“El Gordo y el Malo”

El número de enero de El Llobregat ha salido un poco tarde y la columna ha quedado algo obsoleta, pues ya sabemos que Artur Mas ha convocado elecciones autonómicas para el 27 de septiembre de este año.

Sin embargo, la idea principal sigue siendo válida: echar el voto no es cuestión de suerte. Por favor, no confundamos la democracia con la lotería.

Como siempre, te animo a leer el artículo completo y compartir tu opinión conmigo desde la libertad y el respeto.

“El test del verano”

¿Qué te viene a la cabeza cuando hablo del test del verano: el cuidado del cuerpo, de tu salud psíquica o, como es el caso, de tu dimensión ciudadana?

¿Te has planteado alguna vez si estás dando lo mejor de ti a nivel público o social?

¿O seguirás criticando a la clase política sin asumir que tú también tienes (cada vez más) tu parte de responsabilidad?

Pues de eso trata mi última columna en El Llobregat, con la que aprovecho para desearte  un muy feliz verano. ¡Que lo aproveches!

15-M y 22-M, dos oportunidades para escuchar

En la vida -privada o pública- hay momentos en los que estamos preparados para escuchar y momentos en los que no. Cuando escuchamos, aprendemos y avanzamos en nuestro desarrollo; cuando no lo hacemos, nos estancamos y compramos todos los números para volver a caer en la misma piedra.

El movimiento social del 15-M en defensa de una democracia real y las elecciones municipales y autonómicas del 22-M son, a mi juicio, dos excelentes oportunidades para escuchar, para aprender y para avanzar en nuestro desarrollo.

Las acampañadas realizadas en numerosas capitales de provincia españolas han puesto de manifiesto que en la sociedad española no sólo hay descontento con el sistema actual, sino indignación. Por cierto, bonita palabra esta de ‘indignación’, que incluye la idea de dignidad. Nos rebelamos contra algo que ataca nuestra dignidad como seres humanos.

Para mí, la gran lección de esta plataforma ciudadana es que es hora de que el poder vuelva a quien le pertenece realmente, es decir, a los ciudadanos. Ni los que poseen dinero ni quienes aseguran representarnos pueden olvidar el derecho -la dignidad- de las personas a ser las dueñas de sus actos, a ser libres y responsables con todas las consecuencias.

Las elecciones del 22-M también han puesto de manifiesto un descontento-desencanto profundo con la actuación del Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Decepción que los dirigentes del partido no quieren afrontar, mientras nos distraen con quién será el candidato a las primarias, quién no, por qué, cómo…

Si el partido no reacciona, cosa que me temo, quedará sin respuesta la gran pregunta que, a mi juicio, ha quedado sobre la mesa: ¿Es posible un socialismo real en un entorno neo-liberal? Si es posible, ¿cómo? Si no lo es, ¿a qué ha de renunciarse para ser coherentes con los valores que dice proclamar -justicia, igualidad, solidaridad-?

En el caso de Hospitalet de Llobregat, ciudad en la que resido, las elecciones municipales han puesto de manifiesto otra realidad crucial: las relaciones entre personas que proceden de otros países o, como se suele decir, con los inmigrantes. Plataforma X Cataluña ha obtenido dos concejales en el Consistorio hospitalense, lo cual pone de manifiesto una tensión latente que, ojalá, los actuales gobernantes sepan mirar a la cara y afrontar.  Os recuerdo que Hospitalet es una de las poblaciones con un índice de inmigración más elevado, lo cual puede servir de termómetro para medir la calidez o frialdad de las relaciones entre personas de diferentes países en España.

En definitiva, creo que estamos ante problemas importantes que no deberíamos dejar de lado, so pena de volvérnoslos a encontrar dentro de escasos años y, encima, agravados. Si no, tiempo al tiempo.

La foto es mía. Es de un banco ecuatoriano (Pichincha) instalado en Hospitalet,donde uno de sus reclamos publicitarios pone en evidencia las diferencias de trato entre las personas.

En busca de una vía democrática para democratizar la información

El sábado pasado asistí a dos talleres organizados por el Fórum Social de la Comunicación (FSCom) y realizados en el marco del Fórum Social Catalán. Uno de ellos se titulaba “¿Qué demonios es el FSCom y por qué estamos aquí?” y otro “Derecho a la información y medios alternativos”.

En los dos se daba por supuesto que la información y la comunicación son bienes públicos, bienes de todas las personas, por el mero hecho de ser personas. “Respirar, comer y, luego, la comunicación. Porque no sabes ni comer si no hay comunicación“, ejemplificó sabiamente uno de los participantes y, a la postre, secretario general de la Federación de Sindicatos de Periodistas, Dardo Gómez.

Tiene razón. Hemos de ganarnos la vida y hemos de intentar que otros puedan ganarse la vida con dignidad, pero inmediatamente después, o mejor en paralelo, hemos de pelear por lo que de verdad necesitamos: una información y una comunicación que nos ayuden a sacarle el máximo partido a nuestra vida. 

En general, los asistentes a los talleres (una veintena de personas en cada uno, más o menos) fueron muy conscientes de las deficiencias de la información que reciben, tanto a través de los medios de comunicación “masivos” o “tradicionales” como de los “alternativos” o “contestatarios”.

El problema, como muy bien planteó Montse Santolino, de la Federación Catalana de ONGs para el Desarrollo, radica en que, una vez hecho el diagnóstico, los preocupados por estas cuestiones no somos capaces de unirnos para cambiar las realidades que criticamos.

Creo que está en lo cierto. A veces tengo la sensación de que nos reunimos para desahogarnos, para sentir que hacemos algo por cambiar las cosas, que nos movemos, pero luego, a la hora de la verdad, nos fallan las fuerzas, las ganas o lo que sea, y no somos capaces de tender puentes hacia otras personas o instituciones que también desean un cambio.

En el FSCom hablamos mucho del fenómeno del “chiringuitismo” que, como podéis imaginar, consiste en que cada uno quiere manejar su “chiringuito” a su antojo, sin interferencias de ninguna clase. Como el “ombliguismo” (individualismo), pero en clave social. Fíjaos qué contradicción: queremos democratizar el uso de la información y la comunicación, pero sin aplicar-nos la democracia.

Durante los talleres, yo pensaba que las personas que anhelamos una información y una comunicación mejor somos bastantes; bastantes como para hacer algo significativo, quiero decir. Sin embargo, también veía -y sigo viendo- que tenemos poco tiempo -trabajo, familia, descanso y ocio, cómo no- y poco dinero, por lo que hemos de organizarnos muy bien.  

En el primer taller nos ofrecieron un listado con posibles acciones que debíamos ordenar por orden de importancia. Yo puse que lo primero era la educación y la formación crítica en comunicación, la creación de espacios de debate. Porque, me preguntaba -y me pregunto-, ¿de qué sirve un medio de comunicación que realmente cumpla su cometido, pero que no tiene público, pues éste prefiere (ha desarrollado el gusto para) leer/ver/escuchar otras cosas?

Después, y esto puede ser deformación profesional, creo que es necesario que existan periodistas profesionales; quiero decir, personas que cobren un sueldo por dedicarse única y exclusivamente a buscar, elaborar y comunicar información. Por eso, creo que sería bueno apoyar a todos aquellos profesionales que, conscientes de su precariedad y su impotencia, deseen dejar de ser técnicos/funcionarios de la comunicación, al servicio únicamente de su empresa u organización,  y quieran volver a ser periodistas, al servicio también de la sociedad en su conjunto.

También dedicaría una atención especial a los derechos de los ciudadanos a acceder y a comunicar información, no sólo a recibirla. Estos aspectos han estado muy descuidados y es hora de que se desarrollen como merece un derecho humano.

Escuché y pensé muchas más cosas, pero supongo que se me quedó grabado aquello que yo ya tengo muy marcado, y es que es necesario un esfuerzo de unión. Con la cantidad de medios, organizaciones y movimientos que hay en Cataluña, de preocupación social quiero decir, no entiendo cómo todavía no ha surgido una vía democrática para democratizar la información.

Sigo pensando…

Foto: Daniel Gomis