El lado oscuro de la moral. Mi visión de “Lógica de la crueldad”

Recientemente he leído el libro del filósofo Joan-Carles Mèlich titulado “Lógica de la crueldad” (Herder, 2014). En este libro se expone una visión fundamentalmente negativa de la moral, algo que me ha sorprendido e interesado a partes iguales. Los que me conocéis sabéis que mi visión de la moral es básicamente positiva, así que me ha encantado escuchar una voz que opina lo contrario y lo explica con tanta claridad. melich

¿Por qué la moral tiene un lado oscuro? Si no entiendo mal al autor, porque la moral utiliza unas categorías que sirven para distinguir y, por tanto, para tratar con crueldad a quien no entra dentro de la categoría, y hacerlo además sin ningún tipo de remordimiento. El ejemplo más claro, que el autor cita en reiteradas ocasiones, es el nazismo. El que era catalogado como “judío” podía ser exterminado, ya que ser “judío” significaba quedar excluido de la categoría de “persona” o “ser humano”. De hecho, uno de los motivos por los que el autor critica las apelaciones a los “derechos humanos” o a la “dignidad de la persona” es porque cada moral aplica dichos conceptos de forma distinta y, por tanto, ejerce su crueldad –no necesariamente en forma de violencia- contra quienes no encajan dentro de dicha etiqueta.

A mí la advertencia me parece sumamente importante: ojo con la moral, que con su categorización nos juzga, nos da las respuestas a todas las preguntas y, si te descuidas, hasta decide en tu nombre. ¡No se lo permitas!, ¡rebélate ante quienes eligen por ti en nombre de vete a saber qué valores o autoridad!, parece que nos grita el profesor de Filosofía de la Educación desde el fondo de su ensayo. A mí me ha recordado bastante al lamento de Ortega y Gasset, quien ya en 1930 se quejaba de que se había abusado tanto de la moral que nos habíamos quedado con la impresión, falsa, de que es algo que nos imponen desde fuera, cuando en realidad consiste –según Ortega y yo misma- en una orientación para que nosotros decidamos mejor quiénes queremos ser realmente.

Es decir, y aquí va una impresión que he tenido a lo largo de la lectura, creo que el autor ha podido detectar el abuso moral que denunciaba Ortega, pero que no se ha fijado suficientemente en el momento actual. Y me explico. A lMelich_Logica-crueldado largo del texto, se perciben ciertas precauciones, no sé si dudas, sobre el tipo de moral que se está criticando. A veces, se afirma con rotundidad que toda lógica moral es cruel; en otras, que dicha crueldad es únicamente propia de la moral occidental, metafísica, moderna o religiosa. Estos matices me llevan a pensar que el autor está criticando las morales que Ortega denominaba tradicionales y que, por tanto, su advertencia puede no tener mucho sentido hoy en día.

Actualmente se habla de ética o moral posmoderna –luego explico un poco la diferencia entre ética y moral- precisamente porque no hay nadie, persona o institución, con suficiente autoridad como para imponer/sugerir unas normas, unos valores, a la mayoría de la población. No lo valoro, solamente lo describo. Así, las morales posmodernas parece que han renunciado a la antigua pretensión de decir qué está bien y qué está mal. De hecho, creo que el propio autor reconoce esta realidad implícitamente al recoger la siguiente cita de Bauman y Tester: “Ser moral consiste en saber que las cosas pueden ser buenas o malas. Pero no significa saber, y mucho menos saber con certeza, qué cosas son buenas y qué cosas son malas” (p. 186). En nota a pie de página el autor aclara que él entiende por ética lo que estos autores conciben como moral. Y supongo que ahí está uno de los meollos del asunto.

Para Joan-Carles Mèlich, la moral es un conjunto de valores, principios, normas, protocolos, etc. que nos dicen lo que hemos de hacer en función de determinadas categorías, mientras que la ética es la respuesta personal, única e irrepetible que realizamos ante una situación también única e irrepetible. Por eso critica el auge de los códigos deontológicos y los, a su juicio, mal llamados comités de ‘ética’, y el declive de las respuestas personalizadas, transgresoras de la moral. Yo, en cambio, creo (¡a día de hoy!) que la moral son esos valores, principios, normas, protocolos y códigos que nos ofrecen pistas de actuación, pero también considero moral la respuesta que nos surge ante una situación concreta, ante una persona concreta que sufre y que no puede ser reducida a una mera categoría. Y concibo la ética (insisto, a día de hoy) como la reflexión pausada que llevamos a cabo tanto a nivel individual (¿por qué hago lo que hago?, ¿por qué esto me parece mejor que esto otro?) como institucional. Por eso creo que los comités de ética no imponen, sino que ofrecen criterios y argumentos. De hecho, me cuesta creer que hoy en día haya alguien que acepte que se le impongan normas (hablo en líneas generales, de la sensibilidad del hombre posmoderno). El ‘problema’, a mi juicio, es más bien el contrario: ¿cómo podemos convivir en paz si cada uno se limita a vivir su moral particular sin plantearse una reflexión ética, sin cuestionarse cómo vive o debería vivir? Tal vez estemos hablando de lo mismo, pero con distintas palabras, no sé.

En todo caso, creo que queda claro que el libro constituye toda una invitación a la reflexión y es por ello que os recomiendo vivamente su lectura. De hecho, yo espero leer los dos libros que le preceden: “Filosofía de la finitud” y “Ética de la compasión”. Y ya se está gestando el cuarto de la tetralogía, sobre el perdón. Espero que los sigamos comentando.

Fotografía tomada de aquí.

Actualización

En este enlace podréis leer la entrevista que le hice al filósofo cuyo libro he comentado en este ‘post’.