¿El fin de la experiencia moral? Sobre el poder, el tiempo y los medios

Los expertos en titulares querrán colgarme por incluir la palabra “moral” en el título. Lo entiendo, porque la palabreja tiene muy ‘mala prensa’, pero correré el riesgo. Porque creo que la moralidad es la base de todo, el cimiento de un castillo de naipes sobre el que se asientan la Ética, la Deontología, la autorregulación, la corregulación, el Derecho y lo que venga. Si se cae la moral, siguiendo con la imagen, se cae todo.castillo-de-naipes-cayendo1

¿Y qué es lo moral, que me parece tan importante a pesar de su mala imagen? Una primera cosa que me gustaría dejar clara es que no no me estoy refiriendo fundamentalmente a una palabra, ni siquiera a una idea: estoy hablando de una experiencia. Una experiencia que todos hemos vivido alguna vez, o eso espero.

Hagamos memoria. Seguramente has olvidado muchas cosas, pero también es probable que recuerdes otras con gran claridad. Probablemente recuerdas a alguien, tal vez un compañero de clase, un vecino del barrio, un amigo o un pariente que te “jugó una mala pasada”, que te humilló, que te ridiculizó, que te rebajó a un nivel que tú sabías que no merecías.  O al revés. Tal vez no puedas olvidar algo que le dijiste o hiciste a alguien que tampoco lo merecía. Puede que nadie te viera e incluso que nadie te castigara, pero dentro de ti sabías que no te habías comportado bien, que no habías estado a la altura de lo que tú y los que te apreciaban esperaban de ti. ¿Ya lo recuerdas? Pues eso, esa experiencia, es de naturaleza moral. No religiosa ni estética ni intelectual ni sexual, sino moral.

Aclarado esto, me pregunto: ¿estamos perdiendo sensibilidad moral? Es decir, ¿hemos perdido capacidad para detectar cuándo estamos rebajando a otros o rebajándonos a nosotros mismos en nuestra dignidad? No lo tengo claro, pero sí que he observado algunos indicios que me dan qué pensar.

Por ejemplo, el poder. Y me explico. Veo a políticos y banqueros corruptos y me pregunto: ¿en qué momento se distanciaron de la gente que les rodeaba y a la que teóricamente servían para utilizarlos como simples medios para alcanzar sus objetivos?

El tiempo es otro factor que me preocupa, porque me doy cuenta de que, si no tenemos tiempo para cultivar las relaciones, resulta muy complicado observar cómo se encuentra –de verdad- la otra persona y poder ayudarla como necesita. Y viceversa.

Y los medios de comunicación también me inquietan, en la medida en que median, valga la redundancia, entre las personas, y por tanto, resulta muy complicado un cara a cara sincero y muy fácil ocultarse bajo una foto radiante de felicidad o un emoticono.

Todas estas ideas me han venido a la cabeza porque últimamente he leído sobre Emmanuel Lévinas (1906-1995), un filósofo nacido en Lituania pero nacionalizado en Francia que consideraba la proximidad como algo fundamental para que se produzca la experiencia moral. De hecho, concede una importancia esencial al Rostro del Otro, a esa mirada que nos interpela absolutamente sin necesidad de abrir la boca. Si el poder, el tiempo y los medios no nos dejan mirarnos –mirarnos de verdad-, ¿significa entonces que estamos ante el fin de la experiencia moral?

Imagen tomada de aquí.