Análisis del análisis

Estos últimos meses he estado trabajando en cómo analizar discursos/textos periodísticos. Siempre he defendido –y creo que siempre defenderé- la importancia del sentido común para afrontar cualquier trabajo. Por eso, soy consciente de que una lectura atenta de cualquier documento puede aportar algo interesante y relevante para terceras personas.

Sin embargo, la elaboración de una tesis doctoral requiere un especial cuidado. Con este tipo de investigación científica uno se presenta al mundo académico y, obviamente, ha de causar una buena impresión entre los que serán sus futuros colegas.

Pero no se trata simplemente de obtener un título y una nota alta –las cuales abundan sospechosamente, por cierto-. Se trata, al menos en lo que a análisis de textos se refiere, de demostrarse a uno mismo que realmente ha intentado dejar a un lado sus prejuicios y manías, que ha intentado comprender lo que el otro le quiere decir, que ha llegado a entender lo que está en juego para esa persona cuando se expresa como lo hace.

Después de leer algunos libros y artículos –siempre tengo la sensación de que muy pocos-, he llegado a la conclusión de que la mejor opción para mi trabajo consiste en complementar el análisis de contenido y el análisis retórico.

El análisis de contenido tiene un carácter cuantitativo que facilita la lectura en frío. Es decir, cuando uno hace una lectura normal, de sentido común, tiende a quedarse con lo que le gusta o lo que le sirve y a olvidar lo que no le convence o no le resulta útil. Un análisis de qué se dice (categorías temáticas), cómo (en qué orden, con qué frecuencia, con qué intensidad, en qué sentido) y junto a qué (contigencia o asociación de ideas) puede servir para distanciarse de lo leído y mirarlo con más serenidad.

El análisis retórico, por su parte, me parece que produce justamente el efecto contrario, es decir, enriquece la lectura y, siguiendo con la metáfora, sube la temperatura de la interpretación. Muchos análisis del discurso, de la enunciación o de la expresión terminan haciendo análisis retórico, tal vez porque éste es un frasco cuya fragancia lleva el poso de muchos siglos, una sabiduría que no podemos despreciar.

Mi esperanza es que la combinación del análisis de contenido y el retórico constituyan un cóctel suave, riguroso y profundo, que me permita hacerme cargo de los problemas que se cuecen y compartirlos a los demás lo más fielmente posible.

Ya se verá.

Foto tomada de aquí

Cómo no analizar un discurso

El análisis de discursos, escritos u orales, es una actividad frecuente entre los investigadores en Comunicación. Es por ello que os invito a leer un artículo donde Charles Antaki, Michael Billig, Derek Edwards y Jonathan Potter explican y critican los atajos que toman algunos investigadores a la hora de “analizar” textos o conversaciones. Que hablen de análisis del discurso o se muevan en el campo de la Psicología Social no hace menos valiosas sus aportaciones, que resumo a continuación.images

1. Analizar no es resumir

Parece evidente, pero muchos investigadores se limitan a repetir lo que han dicho otros,  a su manera, lo cual es mucho peor, pues se pierden los matices de las expresiones originales.

2. Analizar no significa tomar una posición

Muchos investigadores emiten juicios de valor, positivos o negativos, acerca de lo que quieren analizar; pero, como sostienen los autores, valorar los datos no significa analizarlos.

3. Analizar no conlleva recopilar citas

Algunos académicos creen que hay declaraciones que hablan por sí mismas, y por eso incluyen citas en sus investigaciones. Nuevamente, incluir citas, muchas o pocas, no significa analizarlas.

4. Analizar no supone caer en argumentos circulares

En este punto, los autores advierten que hay que fundamentar muy bien por qué un extracto de un discurso supone la presencia de una determinada cuestión. Es decir, no hay que tomar las palabras al pie de la letra, sino ir “más allá de la idea de que las conversaciones o los textos son expresiones de puntos de vista, pensamientos y opiniones” (p. 28).

5. Analizar no consiste en emitir falsas generalizaciones

Tampoco se analiza cuando, una vez se han obtenido los datos sobre un asunto concreto, se extrapolan a otros aspectos o incluso al mundo en general.

6. Analizar no se reduce a localizar elementos

Algunos autores prestan tanta atención a los detalles, que consideran que eso basta para analizar un discurso. No es así. “El buen análisis siempre se mueve, de modo convincente, de ida y vuelta entre lo general y lo específico” (p. 30).

¡Suerte y cuidado con las propias trampas, que son las peores!

Foto: http://www.jovenindependiente.com