Josep Cuní apuesta por volver a las “bases” del periodismo: verdad y servicio público

Hacen falta referentes, el periodismo es más necesario que nunca. Así comenzaba Roger Loppacher, presidente del Consell de l’Audiovisual de Catalunya (CAC), la presentación del periodista Josep Cuní (Tiana, Barcelona, 1953), quien ha disertado sobre “Periodismo y sociedad” en el marco de la sexta sesión del Fòrum de la Comunicació de Catalunya organizado por el CAC. Estoy de acuerdo y por eso he asistido a la conferencia de esta mañana en el auditorio del Banc Sabadell, porque creo que el periodismo es más necesario que nunca y porque creo que Josep Cuní es una referencia como profesional de la información. Y por eso os ofrezco una síntesis comentada del acto, porque todos necesitamos voces competentes y dignas de confianza.

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Cuní ha explicado cómo ve la situación del periodismo “a día de hoy”, es decir, siendo muy consciente de que su diagnóstico no es el mismo de ayer ni probablemente el de mañana, dada la velocidad a la que nos movemos. De hecho, ha dedicado gran parte de su charla a reflexionar sobre la influencia de las redes sociales en el periodismo. Y dicho influjo le resulta ambivalente. Es decir, por un lado las redes aportan “elementos imprescindibles”, como poder acceder a las grabaciones ciudadanas del supuesto abuso de los Mossos d’Esquadra (policía catalana) hacia un empresario en el barrio de El Raval o haber puesto en contacto a españoles con familiares afectados por el tifón en Filipinas. Sin embargo, también confunden y distorsionan el papel de los medios de comunicación. Porque el periodista catalán no tiene claro que las redes sociales puedan ser consideradas, “a día de hoy”, como auténticos medios de comunicación. Más bien, entiende que son vehículos o canales de “impactos emocionales donde primero se habla y después se piensa”. Por no hablar de los abusos del anonimato, que también ha mencionado.

Por eso es tan necesario el periodismo, porque pone claridad en medio de la confusión y actúa como fiscalizador del poder. Ahora bien, esto no significa que se esté ejerciendo adecuadamente. Es más, el director del programa 8aldia ha recalcado la necesidad de realizar una “autocrítica profunda”, que no se ha hecho cuando se vivía en la opulencia y que no se está haciendo ahora porque la crisis está contribuyendo a que lo económico prevalezca sobre los principios profesionales.

Y con los principios hemos topado. Porque la solución para mejorar el periodismo, señoras y señores, radica en “volver a las bases”, lo que para Cuní significa básicamente ser fiel a dos obligaciones: la verdad y el servicio a la sociedad. En el primer caso, se trata de seguir los “métodos” o “convenciones” tradicionales de contraste, verificación, filtración, etc. En el segundo, de no olvidar que los periodistas se deben en primer lugar a la sociedad, trabajen en medios públicos o privados.

Josep Cuní es consciente de que resulta muy complicado encontrar y comunicar la verdad en unos tiempos donde la propaganda ya no consiste en repetir una mentira hasta que todo el mundo crea que es verdad, sino que ahora, al contener ingredientes de verdad, “cada vez es más difícil destilar el periodismo de la propaganda”. Otro problema importante, a juicio del profesional, tiene que ver con el fenómeno del sensacionalismo, donde se busca la imagen impactante, el contenido morboso, las declaraciones polémicas… Tampoco se ha olvidado de la presión de los anunciantes, quienes, a su juicio, difuminan el interés social en favor del factor económico.

Las dificultades son numerosas y “los periodistas nos hemos acomodado”, pero todos, cada uno desde su posición, ha de intentar ser fiel a esos principios, so pena de ver cómo desaparecen los medios, como ha ocurrido con el cierre de Canal 9 en Valencia, situación que le ha llevado al periodista catalán a lanzar el siguiente comentario, más o menos como sigue: “Todos tenemos unas hipotecas y las queremos pagar, pero ¿estas limitaciones personales nos pesan tanto como para que seamos cómplices de faltar a la esencia del periodismo?”.

Foto: Eva Jiménez

Periodistas, a la calle

Dicen que no valoramos algo hasta que lo perdemos. En una sociedad tan mediática o mediada como la nuestra, resulta difícil imaginarse una vida sin medios de comPeriodismoCiudadanounicación. Sin embargo, algunas provincias españolas empiezan a tenerlo más fácil. En Cuenca, la encantadora región en la que tuve la oportunidad de trabajar como periodista, han cerrado  hace pocos días el periódico El Día de Castilla-La Mancha y el canal de televisión CNC, con lo que los conquenses se han quedado sin ningún medio impreso local. Antes habían cerrado otros medios escritos como La Tribuna de Cuenca, Global Castilla-La Mancha o Crónicas y audiovisuales como CRN, 8 Televisión o Popular TV. La Asociación de la Prensa de Cuenca estima que en los últimos tiempos se han podido perder unos cien puestos de trabajo en la provincia.

 Sin medios de comunicación, ¿qué nos queda?

Lo lamento muchísimo por todos mis compañeros y colegas que se han quedado en la calle, cómo no, pero me preocupa mucho más la situación en la que se quedan los conquenses, periodistas incluidos. Alguien me dirá que no hay que ponerse dramáticos, pues quedan algunas delegaciones de los medios nacionales y los medios digitales locales. Sin embargo, tengo algunas dudas al respecto. Un medio nacional sólo cubrirá los asuntos más graves –en el doble sentido de importantes y sensacionales-, con lo que se diluirá el día a día, lo cotidiano, lo habitual, lo que nos toca de cerca. Y, como deja entrever el presidente de Coca-Cola en España y Portugal, Cuenca no es una de las ciudades más avanzadas en el uso de las tecnologías, con lo que mucha gente no tendrá acceso a lo que se publique en los medios digitales.

¡Nos quedan los carteles, los panfletos y las redes! Es verdad y menos mal. No obstante, no puedo dejar de pensar que internet se parece demasiado a un enorme y sofisticado tablón de anuncios, donde muchos cuelgan lo que les interesa a ellos y muy pocos lo que conviene a la mayoría. ¿Quiénes escucharán, sopesarán, contrastarán, sintetizarán y comunicarán de forma inteligible y atractiva lo que nos interesa a todos para convivir en paz? Sí, estoy hablando de los periodistas. Y sí, soy consciente de que nuestra credibilidad está por los suelos. Según el último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas, los periodistas son los profesionales peor valorados por los españoles, junto con los jueces.

Recuperar la confianza

Si queremos recuperar la confianza de la ciudadanía, primero hemos de recuperar la confianza en el valor de nuestro trabajo. ¿O quién puede dar aquello de lo que carece? Por eso me ha encantado la idea de la Fundació del Consell de la Informació de Catalunya, que este jueves organizó la jornada “Los periodistas no callan. Nueva voces y ética”. lalamentablePorque, así como casi cada día nos enteramos del cierre de algún medio, también están naciendo otros muchos nuevos, con la ventaja de que estos están promovidos por periodistas que creen en el valor de la información, de la buena información, para liberarnos (a todos) de quienes intentan que sólo conozcamos su versión de los hechos. Como comentó Josep Carles Rius, el representante de eldiario.es, un diario digital sostenible a los seis meses de su nacimiento, “los proyectos periodísticos nacidos de la iniciativa de los periodistas surgen con la vocación de recuperar el compromiso ético de servicio público”.

La confianza no se pierde ni se gana en un día ni en dos ni en cientos. Por eso es tan valiosa y por eso hay que regarla cada día, como una delicada planta. Los que trabajamos en los medios tal vez fuimos perdiendo la confianza de nuestros conciudadanos al acercarnos a los despachos del poder y alejarnos de la calle. Pero la realidad es tozuda, me temo, y mira por dónde hemos acabado precisamente ahí, en la calle. Ojalá que aprendamos la lección y recordemos que nuestro trabajo, como cualquier profesión que se precie, sólo tiene sentido si cumple lo que promete: informar con veracidad y opinar con honestidad para el bien de la toda la sociedad, no solamente de unos pocos. Mis queridos periodistas, volvamos a la calle de la que tal vez nunca debimos salir y puede que algún día alguien esté dispuesto a pagar por un servicio que le dé confianza y calidad.

La primera imagen es de aquí.

La segunda, del Consell de la Informació.

Actualización / Documentación

Más información de la jornada del CIC en Twitter con #jornadacic

Reportaje de El País (26/06/2012):  ¿Y si cierran todos los periódicos de la ciudad?

¿Encuestas, yo? No, gracias

Últimamente me pregunto por qué cuesta tanto responder a una encuesta. Será la falta de tiempo, será que no interesa el tema, será que uno quiere mantener una buena imagen de sí mismo, será la desconfianza en la validez de los resultados alcanzados y su posterior uso…Imagen

Pienso en el tiempo. Todos vivimos en una sociedad competitiva y, tal vez por ello, acelerada, así que, por mucho trabajo que saquemos adelante, siempre podemos avanzar más o conseguir más calidad. El tiempo libre es escaso, sobre todo si se tienen hijos pequeños u otras personas a su cargo, con lo que la idea de dedicar unas horas de asueto a responder las preguntas de un desconocido puede resultar insoportable.

Tal vez no interesa el tema. No sé por qué, tiendo a pensar que las personas que se dedican a una determinada actividad están interesadas en lo que hacen, en su aprovechamiento y mejora, y no tiene por qué. Ahora bien, uno puede estar interesado en el tema, pero no considera la encuesta como un diálogo enriquecedor, sino como un estorbo distorsionante. Podría ser.

¿Y mantener una buena imagen de sí mismo? Abrirse al otro siempre conlleva el riesgo de tener que escuchar alguna pregunta incómoda a la que tememos responder: porque revela nuestra ignorancia, nuestro egoísmo, nuestra mediocridad, nuestra inseguridad… A saber los motivos de cada uno. El caso es que el juicio de los demás, por mucho que nos jactemos de indiferentes, siempre nos genera un respeto.

Finalmente, se me ocurre que alguien podría no querer responder a la encuesta por desconfiar de esta metodología –al final uno interpreta los datos como le da la gana- o del investigador –a saber qué pública de mí, o sea, otra vez la imagen de uno mismo-.

La verdad es que comprendo todas las objeciones, PERO… Pero tengo la impresión de que la raíz de todo es que pensamos mucho en ‘mí’ (mi tiempo, mi interés, mi imagen, mi confianza…) y poco en ‘nosotros’ (lo que la encuesta aporta a todos, no al investigador o al que financie la investigación). Para mí, una encuesta es una OPORTUNIDAD para que alguien analice un problema y extraiga unas conclusiones VÁLIDAS, esto es, que puedan apuntar a tendencias generales y no a meras opiniones sobre la cuestión. Esto es muy importante, para después poder fundamentar cualquier actuación sobre el área de interés.

Obviamente, me refiero a investigaciones de un cierto interés social, no tanto a aquellos sondeos de opinión que realiza un anunciante para vender mejor su producto o servicio o un partido político para persuadirnos de cara a la próxima campaña. Si una encuesta tiene una finalidad común, esto es, intenta conocer mejor una situación o problema que afecta al grupo de personas potencialmente encuestables, entonces creo que responder no es sólo un derecho, sino también un deber. El deber de participar en un asunto en el que yo soy parte afectada. Por tanto, tengo algo relevante que aportar a alguien que, simplemente, quiere escucharme. Por cierto, soy toda oídos.

Imagen tomada de aquí.

El periodista, en ángulo muerto

El periodista viaja en automóvil. Mira hacia delante, mira hacia atrás, mira hacia arriba, mira hacia abajo… Pero se le escapa el ángulo muerto, colisiona y pierde la vida. Ésta podría una buena forma de describir la situación de muchos periodistas actuales. Relatan los acontecimientos presentes y se anticipan a los venideros, se documentan sobre el pasado, miran hacia sus jefes y hacia los más poderosos, miran hacia los que están más abajo y desvalidos… Pero se les escapa su propia situación, chocan con la realidad y acaban frustrados y sin vida.

Estudios recientes revelan que lo que más preocupa a los periodistas españoles es el paro, la precaridad y los bajos sueldos, esto es, las condiciones laborales en las que desempeñan su trabajo. No resulta extraño, en los tiempos que corren. Esto significa, básicamente, que muchos profesionales aguantan lo que sea con tal de llevar un sueldo a su casa, y yo lo comprendo.

Pero no lo puedo justificar. Porque si todo el mundo hacemos lo mismo, yo haré un trabajo de investigación mediocre, el médico atenderá superficialmente a sus enfermos, el arquitecto invertirá menos tiempo en calcular las estructuras de las construcciones, el operario de la fábrica no comprobará los estándares de calidad y… No quiero pensar en las consecuencias, aunque no puedo evitarlo cada vez que escucho que la investigación española no es competitiva, que ha muerto otra persona por una negligencia médica, que se ha caído un puente o que se ha estrellado otro avión.

Algunos periodistas me dirán que no pueden hacer nada, que han de acatar lo que se les dice y que, si comienzan a cuestionar los enfoques de sus superiores y a dar problemas, vendrá un recién licenciado que les sustituirá en un abrir y cerrar de ojos. Vale, les diría yo, ¿pero ya conoces tu situación? ¿Cuáles son tus posibilidades? ¿Qué están haciendo otros compañeros para afrontar los problemas? ¿Les apoyas de alguna forma? ¿YA TE ESTÁS MOVIENDO? Es que es muy bonito quejarse y seguir haciendo lo mismo de siempre, como si las cosas fueran a cambiar por arte de magia: “Abracadabra, mi jefe me explota y no puedo hacer nada”.

Voy a plantear algunas preguntas y, si alguno quiere engañarse durante más tiempo, allá él.

1. ¿Sabes si en tu medio de comunicación existe algún mecanismo de autorregulación? Por ejemplo: libro de estilo, código deontológico, defensor del público, estatuto de redacción, consejo/comité de redacción… ¿Y sabes qué dicen sobre tus derechos y deberes?

2. ¿Sabes si existe comité de empresa? ¿Sabes quiénes te representan ante la empresa desde el punto de vista laboral? ¿Te has acercado a ellos, has preguntado por la situación del medio, te has ofrecido a colaborar en algo?

3. ¿Sabes que existe un código deontológico de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España y otro del Colegio de Periodistas de Cataluña desde principios de los años 90, y que existe una Comisión de Quejas y Deontología, y un Consejo de la Información, respectivamente, que velan por el cumplimiento de los principios éticos y ante los cuales puedes solicitar ayuda?

4. ¿Sabes que existe una ley de 1997 sobre la cláusula de conciencia que te protege en caso de que te obliguen a vulnerar el derecho a la información veraz de la ciudadanía?

5. ¿Sabes que tanto la FAPE como el Foro de Organizaciones de Periodistas han elaborado dos propuestas para regular la profesión periodística? ¿Y que llevan en ello desde principios del año 2000, ante la indiferencia, no de los editores, sino de los propios periodistas?

6. ¿Sabes que el año que viene se va a celebrar el I Congreso Internacional de Ética de la Comunicación y que desde 2002 se celebra un Congreso Internacional de Ética y Derecho de la Información?

 7. ¿QUÉ SABES DE TU SITUACIÓN?

“Sólo sé que no sé nada”, sería un buen comienzo. Si tú deber es estar informado de lo que sucede, deberías empezar por tu propia casa. Acércate a las organizaciones profesionales, lee revistas especializadas, acude a alguna charla, recíclate… ¿Hace cuánto que no pisas la Universidad?

“Sólo sé que no hago nada”, sería un segundo paso. Sabes cómo estás, sabes las posibilidades que existen, deberías sería ser coherente y actuar para cambiar aquello que no te gusta, que no te satisface, que te tiene frustrado y desencantado. Si solo no puedes, busca otros compañeros que estén en una situación semejante a la tuya.

Porque si todos los profesionales nos escudamos en la precariedad laboral, todos perdemos.

Porque si no satisfacemos el derecho a la información de la ciudadanía, no tenemos sentido y desaparecemos.

Y ahora, sigue quejándote, que igual consigues que te escuchen las paredes y cambie algo. 

 Imagen tomada de aquí.

“El periodismo me ha dejado”

Periodista de raza, siempre creyó que el periodismo ofrecía un bien esencial para la salud de un régimen democrático: la información que forma ciudadanos más conscientes, más críticos, más libres.

Luchó, lo mejor que pudo, contra los obstáculos que se le presentaron. Alguna vez le oí decir, muy bajito, casi con vergüenza, que se había ido o le habían echado –tanto monta, monta tanto- de algún medio de comunicación por defender una verdad que beneficiaba a los ciudadanos, pero perjudicaba los intereses de algún empresario.

Hace poco me enteré de que su periódico cierra, el periódico al que le ha dedicado más tiempo que a su propia familia. El otro día hablamos y está destrozado. ¿Para qué tantas horas, tantos disgustos, tanto trabajo?

– Pero yo te conozco. Yo sé que, cuando te ofrezcan algo que te motive, volverás a ilusionarte casi casi como la primera vez.

– ¿Para qué, para seguir con los mismos planteamientos? ¿Para no tener en cuenta que el periodismo es un servicio público?, ¿para hacer de altavoz de algún poderoso? Estoy cansado. 

– Por favor, no abandones, hace falta gente como tú. No dejes el periodismo.

– Yo no dejo el periodismo. Es él el que me ha dejado.