¿En qué momento se distanciaron profesión y academia? Reflexiones en torno al V Media Ethics Conference

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Por fin pude asistir a la quinta edición del Congreso Internacional de Ética de la Comunicación (V International Conference Media Ethics), que se celebró en Sevilla los pasados 28 y 29 de marzo. Había asistido a la primera y a la segunda edición, pero no había podido acudir a las restantes, y fue un auténtico placer reencontrarme con viejos conocidos y viejas problemáticas. Esta vez no presenté ninguna comunicación, por falta de tiempo para prepararla, pero me pregunto si ese hecho me ayudó a mirar el congreso desde otra perspectiva…

Esta vez no voy a hacer un resumen de las ponencias y comunicaciones que se presentaron. Para eso, apreciado lector o lectora, ya cuentas con el programa del congreso, la cobertura que hice desde mi cuenta de Twitter con el hagstag #MethicsConf y alguna que otra crónica, como la que resume la intervención de Hugo Aznar, profesor de la Universidad CEU-San Pablo de Valencia.

Esta vez voy a anotar algunas reflexiones que me ha sugerido el congreso, por el puro placer de escribirlas y compartirlas:

  • Nada nuevo sobre el horizonte: mismos enfoques, mismas técnicas. Me sorprendió que, tres años después de haber defendido mi tesis y no haber podido dedicarme a la investigación sobre ética periodística, se sigan tratando prácticamente las mismas cuestiones con los mismos planteamientos y metodologías. Comprendo que el avance científico es lento, y que en poco tiempo es imposible establecer un cambio de paradigma, pero no puedo quitarme de encima esa sensación de Déjà vu
  • El periodismo sigue siendo el rey de la investigación en comunicación. A pesar de tratarse de un congreso de ética de la comunicación, el periodismo sigue acaparando el protagonismo de los investigadores, dejando en un muy segundo plano los medios audiovisuales –y no hablo de las reflexiones sobre la ética de la ficción, inexistentes- y la comunicación publicitaria o, en general, persuasiva.
  • Ni rastro de los periodistas ni de los comunicadores en ejercicio. En algún momento del congreso se hizo referencia a los periodistas vocacionales que se esfuerzan por hacer bien su trabajo en medio de circunstancias adversas. Ahora bien, no había prácticamente ninguno en la sala, con lo que todas las recomendaciones no dejaban de ser lo que denominamos un brindis al sol…
  • La dificultad de hacer autocrítica. Algunos investigadores abogaron por establecer una relación más estrecha entre periodistas y ciudadanía, como una vía para conseguir financiación y contenidos de mayor calidad. Eso sí, nadie se planteó por qué existen tantas dificultades para que la universidad y los profesionales puedan trabajar juntos en pro de una mejor investigación y una mejor información, respectivamente.
  • La inteligencia emocional todavía no ha llegado a la universidad. Me sorprendió que la mayoría de las investigaciones siguen la tradición positivista-cientificista, es decir, hipótesis, comprobación de hipótesis a través de un trabajo de campo, conclusiones. No es que tenga nada en contra de ella; más bien al contrario, me parece necesario que existan este tipo de investigaciones. Sin embargo, la ética, como filosofía moral, no puede quedar reducida a ella, so pena de perder sentido y trascendencia. ¿Qué significa investigar sobre ética: saber qué se entiende por ella, contribuir al bien de la profesión y de la sociedad, ser mejor persona y mejor profesional…? Aristóteles lo tenía claro: estudiamos ética para ser buenos, para ser mejores personas. Los estudios de corte cientificista ni inspiran ni motivan. Desmoralizan, que diría mi admirado Ortega y Gasset.
  • No hay congreso pequeño, sino almas pequeñas. Si comparo esta edición con las dos primeras, observo que el International Conference Media Ethics ha quedado reducido a su mínima expresión. Muy lejos quedaron el enorme salón de actos de la Facultad de Comunicación, las numerosas sesiones paralelas, el bullicio de congresistas y estudiantes… Y, sin embargo, ha sido el congreso que más me ha conquistado a nivel humano. Felicidades a todos los organizadores, especialmente a Juan Carlos Suárez Villegas, profesor de la Universidad de Sevilla.
  • Si seguimos haciendo lo mismo, seguiremos obteniendo los mismos resultados. No conseguimos que periodistas ni estudiantes se interesen por los congresos de ética y, sin embargo, seguimos repitiendo la misma fórmula: busto parlante, preguntas, busto parlante, preguntas… Creo que ya es hora de atreverse a probar otros formatos, otras estrategias. Como bien me recuerda mi apreciado Enrique Sueiro, “comete nuevo errores”. El “no” ya lo tenemos.

Si algún periodista o directivo de un medio de comunicación está preocupado por la repercusión que pueden tener sus informaciones en la sociedad y ha conseguido leer este post –dos circunstancias dignas de mérito-, que por favor nos ayude a buscar fórmulas para que quienes tienen tiempo para pensar –académicos- y quienes tienen tiempo para actuar –profesionales- puedan compartir ideas y experiencias, y trabajar juntos por un periodismo digno de ese nombre: veraz, plural y de interés público.

AlbertEinstein

El II Congreso Internacional de Ética Mediática se afianza por encima de las expectativas

El II Congreso Internacional de Ética Mediática (II International Conference on Media Ethics), celebrado en Sevilla los pasados 3, 4 y 5 de abril, se va consolidando como referente en el ámbito de la investigación de la Ética de la Comunicación en España. Este año, además, se enfrentaba a un doble desafío: hacer frente a la crisis y atraer la atención de ponentes e investigadores de ámbito internacional. En mi opinión, Juan Carlos Suárezinauguracion Villegas y su equipo han superado los dos retos con creces.

En tiempos de crisis económica, no resulta fácil conseguir patrocinadores y colaboradores dispuestos a invertir en conocimiento, en cultura. Y menos en cuestiones de ética, por mucho que algunos se llenen la boca diciendo que hoy la ética es más necesaria que nunca. Para botón de muestra, el Congreso Internacional de Ética y Derecho de la Información organizado por la Fundación COSO, que este año ha tenido que suspender su undécima edición por falta de recursos.

También es preciso reconocerle otro mérito: se ha hecho un enorme esfuerzo por dotarlo de carácter internacional. Todos sabemos que muchos congresos se autodenominan como “internacionales” cuando, en realidad, no cuentan con una proporción ajustada entre locales y visitantes, por decirlo en términos deportivos. En el II Congreso Internacional de Ética Mediática ha habido, por el contrario, un equilibrio entre participantes de habla castellana e inglesa, con lo que puede calificarse sin exageración como un congreso bilingüe y plurinacional.

Entre los ponentes internacionales se ha contado con investigadores de larga trayectoria y reconocido prestigio, como Clifford G. Christians, Rafael Capurro, Cees Hamelink o John Mair, entre otros.

En el ámbito estatal, destacaría dos universidades catalanas, la Universidad Autónoma de Barcelona, cuyos representantes explicaron su participación en la Cátedra UNESCO en Comunicación, y la Universidad Pompeu Fabra, cuyos miembros expusieron su participación en el Media Act Project.

No obstante, reducir el congreso a las personas e instituciones citadas sería un reduccionismo, valga la redundancia, pues el congreso sevillano ha contado con más participantes en sus sesiones plenarias y otros muchos más en las sesiones paralelas de comunicaciones.

En todo caso, me parece demostrado que las personas interesadas en la ética y en la comunicación estamos de enhorabuena, pues por fin podemos contar con un congreso especializado exclusivamente en esta temática. Sólo cabe desear que la próxima edición, dentro de dos años, sea igual o mejor que ésta y que, como desean los organizadores, pueda llevarse a cabo en otro lugar, dentro o fuera de España. Porque la preocupación por el bien y el mal es universal y todos somos corresponsables de la situación en que nos encontramos.

PD: Por si me traiciona el inconsciente, aclaro que soy miembro del Comité Organizador de dicho congreso y que resido en Barcelona (Cataluña).

PD2: En los próximos días intentaré mencionar algunas cuestiones más concretas que salieron a relucir en el congreso y que me parecen interesantes.

Más información vía twitter en @IIConEticaCom 

Imagen de la organización

¿Medios excesivamente imprudentes y universidades demasiado prudentes? Reflexiones en torno al 10º CIEDI

“La Ética y el Derecho de la información ante la imprudencia mediática”. Así se titulaba la décima edición del Congreso Internacional de Ética y Derecho de la información (CIEDI) que se celebró en Concepción (Chile) los pasados 15 y 16 de noviembre. Los organizadores del congreso invitaban de este modo a reflexionar sobre “los excesos y extravíos de los medios de comunicación”, así como sobre el papel de las “Facultades de Comunicación en la revitalización teórica y práctica del Derecho y la Ética de la Comunicación”. Para ello, convidaron a cuatro ponentes: dos provenientes del ámbito profesional y otros dos del ámbito académico.

El tema de la prudencia puede sonar un poco extraño aplicado a los medios y a las universidades, pero no tanto si tenemos en cuenta que las organizaciones y/o instituciones salen adelante gracias a la iniciativa de muchas personas y, éstas, todos lo sabemos, pueden actuar con prudencia o todo lo contrario.

¿Y qué es la prudencia?

Carlos Soria, profesor extraordinario de la Universidad de Navarra, intentó responder, en su estilo poético y vibrante, a esta compleja cuestión. Tan compleja que casi es mejor definirla en sentido negativo. No es “pusilanimidad”. No es “lo políticamente correcto”. No es “descompromiso social”. Pero es preciso mirar la otra cara, si quiera por el rabillo del ojo. Es “un juicio operativo que sintetiza polos opuestos”. Es “originalidad”. Es una cuestión de “fidelidades”. ¿A alguien le sigue ‘bloqueando’ la palabra? Pues vayamos al grano: “La mejora de la calidad informativa está en relación directa con la mejora de la justicia y la prudencia ética y jurídica. Toda información de calidad será siempre justa y prudente. Y al revés: ninguna información que carezca de justicia y de prudencia, tendrá calidad”.

¿Son prudentes los periodistas y los empresarios de la información?

Una vez aclarado, si quiera mínimamente, el concepto de prudencia, vayamos a la primera cuestión: ¿son prudentes los medios o, mejor dicho, los periodistas y empresarios de la información periodística que trabajan en ellos? La cuestión parece meramente retórica, a juzgar por el consenso general de los ponentes, tanto periodistas como académicos. ¿Los periodistas también? Pues sí, los profesionales invitados reconocieron que han cometido y cometen excesos y extravíos. Eso sí, con importantes matices.

Cristián Zegers, director del diario El Mercurio, empezó hablando de la escasa tradición “fiscalizadora” del público chileno y del “resentimiento” de los políticos hacia la prensa, para acabar, finalmente, dedicando unas palabras a la importancia del autocontrol. Éste consistiría, básicamente, en “una expresa vinculación, conocida y acatada dentro de cada medio de comunicación, entre las salvaguardias habituales para evitar querellas criminales y demandas civiles por los contenidos publicados o emitidos, con aquellas perspectivas superiores que miren a la preservación e incremento del prestigio y cuidado de la marca del medio, que es el capital principal destinado a perdurar en el tiempo”. Evitar sanciones jurídicas, prestigio, marca, capital…: nada nuevo sobre el horizonte de los directivos de prensa, más próximos a la perspectiva de la empresa que la ciudadana, me temo. Es verdad que habló de la importancia de realizar una “autocrítica intensa, ácida y genuina” dentro de los medios y que concretó un poco más de lo habitual (la instauración de “la obligación semanal”, una especie de reunión de autocrítica entre personas que ocupan el mismo cargo), pero también es cierto que no escuchamos ningún ejemplo de imprudencia llevado a cabo en su medio –o yo, al menos, no lo recuerdo-.

La explicación de Enric González, periodista de El País en el momento de enviar su ponencia, fue muy diferente. Consideró que los “lectores son perfectamente capaces de discernir y exigen calidad” y reconoció abiertamente que “el público […] tiene derecho a sentirse estafado”. Habló de la “telebasura”, de las vulneraciones del derecho a la intimidad, de las dificultades para distinguir el interés periodístico del comercial… Y, cómo no, de la crisis: “La lucha por la supervivencia se utiliza para justificar los peores desmanes”. ¿Y como solución, también el autocontrol? Pues no, señores. González fue más lejos: “Corresponde al legislador fijar los límites entre lo tolerable y lo intolerable y actuar sobre la oferta”. Y “las sanciones económicas han de ser robustas y, aunque el término no suene del todo bien, hasta cierto punto ejemplarizantes”. Más claro, agua.

¿Y qué pueden hacer las universidades?

Enric González apuntó también que las facultades universitarias “deben insistir en la cuestión ética”, pero también mostró sus dudas acerca de su eficacia, ya que  “el ambiente de trabajo y los modelos que uno encuentra pasada la fase universitaria son fundamentales”. Todo un toque de atención para los investigadores presentes, si tenemos en cuenta que la mayoría de las comunicaciones sobre esta cuestión se centraron en la enseñanza de dicha materia, sin entrar en cuestionar su eficacia o sin complementarla con el aprendizaje de la ética en el mundo profesional.

Mario Urzúa, decano de la Facultad de Comunicación, Historia y Ciencias Sociales de la Universidad Católica de la Santísima Concepción, donde se celebró el congreso, realizó una reflexión más general sobre cuál debería ser el rol de las universidades, a partir de las indicaciones de John Henry Newman en 1852. Muy sintéticamente, desarrolló estas cuatro ideas: formar personas con amplios conocimientos, inteligencia crítica, decencia moral y sensibilidad social.

Nadie cuestionó sus palabras, probablemente porque todos coincidimos, más o menos, en cuál debe ser el papel de una universidad –nada fácil, por cierto, equilibrar la formación profesional con la humanística-. La “revolución” llegó cuando Carlos Soria se centró en el ser, durante el coloquio. Y su frase retumbó en mi mente durante largo tiempo: “El nivel de nuestras facultades es muy pobre y muy bajo”. Y realizó una reflexión en voz alta que me pareció muy acertada. Señoras y señores, hace falta replantearse los planes de estudios. Es hora de dejar atrás “la época del amontonamiento de materiales” y enfocar las asignaturas desde o hacia la comunicación. Hay que retornar a lo básico. En ese momento, me acordé del artículo que publicó Joseph Pulitzer en 1904 sobre “La escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia”, donde explicaba fenomenalmente bien qué se debe enseñar y, lo más interesante, cómo.

La autocrítica mediática y la universitaria parecían empezar a darse la mano y cuajaban en una idea lanzada por Carlos Ruiz, profesor de Ética de la Comunicación en la Universidad Ramón Llull, en Barcelona: ¿no deberían las facultades implicarse más en la defensa de la prudencia mediática? ¿No podríamos hacer algo más aparte de dar clases de Ética y Derecho? La pregunta se quedó en el aire, sonando en nuestras conciencias… Y yo me pregunté: ¿serán las universidades capaces de hacer la autocrítica efectiva que echan en falta en los profesionales de la información?

¿Podemos ser amigos?

Todo sin acritud, con respeto y, si es posible, como amigos. De la importancia de la amistad en la esfera pública nos habló Juan José García-Noblejas, profesor de la Pontificia Universitá della Santa Croce, en Roma. Su propuesta es bastante atrevida, si tenemos en cuenta que en el ámbito público nos relacionamos a través de mediaciones –no hay “cara a cara”-, que el tiempo es escaso –y para ser amigos hay que compartir muchas comidas, como bien recordó García-Noblejas al citar a Aristóteles-, que la relación puede ser asimétrica –existe el “temor” ante el poder de los media- o que el ambiente social puede moverse por el interés económico e ideológico y no por la búsqueda de la cooperación y la verdad. En cualquier caso, la intención cuenta mucho, como él mismo apuntó al inicio de su intervención, y no es baladí querer buscar “un espacio social cívico (distinto del Estado y no necesariamente condicionado por la economía) en el que las personas razonan y deliberan sobre el bien común, incluyendo sus fundamentos y finalidades intrínsecas de índole política, ética, poética, retórica o estética”. Un espacio social cívico donde los medios puedan actuar como “lugares de encuentro imprevisto pero amistoso”.

No sé si los participantes en el CIEDI 2012 habremos cambiado el mundo –me temo que no-, pero no caminamos mal si existe este lugar de encuentro previsto y amistoso, donde reflexionamos en voz alta para cambiarnos un poco a nosotros mismos (y, por tanto, a las instituciones en las que trabajamos) y para ayudar a otros a ser más conscientes del mundo en el que se mueven y en el que quieren moverse. Con prudencia, por supuesto. 😉

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Más información en @ciedichile2012 y #ciedichile2012.

Fotos realizadas por la organización del CIEDI 2012: http://www.facebook.com/ciedi.chile

Un buen año para la investigación y la docencia de la ética de la comunicación

Los finales de año suelen ser propicios para hacer balance. Pensando en los temas que me interesan, he llegado a la conclusión de que este 2011 ha sido un buen ejercicio.

A finales de marzo se celebró el I Congreso Internacional de Ética de la Comunicación en la Universidad de Sevilla, un acontecimiento que congregó a numerosos especialistas del ramo y en el que se abordaron innumerables aspectos relacionados con la ética comunicativa.

Considero que este congreso ha tenido una gran importancia, no sólo porque ha reconocido, por la vía de los hechos, la relevancia de la ética de la comunicación como objeto de estudio, sino porque se ha planteado con una gran ambición y, por ese motivo, ha acogido una gran variedad de enfoques y de participantes (desde alumnos a profesionales, pasando por maestros de instituto o gente simplemente interesada en el tema). Si no entendí mal, está previsto que se repita cada dos años, en sedes diferentes, lo cual es sin duda una estupenda noticia.

También es reconfortante contar con el ya consolidado Congreso Internacional de Ética y Derecho de la Información (CIEDI), organizado por la Fundación COSO, que este año ha alcanzado su novena edición.

Este evento, a diferencia del anterior, no tiene un carácter generalista sino especializado. Este año, por ejemplo, estuvo dedicado a “La responsabilidad ética y social de las empresas informativas“. El formato también es completamente diferente. Mientras en Sevilla se presentaron bastantes ponencias y muchas comunicaciones paralelas, en Valencia todos los congresistas asisten a las cuatro únicas ponencias. Huelga decir que los dos formatos me parecen acertados y perfectamente complementarios.

Este año el 9º CIEDI ha incorporado además una novedad que espero se repita en las próximas convocatorias: un Panel de experiencias sobre docencia de Ética de la Información en la que tuve el gran placer de participar. El objetivo de esta iniciativa, como ya podéis imaginar, consiste en compartir estrategias docentes con el fin de mejorar el aprendizaje de la ética por parte de los estudiantes de Comunicación.

Este año hemos asistido también al nacimiento de la Asociación de Docentes e Investigadores en Ética y Deontología de la Comunicación (ADIEDEC), una iniciativa incipiente que lideran Elena Real Rodríguez y María del Mar López Talavera, profesoras de la Universidad Complutense de Madrid.

Por todo ello, reitero, creo que este 2011 ha sido un buen año en lo que a la investigación y la docencia de la ética de la comunicación se refiere, y confío en que podamos disfrutar de estas iniciativas durante muchos años más. En parte, por lo que decía antes. Todo el mundo apela a los grandes valores, pero pocos realizan propuestas concretas para encarnarlos. Por todo ello, enhorabuena  a quienes organizan y a todos los que se benefician de su esfuerzo: profesores, estudiantes y ciudadanos.

 

En las fotos, la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla y el Museo Valenciano de la Ilustración y la Modernidad, sedes de los dos congresos citados.  

“Life Without Media”. Mi visión del VI CICR de la Facultad Blanquerna

El planteamiento tenía trampa, como muy bien advirtió Miguel Franquet. ¿Una vida sin ningún tipo de medio, entendido como mediación; sin medios de comunicación tradicionales -prensa, radio, televisión, etc.-  o sin los nuevos medios? No importaba. Se trataba de una pregunta instrumental, como la definió el presidente de la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales en la sesión inaugural. “Life without Media” fue, por tanto, una excusa para pensar por qué los llamados medios de comunicación social son tan importantes en nuestra vida actual.

¿En nuestra vida actual? Maticemos, por favor. Shakuntala Banaji nos abrió los ojos con su explicación de la situación mediática en las zonas más pobres de la India. A mí se me quedó grabada la historia de un niño que se ganaba la vida haciendo fotos a los turistas. Cuando los investigadores le pidieron que elegiera un regalo, no pidió una cámara de fotos, ni un móvil, ni siquiera una televisión. Eligió una bicicleta porque tiene que andar todos los días dos kilómetros para ir al colegio y en su pueblo no hay electricidad.

En cualquier caso, lo que probablemente nos defina como hombres sea nuestra capacidad para crear herramientas, mediaciones o medios que nos permitan mejorar nuestra vida. Los medios de comunicación social, en concreto, nos permiten extender nuestra capacidad para conocer lo que nos rodea, formarnos una opinión y comunicarnos, sobre todo comunicarnos -de ahí el nombre, supongo-. Al principio utilizábamos nuestro cuerpo, luego el alfabeto, luego la imprenta, luego la televisión, luego internet. Luego todo, que no hay por qué descartar nada.

La cuestión de fondo, tal vez, radique en si todos estos instrumentos nos están sirviendo para alcanzar lo que anhelamos.

¿Y qué anhelamos?

Aquí surgen las discrepancias, como se pudo observar al comparar las inquietudes de los investigadores, que frecuentemente relacionan la comunicación con la comunidad y con la democracia; y los directivos y políticos presentes en un único y oportuno panel, quienes relacionan la comunicación con el modelo de negocio (dinero) e imagen de marca (prestigio).

La raíz del asunto, como explicó maravillosamente la filósofa Adela Cortina, radica en la relación existente entre los bienes internos y externos de una actividad, la comunicación en nuestro caso. Los bienes internos son los que dan sentido y legitiman una actividad o una profesión. En el caso de la información periodística, se trata de “forjar una ciudadanía madura que pueda disponer de información suficiente para ser dueña de su vida”.

Una actividad se corrompe cuando sustituye los bienes internos por los externos. Ojo, matizó la filósofa. No se trata de negar los bienes externos, pues se requiere algo de dinero, algo de poder y algo de prestigio para emprender y mantener cualquier actividad. El problema, aclaró, es la sustitución de los bienes externos por los internos.

Esta distinción podría enmarcar todas las ponencias y comunicaciones del congreso. Por ejemplo, la de David Buckinghan, quien alertó del peligro de ver a los niños como meros consumidores, es decir, únicamente desde la óptica del dinero. O la de María Lamuedra, preocupada por la visión que tienen los ciudadanos de los medios y si esta visión se corresponde o no con una democracia deliberativa, como a la que parecemos tender. O la de Marina Santín Durán, que alertó del peligro de idealizar la tecnología en una hipotética universidad sin profesores. Si la docencia no tiene calidad, las tecnologías no la aportarán.

Se podrían poner decenas de ejemplos, pero yo prefiero acabar con la educación, solución que apuntó Adela Cortina y a la que me sumo, con el mismo tono reivindicativo: la asignatura de ética no es una “maría” (facilona), no la puede impartir “el primero que llega a la facultad”, ya es hora de que “la ética del profesional de la información se tomara verdaderamente en serio”. Y la de las empresas de comunicación, por supuesto.

Todo para formar personas morales que utilicen los medios de que disponen, de comunicación o no, en beneficio propio y en el de toda la humanidad. Que en la vida no todo es blanco o negro, que la vida no es con medios o sin medios de comunicación.

Foto propia tomada en el auditorio de la facultad, en el momento de la intervención de Adela Cortina.

Innovación docente o cómo aprender a enseñar a aprender

Aquí van algunas reflexiones en voz alta sobre lo aprendido en un congreso sobre excelencia en educación y unas jornadas sobre innovación docente.

Excelencia, innovación docente, calidad, competencias… Diferentes términos para expresar una única realidad: cómo aprender a enseñar a aprender. Parece un trabalenguas, pero no lo es. Los profesores debemos aprender a enseñar a los estudiantes a que asuman las riendas de su proceso de aprendizaje. Dicho de un modo más sencillo, el estudiante es el verdadero protagonista y sobre él deben recaer todos los focos. Los profesores, siguiendo con el símil teatral, somos los que permanecemos en la sombra, dispuestos a intervenir discretamente si, y sólo si, alguien se queda en blanco en un ataque de pánico escénico. 

El alumno no es el único que tiene miedo. El profesor también. El miedo -¿al ridículo, al fracaso?- es una de las causas por las que muchos docentes no se atreven a romper con el modelo clásico de enseñanza y a experimentar otras formas de educación.

También podría haber un cierto desánimo o desgana. Si no se me valora profesionalmente, ¿para qué hacer el esfuerzo? Caemos entonces en el error que criticamos en los alumnos: si no me dan créditos o no puntúa en la nota final, ¿para qué romperme la cabeza?

Qué estrecha es la relación entre innovación y nuevas tecnologías. La mera transmisión de conocimientos ha perdido todo su sentido. La ‘generación zapping’, como la describió Javier Martínez Aldanondo, tampoco podrá soportar una clase magistral. El educador asume dos nuevos roles: ha de motivar y ha de acompañar.

Para motivar, conexión con la realidad. Lo expresó muy bien el alumno Alejandro Trillo. Los profesores formularon una pregunta absolutamente actual -¿debería retrasarse la edad de jubilació o no?- y, a partir de ahí, se lanzaron a la búsqueda de conocimientos económicos, sociales, políticos. La profesora Pilar Úcar también supo utilizar guiones cinematográficos para mejorar la expresión escrita de sus estudiantes.

Las preguntas surjen cuando el alumno se enfrenta a un reto, un desafío, algo que hacer, algo que solucionar, algo por lo que merece la pena buscar en su ‘disco duro’ y, al no encontrar nada, lanzarse a la búsqueda del conocimiento y de sí mismo.

Para acompañar, resulta imprescindible aprender a resistir la tentación de dar todas las respuestas sin haber dejado que surjan las preguntas. Gran lección de las profesoras Vanesa Serrano y Marianna Bosch. Mucha atención también al lenguaje corporal. Como comentó el alumno Íñigo Puertas, la mirada y el gesto de un profesor pueden favorecer la participación o inhibirla totalmente.

No olvidemos las emociones, por favor. No creemos “cabezas andantes” sin corazón ni voluntad, como muy bien advirtió Joan Antoni Melé.

Tampoco olvidemos el contexto en el que vivimos, un mundo plagado de desigualdades, guerras, hambre, penurias… Como expuso Federico Mayor Zaragoza, debemos ser conscientes de que “vivimos en un barrio privilegiado de la aldea global”.

Y la mayor verdad con la que me he encontrado: no podrás dar nada de lo que tú carezcas.

Si no estás motivado, no motivarás.

Si no tienes preguntas, no buscarás respuestas ni favorecerás que otros las busquen.

Si no te conoces ni te amas, no ayudarás a otros a conocerse y amarse.

Si no eres un ciudadano coherente, no ayudarás a tus alumnos a serlo.

Si…

¡Sí! ¡Sí! ¡Sí! ¡Sí!

 Foto tomada de aquí.

Chispas para reavivar la ética en la comunicación

La ética es un término tan viejo, tan desgastado, que a veces me da miedo emplearlo. Ética, cuántos siglos unida a la religión,  ¿qué reacciones suscitarás en un mundo ajeno a las creencias institucionalizadas? Ética, látigo empleado para obligar, forzar, violentar conciencias en pro de no sé qué abstractos ideales, ¿quién podrá escucharte sin fruncir el corazón? Ética, pompa de jabón usada para lavar la cara de quienes únicamente nos ven como clientes, consumidores o votantes, ¿cómo soportar tal hedor?

Y, sin embargo, ¿qué es una vida sin ética? Una vida sin reflexión sobre lo que está bien, lo que nos hace bien, y lo que está mal, lo que nos hace mal. Una vida sin valores, sin nada en lo que creer ni por lo que luchar. Una vida sin norte, guía, sentido ni dirección, donde nos limitamos a sobrevivir en medio de una selva donde domina la ley del más fuerte, donde no hay amigos ni seres queridos con los que convivir, sino lobos y aves carroñeras a los que esquivar.

A pesar de todo, yo no me resigno, al menos no todavía.

Por eso sigo dándole vueltas a la ética.

Por eso quiero proponerte que aportes tu granito de arena.

Y te doy una idea muy concreta: que participes en el I Congreso Internacional de Ética de la Comunicación que se celebrará en Sevilla los días 29, 30 y 31 de marzo de 2011.

Puedes acudir como académico, como profesional o como ciudadano, pero lo importante es que te pares a pensar en la comunicación y en lo que tú podrías aportar para mejorarla.

El plazo para presentar un resumen de lo que quieres comunicar termina el 22 de diciembre. Y, si aceptan tu propuesta, deberás enviar el texto completo antes del 15 de febrero (más detalles aquí).  

Cuantos más seamos, más posibilidades tendremos de hacernos una idea cabal de cuál es la situación en la que nos encontramos -¿estamos tan bien o tal mal como creemos?- y cuáles son las vías más adecuadas para afrontar los problemas que detectemos -¿o no es mejor ir todos a una que dispersar esfuerzos?-.

No lo dudes. Las ideas son chispas que iluminan las acciones más poderosas.

La II Asamblea de Periodistas se abre a los jóvenes y a la sociedad civil

La II Asamblea de Periodistas, celebrada el pasado sábado en Barcelona, contó con una nutrida representación de jóvenes informadores y diversos miembros de la sociedad civil, reflejando el esfuerzo de los organizadores, el Sindicato de Periodistas de Cataluña (SPC), por favorecer el intercambio de perspectivas sobre la situación actual del Periodismo, la Información y la Comunicación.

El diagnóstico fue más o menos compartido por todos y explicado con detalle por el profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), Xavier Giró. El docente expuso que la lógica capitalista se basa en la competencia (obtener más beneficios que los demás) y en la competitividad (mejorar la relación costes-beneficios), lo cual suele ir en detrimento de la calidad de la información, es decir, se resiente la posibilidad de crear un “discurso crítico contra el poder”.

Otra consecuencia del modelo capitalista, perfectamente ejemplificada por Xabier Arkotxa, presidente del Comité de Empresa de Ediciones Primera Plana y del Comité Intercentros de El Periodico de Cataluña, es la precariedad laboral del colectivo de profesionales que se encarga de buscar y elaborar la información: los periodistas. Arkotxa achacó las causas de la crisis del gremio a la “imprevisión y la ambición de las empresas periodísticas”, y apeló a la afiliación sindical como la única forma de defender los derechos laborales de esos “obreros intelectuales”.

La representante de la Asamblea de Jóvenes Periodistas de Cataluña, Yolanda Viñals, no hizo sino corroborar lo expuesto por el representante sindical: “La mayoría de los jóvenes no tienen trabajo ni posibilidades de trabajar”. También se quejó de la deficiente formación de las Facultades de Comunicación, que separan el periodismo del trabajo en los gabinetes de comunicación, “cuando no es así en la realidad”. No obstante, su exposición no se quedó en un lamento, sino en una enumeración de proyectos en los que ya han comenzado a trabajar. Entre ellos, destaca la elaboración de un manual de buenas prácticas para los becarios, la redacción de un decálogo, el interés por realizar charlas formativas e informativas y por la creación de sociedades cooperativas. Abierta la caja de Pandora, comenzó la lluvia de propuestas de los diversos miembros presentes en la sala.

Sugerencias para salir de la crisis

“Hay que recuperar los medios públicos locales. Hay que conquistar la gestión de estos medios para alcanzar una socialización real”, expuso Rolando del Guerra, miembro del colectivo Comunicant y El Txiringuitu 1.9, entre otros.

“Es hora de montar cooperativas y generar otros medios de realizar información”, enfatizó Manuel Torres, colaborador del semanario La Directa.

“Hay que constituir un medio de referencia con todas las aportaciones que puedan hacer todas las organizaciones con los los periodistas que estén en desacuerdo con la información tradicional” , apuntó Julià Castelló, de la comisión de Periodismo Solidario del Col·legi de Periodistas de Cataluña.

“Vale la pena plantearse una definición o un decálogo para distinguir el blogger del periodista”, expuso Paco Durán, periodista en Radio L’Hospitalet.

“Convendría redactar una resolución para que salga una plataforma para el análisis del cambio y la participación en los medios de comunicación”, añadió Dardo Gómez, presidente de la Federación de Sindicatos de Periodsitas (FEsP).

Críticas y autocríticas para ahondar en las causas

A lo largo de la mañana también hubo tiempo para la crítica y la autocrítica, como cuando Laura Bergés, profesora de la UAB y miembro de la Asamblea para la Comunicación Social, echó en cara a los periodistas su pasividad, su ambición personal y su escaso interés por buscar alianzas con la sociedad.

Francesc-Josep Deo, profesor y coordinador de la revista AulaMèdia, también lamentó el daño que muchos periodistas causan en la formación de los más jóvenes y echó de menos la implicación de la Universidad en la capacitación de la ciudadanía.

Neus Ràfols, del gabinete de prensa de la Confederación de Asociaciones de Vecinos de Cataluña, hizo mención de las Universidades privadas, a las que culpó del exceso de licenciados, que posteriormente se convierten en mano de obra barata.

Los movimientos sociales también recibieron su cuota de responsabilidad de la mano de Xabier Arkotxa, quien les reprochó que no distinguieran entre empleadores y trabajadores cuando realizan sus críticas. Arkotxa lamentó además el desinterés de los alumnos cuando se les intenta explicar por qué no conviene aceptar prácticas en determinados medios de comunicación.

Estas y otras críticas, no obstante, no impidieron que se creara un buen clima, como demostró el vermú que prosiguió a la asamblea, imagino que porque todos estaban de acuerdo en una premisa básica que salió a relucir a lo largo de toda la jornada: la información no es de los periodistas ni de los empresarios. La información pertenece a todos los ciudadanos.

 

Para ver la retransmisión vía Twitter del evento, busca #2SPC en @sinapsisfugaces.

Para ver la nota publicada por el SPC, pincha aquí.

Foto tomada de aquí

Los desafíos éticos del periodismo en el 2010. Una jornada

Notas sobre el I Seminario de Ética y Periodismo organizado por el Consejo de la Información de Cataluña  (CIC) y celebrado el 4 de mayo de 2010 en Barcelona

Hay algo en lo que coincidimos todos, aunque nos expresemos con distintas palabras. El periodismo cumple una función importantísima en cualquier democracia, pues ofrece -o debería ofrecer- la información que permite tomar decisiones razonables sobre cuestiones importantes como las que afectan a la salud o a la elección de quienes nos gobiernan (Llúcia Oliva, presidenta del CIC). La información es un bien público, un derecho fundamental tan importante como el derecho a la salud o la educación (Santiago Ramentol, consejero del CIC y del Consejo Audiovisual de Cataluña).

También parece darse por supuesto que los periodistas y los empresarios de la información son -o deberían ser- los profesionales responsables de ofrecer información verdadera, relevante, plural, contrastada; en definitiva, información de calidad. De hecho, varios ponentes han rechazado explícitamente el denominado periodismo ciudadano.

Ojo, no se rechaza la participación ciudadana en los medios. Esto se considera muy útil, pues permite tener acceso a informaciones que, de otro modo, sería imposible conocer o documentar. Las aportaciones de los ciudadanos también permiten desenmascarar noticias falsas, erróneas o incompletas. No obstante, estas contribuciones deben someterse a un filtro profesional que, entre otras acciones, verifique que el contenido de dichas noticias es verdadero.

Y tampoco hay que ser ingenuos, como ha advertido el profesor de la Universidad Ramón Llull, Josep Lluis Micó. En numerosas ocasiones se demanda la participación del público en la sección de comentarios, no porque estos aporten calidad al debate social, sino porque generan tráfico, o sea, publicidad, o sea, beneficios económicos. Un objetivo legítimo, pero ajeno al discurso del periodismo como institución democrática.

Por tanto, como muy bien ha sintentizado el director de Vilaweb, Vicent Partal, los periodistas se mueven en un delicado equilibrio: por un lado, deben ser humildes para reconocer que ahora cualquiera puede acceder directamente a las fuentes -o convertirse a su vez en fuente, agrego yo-, pero también han de ser fuertes para defender que el periodismo debe ser ejercido por profesionales a los que se les pueden exigir unos mínimos.

De hecho, varios participantes han sostenido que la identidad del periodista ahora mismo reside sobre todo en su capacidad para respetar la ética periodística, para realizar bien su trabajo (Josep Maria Martí, decano del Colegio de Periodistas de Cataluña, Elissa Papirno, profesora de Derecho y Ética periodística en las universidades de Boston y Hartford).

Y luego, como no podía ser de otra manera, ha venido la cuestión del millón: ¿Y cómo se hace eso? ¿Cómo se convence a los empresarios para que apuesten por la calidad de la información, por los principios clásicos de la ética periodística en un entorno tan convulso, acelerado y competitivo como el actual? Algunos han apuntado que tal vez sea el momento de apostar por una regulación (Carles Pérez, defensor de la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales). Otros han propuesto la formación reglada, la colegiación obligatoria y la fortaleza sindical (Ramentol).  Alguien del público ha dejado caer que la credibilidad no se gana con malas prácticas periodísticas, sino con una trayectoria ética coherente.

Sea como fuere, la solución requiere de los tres sectores implicados: empresarios, periodistas y, cómo no, ciudadanos. No vaya a ser que, después de todo, consigamos que el empresario arriesgue su dinero y el periodista se deje la piel en su trabajo, y resulte que el ciudadano no tenga tiempo ni ganas ni dinero para informarse como debiera. Que todo puede ser.

Por un Foro Social de la Comunicación

Blog de los dinamizadores
Blog de los dinamizadores

El sábado 6 de junio se celebrará en Barcelona una jornada para preparar un Foro Social de la Comunicación. Convocan un grupo muy heterogéneo de personas que se conocieron en el Fòrum Social Català celebrado en la Universidad de Barcelona en enero de 2008.

El objetivo del encuentro, sintetizado en una Crida (llamamiento), es congregar la mayor cantidad y variedad de personas que estén interesadas y/o preocupadas por la calidad de la comunicación: de periodistas a ciudadanos, pasando por miembros de ONG’s y movimientos sociales, por citar algunos ejemplos.

La asamblea girará en torno a tres preguntas: 1) ¿Cuáles consideras que son los principales retos comunicativos?; 2) ¿Por qué crees que interesan -o no- a los demás?; y 3) ¿Cómo crees que podemos articular un Fórum Social de la Comunicación?

El único requisito para participar es un espíritu abierto y una voluntad con ganas de mejorar la situación actual, si bien se agradece confirmar asistencia a través del correo fscomu@gmail.com. El encuentro comienza a las 11 de la mañana en la Fundación Quepo (C. Nàpols, 215), situada entre las calles Aragón y Diagonal.

Más información en el blog y en la wiki de los dinamizadores.  

 
Yo formo parte del grupo dinamizador, así que por supuesto que voy. A ver si me dáis una sorpresa y nos vemos por allá.

V CICR: Mesa redonda sobre ética y derecho de la comunicación

Cercanía y polémica. Estas palabras podrían resumir el contenido de la mesa redonda dedicada a la ética y el derecho de la comunicación, celebrada ayer por la tarde en el marco del V Congreso Internacional de Comunicación y Realidad.

Cercanía. Al contar con muy pocos asistentes (era sábado por la tarde y la Facultad está en el centro de Barcelona), muy pronto se creó un clima de confianza y familiaridad entre los ponentes. El primero en intervenir fue Francesc Burguet Ardiaca (Universitat Ramon Llull), quien comenzó su exposición definiéndose como “antiobjetivista” y mostró algunos ejemplos donde, a su juicio, El País manipulaba la información a través de la ocultación y la magnificación de ciertas noticias sobre Cataluña.

La siguiente en tomar la palabra fue Begoña Zalbidea (Universidad del País Vasco),  quien expuso que las instituciones u organizaciones que velan por el cumplimiento de la ética en los medios de comunicación (como el Consejo de la Información de Cataluña o los Consejos Audiovisuales autonómicos) tienen inquietudes similares a las de la sociedad: la  cobertura de la violencia de género, los inmigrantes, los menores y las catástrofes o tragedias personales.

Maribel Rodríguez Fidalgo y Camino Gallego Santos (Universidad de Salamanca), por su parte, quisieron “dar la voz de alarma” ante determinados contenidos televisivos que atentan contra la dignidad y los derechos de las personas. Y Carmen Fuente Cobo (Universidad de Salamanca) defendió la importancia de los estatutos de redacción como instrumentos para el buen gobierno de las empresas informativas.

Por último, Eva Jiménez Gómez (URL) describió las reacciones de las organizaciones periodísticas y de los medios de comunicación españoles ante la proposición de ley del Estatuto del Periodista Profesional. Esta intervención concluyó con la idea de que, a pesar de las diferentes posiciones entre organizaciones y medios, podría haber un punto de conexión en el diagnóstico de la situación actual, que todos consideran crítica y mejorable.

Y entonces saltó la polémica. “Pues yo no soy tan optimista”, sentenció Francesc Burguet, quien señaló la imposibilidad de promulgar una ley que convenza a todo el mundo. Por ello, se mostró partidario de que a los periodistas y a los medios se les aplique la misma ley que al resto de los ciudadanos.

Seguidamente, intervino Begoña Zalbidea para decir que ella creía que había que ser optimista, aunque en todo momento se mostró partidaria de la autorregulación. Zalbidea puso el ejemplo de algunos de sus ex alumnos, quienes prefirieron dejar su trabajo antes que elaborar una información contraria al (buen) periodismo. 

Burguet apeló nuevamente a la justicia ordinaria, aunque reconoció que casi nadie se atreve a llevar a un periódico a los tribunales, cuestión que le llevó a Eva Jiménez a hacer la siguiente reflexión: “O sea, que les estamos pidiendo a los demás que sean valientes, mientras nosotros no nos atrevemos a hacer nada. Los profesionales, organizados o no, tenemos que ser valientes y denunciar lo que no es periodismo. La educación es importante, pero no se trata de enviar a los alumnos a la guerra mientras las Universidades permanecemos en la trinchera. Es un trabajo de todos” (¡menuda parrafada! No se nota nada quien está escribiendo este post).

Entonces Burguet propuso la creación de una Fiscalía de la Información ya que, a su juicio, los mecanismos de autorregulación son totalmente ineficaces. Momento en el que Camen Cobo tomó la palabra para defender la importancia de dichos mecanismos, defensa que continuó Begoña Zalbidea.

Y todo estaba en plena ebullición cuando la moderadora (o sea, yo) tuvo que cortar la sesión, pues se acercaba el momento de la clausura del congreso, con la promesa de enviar un correo electrónico a todos los ponentes para seguir debatiendo sobre estas y otras cuestiones que, como puede observarse, son más complejas de lo que parecen.

 

PD: O sea, que la presentación de la comunicación y la moderación de la mesa fue muy bien, y que me encantó que surgiera el debate. ¡Espero tus comentarios!

Conclusiones del V CICR

cicr vAyer concluyó el V Congreso Internacional Comunicación y Realidad, organizado por la Facultat de Comunicació Blanquerna de la Universitat Ramon Llull de Barcelona. Durante dos días, un centenar de investigadores han podido intercambiar ideas y experiencias sobre las últimas tendencias en comunicación. A través del twitter del congreso podéis haceros una idea de lo que se debatió y en el blog encontraréis las conclusiones oficiales (por cierto, desde aquí mi enhorabuena al equipo que retransmitió el evento). A continuación, mis conclusiones:

1. Las nuevas tecnologías han multiplicado las posibilidades de participación de los ciudadanos en la creación, producción y difusión de contenidos multimedia. Se abandona, por tanto, la concepción pasiva de la audiencia para convertirse en coautora o colaboradora necesaria de cualquier proyecto de comunicación con posibilidades de éxito.

2. Los emisores tradicionales todavía no saben cómo aprovechar, profesional  y económicamente, los recursos que los ciudadanos están poniendo a su alcance. Se prueban nuevos formatos, se apuesta por la hibridación de géneros y la convergencia de plataformas, pero no terminan de consolidarse modelos rentables de negocio.

3. La distinción entre nativos digitales e inmigrantes digitales también se torna insuficiente, ya que los públicos son cada vez más heterogéneos, lo que se traduce en la necesidad de personalizar o hipertargetizar los mensajes. No obstante, la mayoría busca ser escuchado, tener cierta cuota de poder y disfrutar de experiencias y gratificaciones inmediatas, rápidas y gratuitas.

4. La identidad personal y la conciencia ciudadana se transforman en un mundo virtual donde la ilusión del anonimato conduce, paradójicamente, a la exhibición desinhibida de la intimidad y a comunidades carentes de liderazgo y fines compartidos.

5. Persisten además los peligros presentes en el mundo real, sólo que acelerados y amplificados, lo que puede producir efectos devastadores en la dignidad de las personas y en la imagen de las instituciones si no se actúa con rapidez y creatividad.

6. El establecimiento de límites sociales, éticos y legales tampoco resulta fácil en los entornos virtuales, por lo que existe el peligro de dejar desprotegidos a los sectores más vulnerables como niños, adolescentes o inmigrantes.

7. Nos encontramos, por tanto, en un momento de experimentación, de metamorfosis, donde resulta difícil prever el futuro al que nos encaminamos más rápido de lo que probablemente podamos asimilar.