Hacer o no hacer el doctorado, he ahí la cuestión

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Una decisión importante debe tomarse con todo nuestro ser: cabeza, corazón y cuerpo. /  Freepik.

En la vida hay decisiones más o menos importantes. Elegir la profesión a la que uno quiere dedicarse, encontrar la pareja adecuada y tener o no descendencia suelen considerarse trascendentales. La realización de una tesis doctoral o una primera investigación de envergadura tal vez no pueda compararse a las anteriores, pero reviste importancia en la medida en que requiere un tiempo, un dinero y una energía considerables.

En relación el tiempo, el doctorado suele durar una media de cuatro años a tiempo completo, a veces incluso más. Sobre el dinero, existe una diferencia importante entre contar con alguna beca o ayuda y no disponer de ella, pues la compra de libros, la asistencia a congresos y la realización del trabajo de campo suelen generar gastos. Y en cuanto a la energía, qué decir, es el bien fungible más preciado. La persona que realiza una tesis doctoral gasta una considerable energía mental y reduce su vida social de forma significativa, algo que también puede suponer un gran desgaste, como comentaré más adelante.

Una decisión que requiere considerable tiempo, dinero y energía no debería tomarse a la ligera. Es más, podría decirse que, a grandes decisiones, (son necesarias) grandes meditaciones.  Elijo la palabra meditación de forma deliberada, pues, aunque la Real Academia Española la reduce a pensamiento, no considero que se trate únicamente de un ejercicio mental, sino de una escucha completa y profunda del propio ser.

Dicho de un modo menos abstracto, una decisión relevante no debería limitarse únicamente a sopesar las razones por las que uno podría hacer el doctorado, sino también los deseos, los valores, las vibraciones…  Cabeza, corazón y cuerpo, grosso modo, serían los tres pilares que permiten sentarse y asentarse en el taburete del doctorado cuando las fuerzas flaquean, y ten por seguro que en algún momento flaquearán. Nadie aguanta cuatro años en la misma posición, por muy cómoda que sea.

Por tanto, si no tienes claro si quieres hacer el doctorado o no, lo mejor que puedes hacer por ti mismo es regalarte el tiempo necesario para decidir con todo tu ser: no sólo con tu cabeza, no sólo con tu corazón, no sólo con tu cuerpo. Esta decisión implica conocerse muy bien a uno mismo y, como no suele ser lo habitual, la realización de la tesis doctoral constituye sin duda un proceso de conocimiento, pero también un viaje al autoconocimiento que te invito a iniciar cuanto antes. ¿Me acompañas?

(Extracto de mi próximo libro, Coaching para doctorandos)

 

Imagen: Freepik

 

¿Cómo debería ser la relación con el director de tesis?

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La relación entre doctorando y director de tesis debería ser como cualquier relación de dos personas adultas que tienen un objetivo común: aportar una investigación de calidad a la sociedad / Imagen: Freepik (jcomp).

El otro día me escribió una persona que está haciendo el doctorado y me comentó: “Mi director de tesis no me contesta correos y sólo he tenido tres entrevistas personales. ¿Eso también forma parte de la tesis?”. Le contesté un poco rápido, porque había más cuestiones: “Lo que comentas me consta que le ha pasado a otras personas, pero no debería ser lo normal”. Hoy quiero ahondar en la respuesta y, en cierto modo, matizarla.

En primer lugar, quiero dejar claro algo que muchas veces olvidamos, por los motivos que sean: todos somos personas. Olvídate, por tanto, de las etiquetas, de los roles que adoptamos en el ámbito profesional, y piensa en tu director y en ti como dos personas adultas.

¿Cómo es la comunicación entre dos personas adultas, independientemente de la vía de comunicación que utilicen? Si te diriges a una persona, esperas una respuesta; si envías un mensaje de correo, esperas una contestación; si envías un mensaje personal de Whatsapp, también esperas un comentario. Y viceversa.

Desgraciadamente, y como ya apunté en otro artículo titulado Un mundo sin respuestas, hace tiempo que percibo que los adultos han comenzado a comportarse como niños egocéntricos y malcriados, que sólo responden a aquello que les interesa. No incido en esto, pues puedes releer el post si así lo deseas.

Por tanto, a la primera parte de la pregunta, respondo rotundamente no. Que un director de tesis no te responda a los correos no debería ser norma, aunque desgraciadamente pueda convertirse en algo normal. Dicho esto, asegúrate de que le llegan antes de hacer mala sangre. Llama a la universidad y pregúntaselo como se lo preguntarías a otra persona cualquiera. Y, si no le localizan, deja el recado a quien puedas (desde el conserje al vicedecano de investigación). Este último mensaje seguro que le llega. 😉

Una relación para aportar algo útil a la sociedad

Vayamos a la segunda parte de la pregunta. No sé en cuánto tiempo has tenido tres entrevistas personales, pero por el contexto entiendo que han sido tres entrevistas en un periodo prolongado de tiempo. Bien, aquí vuelvo un poco a lo de antes: una relación de dos personas adultas será como esas dos personas establezcan que sea.

Esto significa muchas cosas. La primera, que no puede ser una relación en la que uno esté muy cómodo y otro muy incómodo, pues no se cumplirá el objetivo final de la dirección de tesis, que es acompañar a la persona en el proceso de realizar una investigación de máximo nivel académico y máxima utilidad social.

He puesto acompañar en cursiva porque creo que todos tenemos claro que el director o directora de tesis no hace la investigación por el doctorando o doctoranda, sino que supervisa que el aprendiz avanza adecuadamente en su proceso de investigación y garantiza la calidad del resultado.

¿Cómo se hace esto? ¿Con una reunión inicial y otra final, encuentros cada vez que se realiza y corrige una entrega, con sesiones periódicas? Esta decisión depende de las dos partes y, por tanto, requiere mucha honestidad por parte del doctorando/a y del director/a.

La persona que comienza el doctorado ha de realizar un importante ejercicio de autoconocimiento, basándose en su experiencia como estudiante. Algunas preguntas que podría hacerse son:

  • ¿Puedo aprender sin necesidad de compartir mis avances con otras personas?
  • ¿Pienso mejor solo o a través del diálogo con otras personas?
  • ¿Puedo avanzar rápida y eficazmente o necesito retorno de mis avances cada poco tiempo? En caso negativo, ¿cada cuánto?

El director o directora de tesis ha de ser también muy sincero con la persona que inicia la aventura del doctorado:

  • ¿Existe una mínima afinidad personal con la persona que dirigirá?
  • ¿Le interesa mínimamente el tema de investigación?
  • ¿Cuánto tiempo está dispuesto a dedicar a dialogar y corregir?

Cada director de tesis con su doctorando

Si es cierto que cada maestrillo tiene su librillo, y cada oveja su pareja, dejadme imaginar que cada director de tesis tiene su doctorando…

Tipo de relación

Director de tesis

Doctorando

Pasiva

El director se reúne con el doctorando el mínimo imprescindible, a veces sólo al principio y cuando recibe la tesis finalizada. Proactivo

Con gran fuerza de voluntad

Con elevado don de gentes

Con alta confianza en sí mismo

Reactiva

El director se reúne sólo cuando lo solicita el doctorando, normalmente cuando hay alguna duda o se entrega una parte de la tesis. Autónomo

Con fuerza de voluntad

Con cierto don de gentes

Con cierta confianza en sí mismo

Proactiva

El director se interesa por la evolución del doctorando, le envía material útil, se reúne periódicamente para dialogar, revisa a medida que el doctorando va avanzando. Dependiente

Con menor fuerza de voluntad

Con poco don de gentes

Con poca confianza en sí mismo

Obviamente, no son tipos puros, pero pueden ayudaros a ver con más claridad dónde estáis cada uno. A partir de esta tabla podéis hacer las combinaciones que queráis. Si se juntan una directora pasiva con una doctoranda dependiente, esa tesis no se termina nunca. Si se juntan una directora proactiva con una doctoranda semejante, esa tesis termina en el plazo previsto o incluso antes.

En resumen. Si todavía no has elegido director/a de tesis, analiza muy bien quién eres tú e infórmate muy bien de cómo trabaja tu posible director o directora. Lo ideal es que se lo preguntes tú mismo, como le preguntarías a cualquier persona que te presta un servicio, en el mejor sentido de la palabra. Y si te da apuro, piensa que más vale ponerse una vez “colorao” que cien veces amarillo.

Si ya estás comprometido con un director y te das cuenta de que la relación que mantenéis no te permite avanzar en el objetivo final, atrévete a planteárselo con normalidad. No acabar una tesis doctoral es un fracaso para ambas partes, tal vez más para el director, que es quien tiene más conocimiento y experiencia y, por tanto, más responsabilidad. Por tanto, lo más inteligente para los dos es ponerle remedio al asunto antes de que sea demasiado tarde.

Vuelvo a remarcar la cursiva, en este caso de fracaso. Todo en la vida sirve para aprender, sin duda. Y a veces se aprende mucho más de los errores que de los aciertos, por supuesto. Ahora bien, también es cierto que solo tenemos una vida, con un tiempo limitado, y hemos de aprovecharlo. No pierdas tú tiempo, tu vida, si ves que el doctorado no es para ti o no estás con la persona adecuada. Que todos somos personas, iguales en dignidad. No lo olvides.

 

 

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¿Abrumado por el exceso de información? Cómo saber a quién citar en tu tesis doctoral

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La elaboración de la tesis requiere humildad, pero también paciencia y comprensión hacia uno mismo. / Imagen: Freepik (pressfoto).

Sigo respondiendo a las cuestiones que van surgiendo a raíz de ese artículo que ya se ha convertido en una especie de foro Consejos para quien comienza el doctorado de quien no lo ha terminado.

La formulación de la pregunta es la siguiente: “Siempre tienes la sensación de estar perdido y cuando estás en un artículo surge la pregunta: ¿Esto me sirve? Lo cual te desalienta. Como hoy en día hay tanto exceso de información, nunca sé cuándo estoy leyendo un artículo si es ‘el correcto’ y dudo de todos (quizás forme parte de la tesis también esto)”.

Muchas personas se sienten abrumadas por el “exceso de información” cuando comienzan su tesis doctoral. Es normal, si se tiene en cuenta la cantidad de información que se produce diariamente en internet y fuera de ella. Recuerdo perfectamente la sensación de insignificancia cuando me paseaba por los pasillos de la gran biblioteca de la universidad. ¡Cuánta información, cuánto conocimiento, cuánta sabiduría acumulada!, hubieran exclamado mis ojos, abiertos como platos, si hubieran podido hablar.

No está mal sentirse un poco insignificante, si esta sensación nos ayuda a reconocer nuestra propia ignorancia. De sobra es conocido el caso de Sócrates, padre de la filosofía occidental, quien llegó más lejos que muchos otros pensadores a partir de una sencilla pero firme convicción interior: “Sólo sé que no sé nada”.

No olvidemos tampoco al hombre que dio por obsoletos todos los presupuestos de la filosofía anterior a su época con otra máxima que ha pasado a la Historia de la Filosofía: “Pienso, luego existo”. Frase de Descartes que bien podría haber sido sustituida por otra, más fiel a su método: “Dudo, luego existo”.

Estos ejemplos y nuestra experiencia cotidiana han de servirnos para recordarnos que, a la hora de innovar, es mejor no saber nada y dudar de todo que tener todas las respuestas antes de comenzar una investigación. Porque sólo así podremos realmente enriquecernos, porque sólo de este modo podremos encontrar algo nuevo.

Dicho esto, que quede claro que no sabemos cuántos diálogos mantuvo Sócrates a lo largo de su vida para llegar a tan lúcidas conclusiones ni cuántos viajes y lecturas hizo Descartes antes de poder expresar su pensamiento con la fuerza que lo hizo. Lo aviso desde ya porque muchos doctorandos y doctorandas se comparan, consciente o inconscientemente, con investigadores/as que llevan muchos años en un área, muchos más de los que dura la tesis. Que no te confundan los egos que pululan por el mundo universitario: esa eminencia y ese catedrático también empezaron sin tener ni idea de lo que leían.

Por tanto, mucha humildad, pero también mucha paciencia y comprensión a lo largo de un proceso que requiere un tiempo de entrenamiento y maduración.

Consejos para seleccionar las referencias clave

Desde un punto de vista más práctico, voy a intentar exponer algunos consejos que hubiera agradecido en el momento en que me iniciaba en la aventura de la investigación. No son los únicos ni probablemente los mejores, así que os invito a los lectores y lectoras a aportar vuestro granito de arena a través de los comentarios. Así nos enriquecemos todos, que es de lo que se trata.

  1. Estudiar dos o tres manuales de referencia del área o tema en que nos iniciamos. Creo que una buena forma de empezar es buscar dos o tres manuales de referencia del área o tema en que nos iniciamos para saber cuáles son los temas clave, las teorías principales y los autores más reconocidos. Es verdad que las personas que realizan el doctorado, al menos en España, han cursado un grado y un máster, pero la mirada de un alumno no es la misma que la de un doctorando, por lo que no está de más volver a leer lo ya sabido. Porque sólo sabemos que no sabemos nada, ¿recuerdas? 😉
  1. Buscar los conceptos o teorías clave en diccionarios o enciclopedias especializadas y/o de prestigio. Otra opción muy recomendable es buscar los conceptos sobre los que quieres trabajar o las teorías donde crees que podrías enmarcar tu trabajo en diccionarios o enciclopedias especializas y/o de prestigio. Los escriben personas que saben de lo que hablan y explican el concepto, su evolución y la bibliografía de referencia. Buen punto de partida para saber quiénes son los autores más reconocidos, siempre que contrastes la información, pues podría ocurrir que un autor se citara únicamente a sí mismo y a sus amigos (ese ego y esas camarillas, que no falten).
  1. Consultar artículos en revistas científicas Seguidamente, puedes buscar la obra de los autores clave que hayas encontrado anteriormente. Ahora bien, algunos expertos recomiendan comenzar con artículos en vez de libros, y estoy de acuerdo. Un artículo es mucho más breve y te permite hacerte una idea rápida de si esa persona te puede aportar algo o no. En caso de que te interese, puedes seguir profundizando en su obra a través de sus monografías o libros.
  1. Analizar repeticiones e índices de citación. De la lectura de artículos, podrás ver los autores que más se repiten en la bibliografía. Es una buena pista para saber a quién se tiene en cuenta y a quién no dentro del ámbito. Algunos investigadores también indican cuál es su índice de citación, por ejemplo a través del Google Scholar Citations, lo cual también te puede dar pistas sobre su relevancia (o su red de contactos, ejem).
  1. Seguir la intuición o resonancia del corazón. Hay algo muy importante a lo que todavía no se le da suficiente importancia, pero que creo que ya recogía en cierto modo Umberto Eco en su libro Cómo hacer una tesis y que reinterpreto a mi manera: toma nota de todas las citas que te resuenen por dentro, que digan algo que te conmueva, te llene, te inspire, te remueva. Toda investigación no deja de ser un diálogo entre un sujeto y un objeto, entre una persona (completa, no esas cabezas andantes que se ven por algunas universidades) y una realidad. Tu mirada es tan importante como lo que crees que estás mirando pues, como ya se ha demostrado científicamente, la mirada del observador condiciona el resultado de lo observado.
  1. Actuar sin pausa, pero sin prisa. Este apunte merecería otro post, pues al exceso de información se añade la enorme aceleración que ha comportado el uso masivo de las tecnologías digitales. Pues bien, sólo quiero decirte que no por leer más páginas y más rápido lo vas a hacer mejor, de la misma manera que no por mucho madrugar amanece más temprano. Es importante que sepas en qué momentos del día puedes leer lo más complicado, estás más inspirado para escribir, cuándo has de parar porque ya estás embotado o cuándo dejar de leer y pensar qué te está aportando realmente un autor o lectura. Y, como te he dicho antes, mucha paciencia y comprensión contigo mismo, que esto es un proceso, y el músculo cerebral también requiere de entrenamiento.

Abrumar significa, según la RAE, “agobiar con un peso grave”, “preocupar gravemente”, “producir tedio o hastío”; pero, al mismo tiempo, se asocia con “asombro o admiración”. Con este artículo te invito a no ponerle tanto hierro a lo que haces, a no preocuparte tanto por si estás haciendo lo correcto o no, sino a recuperar tu capacidad de asombro y admiración por las personas que se han preguntado o se preguntan lo mismo que tú y han buscado o están buscando la respuesta más comprensiva y útil para la sociedad, para todos. Encuentra un sentido a tu trabajo y confía en ti mismo, y encontrarás el camino.

 

Imagen de Freepik(pressfoto):

 

Cómo convivir con la soledad durante la tesis de doctorado

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¿Es la soledad un problema o una oportunidad? / Imagen: Freepik (Racool_Studio).

 

A raíz de uno de mis artículos más comentados, titulado Consejos para quien comienza el doctorado de quien no lo ha terminado, ha surgido la pregunta de “cómo afrontar la soledad que conlleva la tesis doctoral”.

Fíjate en la formulación de la pregunta. Afrontar la soledad. ¿Sabes cuál es el significado de esta palabra? La RAE ofrece diversas acepciones: poner cara a cara, hacer frente al enemigo, hacer cara a un peligro, problema o situación comprometida…

¿Es la soledad un problema para ti?

A ver si estás de acuerdo conmigo en esto.

La investigación es una tarea fundamentalmente solitaria, ya que se trata de un ejercicio mental, y este es un acto o conjunto de actos íntimos accesibles únicamente para la persona que los ejecuta –y por muchos años, que quién sabe lo que puede pasar cuando avancen las neurociencias, ejem-.

Formar parte de un grupo de investigación puede mitigar la sensación de soledad, pero no te exime de realizar el esfuerzo de pensar. Así, cuanto más reflexiones por ti mismo, más podrás aportar al grupo, y viceversa.

¿Qué te quiero decir con esto?

Pues que el problema no es la existencia objetiva de la soledad, inevitable en una tarea intelectual, sino cómo interpretamos subjetivamente dicha soledad.

Como casi todo en la vida, el primer paso para superar cualquier dolor es reconocerlo. En este caso, lo primero es reconocer que nos sentimos solos o solas cuando investigamos. Una vez reconocido, intenta acotar mejor esa sensación.  Si localizas el foco principal del dolor y lo iluminas, podrás ponerle remedio y dejar de sentirte tan solo o sola.

¿En qué momentos te sientes solo o sola cuando investigas?

¿Antes de ponerte a ello? ¿Te gustaría trabajar con más personas a tu alrededor?

¿Durante la investigación? ¿Alguien con quien comentar algo que te ha llamado la atención?

¿Cuando has finalizado? ¿Alguien con quien hacer balance de la jornada?

¿En momentos puntuales? ¿Cuándo se realizan eventos presenciales y no puedes asistir?

No conozco tus circunstancias concretas, pero a continuación te ofrezco algunas ideas para poder convivir con la soledad mientras realizas la tesis doctoral. Y digo expresamente “convivir”, porque la soledad siempre nos acompañará a quienes nos planteamos problemas y buscamos soluciones en el ámbito académico.

  1. Utilizar un diario-agenda de investigación. Puedes utilizarlo sólo cuando necesites compartir algo con alguien, pero también para aprovechar al máximo cada día: qué vas a hacer, qué has logrado y qué queda pendiente para el día siguiente.
  2. Abrir una cuenta en las redes sociales. Elige una o dos redes sociales donde se encuentren los expertos o expertas de tu área de investigación y comienza a seguirles y a interactuar con ellos. Así sabrán de tu existencia y, en algún momento, podrían responder a algunos de tus mensajes o compartir contigo información relevante.
  3. Crear un blog sobre el tema de investigación. Esta herramienta tiene la ventaja de que te permite profundizar más en algunas cuestiones y alimentar tus redes sociales. También te sirve para crear una comunidad de personas interesadas en el tema y trabajar en la construcción de tu marca personal y reputación profesional. Este blog que estás leyendo ahora mismo lo inicié durante el proceso de doctorado, y creo que fue una excelente decisión. Fíjate, así nos hemos conocido tú y yo. 😉
  4. Montar un club de doctorandos. Es cierto que la mayoría de las veces se investigan temas muy diferentes, pero todos los doctorandos comparten presupuestos teóricos y dificultades parecidas que, compartidas, tienen más fácil solución o, al menos, digestión. Ya sabes, una pena entre dos es menos pena. Este punto no es fácil –hablo por experiencia-, pero siempre encontrarás a algún platónico convencido del poder del diálogo, algún director de tesis con vocación de coach o alguna facultad que ponga los medios para fortalecer el trabajo en equipo en su cantera de futuros profesores.
  5. Acudir a congresos de tu especialidad de investigación. Si no tienes suerte con el punto anterior, prueba a acudir a congresos, seminarios, jornadas, etc. donde se traten temas relacionados con tu tesis doctoral. Seguro que conoces doctorandos que están deseando conocerte y compartir lecturas y herramientas para darle un salto cualitativo a su proyecto.
  6. Impartir clases, seminarios o charlas sobre tu especialidad. Los doctorandos pueden tener encomendadas tareas de docencia o no. En caso de que no sea así, ¿por qué no te ofreces a dar una o varias charlas sobre un tema en el que estés trabajando? Este hecho te requerirá un mayor esfuerzo, pero también te aportará mucho más a nivel personal, pues sabrás hasta qué punto tienes claro lo que estás haciendo. Más todavía, te permitirá saber si la docencia universitaria puede ser lo tuyo o no. En caso afirmativo, contarás con una motivación interna extraordinaria –también lo digo por experiencia-, algo fundamental para finalizar la tesis.

Si te ocurre alguna idea más, escríbeme por favor un comentario en este blog y así más personas podrán tenerla en cuenta.

¿Y has llegado a alguna conclusión?

Si todavía concibes la soledad como una situación insufrible y desagradable, como un problema que hay que superar, entonces es probable que mucha energía mental se escape a través de esa creencia y no acabes de disfrutar del privilegio que suponen el silencio y el pensamiento en una sociedad ruidosa y reactiva.

Por el contrario, si percibes la soledad como una amiga que te está dando el gran regalo de profundizar en el autoconocimiento y avanzar en el desarrollo personal, entonces la tesis doctoral se convierte en la gran oportunidad para aprender a controlar la propia mente, las palabras que nos decimos a nosotros mismos en los momentos de dificultad: nuestros miedos, nuestros condicionamientos, nuestros prejuicios, nuestro desconocimiento…

Para ti, con todo mi afecto.

 

 

 

 

 

¿En qué momento se distanciaron profesión y academia? Reflexiones en torno al V Media Ethics Conference

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Por fin pude asistir a la quinta edición del Congreso Internacional de Ética de la Comunicación (V International Conference Media Ethics), que se celebró en Sevilla los pasados 28 y 29 de marzo. Había asistido a la primera y a la segunda edición, pero no había podido acudir a las restantes, y fue un auténtico placer reencontrarme con viejos conocidos y viejas problemáticas. Esta vez no presenté ninguna comunicación, por falta de tiempo para prepararla, pero me pregunto si ese hecho me ayudó a mirar el congreso desde otra perspectiva…

Esta vez no voy a hacer un resumen de las ponencias y comunicaciones que se presentaron. Para eso, apreciado lector o lectora, ya cuentas con el programa del congreso, la cobertura que hice desde mi cuenta de Twitter con el hagstag #MethicsConf y alguna que otra crónica, como la que resume la intervención de Hugo Aznar, profesor de la Universidad CEU-San Pablo de Valencia.

Esta vez voy a anotar algunas reflexiones que me ha sugerido el congreso, por el puro placer de escribirlas y compartirlas:

  • Nada nuevo sobre el horizonte: mismos enfoques, mismas técnicas. Me sorprendió que, tres años después de haber defendido mi tesis y no haber podido dedicarme a la investigación sobre ética periodística, se sigan tratando prácticamente las mismas cuestiones con los mismos planteamientos y metodologías. Comprendo que el avance científico es lento, y que en poco tiempo es imposible establecer un cambio de paradigma, pero no puedo quitarme de encima esa sensación de Déjà vu
  • El periodismo sigue siendo el rey de la investigación en comunicación. A pesar de tratarse de un congreso de ética de la comunicación, el periodismo sigue acaparando el protagonismo de los investigadores, dejando en un muy segundo plano los medios audiovisuales –y no hablo de las reflexiones sobre la ética de la ficción, inexistentes- y la comunicación publicitaria o, en general, persuasiva.
  • Ni rastro de los periodistas ni de los comunicadores en ejercicio. En algún momento del congreso se hizo referencia a los periodistas vocacionales que se esfuerzan por hacer bien su trabajo en medio de circunstancias adversas. Ahora bien, no había prácticamente ninguno en la sala, con lo que todas las recomendaciones no dejaban de ser lo que denominamos un brindis al sol…
  • La dificultad de hacer autocrítica. Algunos investigadores abogaron por establecer una relación más estrecha entre periodistas y ciudadanía, como una vía para conseguir financiación y contenidos de mayor calidad. Eso sí, nadie se planteó por qué existen tantas dificultades para que la universidad y los profesionales puedan trabajar juntos en pro de una mejor investigación y una mejor información, respectivamente.
  • La inteligencia emocional todavía no ha llegado a la universidad. Me sorprendió que la mayoría de las investigaciones siguen la tradición positivista-cientificista, es decir, hipótesis, comprobación de hipótesis a través de un trabajo de campo, conclusiones. No es que tenga nada en contra de ella; más bien al contrario, me parece necesario que existan este tipo de investigaciones. Sin embargo, la ética, como filosofía moral, no puede quedar reducida a ella, so pena de perder sentido y trascendencia. ¿Qué significa investigar sobre ética: saber qué se entiende por ella, contribuir al bien de la profesión y de la sociedad, ser mejor persona y mejor profesional…? Aristóteles lo tenía claro: estudiamos ética para ser buenos, para ser mejores personas. Los estudios de corte cientificista ni inspiran ni motivan. Desmoralizan, que diría mi admirado Ortega y Gasset.
  • No hay congreso pequeño, sino almas pequeñas. Si comparo esta edición con las dos primeras, observo que el International Conference Media Ethics ha quedado reducido a su mínima expresión. Muy lejos quedaron el enorme salón de actos de la Facultad de Comunicación, las numerosas sesiones paralelas, el bullicio de congresistas y estudiantes… Y, sin embargo, ha sido el congreso que más me ha conquistado a nivel humano. Felicidades a todos los organizadores, especialmente a Juan Carlos Suárez Villegas, profesor de la Universidad de Sevilla.
  • Si seguimos haciendo lo mismo, seguiremos obteniendo los mismos resultados. No conseguimos que periodistas ni estudiantes se interesen por los congresos de ética y, sin embargo, seguimos repitiendo la misma fórmula: busto parlante, preguntas, busto parlante, preguntas… Creo que ya es hora de atreverse a probar otros formatos, otras estrategias. Como bien me recuerda mi apreciado Enrique Sueiro, “comete nuevo errores”. El “no” ya lo tenemos.

Si algún periodista o directivo de un medio de comunicación está preocupado por la repercusión que pueden tener sus informaciones en la sociedad y ha conseguido leer este post –dos circunstancias dignas de mérito-, que por favor nos ayude a buscar fórmulas para que quienes tienen tiempo para pensar –académicos- y quienes tienen tiempo para actuar –profesionales- puedan compartir ideas y experiencias, y trabajar juntos por un periodismo digno de ese nombre: veraz, plural y de interés público.

AlbertEinstein

¿Quién regenerará el periodismo? Retos de una profesión en transformación

Hace unos días se presentó en el Col·legi de Periodistes de Catalunya el libro de Josep Carles Rius, Periodismo en reconstrucción. De la crisis de la prensa al reto de un oficio más independiente y libre. El periodista y presidente de la Fundación Periodismo Plural ha estado acompañado por periodistas de varias generaciones como la joven periodista experta en África, Gemma Parellada, la periodista y ex defensora del lector de El País, Milagros Pérez Oliva, el ex director del diario Ara, Carles Capdevila y el veterano periodista catalán, Josep Martí Gómez.periodismo en reconstruccin

En palabras de su autor, la obra pretende ofrecer un buen diagnóstico de la situación actual para, a partir de ahí, “reconstruir el periodismo y no volver a repetir los mismos errores”. Rius sostiene que la crisis del periodismo se ha debido a la confluencia de diversos factores que han dado lugar a una especie de “tormenta perfecta”: cambios tecnológicos, grandes errores de gestión, la “depresión” económica y la “crisis de credibilidad o ética”.

Entre las soluciones, el periodista sostiene que es necesaria una “regeneración de los grandes medios públicos y privados” y que la principal aspiración ha de consistir en recuperar la credibilidad y la confianza. Para ello, recomienda comprometerse con las personas (“factor humano”), volver a los orígenes del periodismo, favorecer las voces libres dentro de los grandes medios y recuperar el debate intelectual en las redacciones. Ante tamaña tarea, el profesional de la información propone “una alianza entre generaciones para llegar a un periodismo independiente y libre”.

La siguiente en tomar la palabra ha sido la periodista más joven de la sala, Gemma Parellada, quien ha considerado “la falta de criterio” como una de las causas de la crisis del periodismo. También ha pedido que dejemos de echar la culpa de todo a los demás, con argumentos como que “al lector eso no le interesa”.

Redacciones amordazadas

La periodista de El País, Milagros Pérez Oliva, ha asegurado que la crisis es una oportunidad que algunos han aprovechado para “convertir el periodismo en un instrumento al servicio de los intereses económicos y partidistas”. También ha lamentado la ausencia de verdaderos editores, quienes han sido sustituidos por gestores que sólo miran la cuenta de resultados. Todo ello ha producido, según Pérez Oliva, “consecuencias graves en las redacciones”, como por ejemplo la autocensura. Y la precariedad laboral no ha hecho más que agravar este problema, ha añadido. Que las redacciones se estén convirtiendo además en gestoras del tráfico y el espacio supone una “devaluación del intelectual colectivo” muy peligroso. Es por ello que ha valorado mucho el libro que se ha presentado, pues da voz a muchos periodistas y abre “un espacio de reflexión que no existe en las redacciones”.

El siguiente en intervenir, Carles Capdevila, ha calificado la obra como una mezcla de “mala hostia y esperanza”. El exdirector del Ara ha pedido “más autocrítica” a los compañeros de profesión y ha comparado el periodismo con un edificio en ruinas, donde coexisten paredes derruidas y paredes maestras, donde algo se ha perdido, algo debe conservarse y algo está por construir.

Falta de épica

Entre las amenazas que se ciernen sobre el periodismo, ha citado los algoritmos matemáticos, que la gente no quiera pagar por la información, la ausencia de un modelo de negocio, el desánimo de los profesionales, el exceso de pragmatismo y la falta de épica, la crisis económica que ha dejado a los medios en manos de los bancos y la confusión entre lo que es el periodismo y lo que no lo es.

Por el contrario, Capdevila considera que ahora existen más oportunidades para llegar al lector, que este tiene más ganas de aprender, que la impunidad es mucho más difícil que antes, que es más fácil saber lo que piensa el lector, que se ha acabado el monopolio da la información y que contamos con “herramientas interactivas brutales”.

Finalmente, Josep Martí Gómez també ha insistido en la importancia de realizar “examen de conciencia” y ha constatado la fuerte autocensura y falta de diálogo que se vive en las redacciones. Es por eso que ha alentado a ganarse la confianza de los lectores y ha lanzado un interrogante al auditorio: “¿Qué pasará cuando llegue la publicidad del Santander, el Corte Inglés y La Caixa a la web?”.

A modo de conclusión, Josep Carles Rius ha afirmado que la “revolución” del periodismo ha de hacerse dentro y fuera de los medios, y ha alentado a los periodistas allí presentes a buscar la credibilidad, “el bien más preciado”.

***

Muy interesante, muy interesante.

Al salir de la sala, una compañera allí presente me comenta: “¿Y dónde estaban algunos de los que han hablado cuando el periodismo entraba en crisis?”.

Ah, qué gran pregunta…

Sigue faltando autocrítica…

Se saludan los conocidos y todos nos marchamos de la sala antes o después…

¿Cuál ha sido el efecto de palabras tan acertadas?

Si nos hubiera escuchado un alto cargo político o el consejero delegado de algún banco, se hubiera frotado las manos: “Tranquilos, nada ha cambiado”.

Seguimos siendo francotiradores, orgullosos de la calidad de nuestro disparo.

La ilusión venció al miedo: presentación de mi tesis

Estimado lector,

El día 21 de enero de 2016 defendí mi tesis doctoral en la Facultad de Comunicación y Relaciones Internacionales Blanquerna. Fue un momento muy especial, no sólo porque culminaba un proceso de muchos años, sino porque estuve acompañada de personas que aprecio y me aprecian. Es por ello que pude disfrutar de todo el proceso. La ilusión venció al miedo.

Ya sabes que me interesa mucho la docencia, el periodismo y la ética, así que no te extrañarás si descubres, en la presentación que hoy comparto contigo, que mi tesis versara sobre esos temas. El contenido es, lógicamente, esquemático, pero te servirá para hacerte una idea. Como siempre, puedes preguntar y comentar lo que quieras, a la espera de que la tesis se publique en abierto.

Un fuerte abrazo y seguimos compartiendo.

Y después de la tesis, ¿qué?

Hace unos meses finalicé mi tesis doctoral y todavía no he escrito nada al respecto. Ni una sola línea. Extraño en mí, que me gusta reflexionar en voz alta y compartir experiencias, ¿no os parece?  Lo cierto es que todavía no sé por qué no me animo a celebrarlo. Será que todavía no ha llegado el momento de la defensa pública, prevista para el día 21 de enero, y que uno teme cantar victoria antes de lo previsto, “no vaya a ser que…”. Y, sin embargo, finalizar una investigación de semejante envergadura requeriría de unas buenas celebraciones, en plural, independientemente del juicio ajeno que merezca el resultado.

invitacion tesis

La tesis doctoral, creo que ya lo he comentado alguna vez, requiere un salto cualitativo respecto a cualquier trabajo realizado durante la carrera, por muchos motivos que ahora no entro a detallar, pero que exige dar lo mejor de uno mismo. El proceso implica un gran crecimiento intelectual y, en general, personal, y conlleva un gran desgaste físico y psicológico. Por eso, cuando uno acaba la tesis, lo primero que suele hacer es recuperarse. Recuperarse en todos los sentidos.

Por muy bien que uno se haya planificado, cualquier obra creativa puede pulirse indefinidamente, por lo que, si uno es mínimamente cuidadoso, y los doctorandos solemos serlo, solemos aprovechar hasta el último minuto disponible. Esto significa, entre otras cosas, que uno tiende a trabajar más horas de las recomendadas, descuidar otras facetas como el cuidado físico y las relaciones personales y, en definitiva, a desequilibrarse. Vamos, que no nos volvemos locos porque ya lo estábamos cuando nos metimos en esto.

El desgaste psicológico no debe ser menospreciado, ya que se trata de un trabajo muy largo en el tiempo –cuatro años de media, habitualmente más- y uno va siendo más consciente de sus errores a medida que transcurre el tiempo. Esto es bueno, pues significa que uno ha aprendido por el camino, pero ha de manejarse con cuidado, so pena de no cerrar nunca el proyecto. Como el poema de la utopía, que cito en mi tesis, el horizonte se mueve a medida que nos aproximamos a él.

A todo lo anterior se suman muchas incertidumbres, que solo el tiempo y el reposo pueden desvelar. ¿El esfuerzo mereció la pena? ¿Alguien valorará el resultado? ¿Podré dedicarme a la investigación y la docencia, como era mi deseo al iniciar el doctorado? ¿Y qué voy a hacer ahora, que he dedicado más de media vida a estudiar y aprender? Como puede apreciarse, el doctorando que ha depositado su tesis se enfrenta a un cóctel de interrogantes que ha de digerir con sumo cuidado, so pena de quedar (más) tocado. Tal vez por eso opté por el silencio, porque todavía no podía verbalizar muchas de las sensaciones y pensamientos que bullían por dentro. Tocada, sí, pero no hundida. Seguimos…

Qué me ha aportado y quitado el doctorado. Carta a María.

María navega en un mar de dudas. No sabe si realizar el doctorado o no hacerlo. Dice en un comentario a otro ‘post‘ que lo cogió con “mucha ilusión”, pero que, con el paso del tiempo, se ha desmotivado, duda si podrá hacerlo y no sabe si continuar o abandonarlo. Se plantea si merecerá la pena el tiempo que les restará a su familia y a su hija pequeña. Ay, la vida está repleta de pequeños-grandes dilemas.

barco en la tormenta

Me he comprometido a escribir este artículo, no porque tenga la solución, que sólo puede encontrar María, sino porque creo en el diálogo, es decir, creo que el intercambio de experiencias en un espacio de libertad y confianza genera progresos significativos en el conocimiento de las partes que participan. Es cierto que yo ya estoy a punto de concluir la etapa doctoral, pero agradezco mucho la posibilidad que me brinda María para hacer balance hasta el día de hoy y estoy deseando escuchar su opinión al respecto.

También quiero matizar que yo realizo la tesis doctoral en el ámbito de la Ética periodística y, por tanto, me muevo a caballo entre las Humanidades y las Ciencias Sociales; y que he podido disfrutar de una beca para investigar a tiempo completo durante cuatro años. Quiero decir que no sé hasta qué punto podré “saltar sobre mi propia sombra” y aportar ideas que sirvan a cualquier tipo de doctorando en cualquier circunstancia. Y, ahora sí, me dirijo a María y a todas las Marías que visitan el ciberespacio.

Apreciada María,

Sé muy poco de ti, pero lo suficiente para darme cuenta de que te encuentras en una encrucijada vital. Así interpreto yo el hecho de que te hayas decidido a buscar información por internet y, más todavía, a que hayas contactado conmigo. Te felicito por ser consciente de eso (el primer paso para solucionar un problema es ser consciente de su existencia) y te animo, como lo hice al responder a tu comentario, a ir hasta el final de tus dudas para poder tomar una decisión de la que luego no puedas arrepentirte.

Por lo que veo, atraviesas una etapa de gran desánimo. Si te soy sincera, yo creo que  esto es muy normal al principio. Porque uno se adentra en un mar infinito de informaciones montado en la barquichuela de la licenciatura o el grado y con una hoja de ruta muy precaria (los directores suelen delegar en los doctorandos la tripulación de la nave desde el inicio y muchos no vuelven a pisar el barco hasta que este llega a buen puerto). O sea, que la nave avanza lenta, insegura y empujada por las corrientes con las que se encuentra, con lo que tu autoestima baja tan pronto como se agotan los víveres de los que te equipó la carrera. ¡Y qué frustración, a ti que tanto te gustaba estudiar y encima sacabas buenas notas! 

Con esto sólo quiero decir que uno no debería abandonar el barco y volver a tierra por encontrarse en esa fase ya que, como digo, suele ser frecuente en los primeros momentos… Que pueden ser perfectamente dos años a tiempo completo (más si  son a tiempo parcial), que es el tiempo que se suele dedicar a elaborar el mapa mental o marco teórico (y que, dicho sea de paso, a mí me parece insuficiente, dada la sociedad de la información en la que nos movemos).

Si te has quedado estancada en esta fase, tal vez no hayas podido disfrutar todavía de la satisfacción que produce comprender en qué consiste o cómo funciona lo que estás estudiando, qué factores, qué condiciones, qué circunstancias, qué ideas se mueven en la superficie y cuáles en el fondo…  Esto que te cuento es muy difícil de explicar si no lo has experimentado, pero voy a intentarlo porque creo que aquí reside la clave para comprender qué es lo me ha aportado el doctorado.

Hay una frase, no recuerdo de quién, que dice que si tiras de un hilo, de cualquiera, te encontrarás con la vida. Mi hilo es la ética periodística, pero tu hilo puede ser la arquitectura modernista o la física cuántica. Da igual. Lo importante es saber que ese hilo, si lo tejes y desenvuelves bien, te conducirá hacia las verdades de la vida. En mi caso, por ejemplo, he visto cómo la deontología periodística en España se halla estancada porque nació como reacción a unas presiones sociopolíticas, derivadas a su vez de una sociedad que transitaba como podía de una moral católica nacional a una ética cívica global sin suficiente tiempo para asimilar el cambio. He visto, he visto en el sentido de que he contemplado, asimilado e integrado, la historia de mis antepasados, la de mis abuelos, la de mis padres y la mía. Y ahora me conozco mejor, me comprendo mejor y soy capaz de aportar algo al mundo, sobre todo a los que me rodean.

Me objetarás que esto se puede conseguir sin realizar el doctorado y te contestaré que tienes toda la razón. El hilo de la vida se encuentra en cualquier actividad, oficio u profesión (dejo ahora de lado la familia,) siempre que tires de él con suficiente convicción, persistencia y valor. Si esto es cierto, entonces, ¿para qué realizar tantos sacrificios? Algunos te dirán que el doctorado te aportará cierto prestigio social, cierta estabilidad laboral y cierta capacidad de influencia. Los típicos “bienes externos” de fama, dinero y poder que, por otro lado, puedes hallar más fácilmente en otras actividades.

¿Qué te quiero decir con esto? Pues que al final, al final, al final de todo, tú eres la única que puede saber si te atraen tanto conocer, entender, comprender y, en definitiva, aprender y compartir lo aprendido como para dedicarle tus mayores desvelos. Que los habrá, y desde el primer momento, como te he mostrado hace un momento.

En mi caso, he tenido la suerte de contar con becas de investigación y, por tanto, he podido adentrarme en el mundo del conocimiento sin preocupaciones de otro tipo. Ahora bien, también te digo que el exceso de tiempo a veces te lleva a no ser suficientemente efectivo. Y sobre el cuidado de tu hija, que comprendo perfectamente, pues no sé qué decirte, pero el sabio Aristóteles igual te recordaba que la virtud se halla en el término medio. Es decir, que no se trata de renunciar a una aspiración vital (que, ojo, podría transformarse en resentimiento hacia tu hija a medio plazo) o realizarla en un tiempo récord (no te compares, por favor, con quienes puedan o quieran ir más rápido), sino, tal vez, de hallar un lugar, tu lugar,  en que puedas disfrutar de lo que haces sin renunciar a otros valores importantes. Sólo así podrás comprender que el doctorado no te ‘quita’ nada que tú no quieras que te ‘quite’. Cómo ponerle límites es otra historia que, si quieres, comentamos más adelante. Que cada día tiene su afán. Cuídate.  

Imagen tomada de aquí.

Directivos que no escuchan, empresas que fracasan

Enrique Sueiro Villafranca (Pamplona, 1968) acaba de publicar el libro Comunicar o no ser. Escuchar y gestionar percepciones: el nuevo liderazgo, una obra cuyo principal mensaje podría resumirse así: si además de mandar, quieres liderar, más te valdría empezar por escuchar. Esto que, dicho así, puede sonar muy simple, tiene su complejidad, y la prueba de ello es que Sueiro se gana la vida formando y asesorando a directivos y profesionales en lo que él denomina Comunicagement, un modelo de gestión de la comunicación inspirado en la obra de Javier Fernández Aguado. comunicar_o_no_ser_final

Una de las cosas que más me gusta de su punto de vista, tal vez porque pienso lo mismo, es que la persona y la empresa no son realidades tan diferentes. Sí, ya sabemos que las empresas y las instituciones funcionan gracias a las personas, pero pocas veces se encuentra un libro que intente conectar esas dos realidades de modo tan claro. Así, la comunicación interna equivale, en el lenguaje sueiril, a la intimidad organizacional. Y si, como aconsejaba el sabio Sócrates,  la clave de la felicidad reside, en gran medida, en conocerse a uno mismo, ya podemos concluir cuál será la conclusión a nivel organizativo: o escuchas, o fracasas.

Ahora mismo me estoy acordando de una amiga que me decía algo así: “Jó, antes mi jefe me llamaba a su despacho y me decía que le encantaban mis críticas, porque estaba rodeado de pelotas y no podía hacerse cargo de la realidad. Ahora ya no me llama, salvo que no sea estrictamente necesario”. Qué pena. Por su jefe, que ha perdido una excelente fuente de información. Por ella, que ha perdido la confianza en su jefe. Y por la empresa que, de seguir así, acabará sufriendo innumerables patologías para finalmente morir y enviar personas valiosas al paro.

Estas analogías con el mundo de la medicina no son gratuitas, pues Sueiro aprovecha todo su saber y experiencia en comunicación científica para aplicarlos al mundo de la dirección de empresas. Un ejemplo muy querido al autor reside en la idea de que el rumor en cualquier organización equivale a un tumor en un organismo vivo que requiere una intervención  inmediata en comunicación.

En definitiva, la obra de Enrique Sueiro constituye un estímulo, un revulsivo para centrarse en lo importante. No en vano, la dedicatoria de la obra contiene una de sus máximas más conocidas, el Principio PePa (primero las personas, después los papeles). Cosas que, de puro sentido común, conviene recordar de vez en cuando, en medio de la vorágine de encargos, reuniones, llamadas y correos electrónicos:

  • Importa más la vida (vita) que la carrera profesional (el currículum).
  • Ser buena persona es, por tanto, más importante que ser buen profesional.
  • Hay que decir lo que se hace y hacer lo que se dice.
  • La comunicación más la coherencia generan confianza.
  • No hay que tener miedo a pedir perdón.

Y no sigo, que, digo yo, habrá que dejar algo para la lectura del libro. Ahí va el índice, para quienes se hayan quedado con ganas de más.

 Actualización

El 20 de noviembre de 2014 se publicó la entrevista que le hice a Enrique Sueiro en los diarios del Grupo Promecal y El Correo de Andalucía.

Conciliación doctoral: la tesis y la vida

Realizar una tesis doctoral no es nada fácil. Al menos, a mí no me lo parece. Nunca me he considerado una alumna brillante –al menos, no en todas las asignaturas que he cursado-, pero tampoco puedo negar que me gustaba estudiar –y me sigue gustando- y que la mayoría de las veces las notas acompañaban. Ahora bien, realizar el doctorado es algo cualitativamente diferente a cursar una carrera.

Durante la carrera, y hablo en términos generales, no había que pensar demasiado. Ibas a clase, tomabas apuntes, consultabas algún libro –alguno más si la asignatura te apasionaba- y el día del examen vomitabas lo aprendido sin pararte demasiado a pensar tu opinión sobre el tema y, mucho menos, a exponerla delante de tu examinador. ¿Fallo mío? Puede ser, pero el sistema de muchos créditos, muchas asignaturas y muchas prácticas no favorecía el diálogo ni la reflexión sosegada. Pero sacas buenas notas, tienes inquietudes intelectuales y te planteas empezar el doctorado, sin saber muy bien de qué se trata; y, desde luego, sin saber que es algo muy diferente a la licenciatura o, actualmente, el grado.

Con el doctorado accedes a otra dimensión. Por algo se trata del tercer ciclo universitario, el máximo nivel formativo al que puedes aspirar. Aquí te enfrentas a numerosos retos. El primero, encontrar un tema de investigación que te merezca la pena, en medio de una avalancha descomunal de información. Afortunadamente, hay buenos directores que te ayudan a acotar y centrar el foco. Luego, has de desarrollar una elevada capacidad de comprensión, pues te enfrentas a platos fuertes y no precocinados como en la carrera. También has de encontrar la forma más práctica de retener y recuperar la información que vas extrayendo de tus lecturas, que no es tan fácil como podría parecer. Y has de pasar mucho tiempo solo, sabiendo que tú eres el único capaz de distinguir cuándo estás trabajando de manera eficaz y cuándo estás mareando la perdiz. Para colmo, la presión del ambiente suele ser bastante fuerte, pues pierdes tu categoría de alumno –aunque sigues aprendiendo-, pero tampoco ganas la de investigador –aunque estás investigando-, con lo que entras en una especie de limbo en el que, si no tienes don de gentes ni espacios para el debate, puedes acabar totalmente aislado.

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En momentos así, uno tiene la tentación de dedicar más tiempo a la tesis, a ver si así lee más, comprende mejor, extrae más citas y, en definitiva, aporta más calidad y avanza más rápido, sin ser demasiado consciente de que corre el riesgo, el inmenso riesgo, de meterse en una espiral en la que se confunden el pensamiento y la vida. Ahora mismo recuerdo a un excompañero de doctorado que tenía la sensación de que, después de tantos años estudiando, había perdido (calidad de) vida. Lo decía en los momentos finales del doctorado y hay que ponerlo un poco entre paréntesis, pero no es la primera vez –ni me temo que la última- que observo cómo la tesis resta vitalidad.

El problema, creo, reside en que no se ha sabido encontrar el equilibrio entre el trabajo intelectual y la vida cotidiana. Recuerdo que un experto en finanzas comentaba en un congreso sobre educación que habíamos creado grandes cabezas sin alma. Sin duda, el doctorando corre el riesgo de desarrollar tremendamente su cabeza y olvidar otras partes fundamentales de su ser, como su corazón y el resto de su cuerpo. Y, obviamente, así no hay vitalidad ni felicidad que valgan. Y así tampoco se puede pensar ni crear algo interesante, relevante, original, impactante. Así sólo se consigue ir tirando y avanzar a trompicones, pagando además un coste personal muy elevado.

Por eso no sé hasta qué punto es bueno dedicar ocho horas al día a la tesis. Es verdad que conseguir una beca es un privilegio que no puede desaprovecharse –y yo no lo he hecho-, pero también sabemos que nuestro cerebro es limitado y que no consigue mantener la concentración durante demasiado tiempo seguido. En cualquier caso, me parece importante dejarlo claro. No se trata de elegir entre la tesis y la vida, sino de vivir mientras se hace la tesis. No permitas que nada ni nadie te borre la sonrisa. Que tengas un feliz y productivo día.

Imagen tomada de aquí.

El cuerpo, la dimensión ignorada de la Ética

Cuando hablamos de Ética, no solemos pensar en el cuerpo. Al menos, yo no suelo hacerlo. Es por ello que me ha parecido tan original el último libro del filósofo y teólogo Javier Sádaba, titulado Ética erótica (Península, 2014). En realidad, la obra contiene tres ideas que me parecen muy verdaderas y que merece la pena retener:

ÉTICA PARA EL BIENESTAR117169_etica-erotica_9788499422459

Muchas personas oyen hablar de Ética y se marean. ¡Menudo rollo se avecina!, parecen indicarte con su mirada. Y sin embargo, el último fin de la Ética, como muy bien recuerda Sádaba, es ayudarnos a vivir mejor, a ganar en calidad de vida, bienestar o felicidad. En definitiva, la Ética “ha de funcionar para estar a gusto con uno mismo y con los demás”. Y si no,  mal vamos.

Desgraciadamente, la Ética se ha confundido muchas veces con “moralina”, en el sentido de un tipo de saber o, mejor dicho, un tipo o tipa que dice saber lo que te conviene, algunas veces sin conocerte a fondo y la mayoría de ellas sin respeto ni confianza hacia tu persona. Y, encima, como denunciaba Joan-Carles Mèlich en su Lógica de la crueldad, haciéndote sentir culpable por no seguir sus directrices.

ÉTICA CON EL CUERPO

El núcleo del libro, no obstante, gira en torno a la idea de que la auténtica Ética no puede olvidarse del cuerpo. Una ética que ignore los sentidos, los sentimientos, la sensibilidad, el deseo, la imaginación y el sexo es una Ética alejada de la realidad, de nuestra realidad. Por eso, el libro constituye una defensa sosegada y bien argumentada de los “pequeños” placeres de la vida: una buena comida, una bella canción, un chiste original, un abrazo sincero y, por qué no decirlo, un buen orgasmo.

Esta dimensión erótica se ha ignorado durante demasiado tiempo, en parte porque se consideraba como algo feo, sucio, indigno o simplemente malo en general. Que se lo digan a nuestros padres y abuelos, que vivieron el nacional-catolicismo y, sin quererlo o no, algo nos transmitieron. Ahora bien, ver y oír hablar de sexo en los medios de comunicación sin tapujos, como sucede ahora, tampoco significa que hayamos evolucionado demasiado. Como sostiene Javier Sádaba en una entrevista que se publicará próximamente, si hay tanto mercado del sexo es porque éste todavía no se vive en plenitud. De ahí que la reflexión ética sobre el cuerpo y la sexualidad siga teniendo plena vigencia en pleno siglo XXI.

sadabaEs decir, la Ética no nos dirá lo que hemos de hacer, pero sí nos dará algunos consejos. El más básico, que no hagamos nada que dañe a terceros. Otro, por ejemplo, que intentemos disfrutar del sexo con plenitud… Y esto es más fácil, sugiere Sádaba, cuando hay una relación afectiva, cuando se va sin prisa, cuando se busca algo más que el mero desahogo fisiológico…

ÉTICA EN SOCIEDAD

Como puede observarse, la obra intenta aterrizar en una de las cuestiones más controvertidas y delicadas del ser humano, y ésta es otra idea que me parece muy valiosa. A quienes lean el libro, les sorprenderá que el filósofo dedique prácticamente toda la introducción a denunciar el clima de corrupción político-económica que nos rodea. Al preguntarle por esta cuestión, el autor no sólo no se retracta sino que se reafirma: la Ética no es algo que vivamos de manera individual, sino que necesita, necesitamos, de los demás, para poder vivir en plenitud. Que el autor no se olvide de nuestra dimensión cívica en un libro sobre Ética erótica nos ayuda también a comprender que de poco sirve perfumar nuestra casa si afuera sólo corre un viento vomitivo y repugnante. O sea, que cuidar nuestro cuerpo no debería llevarnos a olvidar que vivimos en sociedad, sino, tal vez, todo lo contrario. Estar bien con nosotros mismos constituye la mejor predisposición para contribuir a que todo lo demás también lo esté.

 Fotografía tomada de aquí.

Actualización

La entrevista que le hice al autor se publicó en los diarios del Grupo Promecal y El Correo de Andalucía el domingo 24 de agosto. Aquí, la versión online de uno de los diarios. El autor de la fotografía es Alonso y Marful.

El lado oscuro de la moral. Mi visión de “Lógica de la crueldad”

Recientemente he leído el libro del filósofo Joan-Carles Mèlich titulado “Lógica de la crueldad” (Herder, 2014). En este libro se expone una visión fundamentalmente negativa de la moral, algo que me ha sorprendido e interesado a partes iguales. Los que me conocéis sabéis que mi visión de la moral es básicamente positiva, así que me ha encantado escuchar una voz que opina lo contrario y lo explica con tanta claridad. melich

¿Por qué la moral tiene un lado oscuro? Si no entiendo mal al autor, porque la moral utiliza unas categorías que sirven para distinguir y, por tanto, para tratar con crueldad a quien no entra dentro de la categoría, y hacerlo además sin ningún tipo de remordimiento. El ejemplo más claro, que el autor cita en reiteradas ocasiones, es el nazismo. El que era catalogado como “judío” podía ser exterminado, ya que ser “judío” significaba quedar excluido de la categoría de “persona” o “ser humano”. De hecho, uno de los motivos por los que el autor critica las apelaciones a los “derechos humanos” o a la “dignidad de la persona” es porque cada moral aplica dichos conceptos de forma distinta y, por tanto, ejerce su crueldad –no necesariamente en forma de violencia- contra quienes no encajan dentro de dicha etiqueta.

A mí la advertencia me parece sumamente importante: ojo con la moral, que con su categorización nos juzga, nos da las respuestas a todas las preguntas y, si te descuidas, hasta decide en tu nombre. ¡No se lo permitas!, ¡rebélate ante quienes eligen por ti en nombre de vete a saber qué valores o autoridad!, parece que nos grita el profesor de Filosofía de la Educación desde el fondo de su ensayo. A mí me ha recordado bastante al lamento de Ortega y Gasset, quien ya en 1930 se quejaba de que se había abusado tanto de la moral que nos habíamos quedado con la impresión, falsa, de que es algo que nos imponen desde fuera, cuando en realidad consiste –según Ortega y yo misma- en una orientación para que nosotros decidamos mejor quiénes queremos ser realmente.

Es decir, y aquí va una impresión que he tenido a lo largo de la lectura, creo que el autor ha podido detectar el abuso moral que denunciaba Ortega, pero que no se ha fijado suficientemente en el momento actual. Y me explico. A lMelich_Logica-crueldado largo del texto, se perciben ciertas precauciones, no sé si dudas, sobre el tipo de moral que se está criticando. A veces, se afirma con rotundidad que toda lógica moral es cruel; en otras, que dicha crueldad es únicamente propia de la moral occidental, metafísica, moderna o religiosa. Estos matices me llevan a pensar que el autor está criticando las morales que Ortega denominaba tradicionales y que, por tanto, su advertencia puede no tener mucho sentido hoy en día.

Actualmente se habla de ética o moral posmoderna –luego explico un poco la diferencia entre ética y moral- precisamente porque no hay nadie, persona o institución, con suficiente autoridad como para imponer/sugerir unas normas, unos valores, a la mayoría de la población. No lo valoro, solamente lo describo. Así, las morales posmodernas parece que han renunciado a la antigua pretensión de decir qué está bien y qué está mal. De hecho, creo que el propio autor reconoce esta realidad implícitamente al recoger la siguiente cita de Bauman y Tester: “Ser moral consiste en saber que las cosas pueden ser buenas o malas. Pero no significa saber, y mucho menos saber con certeza, qué cosas son buenas y qué cosas son malas” (p. 186). En nota a pie de página el autor aclara que él entiende por ética lo que estos autores conciben como moral. Y supongo que ahí está uno de los meollos del asunto.

Para Joan-Carles Mèlich, la moral es un conjunto de valores, principios, normas, protocolos, etc. que nos dicen lo que hemos de hacer en función de determinadas categorías, mientras que la ética es la respuesta personal, única e irrepetible que realizamos ante una situación también única e irrepetible. Por eso critica el auge de los códigos deontológicos y los, a su juicio, mal llamados comités de ‘ética’, y el declive de las respuestas personalizadas, transgresoras de la moral. Yo, en cambio, creo (¡a día de hoy!) que la moral son esos valores, principios, normas, protocolos y códigos que nos ofrecen pistas de actuación, pero también considero moral la respuesta que nos surge ante una situación concreta, ante una persona concreta que sufre y que no puede ser reducida a una mera categoría. Y concibo la ética (insisto, a día de hoy) como la reflexión pausada que llevamos a cabo tanto a nivel individual (¿por qué hago lo que hago?, ¿por qué esto me parece mejor que esto otro?) como institucional. Por eso creo que los comités de ética no imponen, sino que ofrecen criterios y argumentos. De hecho, me cuesta creer que hoy en día haya alguien que acepte que se le impongan normas (hablo en líneas generales, de la sensibilidad del hombre posmoderno). El ‘problema’, a mi juicio, es más bien el contrario: ¿cómo podemos convivir en paz si cada uno se limita a vivir su moral particular sin plantearse una reflexión ética, sin cuestionarse cómo vive o debería vivir? Tal vez estemos hablando de lo mismo, pero con distintas palabras, no sé.

En todo caso, creo que queda claro que el libro constituye toda una invitación a la reflexión y es por ello que os recomiendo vivamente su lectura. De hecho, yo espero leer los dos libros que le preceden: “Filosofía de la finitud” y “Ética de la compasión”. Y ya se está gestando el cuarto de la tetralogía, sobre el perdón. Espero que los sigamos comentando.

Fotografía tomada de aquí.

Actualización

En este enlace podréis leer la entrevista que le hice al filósofo cuyo libro he comentado en este ‘post’.

“Puré mediático”: más de 20 años defendiendo una televisión de calidad

Cuando Maribel Martínez Éder se licenció en Bellas Artes por la Universidad de Navarra, jamás pensó que dedicaría más de 20 años de su vida a defender una televisión de calidad. Su vocación, tardía, se disparó cuando, ya como madre, comprobó la ‘basura’ que tenían que digerir sus hijos a través de la pequeña pantalla. Es así como nació la Asociación Plaza del Castillo de Usuarios de los Medios de Comunicación, una organización modesta pero perseverante que intenta ayudar a padres y ciudadanos a adquirir conciencia crítica sobre la relación medios-sociedad; un trabajo que ha cuajado en “Puré mediático”, una publicación de unas 500 páginas donde se recogen esos más de 20 años al servicio de una sociedad más sana, culta y responsable. portada

Ya en la dedicatoria se ve claramente que Martínez Éder es una es una mujer directa y valiente, que arremete contra quienes promueven, consienten o toleran el incumplimiento de la normativa española y europea, sean profesionales y propietarios de los medios de comunicación, sean partidos políticos o instituciones públicas: “Ni sucesivos gobiernos, ni oposición, ni defensores del pueblo o del menor, ni códigos de autorregulación, ni Ministerio de Industria, Comercio y Turismo en su apartado de Telecomunicaciones y Sociedad de la Información, han estado a la altura de las circunstancias. […] Es así y ha sido su responsabilidad”.

Entre las denuncias más repetidas por Plaza del Castillo se encuentran la vulneración de los derechos de los menores y la ausencia de una autoridad audiovisual independiente que vele por su cumplimiento. Otro caballo de batalla ha sido la lucha contra la denominada ‘televisión basura’, gracias a una campaña anual realizada cada 10 de mayo para defender una televisión de calidad denominada ‘Un día 10 sin ver la televisión”. Los motivos, por si alguien todavía duda: “La televisión basura es barata de realizar, crea adicción, extiende el analfabetismo cultural, favorece la degradación ética y social y crea una audiencia acrítica fácilmente manipulable”. Otras cuestiones que surgen a lo largo de casi un centenar de artículos ordenados cronológicamente son el supuesto servicio público de Radiotelevisión Española, los excesos de la cadena de televisión Telecinco, el incumplimiento de los códigos de autorregulación, la exposición de violencia y pornografía, y la saturación publicitaria, entre otras.

Cuando Telecinco les grabó con cámara oculta

Muy mal no debían de estar haciéndolo cuando, en la Navidad de 2003, Telecinco envió a dos supuestos periodistas al despacho de la asociación para elaborar un supuesto reportaje sobre niños, violencia y televisión, cuando lo que en realidad buscaban era desprestigiar su labor a través de un reportaje que se emitió en ‘El tomate’ y ‘Crónicas Marcianas’ el 22 de diciembre de 2004. En la sentencia 99/2007, el juzgado de primera instancia número 5 de Pamplona condenó a Gestevisión-Tele5 a hacer público el fallo, algo que se cumplió de forma un tanto peculiar: “La emisión [del reportaje] se llevó a cabo en horas de máxima audiencia, pero la lectura de la sentencia impuesta se realizó en torno a las 2,20 horas de la madrugada el día 7 de octubre, dando fin al programa ‘La noria’, leída por su presentador Jordi González y deliberadamente confundida con los títulos de crédito”. La campaña de difamación dañó la credibilidad de Martínez Eder y la asociación, no así su fuerza de voluntad. Más bien, todo lo contrario:

“Nunca me he amedrentado, nos hemos amedrentado ni dudado, de la tarea apasionante a la que he, hemos dedicado los últimos veintidós años, pero a partir de que Mediaset-Telecinco se arriesgara a delinquir, a cometer semejante abuso, tuve la convicción absoluta, de que transitaba, transitábamos, por el buen camino”.

El libro, publicado por la editorial Eunate, incluye datos brutos, muchísimo material gráfico y hemerográfico y concluye con un anexo donde se incluyen los principales manifiestos, declaraciones, campañas, estudios, informes, etc. en los que ha participado o promovido la asociación desde sus orígenes hasta el día de hoy. Un copioso volumen que ofrece, por primera vez, la visión de los usuarios de los medios de comunicación a lo largo de dos décadas; algo que, como recuerda la fundadora de la Asociación Plaza del Castillo, demuestra que la ciudadanía española no se halla ni “adormecida”, ni “indiferente”, ni “desorganizada”.

Lo que nadie te explica cuando comienzas el doctorado

A lo largo de mi trayectoria como doctoranda –y os puedo asegurar que ha sido y es dilatada- he conocido a muchas personas que compartían mi mismo estatus de becaria de investigación. He conocido personas que han realizado y realizan tesis en tiempos razonauniversidad21bles y sin grandes problemas, y he conocido compañeros que, o bien no han acabado en los tiempos establecidos, o bien lo han hecho con un gran desgaste físico y psicológico. A los que les ha ido bien, nada puedo decirles salvo que me alegro por ellos. A los que no les ha ido o no les va tan bien, quiero dedicarles unas palabras. Pensaba hacerlo más adelante, cuando terminara mi tesis, pero, visto el éxito del ‘post’ “Consejos para quien comienza el doctorado de quien no lo ha terminado” y conversaciones recientes, he decidido lanzarme y comentar algunos aspectos que, a día de hoy, me parecen importantes. Ojalá que en el futuro pueda serviros de más ayuda.

 1. El director no siempre asesora, acompaña y motiva adecuadamente

La realidad que he conocido es que resulta muy complicado encontrar un ‘buen’ director. El que sabe mucho, no comparte o no es dialogante. El que comparte, no sabe tanto. El que es abierto, no es metódico. El que es sistemático y riguroso, no acompaña. Y todas las combinaciones que queráis añadir.

¿Por qué ocurre esto? Quiero pensar que nadie les ha enseñado a dirigir (¿alguien conoce algún plan de formación de doctores donde se enseñe cómo dirigir una tesis?), pero también creo que muchos no quieren aprender. La enseñanza personalizada, me temo, es más gratificante cuando es remunerada, económica o profesionalmente. Y aquí tienen responsabilidad, en primer lugar, los propios directores; en segundo, las facultades que ni los motivan ni valoran; y, en tercero, los criterios que marcan las administraciones, que mucho hablan de excelencia y calidad cuando en realidad sólo se guían por parámetros de rendimiento y eficacia.

¿Y sabes qué pasa cuando alguien no sabe dirigir? Pues lo que pasa con las personas que no saben de algo que se supone que deberían saber: que se ponen a la defensiva a la mínima de cambio e interpretan una duda o un comentario inocente como un cuestionamiento, no ya de carácter intelectual, sino muchas veces personal. Y entonces se entra en una dinámica tan nociva -¿cómo avanzar en el conocimiento si no se puede cuestionar nada?- que el doctorando tiene el peligro de quedarse a la deriva y sin autoestima. En ese caso, mi humilde consejo: ¡confía en ti y pide ayuda para cambiar de director lo antes posible!

2. Los equipos de investigación no siempre son tales

Hay doctorandos que pasan cuatro años haciendo la tesis doctoral sin saber lo que es trabajar en equipo. Porque no trabajan con su director (ver punto uno) y porque no se les incluye en ningún proyecto de investigación. Es una lástima, porque cada día se valoran más las investigaciones interdisciplinares (con miembros de varias disciplinas), internacionales (con miembros de varios países), inter-lo-que-quieras. Ahora bien, hay algo que no sé si es mucho mejor: utilizar al doctorando para hacer el trabajo que nadie quiere hacer (tareas mecánicas y farragosas) o, peor, para obtener alguna subvención o ayuda pública. En este tipo de casos, el doctorando figura nominalmente en un ‘equipo’ de investigación donde no aprende todo lo que podría y debería aprender. No aprendes, no cobras o cobras una miseria y a veces ni firmas los trabajos en los que has participado; pero no se te ocurra quejarte, porque te tomarán por un desagradecido y te harán sentir que tu trabajo no vale absolutamente nada. ¡Ni se te ocurra creértelo!

3. El doctorando no siempre desarrolla una carrera profesional coherente

La mayoría de las personas que realizan el doctorado lo hacen porque quieren aprender y porque les gusta la docencia. Es decir, quieren dedicarse al mundo académico. De otro modo, optarían por otra carrera o un máster, más enfocado al mundo profesional. Pues bien, tampoco conozco a nadie que me haya hablado de un programa de asesoramiento profesional para doctorandos: escalas profesionales, retribuciones, publicaciones de prestigio, congresos a los que conviene asistir, formas de preparar e  impartir clases, experiencia docente acompañada… Ojo, no estoy diciendo que uno no pueda preguntar –sólo faltaría-; lo que digo es que estas cuestiones son demasiado importantes como para dejarlas a la improvisación o a la suerte de cada uno. Si tu director se preocupa por tu futuro, ¡premio! Si no, ¡sigue jugando y paga la matrícula un curso más!

4. El doctorado no es la única llave que abre la puerta académica

Finalmente, me gustaría comentar que acabar el doctorado no es la única llave que abre la puerta del mundo académico. Muchos te dirán que sin el doctorado no eres nadie, que sin tu tesis doctoral no tienes ninguna posibilidad de que te contraten… Obviamente, cuanto antes la defiendas, mejor. Pero que no te engañen. En la universidad hay muchas personas a las que se les da una, dos y siete oportunidades sin haber conseguido el título de doctor. Es decir, en la universidad, el mundo del conocimiento desinteresado, también hay intereses. Y en la universidad también hay personas a las que les interesa ‘colocar’ a personas fieles antes que a personas independientes.

Sinceramente, me parece una auténtica lástima –por no decir un verdadero drama- que la institución que podría cambiar el modo de funcionar las cosas a través de la educación se limite a repetir los patrones de las empresas más competitivas e inhumanas. Podría escribir mucho más sobre esto, pero creo que es suficiente por ahora. Si te ha interesado este ‘post’, tan sólo te aconsejo que leas el artículo de Javier Martínez Aldanondo “Colaborar o no colaborar (esa es la cuestión)”. En él te explica realidades que se pueden aplicar perfectamente a las instituciones académicas. Desgraciadamente. Y como no puedo acabar de forma tan pesimista –ya me conocéis, siempre en positivo-, termino diciéndote que no te desanimes, que confíes en ti mismo y que el tiempo termina poniendo a cada persona en su sitio. ¡Vive los ideales universitarios y sé generoso con tu conocimiento!

Imagen tomada de aquí.

La condición humana, en “El señor de las moscas”

[Actualizado]

Si es cierto que nos conocemos mejor en las situaciones que nos llevan al límite, entonces el libro de William Golding, “El señor de las moscas”, refleja a la perfección quiénes somos los seres humanos. Para quien no haya leído la novela de 1954 diré que en ella se cuenta qué ocurre cuando unos jóvenes naufragan en una isla desierta.

¿Y qué sucede? Pues lo que tenía que ocurrir: que algunos tienen un espíritu más colaborativo y otros, por el contrario, más competitivo. Esto, en principio, no es bueno ni malo. Quiero decir, que tiene sus ventajas e inconvenientes. Los más colaborativos consiguen encender y mantener una hoguera y construir unos refugios; los más competitivos, por su parte, demuestran su valentía en la caza de animales salvajes.

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Ante la diferencia, el conflicto parece inevitable. Este se produce cuando los que debían ocuparse de mantener el fuego ese día, los cazadores, se olvidan de su compromiso por su afición a captura de animales y los otros se percatan de que un barco no se ha parado en la isla porque no ha visto el humo. A partir de aquí, comienza una espiral de odio y resentimiento que acaba como suelen acabar estas espirales…

¿Por qué me gusta esta novela? Porque creo que refleja muy bien lo mejor y lo peor de la condición humana, y que lo uno y lo otro se pueden encarnar en la misma persona. Ralph, en teoría el más razonable, no deja de reírse del gordito del grupo, como todos; y en algún momento, consigue ponerse en el lugar de Jack, el líder de los cazadores, y sentir cómo se desdibujan la autoridad, el poder, la arbitrariedad… ¡Ah!, si es que al final estamos todos hechos de la misma pasta… Y la lucha por la supervivencia no es sólo física, sino también psicológica… ¡Cuánto daño hacen las personas con baja autoestima, que necesitan continuamente del reconocimiento y la admiración de los demás!

Ahora bien, también hay algo que nos hace diferentes, y yo creo que se trata de la actitud con la que nos enfrentamos a los problemas. En la novela se ve perfectamente cómo Ralph opta por el diálogo, es decir, confía en que a través de la razón pueden alcanzarse objetivos valiosos para todos. Jack, por el contrario, se deja llevar por el orgullo y, los que le siguen, por el miedo. Es decir, unos dominan sus pasiones y otros son arrastrados por ellas.

En definitiva, “El señor de las moscas” es una novela muy interesante para reflexionar sobre quiénes somos y qué nos mueve, cuáles son nuestros lados oscuros y cuáles los luminosos, e imaginar qué podríamos llegar a hacer para sobrevivir en una situación extrema.

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El II Congreso Internacional de Ética Mediática se afianza por encima de las expectativas

El II Congreso Internacional de Ética Mediática (II International Conference on Media Ethics), celebrado en Sevilla los pasados 3, 4 y 5 de abril, se va consolidando como referente en el ámbito de la investigación de la Ética de la Comunicación en España. Este año, además, se enfrentaba a un doble desafío: hacer frente a la crisis y atraer la atención de ponentes e investigadores de ámbito internacional. En mi opinión, Juan Carlos Suárezinauguracion Villegas y su equipo han superado los dos retos con creces.

En tiempos de crisis económica, no resulta fácil conseguir patrocinadores y colaboradores dispuestos a invertir en conocimiento, en cultura. Y menos en cuestiones de ética, por mucho que algunos se llenen la boca diciendo que hoy la ética es más necesaria que nunca. Para botón de muestra, el Congreso Internacional de Ética y Derecho de la Información organizado por la Fundación COSO, que este año ha tenido que suspender su undécima edición por falta de recursos.

También es preciso reconocerle otro mérito: se ha hecho un enorme esfuerzo por dotarlo de carácter internacional. Todos sabemos que muchos congresos se autodenominan como “internacionales” cuando, en realidad, no cuentan con una proporción ajustada entre locales y visitantes, por decirlo en términos deportivos. En el II Congreso Internacional de Ética Mediática ha habido, por el contrario, un equilibrio entre participantes de habla castellana e inglesa, con lo que puede calificarse sin exageración como un congreso bilingüe y plurinacional.

Entre los ponentes internacionales se ha contado con investigadores de larga trayectoria y reconocido prestigio, como Clifford G. Christians, Rafael Capurro, Cees Hamelink o John Mair, entre otros.

En el ámbito estatal, destacaría dos universidades catalanas, la Universidad Autónoma de Barcelona, cuyos representantes explicaron su participación en la Cátedra UNESCO en Comunicación, y la Universidad Pompeu Fabra, cuyos miembros expusieron su participación en el Media Act Project.

No obstante, reducir el congreso a las personas e instituciones citadas sería un reduccionismo, valga la redundancia, pues el congreso sevillano ha contado con más participantes en sus sesiones plenarias y otros muchos más en las sesiones paralelas de comunicaciones.

En todo caso, me parece demostrado que las personas interesadas en la ética y en la comunicación estamos de enhorabuena, pues por fin podemos contar con un congreso especializado exclusivamente en esta temática. Sólo cabe desear que la próxima edición, dentro de dos años, sea igual o mejor que ésta y que, como desean los organizadores, pueda llevarse a cabo en otro lugar, dentro o fuera de España. Porque la preocupación por el bien y el mal es universal y todos somos corresponsables de la situación en que nos encontramos.

PD: Por si me traiciona el inconsciente, aclaro que soy miembro del Comité Organizador de dicho congreso y que resido en Barcelona (Cataluña).

PD2: En los próximos días intentaré mencionar algunas cuestiones más concretas que salieron a relucir en el congreso y que me parecen interesantes.

Más información vía twitter en @IIConEticaCom 

Imagen de la organización

De la cantidad a la calidad, o una apuesta por el trabajo en equipo

No tengo mucha experiencia ni en investigación ni en docencia, todo hay que decirlo, pero tengo la impresión, y ojalá que el tiempo me corrija, de que en España no sabemos trabajar en equipo.

Es verdad que, tanto en la investigación como en la docencia, suele dialogoexistir la figura del coordinador o similar, esto es, una persona que vela por que exista un cierto orden, un reparto equitativo de las tareas y el cumplimiento de unos mínimos de calidad y eficacia. Y es verdad también que, en general, cada persona del grupo se encarga de una parte del trabajo, para de este modo ganar en responsabilidad y eficiencia.

Y no me parece mal, dicho sea de paso. Lo que ocurre es que yo creo que en las tareas intelectuales-creativas, como son las que menciono, el todo es más que la suma de las partes. Quiero decir, una buena investigación y unas buenas clases requieren algo más que la suma del trabajo de las personas que cultivan su pequeña parcela.

No sé si me explico. Las personas responsables de un proyecto o una materia se reúnen, con suerte, una o dos veces antes de comenzar, tal vez comentan dudas puntuales entre medias y se relacionan algo más al final, para tratar de ensamblar las partes en las que ha trabajado cada uno, como si de una cadena de montaje se tratase. Y se reúnen mucho más si y sólo si algo sale mal.

Lo digo claramente. Echo en falta comunicación y todo lo que eso significa. Porque comunicar significa, entre otras cosas, compartir. Compartir lo que yo estoy leyendo con lo que tú estás leyendo, y dialogar juntos a partir de ello, en el caso de la investigación; compartir lo que yo estoy haciendo con lo que tú estás haciendo, y enriquecernos mutuamente de nuestros fracasos y aciertos, en el caso de la enseñanza.

Y no lo veo y lo lamento. Sí, ya sé que estamos todos liadísimos y que no hay tiempo –me lo van a decir a mí, con el esfuerzo de mis primeras clases y mi tesis por acabar-, pero… Pero creo que nos equivocamos y no puedo callarme por más tiempo. O reviento.

Nos equivocamos, porque si optamos solamente por la productividad (hay que producir como “churros” para cumplir los requisitos del Ministerio, vale), tendremos muchas publicaciones y tendremos muchas asignaturas, pero seremos unos investigadores y unos profesores mediocres (salvo excepciones geniales, que también las hay). Porque no hay que ser muy listo para darse cuenta de que el diálogo es un estimulador de la creatividad y, por tanto, de la calidad. Y si no me creen, pregúntenselo a Sócrates, Platón y Aristóteles, compañeros en su búsqueda de la verdad y alumnos siempre dispuestos a aprender de sus maestros. Y todavía “vivimos” de ellos.

Pues nada, ahí queda eso.

Imagen tomada de aquí.

Actualización

Después de escribir este post, me ha llegado un artículo que me parece que explica mucho mejor lo que yo he querido decir. Se titula Conocimiento colectivo y lo escribe Javier Martínez Aldanondo.

¿Medios excesivamente imprudentes y universidades demasiado prudentes? Reflexiones en torno al 10º CIEDI

“La Ética y el Derecho de la información ante la imprudencia mediática”. Así se titulaba la décima edición del Congreso Internacional de Ética y Derecho de la información (CIEDI) que se celebró en Concepción (Chile) los pasados 15 y 16 de noviembre. Los organizadores del congreso invitaban de este modo a reflexionar sobre “los excesos y extravíos de los medios de comunicación”, así como sobre el papel de las “Facultades de Comunicación en la revitalización teórica y práctica del Derecho y la Ética de la Comunicación”. Para ello, convidaron a cuatro ponentes: dos provenientes del ámbito profesional y otros dos del ámbito académico.

El tema de la prudencia puede sonar un poco extraño aplicado a los medios y a las universidades, pero no tanto si tenemos en cuenta que las organizaciones y/o instituciones salen adelante gracias a la iniciativa de muchas personas y, éstas, todos lo sabemos, pueden actuar con prudencia o todo lo contrario.

¿Y qué es la prudencia?

Carlos Soria, profesor extraordinario de la Universidad de Navarra, intentó responder, en su estilo poético y vibrante, a esta compleja cuestión. Tan compleja que casi es mejor definirla en sentido negativo. No es “pusilanimidad”. No es “lo políticamente correcto”. No es “descompromiso social”. Pero es preciso mirar la otra cara, si quiera por el rabillo del ojo. Es “un juicio operativo que sintetiza polos opuestos”. Es “originalidad”. Es una cuestión de “fidelidades”. ¿A alguien le sigue ‘bloqueando’ la palabra? Pues vayamos al grano: “La mejora de la calidad informativa está en relación directa con la mejora de la justicia y la prudencia ética y jurídica. Toda información de calidad será siempre justa y prudente. Y al revés: ninguna información que carezca de justicia y de prudencia, tendrá calidad”.

¿Son prudentes los periodistas y los empresarios de la información?

Una vez aclarado, si quiera mínimamente, el concepto de prudencia, vayamos a la primera cuestión: ¿son prudentes los medios o, mejor dicho, los periodistas y empresarios de la información periodística que trabajan en ellos? La cuestión parece meramente retórica, a juzgar por el consenso general de los ponentes, tanto periodistas como académicos. ¿Los periodistas también? Pues sí, los profesionales invitados reconocieron que han cometido y cometen excesos y extravíos. Eso sí, con importantes matices.

Cristián Zegers, director del diario El Mercurio, empezó hablando de la escasa tradición “fiscalizadora” del público chileno y del “resentimiento” de los políticos hacia la prensa, para acabar, finalmente, dedicando unas palabras a la importancia del autocontrol. Éste consistiría, básicamente, en “una expresa vinculación, conocida y acatada dentro de cada medio de comunicación, entre las salvaguardias habituales para evitar querellas criminales y demandas civiles por los contenidos publicados o emitidos, con aquellas perspectivas superiores que miren a la preservación e incremento del prestigio y cuidado de la marca del medio, que es el capital principal destinado a perdurar en el tiempo”. Evitar sanciones jurídicas, prestigio, marca, capital…: nada nuevo sobre el horizonte de los directivos de prensa, más próximos a la perspectiva de la empresa que la ciudadana, me temo. Es verdad que habló de la importancia de realizar una “autocrítica intensa, ácida y genuina” dentro de los medios y que concretó un poco más de lo habitual (la instauración de “la obligación semanal”, una especie de reunión de autocrítica entre personas que ocupan el mismo cargo), pero también es cierto que no escuchamos ningún ejemplo de imprudencia llevado a cabo en su medio –o yo, al menos, no lo recuerdo-.

La explicación de Enric González, periodista de El País en el momento de enviar su ponencia, fue muy diferente. Consideró que los “lectores son perfectamente capaces de discernir y exigen calidad” y reconoció abiertamente que “el público […] tiene derecho a sentirse estafado”. Habló de la “telebasura”, de las vulneraciones del derecho a la intimidad, de las dificultades para distinguir el interés periodístico del comercial… Y, cómo no, de la crisis: “La lucha por la supervivencia se utiliza para justificar los peores desmanes”. ¿Y como solución, también el autocontrol? Pues no, señores. González fue más lejos: “Corresponde al legislador fijar los límites entre lo tolerable y lo intolerable y actuar sobre la oferta”. Y “las sanciones económicas han de ser robustas y, aunque el término no suene del todo bien, hasta cierto punto ejemplarizantes”. Más claro, agua.

¿Y qué pueden hacer las universidades?

Enric González apuntó también que las facultades universitarias “deben insistir en la cuestión ética”, pero también mostró sus dudas acerca de su eficacia, ya que  “el ambiente de trabajo y los modelos que uno encuentra pasada la fase universitaria son fundamentales”. Todo un toque de atención para los investigadores presentes, si tenemos en cuenta que la mayoría de las comunicaciones sobre esta cuestión se centraron en la enseñanza de dicha materia, sin entrar en cuestionar su eficacia o sin complementarla con el aprendizaje de la ética en el mundo profesional.

Mario Urzúa, decano de la Facultad de Comunicación, Historia y Ciencias Sociales de la Universidad Católica de la Santísima Concepción, donde se celebró el congreso, realizó una reflexión más general sobre cuál debería ser el rol de las universidades, a partir de las indicaciones de John Henry Newman en 1852. Muy sintéticamente, desarrolló estas cuatro ideas: formar personas con amplios conocimientos, inteligencia crítica, decencia moral y sensibilidad social.

Nadie cuestionó sus palabras, probablemente porque todos coincidimos, más o menos, en cuál debe ser el papel de una universidad –nada fácil, por cierto, equilibrar la formación profesional con la humanística-. La “revolución” llegó cuando Carlos Soria se centró en el ser, durante el coloquio. Y su frase retumbó en mi mente durante largo tiempo: “El nivel de nuestras facultades es muy pobre y muy bajo”. Y realizó una reflexión en voz alta que me pareció muy acertada. Señoras y señores, hace falta replantearse los planes de estudios. Es hora de dejar atrás “la época del amontonamiento de materiales” y enfocar las asignaturas desde o hacia la comunicación. Hay que retornar a lo básico. En ese momento, me acordé del artículo que publicó Joseph Pulitzer en 1904 sobre “La escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia”, donde explicaba fenomenalmente bien qué se debe enseñar y, lo más interesante, cómo.

La autocrítica mediática y la universitaria parecían empezar a darse la mano y cuajaban en una idea lanzada por Carlos Ruiz, profesor de Ética de la Comunicación en la Universidad Ramón Llull, en Barcelona: ¿no deberían las facultades implicarse más en la defensa de la prudencia mediática? ¿No podríamos hacer algo más aparte de dar clases de Ética y Derecho? La pregunta se quedó en el aire, sonando en nuestras conciencias… Y yo me pregunté: ¿serán las universidades capaces de hacer la autocrítica efectiva que echan en falta en los profesionales de la información?

¿Podemos ser amigos?

Todo sin acritud, con respeto y, si es posible, como amigos. De la importancia de la amistad en la esfera pública nos habló Juan José García-Noblejas, profesor de la Pontificia Universitá della Santa Croce, en Roma. Su propuesta es bastante atrevida, si tenemos en cuenta que en el ámbito público nos relacionamos a través de mediaciones –no hay “cara a cara”-, que el tiempo es escaso –y para ser amigos hay que compartir muchas comidas, como bien recordó García-Noblejas al citar a Aristóteles-, que la relación puede ser asimétrica –existe el “temor” ante el poder de los media- o que el ambiente social puede moverse por el interés económico e ideológico y no por la búsqueda de la cooperación y la verdad. En cualquier caso, la intención cuenta mucho, como él mismo apuntó al inicio de su intervención, y no es baladí querer buscar “un espacio social cívico (distinto del Estado y no necesariamente condicionado por la economía) en el que las personas razonan y deliberan sobre el bien común, incluyendo sus fundamentos y finalidades intrínsecas de índole política, ética, poética, retórica o estética”. Un espacio social cívico donde los medios puedan actuar como “lugares de encuentro imprevisto pero amistoso”.

No sé si los participantes en el CIEDI 2012 habremos cambiado el mundo –me temo que no-, pero no caminamos mal si existe este lugar de encuentro previsto y amistoso, donde reflexionamos en voz alta para cambiarnos un poco a nosotros mismos (y, por tanto, a las instituciones en las que trabajamos) y para ayudar a otros a ser más conscientes del mundo en el que se mueven y en el que quieren moverse. Con prudencia, por supuesto. 😉

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Más información en @ciedichile2012 y #ciedichile2012.

Fotos realizadas por la organización del CIEDI 2012: http://www.facebook.com/ciedi.chile

La importancia de marcarse plazos

La investigación es una tarea altamente creativa, motivo por el que podría perfeccionarse ad infinitum; hasta el día de nuestra muerte, vaya. Por eso recomiendo, y hablo por propia experiencia, marcarse unos plazos que permitan avanzar a un ritmo razonable y concluir la investigación. En el caso de la tesis doctoral, además, depositar y defender el trabajo.

La investigación es una tarea altamente creativa desde el inicio hasta el fin. Al comienzo, cuando elegimos el problema de nuestra investigación, hemos de seleccionar un aspecto muy concreto de la realidad. ¿Por qué nos fijamos en ése y no en otro? ¿Seguro que es el más relevante? Que conste que me refiero siempre a las Ciencias Sociales o de la Comunicación, porque entiendo que las investigaciones que afectan a la salud están fuera de discusión. Aun así, siempre hay que tomar una decisión creativa: ¿por qué el sida y no el cáncer? Sinceramente, creo que siempre encontraremos argumentos a favor de una u otra postura, motivo por el que considero la elección del tema como algo absolutamente creativo y, en el caso de las tesis, donde el director constituye una pieza fundamental para avanzar a un ritmo razonable. Otro tanto podría decirse de la metodología, por cierto.

Después, es verdad que uno ha de basarse en investigaciones previas similares, pero también ahí hay espacio para el sello personal. Primero, porque es imposible localizar todas las investigaciones sobre el tema, aunque sólo sea porque desconocemos todos los idiomas que se hablan en la Tierra; segundo, porque, aunque supiéramos de su existencia, no podríamos localizar todos los documentos –no se conservan copias, están en formato ilegible, hay que desplazarse muy lejos, cuesta tiempo y dinero que no siempre tenemos, etc.-; y, tercero, porque no tendríamos tiempo para leerlos todos ni leer sus fuentes de influencia. Total, que la selección de las lecturas también es un ejercicio indudablemente creativo. No en vano, en la evaluación de las tesis doctorales se tiene en cuenta el valor de las fuentes y la bibliografía consultada.

¿Y qué decir de la fase de escritura? La fase creativa por excelencia. Has leído, has escuchado, has pensado y llega el momento de plasmar todo eso que sabes –o crees que sabes- por escrito. ¡Menudo reto el de decidir qué mencionarás y qué no, dónde lo mencionarás, cómo lo mencionarás! Todas las fases son importantes, pero ésta tiene una peculiaridad: si la fastidias aquí, o sea, si no te expresas adecuadamente, todo lo anterior puede quedar empequeñecido, empañado. Ahora bien, lo contrario tampoco es verdad. Si no has leído a los autores clave ni has entendido su mensaje, eso no lo arregla ni el mejor de los narradores.

Con todos estos ejemplos, lo único que pretendo mostrar es que, o te marcas unos plazos, o no acabarás tu investigación en la vida. Esto es complicado cuando uno está comenzando a investigar y, ni se conoce bien a sí mismo, ni conoce a los autores y los temas que piensa abordar. Es por ello que el investigador novel tiene todas las papeletas para, o bien ir demasiado deprisa, o bien ir demasiado despacio. No hay que desanimarse. A medida que uno se va conociendo mejor a sí mismo y el área en la que se está especializando, va descubriendo qué tiempo puede y debe invertir en cada lectura.

A mí, pero esto ya es algo  muy personal, parece que me funciona –toco madera- el adaptarme a los ritmos académicos. Es decir, una entrega en Navidad, otra en Semana Santa y una tercera, antes o después del verano. Me obligo a hacerlo, aunque no me halle completamente satisfecha de mi trabajo, porque (1) necesitamos ver un producto tangible de un trabajo intangible y (2) podemos descansar sin ningún tipo de remordimiento –algo no tan extraño cuando uno se dedica a una actividad tan absorbente como el doctorado, donde parece que todo tiempo invertido es poco-.

En resumen, marcarse plazos no es sólo una necesidad, sino algo sumamente conveniente para poder ir dando forma a nuestro trabajo, algo que, estoy convencida, nos motivará aún más y nos permitirá avanzar más rápido. ¿Ya lo has comprobado?

Imagen tomada de aquí.