción de lo digital en nuestro mundo se ha introducido de una manera casi sibilina, sin que nos demos mucha cuenta. A mí no me gusta ser apocalíptico, pero la tecnología nunca es neutral. Siempre nos acaba afectando y a veces nos puede crear perjuicios.

Neil Postman proponía un ejercicio mental que puede ser muy útil: desconectar todos los enchufes de la casa, empezando por los más recientes hasta los más antiguos. Si lo hacemos, veremos cómo hay tecnologías que parecen irremplazables y que en ocasiones podríamos funcionar perfectamente sin ellas, e incluso nuestra vida podría mejorar. Tenemos que pararnos a valorar si ese hábito nos beneficia o realmente nos puede perjudicar.

Cuando habla de la irrupción sibilina de la tecnología, ¿está pensando en grandes compañías, como Google, que controlan lo que hacemos?

Me refiero a que a veces es difícil apreciar el efecto que las tecnologías producen en nuestras vidas. Si tú no tienes una nevera, lo notas. Pero el móvil lo tienes ahí, te vas acostumbrando y, al final, parece que sin móvil no podemos vivir, cuando realmente tendríamos que preguntarnos: ¿el tiempo que dedico al móvil de dónde lo estoy restando? Quizá de relaciones que antes eran más ricas, cara a cara o con otras personas…

En el libro propone un modelo para explicar los cambios acontecidos en el ámbito de la comunicación social. ¿Podría explicarlo con palabras sencillas?

Parto de la premisa de que comunicamos en una sociedad red, término acuñado por el sociólogo catalán Manuel Castells, donde el medio fundamental es la red, en sentido amplio, que permite que todos los usuarios estemos conectados en tiempo real desde cualquier lugar y recibir respuesta a nuestros mensajes prácticamente en cualquier momento. Esta comunicación es tanto horizontal como vertical (gente que está en una posición de control y otros más de recepción o vulnerabilidad), pero esas funciones son intercambiables: el que comunica también es el usuario y el que usa la comunicación también puede ser el emisor. Por tanto, la diferencia radical entre medios y usuarios se rompe en esa sociedad red y el mensaje realmente se configura en torno a las personas. Al final, lo que interesa es lo que de único y específico tiene cada usuario y lo que esa persona puede aportar.

Concretemos un poco más los efectos de los medios: ¿están hoy más definidos que cuando comenzaron a investigarse?

Hemos pasado por diversas etapas. En los años 30, una serie de teorías consideraban que los medios tenían un efecto total y absoluto. De ahí se pasó a un planteamiento casi contrario, diciendo que tampoco los medios afectaban a la sociedad o el efecto era mínimo, en los años 60. Y al final, los investigadores de audiencias tienden a pensar que los efectos no son totalmente persuasivos pero tampoco nimios. Cuando uno consume medios, eso moldea actitudes y tiene unos determinados efectos. Lo que ocurre es que el acceso a internet ha permitido dar un salto cuantitativo y cualitativo en cuanto a la capacidad que tienen las empresas para medir lo que la gente hace con los contenidos. Ahora está muy desarrollada toda la parte de la audimetría y el tráfico en internet y existen herramientas que permiten, de una manera que en ocasiones da un poco de miedo, como las famosas cookies... Esos son unos dispositivos que están enviando información constantemente a la web en concreto del comportamiento que hacemos cuando navegamos a través de esa web. Ahí tenemos una información que cada vez se va complementando más que hace que vaya en aumento la información, lo que se llama los grandes datos o datos masivos, que las empresas tienen de nosotros. Y ya hay empresas que comercializan esos datos y son ca
paces de predecir pautas de comportamiento en función de nuestros previos patrones de conducta y consumo. Hace poco el director de Marketing de unos grandes almacenes en Gran Bretaña comentaba que, con la información de una tarjeta de fidelización eran capaces de predecir, con un 80% de probabilidad, de predecir qué cliente se iba a divorciar en un plazo de dos meses. Conviene que se enciendan las luces de alarma de lo que nos pueden llegar a controlar.

¿Podemos decir entonces que estamos más vigilados que nunca? ¿El peligro de un Gran Hermano, como denunció Orwell, es hoy más real?

Ese peligro siempre está ahí y, de hecho, esto hay que conectarlo con la desinformación. Estamos en una sociedad de la información donde cada vez hay más desinformación y un grupo reducido de grandes corporaciones controla los temas sobre los que hablamos. Cuando vemos las interrelaciones, vemos cómo hay redes de poder y a veces hay revelaciones, como las de Edward Snowden y el espionaje de la agencia de seguridad norteamericana, que son simplemente la punta de iceberg de cómo se está controlando la información y que, si nos ponemos a investigar, ahí hay mucho que revelar, aunque las primeras interesadas en que esto no se sepa son las corporaciones y los gobiernos que trafican con datos y hacen este tipo de actividades, a todas luces, ilegales.

¿Y qué puede hacer una persona corriente para protegerse de esas y otras invasiones de su vida privada?

Yo hablaría de dos frentes. Uno, en el consumo de contenidos, pues no limitarse a fuentes reducidas sino tener una dieta informativa saludable con fuentes de diverso espectro ideológico, que contraste la información, que sea un usuario activo, crítico ante lo que consume y que no espere a ver qué le echan en la televisión. Y, en segundo lugar, a la hora de utilizar la identidad personal en las redes, ser celoso de la privacidad, es decir, no publicar en abierto datos, imágenes o material sensible que afecte a nuestra integridad o la de nuestros seres queridos porque, al final, todo lo que uno publica, aunque sea en un entorno cerrado de Whatsapp o Facebook, se puede acceder a ello y puede ser conocido por todo el mundo. Y, luego, aplicar las normas que uno intenta aplicar a la vida real a la vida en internet, esto es, las normas de cortesía, la educación, etc. No porque no haya una comunicación cara a cara puede uno actuar con un código distinto. La identidad digital es parte de nuestra identidad personal y lo que somos en internet, cada vez más, está siendo valorado por determinadas empresas para tomar decisiones.

¿Y respecto a las cookies?

Es una hoja de doble filo. Tienes que dar tu consentimiento, pero intentar, ante páginas no conocidas, no aceptar las cookies, para que no tengan más información, sobre todo si no estamos seguros de honestidad o no tenemos confianza en ese sitio.

El libro dedica una atención especial al periodismo. ¿Sigue teniendo sentido esta profesión en un mundo donde cada vez resulta más fácil comunicarse con facilidad y sin intermediarios?

Creo que hay que romper una lanza en favor del periodismo, porque sigue siendo necesario y más que nunca. Creo que el periodismo, como tal, no está en crisis. Lo que está en crisis son las empresas de comunicación, pero yo creo que hoy día se hace más y mejor periodismo que antes. Lo que sí que es necesario entender es que el periodista no puede limitarse a elaborar contenidos y que los medios no son los dueños de la información. En la sociedad red, la agenda también la marcan los usuarios y hay que escucharles. El papel del periodista tiene que seguir siendo el de intérprete, el de la persona que escudriña los contenidos, que jerarquiza, que estructura, que selecciona, que dar valor a esos contenidos, que crea un periodismo al servicio de los ciudadanos, que les hace la vida más sencilla y les fortalece, que somete al escrutinio a las instituciones y gobiernos. En la medida en que haya un periodismo más fuerte, la sociedad será también más libre y democrática.

La crisis como oportunidad: el caso de El Llobregat

Esta semana se celebran los diez años de El Llobregat, el diario digital y la revista impresa mensual que cubre la información de la comarca del Baix Llobregat y la ciudad L’Hospitalet, en la provincia de Barcelona (España). Es un acontecimiento importante que se celebra como merece y que coincide con la segunda Gala de Premios que organiza la publicación y que tendrá lugar este jueves día 14 en Sant Boi, la localidad donde tiene su sede.

En 2006, El Llobregat era como muchas de las publicaciones gratuitas locales que existían entonces, donde pesaban más los contenidos publicitarios el llobregat 2010que los periodísticos. No en vano, muchos de estos productos desaparecieron con la crisis económico-financiera iniciada en 2008. El Llobregat no sólo ha conseguido superar los peores años de la recesión, sino que ha salido reforzado. Además de la década de la publicación, El Llobregat también celebra que ha ganado el premio a la mejor publicación gratuita de España que le ha otorgado la Asociación Española de Editoriales de Publicaciones Periódicas y que a partir de este mes se distribuye gratuitamente con El Periódico de Catalunya (el 14 de abril de manera excepcional, para coincidir con la II Gala de Premios; y el primer jueves de mes, a partir de mayo). Un último dato: El Llobregat ha tenido más de 1.600.000 páginas vistas el pasado mes de marzo.

Las claves del éxito

Nadie posee la fórmula del éxito, pero he aquí algunas claves que podrían explicarlo. En primer lugar, un editor-propietario, Xavier Pérez Llorca, convencido de la necesidad de ofrecer una publicación periodística, no un mero continente publicitario, a un conjunto de poblaciones unidas históricamente por razones que ahora no entraré a detallar. Y un editor humilde, esto es, lo suficientemente realista como para delegar el proyecto en manos de un veterano profesional del periodismo y excelente conocedor del territorio, Juan Carlos Valero.

A finales de 2012, Valero pone toda su experiencia y su pasión en El Llobregat, y comienzan a producirse cael llobregat 2015mbios. Entre los más significativos, cabe señalar el reclutamiento de nuevos colaboradores y profesionales del periodismo, entre ellos el actual director del medio, Imanol Crespo, pero también estudiantes de Periodismo que viven en el territorio y que desean conocer el periodismo de proximidad de primero mano. Gracias a todos ellos, El Llobregat comienza a ofrecer contenidos de alto valor añadido, donde sobresalen los especiales realizados con motivo de la celebración de elecciones municipales, las 100 propuestas para mejorar el territorio cuando la publicación llegó al número cien o, este mismo mes, un suplemento con los acontecimientos más importantes ocurridos en la última década de existencia de la publicación en el territorio que cubre.

Por tanto, el éxito de El Llobregat se debe, en gran medida, a la voluntad de un editor por ofrecer un mejor producto, a la visión de un profesional veterano y al compromiso con la calidad de un grupo de profesionales, entre los que destaca el director de la publicación. Ahora bien, como se suele decir, el todo es mayor que la suma de las partes. Y si algo ha caracterizado a El Llobregat ha sido la excelente relación existente entre todos los miembros del equipo, algo que facilita el intercambio de ideas sin miedo a ofender o a que sean robadas, invertir más horas sin mirar el reloj y contar con el apoyo extra del resto en caso de dificultad. Porque lo que subyace de fondo es una gran fe en el periodismo, en el valor de esta profesión-actividad para contribuir al conocimiento de lo que ocurre en la sociedad y la toma de decisiones acertadas. Esto es algo que no se puede comprar con dinero, pero que sin duda resulta mucho más valioso que él. Felicidades a El Llobregat, a BCN Content Factory (empresa fundada por Valero en 2014 desde la que asesora y edita más proyectos) y a todos los que trabajan o colaboran con ellas.

“Spotlight” pone el foco en las grandezas y miserias del periodismo

Ya he podido ver Spotlight (foco, en inglés), la película que muestra la investigación realizada por el equipo de periodistas del diario The Boston Globe y que consiguió un premio Pulitzer. No es para menos, ya que los reporteros de esta especial sección, llamada precisamente Spotlight, dedican más de un año de su vida profesional a buscar las pruebas que confirmen algo que ya se intuía, pero que no estaba demostrado: que la Iglesia Católica, la jerarquía de Boston, era consciente de que existían sacerdotes que habían abusado de menores y, en lugar de apartarlos o denunciarlos, llegaba a acuerdos privados con las familias y se limitaba a cambiar a los curas de parroquia o a internarlos en un centro psicológico durante una temporada. Los periodistas descubrieron unos 90 casos. La publicación del hecho permitió descubrir más de 200, sólo en Boston.

Esta película resulta muy útil para conocer cómo el poder –en este caso, el poder religioso- se las ingenia para presionar a los que se dejan –las familias de niños desfavorecidos en primer lugar, pero también abogados- y no dejar ni huella. Sólo esto hace que merezca la pena verla, para darnos cuenta del mundo en el que vivimos y de lo difícil que resulta que se haga justicia, por muchas leyes que se promulguen y derechos que se reconozcan. También resulta muy interesante comprender la dimensión de la pederastia, algo más que el caso de unas pocas manzanas podridas, sino algo mucho más grave. Según uno de los expertos consultados por los informadores, un exsacerdote terapeuta, el 50% de los curas no son célibes, esto es, mantienen relaciones sexuales con otras personas; y un 6% de ellos, según sus cálculos, podría tener relaciones con menores –y sus previsiones son desbordadas completamente por la realidad-.

spotlight

En cuanto al periodismo, actividad que me ocupa y preocupa desde hace tiempo, queda muy clara la importancia de nuestro trabajo cuando se hace bien. Entonces, los periodistas escuchan a todas las partes implicadas (víctimas, familias, abogados, sacerdotes) y contrastan todo lo que les dicen, para poder hacerse cargo de la realidad y poder transmitirla con toda la claridad y amenidad posible.

Lamentablemente, y no soy la primera ni la última que lo digo ni lo diré, este periodismo ha caído en desuso y sólo muy excepcionalmente encontramos verdaderos trabajos de investigación como los que refleja la cinta. De hecho, y esto me parece el gran momento sobre el que debemos reflexionar los profesionales de la información, es cuando el espectador descubre que el periódico había recibido muchas pistas en años anteriores, pero no había tenido tiempo de profundizar en ellas. El responsable del equipo Spotlight reconoce, con gran pesar por su parte, que él era el jefe de Local cuando saltaron algunos escándalos y no hizo nada por evitarlos. ¡Dios mío!, me pregunto, ¿cuántos asuntos importantes dejaremos de cubrir de manera adecuada por atender las urgencias, la última hora, las exclusivas sobre cuestiones absurdas o, cuando menos, irrelevantes para la mayoría?

No quiero extenderme, que ya no tenemos paciencia para artículos largos y el filme daría para mucho, pero apunto otra reflexión que me parece interesante sobre la función de los periodistas en la sociedad. Spotlight también me ha dejado claro algo que ya intuía: que no somos perros guardianes ni contrapoderes, aunque a veces consigamos que algunos se lo piensen dos veces antes de cometer un delito o una injusticia –que no es lo mismo, insisto, y en la película se ve claramente-. Somos profesionales que, al escuchar a todas las partes y comprobar lo que nos dicen conseguimos comunicar historias de verdadero interés para todos y todas. ¿O es que a alguien le gustaría que sus hijos crecieran en un lugar donde alguien podría abusar de ellos con facilidad? Pluralismo, veracidad e interés público, las esencias del oficio, nada más y nada menos.

A ver si esta película remueve tanto como Todos los hombres del presidente, sobre la investigación del escándalo Watergate, y supone un revulsivo para la profesión periodística española (por cierto, este 2016 se cumplen 40 años). Que hace falta. Que sería genial tener más público dispuesto a pagar por la información, pero por algún lado hay que empezar.  Periodistas y empresarios, me temo que a todos nos toca invertir tiempo y dinero. Y ciudadanos, a ver si apoyamos a los medios y periodistas que merecen confianza. Sólo así podremos conocer mejor el mundo que nos rodea, sólo así podremos vencer la injusticia. No quisiera vérmelas, como el responsable de Spotlight, exclamando para mis adentros: “¿Dónde estaba yo entonces? No lo sé…”.

Cómo enseñar ética en un mundo que no cree en ella

Esta semana tuve la oportunidad de dar (y recibir) una clase de ética. Un compañero no podía impartir la suya y me ofreció compartir con los estudiantes lo que sé sobre el tema. No podía decir que no. El asunto me apasiona y disfruto hablando sobre ello. Cada loco con su tema.

Los titulares de prensa, sin embargo, no me lo ponían nada fácil. A los ya conocidos escándalos de corrupción en las instituciones y partidos políticos de Valencia (PP) y Andalucía (PSOE), se sumaron algunos escándalos en el ámbito privado, como el supuesto fraude descubierto en las clínicas dentales Vitaldent. Y poco después sabríamos del presunto blanqueo de capitales cometido por el banco chino ICBC. Y luego vendría el aparente fraude de la carne. Y para qué seguir. Lo público y lo privado, todo es el reflejo de la misma sociedad.

corrupciónResulta muy complicado mostrar la importancia de comportarse éticamente en un mundo donde los valores que predominan son el lucro, el poder, la competitividad, la mentira, el egocentrismo y la indiferencia hacia lo que le pueda pasar a los demás, etc. No confundáis, por favor, la moral con la ética, les digo siempre a mis estudiantes. No os dejéis arrastrar por la moral que parece reinar en las redacciones, la moral de la supervivencia. Paraos un momento, pensad y preguntaros de vez en cuando: “¿Vivo o sobrevivo?”. Que la ética es la máxima expresión de nuestra libertad, nuestra capacidad para poner en cuestión lo aprendido y decidir desde lo que somos y hacia lo que queremos ser.

Algunos estudiantes me han reprochado que me mostré algo pesimista, y quienes me conocen saben que me esfuerzo continuamente por ver el lado positivo de la vida y contagiar esperanza entre quienes me rodean, pero puede ser. Puede ser que los titulares, que la realidad, me esté cambiando la mirada.

Todo cambia cuando te esfuerzas por hacer tu trabajo lo mejor posible y eso no es suficiente. Todo cambia cuando compruebas que, efectivamente, la economía se está llevando por delante a las personas. También en el periodismo, también en la universidad.

Afortunadamente, sigue habiendo gente buena, gente que se pone en el lugar de los demás e intenta encontrar la mejor solución para todos. Y eso es la deontología, queridos estudiantes, la capacidad para reflexionar juntos sobre lo que es mejor para los periodistas y el resto de la sociedad. Y, de nuevo, no confundáis la deontología con un mecanismo de autorregulación concreto como pueden ser los códigos deontológicos, un listado de deberes aparentemente fríos pero que esconden una gran sabiduría y generosidad por parte de las generaciones que os precedieron.

Que si os cuento cómo está la realidad no es para desanimaros, sino para deciros con más fuerza: aprovechad la carrera, aprovechad lo obligatorio y lo voluntario para aprender, aprovechad todo lo que esté en vuestra mano para salir al mundo más sabios, más fuertes, más coherentes. Que el viento sopla fuerte, pero, como decía no sé quién, podrás aprovecharlo a tu favor si sabes hacia dónde vas. Y que, cuando llegues, no llegues solo. Que la ética, desde Aristóteles, es una herramienta para la felicidad, y que no sabemos ser felices sin relaciones de calidad con los demás.

Gracias por los comentarios, gracias por ese post en tu blog (¡conseguí que alguien se parara a pensar!), gracias por permitirme compartir lo que sé y seguir aprendiendo con vosotros. ¡Hasta siempre!

Imagen tomada de aquí.

Integrados y desintegrados por las (nuevas) tecnologías

Recientemente he visto dos anuncios que me han dado mucho que pensar sobre el uso que hacemos de las tecnologías. Los voy a incluir a continuación sin comentar nada, para que puedas formarte tu propia opinión. Después, si quieres, puedes leer la mía.

El anuncio del autobús

El anuncio de la cama

¿Qué te han parecido?

¿Compartirías conmigo y mis lectores tu opinión?

Lo que yo veo (que no es lo mismo que lo que quieren transmitir los publicistas):

Lo más evidente, que ambos anuncios ofrecen una visión positiva de la tecnología. ¡Qué coherentes que son estos anunciantes!, ¿eh?

Para ello, nos muestran personas que comparten su tiempo con otras personas a través de sus dispositivos móviles. ¡Qué fantástica que es la tecnología que une a las personas! All you need is love…

¿Que la primera chica se impacienta y prefiere saber de su amigo (virtual) que estar con ella misma? ¡Pues déjala!

¿Que la segunda prefiere contar el notición a su pareja a través del móvil? ¡Pues no te reprimas!

Ahora, en serio. No tengo fobia a las tecnologías ni aversión a los móviles, pero estos anuncios me han hecho pensar que tal vez estamos perdiendo cosas esenciales al utilizar dichas herramientas tan a la ligera. Es importante encontrar tiempo para uno mismo, VITAL diría yo, en esta sociedad tan veloz y saturada de información. Es importante saber, TRASCENDENTAL, que hay acontecimientos que pierden intensidad y valor si se comunican a través de una pantalla.

Espero no ser apocalíptica, pero temo que quienes han integrado mejor las tecnologías acaben desintegrados (Umberto Eco in memoriam). Y una persona desintegrada (cuyas partes no se hallan integradas armónicamente) es una persona infeliz. Reflexiona de nuevo. No confundas la vida con la tecnología.

“Una sociedad sin humanidad(es)”

Escribí esta columna antes de los atentados terroristas en Francia. Sigue teniendo sentido, o tal vez más después de lo ocurrido. Personas que matan a otras personas por unas ideas, unas creencias, ¿unas supersticiones? Personas que sólo despiertan a la realidad del mundo cuando escuchan las bombas en la puerta de su casa. No juzgo, no justifico, sólo intento comprender.

Por eso sigo sin entender que el Gobierno del Partido Popular haya querido prescindir de la Ética y la Filosofía, de las Humanidades al fin y al cabo. Es cierto que la comprensión, la empatía, la compasión y la solidaridad se aprenden sobre todo en casa. Pero la sociedad en su conjunto, y el Estado como su representante, deben velar también por que los más jóvenes sepan de la existencia de estos valores y los experimenten a medida que se socializan.

Puede que los filósofos y los profesores de Ética no lo hayamos ni lo estemos haciendo bien. Aquí entono el mea culpa por la parte que me corresponde. Pero la solución no consiste en suprimir o reducir las asignaturas humanísticas, sino en invertir más recursos, más tiempo, más dinero, en cómo conseguir personas, instituciones y entidades que no permanezcan indiferentes ante el dolor ajeno, se produzca éste donde se produzca. Que todos estamos hechos de la misma pasta.

O eso, o nos metemos en una espiral de violencia dolorosa, desgastante y sin sentido.  O eso, o viviremos condenados a la inseguridad, la soledad y el miedo.

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Ayer cogí el metro y me di cuenta de lo terrible que puede llegar a ser un “inocente” aviso.

eva jimenez

“Si te encuentras mal, pide ayuda utilizando los interfonos de la estación”… ¿Ya damos por supuesto que no nos ayudarán las personas que estén a nuestro lado?

Luego cogí el tren y escuché el siguiente mensaje de voz, más o menos: “Cal cedir l’espai reservat a les persones que ho necessitin” (Hay que ceder el espacio reservado a las personas que lo necesiten)… ¿Es que ya no lo hacemos y por eso tienen que recordárnoslo?

¿Hasta dónde llegaremos?, me pregunto, mientras un escalofrío me recorre el cuerpo.