‘Todoístas’ sin saberlo. La publicidad al descubierto

En las Ciencias de la Comunicación existe un viejo debate acerca de si los medios reflejan o construyen la realidad. En el caso de la publicidad, la polémica reside en si los anunciantes-publicitarios muestran o crean las necesidades de los ciudadanos. Es un debate antiguo y probablemente sin solución, ya que la comunicación puede cumplir perfectamente las dos funciones sin tener que renunciar a una de ellas: cuando comunicamos expresamos nuestra visión de la realidad pero también influimos en los que nos rodean.

Total, que hace poco escuché un anuncio en la radio que me dio mucho que pensar, porque me parece que refleja bastante bien un aspecto de la realidad que yo ya había percibido pero que no había acertado a expresar. Señoras y señores, con ustedes… ¡el todoísmo!

todoismo

Como se puede observar, el todoísmo es una nueva filosofía de vida, como en su momento pudo o puede serlo el taoísmo. Esa visión del mundo consiste básicamente en que la persona no está dispuesta a renunciar a nada. Es decir, el clásico lo quiero todo “bueno, bonito y barato”, pero en versión moderna o modernizada.

Sinceramente, me parece una descripción genial del momento en que vivimos. ¿O acaso soy la única que percibe que muchas personas creen que tienen derecho a todo lo que les beneficia y, al mismo tiempo, que no han de hacer ningún esfuerzo o pagar ningún precio por conseguirlo? Ahora mismo pienso en los estudiantes que quieren aprobar y sacar incluso buena nota sin invertir el tiempo necesario para ello. Simplemente, porque tienen derecho y punto. O las personas que se quejan de la corrupción, pero no hacen nada para combatirla o, incluso peor, la toman como excusa para justificar sus “pequeñas miserias”. Pero no es el único ejemplo y  estoy segura de que a ti se te ocurren muchos más.

En definitiva, creo que estamos ante un nuevo estilo de vida que en un anuncio puede quedar muy gracioso, pero que en el fondo puede resultar bastante peligroso. Más que nada porque la vida no es así y creer que sí lo es puede conducirnos a una continua frustración. En la vida, y esto es lo que la publicidad nos suele ocultar, todo, absolutamente todo, requiere un esfuerzo. Incluso planificar un viaje apetecible, si se quiere aprovechar al máximo. Por no hablar del esfuerzo de cuidar las relaciones personales. ¿O será verdad que para conseguir un amigo basta con enviar una invitación virtual y ser aceptado como tal?

Ideologías subterráneas en el metro de Barcelona

Voy por el metro de Barcelona y me encuentro con este anuncio del Ayuntamiento de Barcelona:

 

El color es llamativo, vale. El eslogan, regular. Creo que es más claro decir esto: “En Barcelona todos caben, pero no todo vale”. El dibujo ya me da una idea de por dónde van los tiros: ¡¡hay que cuidar el mobiliario urbano!! La información sobre la cuantía de las multas no me deja ninguda duda. Debo cuidar lo que es de todos, que también es mío.

Sigo caminando y me encuentro otro cartel, de las zapaterías Querol:

El color es menos llamativo, pero la imagen es mucho más atractiva, porque es más dinámica. ¡Ah, la imagen! Dos jóvenes jugando con una fuente pública. ¿Jugando? Hombre, yo diría que juegan descuidadamente. Uno subido encima de la fuente, el otro pisándola más levemente… ¡¡Y salpicando a todo el mundo que pasa a su alrededor!! Yo, desde luego  que me alejo. Ahora, con el frío que hace, cualquiera se arriesga a mojarse. En serio. Vamos a por el eslogan: “Sempre faig el que sento” (Siempre hago lo que siento). ¡Ah, ya lo pillo! Es bueno todo aquello que siento, que me sale de dentro, porque es auténtico. ¡¡Viva la autenticidad, claro que sí!!

Comparo  los dos anuncios y mi cara se contrae.

Pues no lo entiendo. ¿Puedo pisar el banco o la fuente o no puedo? ¿Debo? ¿Quiero?

No me extraña que los jóvenes anden tan desorientados. En un mismo entorno y contexto reciben dos mensajes, dos ideologías opuestas. Una, que defiende el cuidado de lo que es público, colectivo, común. Otra, que promueve el deseo personal, la búsqueda de sensaciones fuertes y la autenticidad a cualquier precio.

¿Qué hacemos?