¿Dónde están los referentes del periodismo? Una invitación a la solidaridad profesional

Estos días he preguntado en Facebook quién o quiénes consideras un referente del periodismo en España, profesionales que influyen en la opinión pública para bien o para mal. Han aparecido nombres como Iñaki Gabilondo, Luis del Olmo, José María García, Julia Otero, Jordi Évole, Ana Pastor, Susana Griso, Teresa Viejo, Pedro J. Ramírez, Arcadi Espada, Francisco Marhuenda, Arturo Pérez Reverte o Risto Mejide. A mí me gustaría añadir a Félix Madero, Lorenzo Milá y Manuel Campo Vidal; y, en Cataluña, a Josep Cuní, Mònica Terribas y Antoni Bassas, por nombrar algunos nombres que me vienen más rápidamente a la cabeza.

He hecho esta pregunta porque, al hilo de mi investigación de doctorado, me ha venido a la cabeza la siguiente idea. Muchos académicos y periodistas reconocen que el periodismo atraviesa una profunda crisis. Las causas son variadas y complejas, pero sobresalen cuatro: la irrupcgabilondoión de la tecnología digital (que requiere una inversión económica), la llegada de la crisis económica (que se traduce en menor consumo y menores ingresos publicitarios), la  existencia de una generación de empresarios que ya no cree en la función social del periodismo y cuyo objetivo es maximizar beneficios (por lo que despide a los veteranos y no invierte en formación ni investigación) y la difusión de la cultura del gratis total (que lleva a los ciudadanos a no querer pagar por recibir información).

Cuando afirman que el periodismo se halla en crisis, no están pensando únicamente en los puestos de trabajo que se han perdido y ejordi evolen la precariedad en la que trabajan quienes los conservan –como ocurre en la mayoría de las profesiones-, sino muy especialmente en la función social del periodismo, principalmente su labor de búsqueda y comunicación de la verdad (sí, de lo que otros no quieren que sepamos la mayoría porque sólo buscan su propio beneficio).

Si afirmar que el periodismo están en crisis equivale a decir que peligra lo que nos mantiene unidos, la siguiente pregunta que (me) surge inmediatamente es: ¿y qué podemos hacer? Aquí las opiniones se hallan divididas, pues algunos piensan que lo mejor es obligar por ley a respetar el derecholorenzo mila a la información (veraz) que contempla la Constitución; y otros consideran que ‘la mejor ley de prensa es la que no existe’ y que lo importante es la ética y autorregulación profesional. La cuestión es tan polémica que ningún gobierno se atreverá a regular sobre dicha cuestión, aparte de que la ley se quedará en ‘papel mojado’ si los profesionales de la información no están convencidos de la importancia de su misión (editores y periodistas). Ya conoces el dicho popular que afirma ‘hecha la ley, hecha la trampa’.

Si lo más realista consiste en empezar por trabajar por la autorregulación, entonces, continúo, ¿qué podemos hacer en este campo? En España tenemos códigos deontológicos, estatutos devidal redacción, libros de estilo, defensores de la audiencia y el lector como para parar un tren… Y no digo que no sirvan para nada, ni mucho menos, pero tengo la impresión de que también se han convertido en más ‘papel mojado’. Básicamente, porque no existe una plataforma que agrupe a todas las organizaciones profesionales (ni de periodistas ni de editores + periodistas) que tenga la autoridad suficiente como para persuadir a los profesionales de la importancia de unirnos para defender un periodismo de calidad.

Y aquí es adonde quiero llegar. ¿Quién tiene autoridad hoy en periodismo? ¿Quién podría liderar un proceso de reactivación de la profesión? Sin lugar a dmaderoudas, los directivos o exdirectivos de prestigio. Ellos son la bisagra entre los editores y los periodistas, ellos cuentan con el respeto de la ciudadanía y –espero- de sus compañeros. Sí, no son perfectos –ninguno lo somos-, pero, como decía cierto periodista, ‘con estos bueyes tenemos que arar’. O eso, o seguimos petrificados sobreviviendo en una profesión que ya no se puede enderezar a base de voluntarismo individual, sino con una decidida organización colectiva.

Por eso lanzo esta invitación a la solidaridad profesional a aquellos que han mencionado mis seguidores de Facebook. Sé que os falta tiempo –a todos nos falta-, sé que hacéis mucho intentando hacer el mejor periodismo que podéis –que no es ‘moco de pavo’-, sé que recibís muchas presiones como para encima aguantar las críticas de los compañeros –que seguro que las habjosep cunirá, pues los periodistas somos críticos hasta decir basta-, sé que es lo que menos os apetece en este momento… Pero si amáis el periodismo, si lo amáis más que la fama que os otorga y el dinero que os entrega, entonces… Entonces creo que ha llegado el momento de dar un paso al frente y liderar el cambio. O eso, o, como enseña la historia, primero caeremos los de abajo (que ya llevamos años cayendo) y, a continuación, caerán los de arriba.

Y tú, lector, si todavía conservas algo de fe en el periodismo y en su capacidad para iluminar la conciencia ciudadana, difunde por favor esta invitación para que se oiga nuestra llamada. Muchas gracias.