¿Cómo debería ser la relación con el director de tesis?

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La relación entre doctorando y director de tesis debería ser como cualquier relación de dos personas adultas que tienen un objetivo común: aportar una investigación de calidad a la sociedad / Imagen: Freepik (jcomp).

El otro día me escribió una persona que está haciendo el doctorado y me comentó: “Mi director de tesis no me contesta correos y sólo he tenido tres entrevistas personales. ¿Eso también forma parte de la tesis?”. Le contesté un poco rápido, porque había más cuestiones: “Lo que comentas me consta que le ha pasado a otras personas, pero no debería ser lo normal”. Hoy quiero ahondar en la respuesta y, en cierto modo, matizarla.

En primer lugar, quiero dejar claro algo que muchas veces olvidamos, por los motivos que sean: todos somos personas. Olvídate, por tanto, de las etiquetas, de los roles que adoptamos en el ámbito profesional, y piensa en tu director y en ti como dos personas adultas.

¿Cómo es la comunicación entre dos personas adultas, independientemente de la vía de comunicación que utilicen? Si te diriges a una persona, esperas una respuesta; si envías un mensaje de correo, esperas una contestación; si envías un mensaje personal de Whatsapp, también esperas un comentario. Y viceversa.

Desgraciadamente, y como ya apunté en otro artículo titulado Un mundo sin respuestas, hace tiempo que percibo que los adultos han comenzado a comportarse como niños egocéntricos y malcriados, que sólo responden a aquello que les interesa. No incido en esto, pues puedes releer el post si así lo deseas.

Por tanto, a la primera parte de la pregunta, respondo rotundamente no. Que un director de tesis no te responda a los correos no debería ser norma, aunque desgraciadamente pueda convertirse en algo normal. Dicho esto, asegúrate de que le llegan antes de hacer mala sangre. Llama a la universidad y pregúntaselo como se lo preguntarías a otra persona cualquiera. Y, si no le localizan, deja el recado a quien puedas (desde el conserje al vicedecano de investigación). Este último mensaje seguro que le llega. 😉

Una relación para aportar algo útil a la sociedad

Vayamos a la segunda parte de la pregunta. No sé en cuánto tiempo has tenido tres entrevistas personales, pero por el contexto entiendo que han sido tres entrevistas en un periodo prolongado de tiempo. Bien, aquí vuelvo un poco a lo de antes: una relación de dos personas adultas será como esas dos personas establezcan que sea.

Esto significa muchas cosas. La primera, que no puede ser una relación en la que uno esté muy cómodo y otro muy incómodo, pues no se cumplirá el objetivo final de la dirección de tesis, que es acompañar a la persona en el proceso de realizar una investigación de máximo nivel académico y máxima utilidad social.

He puesto acompañar en cursiva porque creo que todos tenemos claro que el director o directora de tesis no hace la investigación por el doctorando o doctoranda, sino que supervisa que el aprendiz avanza adecuadamente en su proceso de investigación y garantiza la calidad del resultado.

¿Cómo se hace esto? ¿Con una reunión inicial y otra final, encuentros cada vez que se realiza y corrige una entrega, con sesiones periódicas? Esta decisión depende de las dos partes y, por tanto, requiere mucha honestidad por parte del doctorando/a y del director/a.

La persona que comienza el doctorado ha de realizar un importante ejercicio de autoconocimiento, basándose en su experiencia como estudiante. Algunas preguntas que podría hacerse son:

  • ¿Puedo aprender sin necesidad de compartir mis avances con otras personas?
  • ¿Pienso mejor solo o a través del diálogo con otras personas?
  • ¿Puedo avanzar rápida y eficazmente o necesito retorno de mis avances cada poco tiempo? En caso negativo, ¿cada cuánto?

El director o directora de tesis ha de ser también muy sincero con la persona que inicia la aventura del doctorado:

  • ¿Existe una mínima afinidad personal con la persona que dirigirá?
  • ¿Le interesa mínimamente el tema de investigación?
  • ¿Cuánto tiempo está dispuesto a dedicar a dialogar y corregir?

Cada director de tesis con su doctorando

Si es cierto que cada maestrillo tiene su librillo, y cada oveja su pareja, dejadme imaginar que cada director de tesis tiene su doctorando…

Tipo de relación

Director de tesis

Doctorando

Pasiva

El director se reúne con el doctorando el mínimo imprescindible, a veces sólo al principio y cuando recibe la tesis finalizada. Proactivo

Con gran fuerza de voluntad

Con elevado don de gentes

Con alta confianza en sí mismo

Reactiva

El director se reúne sólo cuando lo solicita el doctorando, normalmente cuando hay alguna duda o se entrega una parte de la tesis. Autónomo

Con fuerza de voluntad

Con cierto don de gentes

Con cierta confianza en sí mismo

Proactiva

El director se interesa por la evolución del doctorando, le envía material útil, se reúne periódicamente para dialogar, revisa a medida que el doctorando va avanzando. Dependiente

Con menor fuerza de voluntad

Con poco don de gentes

Con poca confianza en sí mismo

Obviamente, no son tipos puros, pero pueden ayudaros a ver con más claridad dónde estáis cada uno. A partir de esta tabla podéis hacer las combinaciones que queráis. Si se juntan una directora pasiva con una doctoranda dependiente, esa tesis no se termina nunca. Si se juntan una directora proactiva con una doctoranda semejante, esa tesis termina en el plazo previsto o incluso antes.

En resumen. Si todavía no has elegido director/a de tesis, analiza muy bien quién eres tú e infórmate muy bien de cómo trabaja tu posible director o directora. Lo ideal es que se lo preguntes tú mismo, como le preguntarías a cualquier persona que te presta un servicio, en el mejor sentido de la palabra. Y si te da apuro, piensa que más vale ponerse una vez “colorao” que cien veces amarillo.

Si ya estás comprometido con un director y te das cuenta de que la relación que mantenéis no te permite avanzar en el objetivo final, atrévete a planteárselo con normalidad. No acabar una tesis doctoral es un fracaso para ambas partes, tal vez más para el director, que es quien tiene más conocimiento y experiencia y, por tanto, más responsabilidad. Por tanto, lo más inteligente para los dos es ponerle remedio al asunto antes de que sea demasiado tarde.

Vuelvo a remarcar la cursiva, en este caso de fracaso. Todo en la vida sirve para aprender, sin duda. Y a veces se aprende mucho más de los errores que de los aciertos, por supuesto. Ahora bien, también es cierto que solo tenemos una vida, con un tiempo limitado, y hemos de aprovecharlo. No pierdas tú tiempo, tu vida, si ves que el doctorado no es para ti o no estás con la persona adecuada. Que todos somos personas, iguales en dignidad. No lo olvides.

 

 

Imagen: Freepik

¿Abrumado por el exceso de información? Cómo saber a quién citar en tu tesis doctoral

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La elaboración de la tesis requiere humildad, pero también paciencia y comprensión hacia uno mismo. / Imagen: Freepik (pressfoto).

Sigo respondiendo a las cuestiones que van surgiendo a raíz de ese artículo que ya se ha convertido en una especie de foro Consejos para quien comienza el doctorado de quien no lo ha terminado.

La formulación de la pregunta es la siguiente: “Siempre tienes la sensación de estar perdido y cuando estás en un artículo surge la pregunta: ¿Esto me sirve? Lo cual te desalienta. Como hoy en día hay tanto exceso de información, nunca sé cuándo estoy leyendo un artículo si es ‘el correcto’ y dudo de todos (quizás forme parte de la tesis también esto)”.

Muchas personas se sienten abrumadas por el “exceso de información” cuando comienzan su tesis doctoral. Es normal, si se tiene en cuenta la cantidad de información que se produce diariamente en internet y fuera de ella. Recuerdo perfectamente la sensación de insignificancia cuando me paseaba por los pasillos de la gran biblioteca de la universidad. ¡Cuánta información, cuánto conocimiento, cuánta sabiduría acumulada!, hubieran exclamado mis ojos, abiertos como platos, si hubieran podido hablar.

No está mal sentirse un poco insignificante, si esta sensación nos ayuda a reconocer nuestra propia ignorancia. De sobra es conocido el caso de Sócrates, padre de la filosofía occidental, quien llegó más lejos que muchos otros pensadores a partir de una sencilla pero firme convicción interior: “Sólo sé que no sé nada”.

No olvidemos tampoco al hombre que dio por obsoletos todos los presupuestos de la filosofía anterior a su época con otra máxima que ha pasado a la Historia de la Filosofía: “Pienso, luego existo”. Frase de Descartes que bien podría haber sido sustituida por otra, más fiel a su método: “Dudo, luego existo”.

Estos ejemplos y nuestra experiencia cotidiana han de servirnos para recordarnos que, a la hora de innovar, es mejor no saber nada y dudar de todo que tener todas las respuestas antes de comenzar una investigación. Porque sólo así podremos realmente enriquecernos, porque sólo de este modo podremos encontrar algo nuevo.

Dicho esto, que quede claro que no sabemos cuántos diálogos mantuvo Sócrates a lo largo de su vida para llegar a tan lúcidas conclusiones ni cuántos viajes y lecturas hizo Descartes antes de poder expresar su pensamiento con la fuerza que lo hizo. Lo aviso desde ya porque muchos doctorandos y doctorandas se comparan, consciente o inconscientemente, con investigadores/as que llevan muchos años en un área, muchos más de los que dura la tesis. Que no te confundan los egos que pululan por el mundo universitario: esa eminencia y ese catedrático también empezaron sin tener ni idea de lo que leían.

Por tanto, mucha humildad, pero también mucha paciencia y comprensión a lo largo de un proceso que requiere un tiempo de entrenamiento y maduración.

Consejos para seleccionar las referencias clave

Desde un punto de vista más práctico, voy a intentar exponer algunos consejos que hubiera agradecido en el momento en que me iniciaba en la aventura de la investigación. No son los únicos ni probablemente los mejores, así que os invito a los lectores y lectoras a aportar vuestro granito de arena a través de los comentarios. Así nos enriquecemos todos, que es de lo que se trata.

  1. Estudiar dos o tres manuales de referencia del área o tema en que nos iniciamos. Creo que una buena forma de empezar es buscar dos o tres manuales de referencia del área o tema en que nos iniciamos para saber cuáles son los temas clave, las teorías principales y los autores más reconocidos. Es verdad que las personas que realizan el doctorado, al menos en España, han cursado un grado y un máster, pero la mirada de un alumno no es la misma que la de un doctorando, por lo que no está de más volver a leer lo ya sabido. Porque sólo sabemos que no sabemos nada, ¿recuerdas? 😉
  1. Buscar los conceptos o teorías clave en diccionarios o enciclopedias especializadas y/o de prestigio. Otra opción muy recomendable es buscar los conceptos sobre los que quieres trabajar o las teorías donde crees que podrías enmarcar tu trabajo en diccionarios o enciclopedias especializas y/o de prestigio. Los escriben personas que saben de lo que hablan y explican el concepto, su evolución y la bibliografía de referencia. Buen punto de partida para saber quiénes son los autores más reconocidos, siempre que contrastes la información, pues podría ocurrir que un autor se citara únicamente a sí mismo y a sus amigos (ese ego y esas camarillas, que no falten).
  1. Consultar artículos en revistas científicas Seguidamente, puedes buscar la obra de los autores clave que hayas encontrado anteriormente. Ahora bien, algunos expertos recomiendan comenzar con artículos en vez de libros, y estoy de acuerdo. Un artículo es mucho más breve y te permite hacerte una idea rápida de si esa persona te puede aportar algo o no. En caso de que te interese, puedes seguir profundizando en su obra a través de sus monografías o libros.
  1. Analizar repeticiones e índices de citación. De la lectura de artículos, podrás ver los autores que más se repiten en la bibliografía. Es una buena pista para saber a quién se tiene en cuenta y a quién no dentro del ámbito. Algunos investigadores también indican cuál es su índice de citación, por ejemplo a través del Google Scholar Citations, lo cual también te puede dar pistas sobre su relevancia (o su red de contactos, ejem).
  1. Seguir la intuición o resonancia del corazón. Hay algo muy importante a lo que todavía no se le da suficiente importancia, pero que creo que ya recogía en cierto modo Umberto Eco en su libro Cómo hacer una tesis y que reinterpreto a mi manera: toma nota de todas las citas que te resuenen por dentro, que digan algo que te conmueva, te llene, te inspire, te remueva. Toda investigación no deja de ser un diálogo entre un sujeto y un objeto, entre una persona (completa, no esas cabezas andantes que se ven por algunas universidades) y una realidad. Tu mirada es tan importante como lo que crees que estás mirando pues, como ya se ha demostrado científicamente, la mirada del observador condiciona el resultado de lo observado.
  1. Actuar sin pausa, pero sin prisa. Este apunte merecería otro post, pues al exceso de información se añade la enorme aceleración que ha comportado el uso masivo de las tecnologías digitales. Pues bien, sólo quiero decirte que no por leer más páginas y más rápido lo vas a hacer mejor, de la misma manera que no por mucho madrugar amanece más temprano. Es importante que sepas en qué momentos del día puedes leer lo más complicado, estás más inspirado para escribir, cuándo has de parar porque ya estás embotado o cuándo dejar de leer y pensar qué te está aportando realmente un autor o lectura. Y, como te he dicho antes, mucha paciencia y comprensión contigo mismo, que esto es un proceso, y el músculo cerebral también requiere de entrenamiento.

Abrumar significa, según la RAE, “agobiar con un peso grave”, “preocupar gravemente”, “producir tedio o hastío”; pero, al mismo tiempo, se asocia con “asombro o admiración”. Con este artículo te invito a no ponerle tanto hierro a lo que haces, a no preocuparte tanto por si estás haciendo lo correcto o no, sino a recuperar tu capacidad de asombro y admiración por las personas que se han preguntado o se preguntan lo mismo que tú y han buscado o están buscando la respuesta más comprensiva y útil para la sociedad, para todos. Encuentra un sentido a tu trabajo y confía en ti mismo, y encontrarás el camino.

 

Imagen de Freepik(pressfoto):

 

Cómo convivir con la soledad durante la tesis de doctorado

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¿Es la soledad un problema o una oportunidad? / Imagen: Freepik (Racool_Studio).

 

A raíz de uno de mis artículos más comentados, titulado Consejos para quien comienza el doctorado de quien no lo ha terminado, ha surgido la pregunta de “cómo afrontar la soledad que conlleva la tesis doctoral”.

Fíjate en la formulación de la pregunta. Afrontar la soledad. ¿Sabes cuál es el significado de esta palabra? La RAE ofrece diversas acepciones: poner cara a cara, hacer frente al enemigo, hacer cara a un peligro, problema o situación comprometida…

¿Es la soledad un problema para ti?

A ver si estás de acuerdo conmigo en esto.

La investigación es una tarea fundamentalmente solitaria, ya que se trata de un ejercicio mental, y este es un acto o conjunto de actos íntimos accesibles únicamente para la persona que los ejecuta –y por muchos años, que quién sabe lo que puede pasar cuando avancen las neurociencias, ejem-.

Formar parte de un grupo de investigación puede mitigar la sensación de soledad, pero no te exime de realizar el esfuerzo de pensar. Así, cuanto más reflexiones por ti mismo, más podrás aportar al grupo, y viceversa.

¿Qué te quiero decir con esto?

Pues que el problema no es la existencia objetiva de la soledad, inevitable en una tarea intelectual, sino cómo interpretamos subjetivamente dicha soledad.

Como casi todo en la vida, el primer paso para superar cualquier dolor es reconocerlo. En este caso, lo primero es reconocer que nos sentimos solos o solas cuando investigamos. Una vez reconocido, intenta acotar mejor esa sensación.  Si localizas el foco principal del dolor y lo iluminas, podrás ponerle remedio y dejar de sentirte tan solo o sola.

¿En qué momentos te sientes solo o sola cuando investigas?

¿Antes de ponerte a ello? ¿Te gustaría trabajar con más personas a tu alrededor?

¿Durante la investigación? ¿Alguien con quien comentar algo que te ha llamado la atención?

¿Cuando has finalizado? ¿Alguien con quien hacer balance de la jornada?

¿En momentos puntuales? ¿Cuándo se realizan eventos presenciales y no puedes asistir?

No conozco tus circunstancias concretas, pero a continuación te ofrezco algunas ideas para poder convivir con la soledad mientras realizas la tesis doctoral. Y digo expresamente “convivir”, porque la soledad siempre nos acompañará a quienes nos planteamos problemas y buscamos soluciones en el ámbito académico.

  1. Utilizar un diario-agenda de investigación. Puedes utilizarlo sólo cuando necesites compartir algo con alguien, pero también para aprovechar al máximo cada día: qué vas a hacer, qué has logrado y qué queda pendiente para el día siguiente.
  2. Abrir una cuenta en las redes sociales. Elige una o dos redes sociales donde se encuentren los expertos o expertas de tu área de investigación y comienza a seguirles y a interactuar con ellos. Así sabrán de tu existencia y, en algún momento, podrían responder a algunos de tus mensajes o compartir contigo información relevante.
  3. Crear un blog sobre el tema de investigación. Esta herramienta tiene la ventaja de que te permite profundizar más en algunas cuestiones y alimentar tus redes sociales. También te sirve para crear una comunidad de personas interesadas en el tema y trabajar en la construcción de tu marca personal y reputación profesional. Este blog que estás leyendo ahora mismo lo inicié durante el proceso de doctorado, y creo que fue una excelente decisión. Fíjate, así nos hemos conocido tú y yo. 😉
  4. Montar un club de doctorandos. Es cierto que la mayoría de las veces se investigan temas muy diferentes, pero todos los doctorandos comparten presupuestos teóricos y dificultades parecidas que, compartidas, tienen más fácil solución o, al menos, digestión. Ya sabes, una pena entre dos es menos pena. Este punto no es fácil –hablo por experiencia-, pero siempre encontrarás a algún platónico convencido del poder del diálogo, algún director de tesis con vocación de coach o alguna facultad que ponga los medios para fortalecer el trabajo en equipo en su cantera de futuros profesores.
  5. Acudir a congresos de tu especialidad de investigación. Si no tienes suerte con el punto anterior, prueba a acudir a congresos, seminarios, jornadas, etc. donde se traten temas relacionados con tu tesis doctoral. Seguro que conoces doctorandos que están deseando conocerte y compartir lecturas y herramientas para darle un salto cualitativo a su proyecto.
  6. Impartir clases, seminarios o charlas sobre tu especialidad. Los doctorandos pueden tener encomendadas tareas de docencia o no. En caso de que no sea así, ¿por qué no te ofreces a dar una o varias charlas sobre un tema en el que estés trabajando? Este hecho te requerirá un mayor esfuerzo, pero también te aportará mucho más a nivel personal, pues sabrás hasta qué punto tienes claro lo que estás haciendo. Más todavía, te permitirá saber si la docencia universitaria puede ser lo tuyo o no. En caso afirmativo, contarás con una motivación interna extraordinaria –también lo digo por experiencia-, algo fundamental para finalizar la tesis.

Si te ocurre alguna idea más, escríbeme por favor un comentario en este blog y así más personas podrán tenerla en cuenta.

¿Y has llegado a alguna conclusión?

Si todavía concibes la soledad como una situación insufrible y desagradable, como un problema que hay que superar, entonces es probable que mucha energía mental se escape a través de esa creencia y no acabes de disfrutar del privilegio que suponen el silencio y el pensamiento en una sociedad ruidosa y reactiva.

Por el contrario, si percibes la soledad como una amiga que te está dando el gran regalo de profundizar en el autoconocimiento y avanzar en el desarrollo personal, entonces la tesis doctoral se convierte en la gran oportunidad para aprender a controlar la propia mente, las palabras que nos decimos a nosotros mismos en los momentos de dificultad: nuestros miedos, nuestros condicionamientos, nuestros prejuicios, nuestro desconocimiento…

Para ti, con todo mi afecto.

 

 

 

 

 

¿En qué momento se distanciaron profesión y academia? Reflexiones en torno al V Media Ethics Conference

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Por fin pude asistir a la quinta edición del Congreso Internacional de Ética de la Comunicación (V International Conference Media Ethics), que se celebró en Sevilla los pasados 28 y 29 de marzo. Había asistido a la primera y a la segunda edición, pero no había podido acudir a las restantes, y fue un auténtico placer reencontrarme con viejos conocidos y viejas problemáticas. Esta vez no presenté ninguna comunicación, por falta de tiempo para prepararla, pero me pregunto si ese hecho me ayudó a mirar el congreso desde otra perspectiva…

Esta vez no voy a hacer un resumen de las ponencias y comunicaciones que se presentaron. Para eso, apreciado lector o lectora, ya cuentas con el programa del congreso, la cobertura que hice desde mi cuenta de Twitter con el hagstag #MethicsConf y alguna que otra crónica, como la que resume la intervención de Hugo Aznar, profesor de la Universidad CEU-San Pablo de Valencia.

Esta vez voy a anotar algunas reflexiones que me ha sugerido el congreso, por el puro placer de escribirlas y compartirlas:

  • Nada nuevo sobre el horizonte: mismos enfoques, mismas técnicas. Me sorprendió que, tres años después de haber defendido mi tesis y no haber podido dedicarme a la investigación sobre ética periodística, se sigan tratando prácticamente las mismas cuestiones con los mismos planteamientos y metodologías. Comprendo que el avance científico es lento, y que en poco tiempo es imposible establecer un cambio de paradigma, pero no puedo quitarme de encima esa sensación de Déjà vu
  • El periodismo sigue siendo el rey de la investigación en comunicación. A pesar de tratarse de un congreso de ética de la comunicación, el periodismo sigue acaparando el protagonismo de los investigadores, dejando en un muy segundo plano los medios audiovisuales –y no hablo de las reflexiones sobre la ética de la ficción, inexistentes- y la comunicación publicitaria o, en general, persuasiva.
  • Ni rastro de los periodistas ni de los comunicadores en ejercicio. En algún momento del congreso se hizo referencia a los periodistas vocacionales que se esfuerzan por hacer bien su trabajo en medio de circunstancias adversas. Ahora bien, no había prácticamente ninguno en la sala, con lo que todas las recomendaciones no dejaban de ser lo que denominamos un brindis al sol…
  • La dificultad de hacer autocrítica. Algunos investigadores abogaron por establecer una relación más estrecha entre periodistas y ciudadanía, como una vía para conseguir financiación y contenidos de mayor calidad. Eso sí, nadie se planteó por qué existen tantas dificultades para que la universidad y los profesionales puedan trabajar juntos en pro de una mejor investigación y una mejor información, respectivamente.
  • La inteligencia emocional todavía no ha llegado a la universidad. Me sorprendió que la mayoría de las investigaciones siguen la tradición positivista-cientificista, es decir, hipótesis, comprobación de hipótesis a través de un trabajo de campo, conclusiones. No es que tenga nada en contra de ella; más bien al contrario, me parece necesario que existan este tipo de investigaciones. Sin embargo, la ética, como filosofía moral, no puede quedar reducida a ella, so pena de perder sentido y trascendencia. ¿Qué significa investigar sobre ética: saber qué se entiende por ella, contribuir al bien de la profesión y de la sociedad, ser mejor persona y mejor profesional…? Aristóteles lo tenía claro: estudiamos ética para ser buenos, para ser mejores personas. Los estudios de corte cientificista ni inspiran ni motivan. Desmoralizan, que diría mi admirado Ortega y Gasset.
  • No hay congreso pequeño, sino almas pequeñas. Si comparo esta edición con las dos primeras, observo que el International Conference Media Ethics ha quedado reducido a su mínima expresión. Muy lejos quedaron el enorme salón de actos de la Facultad de Comunicación, las numerosas sesiones paralelas, el bullicio de congresistas y estudiantes… Y, sin embargo, ha sido el congreso que más me ha conquistado a nivel humano. Felicidades a todos los organizadores, especialmente a Juan Carlos Suárez Villegas, profesor de la Universidad de Sevilla.
  • Si seguimos haciendo lo mismo, seguiremos obteniendo los mismos resultados. No conseguimos que periodistas ni estudiantes se interesen por los congresos de ética y, sin embargo, seguimos repitiendo la misma fórmula: busto parlante, preguntas, busto parlante, preguntas… Creo que ya es hora de atreverse a probar otros formatos, otras estrategias. Como bien me recuerda mi apreciado Enrique Sueiro, “comete nuevo errores”. El “no” ya lo tenemos.

Si algún periodista o directivo de un medio de comunicación está preocupado por la repercusión que pueden tener sus informaciones en la sociedad y ha conseguido leer este post –dos circunstancias dignas de mérito-, que por favor nos ayude a buscar fórmulas para que quienes tienen tiempo para pensar –académicos- y quienes tienen tiempo para actuar –profesionales- puedan compartir ideas y experiencias, y trabajar juntos por un periodismo digno de ese nombre: veraz, plural y de interés público.

AlbertEinstein

¿Quién regenerará el periodismo? Retos de una profesión en transformación

Hace unos días se presentó en el Col·legi de Periodistes de Catalunya el libro de Josep Carles Rius, Periodismo en reconstrucción. De la crisis de la prensa al reto de un oficio más independiente y libre. El periodista y presidente de la Fundación Periodismo Plural ha estado acompañado por periodistas de varias generaciones como la joven periodista experta en África, Gemma Parellada, la periodista y ex defensora del lector de El País, Milagros Pérez Oliva, el ex director del diario Ara, Carles Capdevila y el veterano periodista catalán, Josep Martí Gómez.periodismo en reconstruccin

En palabras de su autor, la obra pretende ofrecer un buen diagnóstico de la situación actual para, a partir de ahí, “reconstruir el periodismo y no volver a repetir los mismos errores”. Rius sostiene que la crisis del periodismo se ha debido a la confluencia de diversos factores que han dado lugar a una especie de “tormenta perfecta”: cambios tecnológicos, grandes errores de gestión, la “depresión” económica y la “crisis de credibilidad o ética”.

Entre las soluciones, el periodista sostiene que es necesaria una “regeneración de los grandes medios públicos y privados” y que la principal aspiración ha de consistir en recuperar la credibilidad y la confianza. Para ello, recomienda comprometerse con las personas (“factor humano”), volver a los orígenes del periodismo, favorecer las voces libres dentro de los grandes medios y recuperar el debate intelectual en las redacciones. Ante tamaña tarea, el profesional de la información propone “una alianza entre generaciones para llegar a un periodismo independiente y libre”.

La siguiente en tomar la palabra ha sido la periodista más joven de la sala, Gemma Parellada, quien ha considerado “la falta de criterio” como una de las causas de la crisis del periodismo. También ha pedido que dejemos de echar la culpa de todo a los demás, con argumentos como que “al lector eso no le interesa”.

Redacciones amordazadas

La periodista de El País, Milagros Pérez Oliva, ha asegurado que la crisis es una oportunidad que algunos han aprovechado para “convertir el periodismo en un instrumento al servicio de los intereses económicos y partidistas”. También ha lamentado la ausencia de verdaderos editores, quienes han sido sustituidos por gestores que sólo miran la cuenta de resultados. Todo ello ha producido, según Pérez Oliva, “consecuencias graves en las redacciones”, como por ejemplo la autocensura. Y la precariedad laboral no ha hecho más que agravar este problema, ha añadido. Que las redacciones se estén convirtiendo además en gestoras del tráfico y el espacio supone una “devaluación del intelectual colectivo” muy peligroso. Es por ello que ha valorado mucho el libro que se ha presentado, pues da voz a muchos periodistas y abre “un espacio de reflexión que no existe en las redacciones”.

El siguiente en intervenir, Carles Capdevila, ha calificado la obra como una mezcla de “mala hostia y esperanza”. El exdirector del Ara ha pedido “más autocrítica” a los compañeros de profesión y ha comparado el periodismo con un edificio en ruinas, donde coexisten paredes derruidas y paredes maestras, donde algo se ha perdido, algo debe conservarse y algo está por construir.

Falta de épica

Entre las amenazas que se ciernen sobre el periodismo, ha citado los algoritmos matemáticos, que la gente no quiera pagar por la información, la ausencia de un modelo de negocio, el desánimo de los profesionales, el exceso de pragmatismo y la falta de épica, la crisis económica que ha dejado a los medios en manos de los bancos y la confusión entre lo que es el periodismo y lo que no lo es.

Por el contrario, Capdevila considera que ahora existen más oportunidades para llegar al lector, que este tiene más ganas de aprender, que la impunidad es mucho más difícil que antes, que es más fácil saber lo que piensa el lector, que se ha acabado el monopolio da la información y que contamos con “herramientas interactivas brutales”.

Finalmente, Josep Martí Gómez també ha insistido en la importancia de realizar “examen de conciencia” y ha constatado la fuerte autocensura y falta de diálogo que se vive en las redacciones. Es por eso que ha alentado a ganarse la confianza de los lectores y ha lanzado un interrogante al auditorio: “¿Qué pasará cuando llegue la publicidad del Santander, el Corte Inglés y La Caixa a la web?”.

A modo de conclusión, Josep Carles Rius ha afirmado que la “revolución” del periodismo ha de hacerse dentro y fuera de los medios, y ha alentado a los periodistas allí presentes a buscar la credibilidad, “el bien más preciado”.

***

Muy interesante, muy interesante.

Al salir de la sala, una compañera allí presente me comenta: “¿Y dónde estaban algunos de los que han hablado cuando el periodismo entraba en crisis?”.

Ah, qué gran pregunta…

Sigue faltando autocrítica…

Se saludan los conocidos y todos nos marchamos de la sala antes o después…

¿Cuál ha sido el efecto de palabras tan acertadas?

Si nos hubiera escuchado un alto cargo político o el consejero delegado de algún banco, se hubiera frotado las manos: “Tranquilos, nada ha cambiado”.

Seguimos siendo francotiradores, orgullosos de la calidad de nuestro disparo.

La ilusión venció al miedo: presentación de mi tesis

Estimado lector,

El día 21 de enero de 2016 defendí mi tesis doctoral en la Facultad de Comunicación y Relaciones Internacionales Blanquerna. Fue un momento muy especial, no sólo porque culminaba un proceso de muchos años, sino porque estuve acompañada de personas que aprecio y me aprecian. Es por ello que pude disfrutar de todo el proceso. La ilusión venció al miedo.

Ya sabes que me interesa mucho la docencia, el periodismo y la ética, así que no te extrañarás si descubres, en la presentación que hoy comparto contigo, que mi tesis versara sobre esos temas. El contenido es, lógicamente, esquemático, pero te servirá para hacerte una idea. Como siempre, puedes preguntar y comentar lo que quieras, a la espera de que la tesis se publique en abierto.

Un fuerte abrazo y seguimos compartiendo.

Y después de la tesis, ¿qué?

Hace unos meses finalicé mi tesis doctoral y todavía no he escrito nada al respecto. Ni una sola línea. Extraño en mí, que me gusta reflexionar en voz alta y compartir experiencias, ¿no os parece?  Lo cierto es que todavía no sé por qué no me animo a celebrarlo. Será que todavía no ha llegado el momento de la defensa pública, prevista para el día 21 de enero, y que uno teme cantar victoria antes de lo previsto, “no vaya a ser que…”. Y, sin embargo, finalizar una investigación de semejante envergadura requeriría de unas buenas celebraciones, en plural, independientemente del juicio ajeno que merezca el resultado.

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La tesis doctoral, creo que ya lo he comentado alguna vez, requiere un salto cualitativo respecto a cualquier trabajo realizado durante la carrera, por muchos motivos que ahora no entro a detallar, pero que exige dar lo mejor de uno mismo. El proceso implica un gran crecimiento intelectual y, en general, personal, y conlleva un gran desgaste físico y psicológico. Por eso, cuando uno acaba la tesis, lo primero que suele hacer es recuperarse. Recuperarse en todos los sentidos.

Por muy bien que uno se haya planificado, cualquier obra creativa puede pulirse indefinidamente, por lo que, si uno es mínimamente cuidadoso, y los doctorandos solemos serlo, solemos aprovechar hasta el último minuto disponible. Esto significa, entre otras cosas, que uno tiende a trabajar más horas de las recomendadas, descuidar otras facetas como el cuidado físico y las relaciones personales y, en definitiva, a desequilibrarse. Vamos, que no nos volvemos locos porque ya lo estábamos cuando nos metimos en esto.

El desgaste psicológico no debe ser menospreciado, ya que se trata de un trabajo muy largo en el tiempo –cuatro años de media, habitualmente más- y uno va siendo más consciente de sus errores a medida que transcurre el tiempo. Esto es bueno, pues significa que uno ha aprendido por el camino, pero ha de manejarse con cuidado, so pena de no cerrar nunca el proyecto. Como el poema de la utopía, que cito en mi tesis, el horizonte se mueve a medida que nos aproximamos a él.

A todo lo anterior se suman muchas incertidumbres, que solo el tiempo y el reposo pueden desvelar. ¿El esfuerzo mereció la pena? ¿Alguien valorará el resultado? ¿Podré dedicarme a la investigación y la docencia, como era mi deseo al iniciar el doctorado? ¿Y qué voy a hacer ahora, que he dedicado más de media vida a estudiar y aprender? Como puede apreciarse, el doctorando que ha depositado su tesis se enfrenta a un cóctel de interrogantes que ha de digerir con sumo cuidado, so pena de quedar (más) tocado. Tal vez por eso opté por el silencio, porque todavía no podía verbalizar muchas de las sensaciones y pensamientos que bullían por dentro. Tocada, sí, pero no hundida. Seguimos…