Ética y Deontología periodísticas en caso de terrorismo. El atentado de Barcelona en mente

El atentado de Barcelona del 17 de agosto me pilló por sorpresa. Como todos los actos de este tipo, dirá alguien con razón. Me pilló de vacaciones en una zona con escasa cobertura y donde no se venden periódicos, aclaro. Sólo pude ver la información que se realizó por televisión, y creo que fue suficiente para comprobar que, una vez más, las prisas nos han jugado una mala pasada.

Mucha gente ha criticado a los medios de comunicación y a los periodistas que cubrieron los primeros momentos de la tragedia que ya se ha cobrado la vida de 16 personas. Es fácil criticar a los demás, sobre todo cuando estos se exponen públicamente. Más difícil es hacer autocrítica de verdad y señalar los propios errores. Desde aquí, mis sinceras felicitaciones para Gerardo Tecé, de CTXT.

No quiero ser destructiva, no debo ser destructiva. Ya hay mucho dolor y muchos malentendidos como para ahondar en la herida. Prefiero aprender de la experiencia, en la línea de Antoni Maria Piqué.

Tanto se ha hablado sobre este tema, que siento que no aportaré gran cosa. Al menos, yo aprenderé algo con ello, me consuelo. Decido, por tanto, releer las Recomendaciones sobre la cobertura informativa d’actos terroristas elaboradas por el Consell Audiovisual de Catalunya (CAC) y el Col·legi de Periodistes de Catalunya (CPC).

Como siempre, se trata de documentos que recogen los conocimientos y experiencias de gente que ha leído sobre el tema y/o trabajado en estas circunstancias y, por tanto, aportaciones muy valiosas de cara a no volver a cometer los mismos errores… Si es cierto que podemos escarmentar en cabeza ajena.

1. SOBRE LOS TERRORISTAS

El CAC y el CPC nos recomiendan revelar la identidad de los “presuntos” terroristas sólo cuando esté confirmada oficialmente; aunque eso no quita para contrastar dicha información, añaden.

Recuerdo haber visto la foto del “presunto” conductor de la furgoneta en todas las televisiones, a pesar de que sólo se había encontrado su pasaporte –y que luego resultó no ser el autor de la masacre-.

También recuerdo que la mayoría de los medios hablaban de 13 muertos, a pesar de que el conseller de Interior sólo confirmó uno. Tan sólo un medio de comunicación reconoció que la información, que más tarde resultó verdadera, procedía de “fuentes policiales”. ¿Quién contrastó y quién copió a quién?, me pregunto. Y peor, ¿qué hubiera pasado si se hubieran equivocado en la cifra? Menuda alarma innecesaria…

Sobre los cuerpos de seguridad

En este punto se habla también de no entorpecer la labor policial ni mostrar imágenes que puedan mostrar la identidad de los cuerpos de seguridad.

Recuerdo que algunos medios hacían referencia a un restaurante, Luna de Estambul, donde se creía que estaba atrincherado uno o varios terroristas. No era cierto, pero si había algún simpatizante con la causa, ya sabría dónde acudir para armar barullo y distraer a la policía.

También recuerdo haber visto periodistas informando en directo en lugares donde sólo podían transitar policías y, por tanto, deducir que pertenecían a la secreta. Y haber visto con suma claridad matrículas de coches no oficiales, esto es, camuflados. No hay que ser muy listo para grabar los telediarios en esos momentos y… No daré más ideas.

Este tema me parece tan fundamental que habría que plantearse si merecería un epígrafe aparte, algo por lo que abogo.

2. SOBRE LAS VÍCTIMAS

Todos hemos visto algunas imágenes que no olvidaremos nunca, como esos cuerpos inertes tumbados en el suelo o esas piernas torcidas de una manera poco natural, fruto del impacto de la furgoneta. ¿Era necesario incluirlas? Y peor aún, ¿era necesario repetirlas hasta la saciedad?

La falta de recursos gráficos no debería hacernos perder la perspectiva. Si yo no podré olvidar esas imágenes, ¿cómo podrán hacerlo los familiares? ¿Las repetiremos cada vez que hablemos del atentado de Barcelona, más todavía?

Tampoco resulta recomendable entrevistar a los supervivientes nada más producirse la tragedia. “Se debería evitar la intromisión gratuita y las especulaciones sobre sus sentimientos”.

Lamentablemente, yo vi a muchos periodistas informando en directo al lado del perímetro policial, buscando testimonios que pudieran rellenar esos especiales televisivos que nadie sabe por qué duran tanto cuando se sabe tan poco.

Y, lo peor de todo, es que este comportamiento se repite con demasiada frecuencia, como me ha hecho ver Ismael López a propósito del atentado de Londres. ¿Por qué? No podemos conocer las intenciones de los demás, Ismael, pero los motivos pueden ir desde querer mostrar lo que se llama “interés humano”, si pensamos bien, a querer mantener la audiencia como sea, si pensamos mal.

3. SOBRE LA AUDIENCIA

En este punto del documento se habla por cierto de la necesidad de no caer en la “espectacularización” del lenguaje verbal y audiovisual, señal de que es una tentación demasiado frecuente.

También se hace referencia a algo más novedoso, y es cómo utilizar la información recibida por la audiencia. Se apuntan cuatro cuestiones básicas:

  • Verificar la autenticidad
  • Citar la procedencia
  • Evaluar el interés informativo y social
  • Verificar que respeta los derechos de las víctimas y de la audiencia

En este punto, he de reconocer que otras personas que sí tenían cobertura recibieron videos más impactantes por Whatsapp, por lo que algunos medios de comunicación sí que hicieron un esfuerzo por no dejarse arrastrar por la corriente del morbo que, aunque cueste reconocerlo, nos afecta a todos, periodistas y público.

El documento también recomienda advertir previamente a la audiencia de la dureza de las imágenes, aunque siempre tengo la sensación de que se dice con la boca pequeña, con poco tiempo para valorar si quiero o no quiero verlas y, sobre todo, para coger el mando y cambiar de cadena.

4. SOBRE LOS PERIODISTAS

Este epígrafe me ha sorprendido, pues apenas se les dedica un punto, dedicado a cuidar de que no sufran estrés o un shock postraumático. El punto me parece estupendo, pues son profesionales que no están tan acostumbrados a abordar este tipo de acontecimientos violentos y pueden ver situaciones que queden para siempre en su memoria.

Ahora bien, ¿por qué no continuar con las recomendaciones? ¿Por qué no sugerirles que hagan valer su criterio periodístico ante las demandas de los superiores que no lo tengan en cuenta? Estoy segura de que a muchos les repugna meterse en la vida privada de las víctimas, hurgar en la herida…

Sí, ya sé que es difícil, pero alguien tiene que poner un poco de sentido común en momentos tan complicados… Y ya se sabe, lo que no haga uno, no lo hará nadie.

5. SOBRE LAS AUTORIDADES

En este apartado también se toca únicamente una cuestión, la relación de las autoridades con los medios. Muchos han felicitado la tarea comunicativa de Mossos d’Esquadra, así que me sumo y confío en que se estudie su caso para emularlo.

Ahora bien, viendo la repercusión política o, mejor dicho, la utilización partidista que se ha hecho del atentado, ¿no habría que ahondar en este punto? Porque ya tuvimos el atentado del 11-M en 2004 y no parece que hayamos aprendido demasiado…

Sobre la sociedad civil

Viendo las muestras de solidaridad ciudadana, viendo el rechazo de la violencia por parte de los musulmanes de buen corazón, también creo que habría que dedicar un apartado a la sociedad civil. Porque medios y periodistas estamos demasiado acostumbrados –bien adoctrinados ya desde las facultades- a mostrar el lado negativo de la humanidad, y eso no es toda la realidad. Y de esto va el periodismo, ¿no? Explicar toda la realidad desde el respeto a la humanidad.

Seguimos…

 

Comienza la reconstrucción del periodismo en la Casa de la Premsa de Barcelona

Dedicado a los compañeros y compañeras de El Periódico de Catalunya y el grupo Zeta que no se resignan a ser los únicos responsables de la situación económico-financiera de la empresa

 

¿Qué hacen una cuarentena de periodistas un sábado por la mañana en un edificio medio en ruinas? Pasar el tiempo, compartir preocupaciones y, sobre todo, buscar soluciones a los problemas que afectan a la profesión.
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Muchos ya lo han hecho muchas veces, y lo seguirán haciendo, pero este acto posee un gran simbolismo, una gran fuerza. Es la primera vez que se juntan representantes del Col·legi de Periodistes de Catalunya, la Associació de Dones Periodistes de Catalunya, el Grup de Periodistes Ramon Barnils, el colectivo Som Atents y el Sindicat de Periodistes de Catalunya -de quien, por cierto, ha partido la iniciativa-. Y es el primer acto propiamente periodístico que se organiza en muchos años en la Casa de la Premsa, un edificio construido para facilitar a los profesionales de la información la cobertura de la exposición universal de 1929.

El edificio es precioso por fuera, pero está medio en ruinas por dentro. No obstante, continúa resultando atractivo y posee mucho potencial para realizar actos cívicos. ¿Como el periodismo?, me pregunto mientras participo en la visita guiada anterior a la mesa redonda.

Durante la jornada se tocan cuatro temas principales, por este orden: la cuestión de género en los medios, las condiciones laborales, la responsabilidad profesional y si es necesario regular o no la información.

La representante de la Associació de Dones Periodistes explica que la sensibilidad de género es mucho más que poner los/las, y nos hace caer en la cuenta de que los hechos también hablan: ¿sólo una mujer preparada/disponible para hablar en una mesa de cinco personas?

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En cuanto a la precariedad, todo el mundo coincide en que es abundante -demasiado- y que afecta a la calidad de las informaciones. También en que los periodistas del país somos incapaces de unirnos y decir basta. No lo recuerda un periodista extranjero que colabora con El Periódico de Catalunya: “El mismo reportaje aquí vale 400 euros; en Alemania, más de 1.000. Nos toman por tontos”.

En algún momento el representante del Grup Barnils, Enric Borràs, nos recuerda que nos hemos resignado a no disponer de unas tarifas mínimas por las piezas que producimos, a no exigir más transparencia sobre la propiedad mediática… ¿Y cómo van a pagar los ciudadanos por la información, si nos limitamos a copiar y pegar notas de prensa y comunicados? Borràs pone el dedo en la llaga: “Hay que distinguir entre contenidos, comunicación, entretenimiento y periodismo”.

La jornada concluye con la necesidad de que se regule algo, como el derecho a acceder a la información pública, a los juicios, las condiciones laborales mínimas de colaboradores… Y nos perdemos un poco en las palabras -¿como buenos o malos periodistas?-: ¿queremos regular el periodismo, a los periodistas, el derecho a la información de la ciudadanía?

No puedo callarme e intervengo -¡toma autocita!-: está muy bien pedir socorro al Gobierno para arreglar este desgobierno, pero no lancemos balones fuera, porque así no conseguiremos el respeto ni de nuestros propios compañeros -ni su apoyo para pedir el cambio legislativo, por supuesto-. Empecemos por nosotros mismos, por no llamarnos periodistas si no hacemos periodismo. Y sigamos por las organizaciones, que no saben, no pueden o no quieren apoyar a quienes lo ejercen ni criticar a quienes hacen antiperiodismo. Sólo así recuperaremos la confianza de los profesionales del gremio -que se traduciría a la larga en más colegiados, afiliados o asociados, o sea, más manos- y, tal vez, de la ciudadanía -que se traduciría en más audiencia y más gente dispuesta a pagar por la información, esto es, más ciudadanos críticos-.

En realidad, mi intervención oral no ha sido tan buena -o tan mala- como lo que acabo de escribir. Un compañero me ha hecho pensar por qué he dicho que el derecho es la constatación del fracaso de la deontología; y ésta, de la ética personal.  En parte, porque si hubiera más respeto y solidaridad, no harían falta ni la autorregulación ni la legislación. Es verdad que esto puede resultar utópico, pero también espero haber dejado claro que sin utopía nos estancamos. Porque, como bien ha comentado el histórico periodista y primer presidente del SPC, Enric Bastardes, ya hay muchas leyes, y estas no se cumplen. O sea, que puede haber situaciones tan degradadas que requieran la intervención del legislador, del mismo modo que sin formación/sensibilidad ética el derecho resultará estéril.

Y, ahora, escribiendo estas letras y alejándome, por tanto, de todo y todas las intervenciones público-privadas, me ha venido a la cabeza una idea que ya me ronda hace algún tiempo. Apostar por la ética y la autorregulación no significa debilidad ni ingenuidad. Hay que ser muy fuerte para que un profesional o una institución profesional afirme públicamente: “Lo siento, lo que tú haces no es periodismo, no puedes formar parte de nuestra entidad”; o “lo siento, pero esto que has hecho no está bien, y no podemos permanecer callados o darte la razón”. Hay que ser muy fuerte para apoyar y/o criticar a tus propios compañeros -no a los políticos ni a los empresarios, eso se nos da fenomenal-.  Hay que ser muy fuerte para aguantar el aluvión de críticas: “Y tú qué te has creído, que eres un santo, un experto en Ética, que estás por encima del bien y del mal, y tú, tú y tú más…?”.

Ya me he vuelto a despistar/apasionar, oye. Quedémonos con esta idea: cinco entidades importantes -aunque alguna no haya querido figurar en el cartel, y ella sabrá por qué- se han unido por primera vez para compartir su visión del periodismo y buscar estrategias para defenderla. Ojalá que la próxima vez -que la haya, que la habrá- seamos muchos más los que amamos el periodismo, los que queremos una sociedad informada. Por un #periodigne, por una auténtica Casa/Hogar de la prensa, donde podamos ayudarnos mutuamente a mejorar.

Posdata: Oye, tú, ¿habrá nacido hoy la Comisión para la recuperación del periodismo, a imitación de la Comisión para la recuperación de la Casa de la Premsa? Unos buscan recuperar un edificio para los vecinos; otros, una profesión para la ciudadanía.

Ante la crisis del periodismo, más ética y autorregulación

Hace unos días que se ha presentado el libro “100 casos. La ética periodística en tiempos de precariedad”, escrito por el presidente del Consell de la Informació de Catalunya (CIC) y exdefensor del lector de La Vanguardia, Roger Jiménez. Como indica el título, se trata de una obra donde se explican 100 casos de ética periodística que permiten reflexionar sobre los puntos débiles del periodismo y aportar criterios para ofrecer una mejor información.

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Alsius, Jiménez y Herrscher el 20 de junio / EJG

El periodista y director de la colección Periodismo Activo, Roberto Herrscher, destacó el carácter práctico de la obra, algo muy común en la tradición norteamericana y no tanto en la española, así como la importancia de reflexionar sobre la ética en el mundo de las redes sociales.

El periodista y consejero del Consell Audiovisual de Catalunya (CAC), Salvador Alsius, reconoció que el periodismo está viviendo un periodo de “desorientación” y “desánimo”, y que la receta para salir de la llamada crisis residía en “más periodismo y un sistema de valores que garanticen la calidad de la información”. Es por ello que abogó por “la autorregulación como solución”.

¿Para cuándo un congreso de periodistas y un nuevo código deontológico?

El profesor de la Universitat Pompeu Fabra también aprovechó su intervención para recordar que tanto Roger como él como otras personas trabajaron, en el seno del CIC, para actualizar el código deontológico de la profesión periodística catalana, obsoleto con la irrupción de la tecnología digital, entre otros factores. Es por eso que lanzó una invitación al Col·legi y, más concretamente, a su actual decana, Neus Bonet, para retomar la tradición de organizar congresos de periodistas y poder así reflexionar sobre la situación de la profesión y generar un nuevo compromiso ético.

Finalmente, Roger Jiménez explicó cómo los periodistas han pecado de “exceso de arrogancia”, ya que antes de Internet el lector no tenía “ni voz ni voto” en la elaboración de la información. Ahora bien, esto no significa que el público no tenga su responsabilidad, ha matizado el veterano periodista. Jiménez ha sostenido que la implicación del público es “esencial para corregir la deriva del periodismo”. Es más, el exdefensor de La Vanguardia ha afirmado que “hay una ética de la empresa, del periodista y del público”. En cuanto a los empresarios que buscan rendimiento a corto plazo –“la mayoría”-, ha asegurado que “no hay ningún editor que no respete a un periodista con carácter”, a pesar de algunos despidos recientes en sentido contrario que también ha mencionado.

Sea como fuere, la obra está concebida como una “ayuda” a los periodistas más jóvenes, para que encuentren ejemplos y argumentos suficientes para hacer valer el derecho a la información de los ciudadanos, un “bien público” necesario para que funcione cualquier democracia.

Cómo enseñar ética en un mundo que no cree en ella

Esta semana tuve la oportunidad de dar (y recibir) una clase de ética. Un compañero no podía impartir la suya y me ofreció compartir con los estudiantes lo que sé sobre el tema. No podía decir que no. El asunto me apasiona y disfruto hablando sobre ello. Cada loco con su tema.

Los titulares de prensa, sin embargo, no me lo ponían nada fácil. A los ya conocidos escándalos de corrupción en las instituciones y partidos políticos de Valencia (PP) y Andalucía (PSOE), se sumaron algunos escándalos en el ámbito privado, como el supuesto fraude descubierto en las clínicas dentales Vitaldent. Y poco después sabríamos del presunto blanqueo de capitales cometido por el banco chino ICBC. Y luego vendría el aparente fraude de la carne. Y para qué seguir. Lo público y lo privado, todo es el reflejo de la misma sociedad.

corrupciónResulta muy complicado mostrar la importancia de comportarse éticamente en un mundo donde los valores que predominan son el lucro, el poder, la competitividad, la mentira, el egocentrismo y la indiferencia hacia lo que le pueda pasar a los demás, etc. No confundáis, por favor, la moral con la ética, les digo siempre a mis estudiantes. No os dejéis arrastrar por la moral que parece reinar en las redacciones, la moral de la supervivencia. Paraos un momento, pensad y preguntaros de vez en cuando: “¿Vivo o sobrevivo?”. Que la ética es la máxima expresión de nuestra libertad, nuestra capacidad para poner en cuestión lo aprendido y decidir desde lo que somos y hacia lo que queremos ser.

Algunos estudiantes me han reprochado que me mostré algo pesimista, y quienes me conocen saben que me esfuerzo continuamente por ver el lado positivo de la vida y contagiar esperanza entre quienes me rodean, pero puede ser. Puede ser que los titulares, que la realidad, me esté cambiando la mirada.

Todo cambia cuando te esfuerzas por hacer tu trabajo lo mejor posible y eso no es suficiente. Todo cambia cuando compruebas que, efectivamente, la economía se está llevando por delante a las personas. También en el periodismo, también en la universidad.

Afortunadamente, sigue habiendo gente buena, gente que se pone en el lugar de los demás e intenta encontrar la mejor solución para todos. Y eso es la deontología, queridos estudiantes, la capacidad para reflexionar juntos sobre lo que es mejor para los periodistas y el resto de la sociedad. Y, de nuevo, no confundáis la deontología con un mecanismo de autorregulación concreto como pueden ser los códigos deontológicos, un listado de deberes aparentemente fríos pero que esconden una gran sabiduría y generosidad por parte de las generaciones que os precedieron.

Que si os cuento cómo está la realidad no es para desanimaros, sino para deciros con más fuerza: aprovechad la carrera, aprovechad lo obligatorio y lo voluntario para aprender, aprovechad todo lo que esté en vuestra mano para salir al mundo más sabios, más fuertes, más coherentes. Que el viento sopla fuerte, pero, como decía no sé quién, podrás aprovecharlo a tu favor si sabes hacia dónde vas. Y que, cuando llegues, no llegues solo. Que la ética, desde Aristóteles, es una herramienta para la felicidad, y que no sabemos ser felices sin relaciones de calidad con los demás.

Gracias por los comentarios, gracias por ese post en tu blog (¡conseguí que alguien se parara a pensar!), gracias por permitirme compartir lo que sé y seguir aprendiendo con vosotros. ¡Hasta siempre!

Imagen tomada de aquí.

El cumplimiento del código deontológico de los periodistas catalanes, 14 años después

Hace unos días se presentó el Estudi dels dictàmens del Consell de la Informació de Catalunya (CIC) 1997-2011, un informe donde se analizan las reclamaciones, los procedimientos y los dictámenes realizados durante los 14 años de la institubanner_aniversarición que vela por el cumplimiento del código deontológico de los periodistas catalanes. A continuación expongo algunos de los datos que aparecen en dicho estudio.

Entre 1997 y 2011, el CIC recibió 575 reclamaciones o quejas, 366 si se eliminan las repetidas, fruto de campañas realizadas por diversas Organizaciones No Gubernamentales para concienciar sobre algunas problemáticas concretas como, por ejemplo, el racismo. A partir de ahora, y mientras no diga lo contrario, me referiré siempre a las segundas, esto es, a los datos que no tienen en cuenta las repeticiones. Los autores del informe reconocen que el número de quejas es bajo, si se tiene en cuenta que la Comisión de Quejas de la Prensa (Press Complaints Comission) recibe más de 4.000 y tramita varios centenares al año (p. 35).

 La mayoría de las quejas proceden de particulares (192), seguidas por las originadas por ONGs o entidades cívicas (84). Los periodistas han presentado 21 reclamaciones en 14 años, lo cual puede interpretarse como falta de interés o confianza en que el CIC les ayude a resolver los desafíos éticos que se encuentran en su lugar de trabajo.  Los medios de comunicación, por su parte, han expuesto su descontento en 9 ocasiones.

En cuanto a los medios, las quejas se dirigen fundamentalmente a los medios escritos, diarios (278) y periódicos locales (45), seguidos de la televisión (41), los medios digitales (20) y la radio (14), entre otros. Tal vez porque, como comentan los autores del informe, la palabra vuela y lo escrito permanece (p. 13).

Desde un punto de vista geográfico, las quejas más comunes se refieren a medios cuya sede administrativa se encuentra en España (307), Barcelona ciudad y provincia (288), Gerona (41), Lleida (17) y Tarragona (15).

Los artículos del Codi Deontològic más polémicos

Los criterios más invocados por los reclamanntes, sin tener en cuenta las repeticiones, son, por este orden, los siguientes:

1. Art. 2. Fundamentación. Respeto a la dignidad de las personas. No injurias: 25,93%.

2. Art. 12. Discriminación por sexo, raza, creencias, etc.: 17,76%.

3. Art 1. Separación de la información y opinión. No rumores ni conjeturas: 13,55%.

4. Art. 9. Respeto a la intimidad y a la propia imagen: 10,28%.

Obsérvese que el artículo 1 toca el núcleo de la profesión, que tiene sentido en la medida en que ofrece informaciones veraces y rigurosas. Los otros, aun siendo fundamentales, se refieren a las consecuencias negativas de la información y, por tanto, ponen al descubierto el conflicto existente entre la libertad de expresión y los derechos de terceras personas.

Por temas, las cuestiones que han generado más preocupación han sido las siguientes: racismo y xenofobia; falsedad; invasión de la intimidad; selección, manipulación y ordenación de imágenes y sonido; contextualización y profundización de la información; inclusión de diferentes puntos de vista; rectificaciones; difamación y calumnia; separación de información y opinión, y menores. Los autores del trabajo han echado de menos algunos temas polémicos como, por ejemplo, el tratamiento de la violencia de género o el respeto a las creencias religiosas (p. 21).

Los procedimientos

De las quejas recibidas en los 14 años analizados, el CAC ha admitido a trámite aproximadamente el 80 por ciento. El 20 restante no se ha tenido en cuenta, bien porque quedaba fuera de su competencia geográfica o institucional (existencia de otras entidades que se hacían cargo del problema; en total, 18 desviaciones), bien porque no se apreciaba relación con la deontología de la profesión (“ausencia de factum ético” en la terminología de los autores), por cuestiones formales o porque se había iniciado un procedimiento legal.

En ocasiones, el Consell se pone en contacto con los medios de comunicación afectados por la reclamación. Pues bien, entre 1997 y 2011 se han derivado consultas relativas a 276 quejas de un total de 669 (números absolutos, es decir, contando repeticiones). Y de esas 276 quejas consultadas, se ha recibido respuesta en 182 ocasiones. La respuesta de los medios adheridos al CIC no varía demasiado en relación con los no adheridos (68% frente al 64%), lo cual revela escasa conciencia entre las empresas de comunicación que, en teoría, apoyan la labor del Consell de la Informació.

Además, la mayoría de los medios que responden (182) no suelen reconocer que han vulnerado algún artículo del código deontológico (159), pocos reconocen transgresiones parciales (11) y menos entonan el mea culpa (10). Las diferencias entre medios adheridos y no adheridos vuelven a ser no significativas (p. 29).

Las resoluciones

La mayoría de los dictámenes elaborado por los miembros del Consell han sido favorables al denunciante, total (85 de 230, sin repeticiones) o parcialmente (30). Algunas menos han sido favorables al periodista o al medio (77) y las menos se han resuelto de manera ambigua o reconciliadora. Parece, por tanto, que a ciudadanos y medios nos costa ponernos de acuerdo. En esta ocasión, no obstante, se observa que las resoluciones favorables al denunciante se producen en mayor medida en medios que no están adheridos al CIC, lo que lleva a los autores a concluir que los medios ahderidos “son probablemente más propensos a guardar un comportamiento ético” (p. 32).

Los criterios más vulnerados, según las resoluciones del CIC (y no según las quejas, como se ha mostrado anteriormente), son, por este orden, el artículo 2 (21,4%), el 12 (17,8%), el 9 (12,3%), el 1 (11,7%) y el 1o, relativo a la presunción de inocencia (11,1%).

El Consell sólo ha actuado de oficio en cinco ocasiones: en noviembre de 2000, a raíz de unas memorias publicadas en forma de novela; en marzo de 2003, por unas fotos sobre la guerra de Iraq; en 2005, por una foto de un tsunami que no se correspondía con el momento en cuestión, sino con un hecho anterior; en 2011, a partir de una entrevista realizada en “El programa de Ana Rosa” a Isabel García, la esposa de Santiago del Valle, presunto asesino de la niña Mari Luz; y en mayo de 2011, sobre el derecho a la intimidad de personas implicadas en el terremoto producido en la localidad de Lorca, en Murcia (p. 37).

***

El pasado mes de octubre también se produjeron cambios en la Fundación CIC: se estrenó nuevo patronato y se renovaron los miembros del Consell que gestionan las quejas ciudadanas.

“No, si yo no recibo presiones, pero sé muy bien a quién no he de molestar”. Reflexiones sobre la autocensura

Muchos periodistas se jactan, orgullosos, de que ellos no reciben presiones, consignas, censuras de ninguna clase. Son libres para publicar lo que quieran y como quieran; pero, luego, por lo bajinis, reconocen que si publican algo que molesta al editor del medio, o a alguno de sus grandes amigos, están perdidos. Hoy quiero hablar de autocensura.censura (1)

El tema me lo sugirió hace tiempo Asier Solana y estas vacaciones, mientras leía Rebelión en la granja de George Orwell, descubrí un prólogo fantástico sobre, atención, “la libertad de prensa”. No se publicó en la edición original, de 1945, pero el profesor Bernad Crick, del Birkbeck College de Londres, asegura que fue escrito por Orwell. En realidad no importa mucho. Como dijo Machado, “la verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero”.

Resulta que a finales de los años 30 y primeros de los 40 del siglo XX, que es cuando se redactó la introducción a la obra, la URSS tenía una fama buenísima entre los ingleses. No en vano, los amigos del Este de Europa les estaban ayudando a derrotar a los alemanes. Por tanto, todo lo que se publicaba contra el comunismo, incluido el libro de Orwell, era rechazado o, simplemente, ignorado.

¿Pero, cómo, no es Gran Bretaña una de las cunas de la libertad de expresión en el mundo? Que hable Orwell:

Si los editores y los directores de los periódicos se esfuerzan en eludir ciertos temas no es por miedo a una denuncia: es porque le temen a la opinión pública. En este país, la cobardía intelectual es el peor enemigo al que han de hacer frente periodistas y escritores en general.

¡Ah, amigos, qué gran sabiduría! La autocensura nace de la falta de valor, de la ausencia de coraje personal para defender lo que uno piensa, caiga quien caiga, incluso uno mismo si es necesario. La autocensura depende única y exclusivamente de uno mismo. La censura, en cambio, no tiene nada que ver, pues requiere de la intervención de una tercera persona o institución. Orwell lo deja claro (los corchetes son míos):

Creo que es importante distinguir entre el tipo de censura que se imponen voluntariamente los intelectuales ingleses [autocensura] y la que proviene de los grupos de presión [censura o heterocensura, podríamos decir]. […] Toda gran organización cuida de sus intereses lo mejor que puede y, si ello se hace a través de una propaganda descubierta, no hay nada que objetar.

Si os dais cuenta, Orwell está diciendo que el intelectual, el periodista, el director y el propietario de un medio de comunicación son algo más que simples organizaciones con intereses propios. ¡¡A ver si nos enteramos de que los profesionales de la información (y me da igual el cargo que ocupen en el organigrama de la empresa) tenemos una responsabilidad con la sociedad, que parece que no nos entra en la mollera!!

Es que me puedo quedar sin trabajo.

Es que podría reducir mis beneficios.

¡Ah! ¡Pues luego no te quejes de que te has quedado sin profesión y sin beneficios!

¡Ah! Pues luego no te quejes de que la democracia se ha ido al garete y volvemos a la ley de la selva -si no estamos ya en ella-.

¿En serio vamos a renunciar a lo que nos ha costado siglos conseguir y gracias a lo cual hemos alcanzado cierta paz, cierto bienestar, cierta tranquilidad? Orwell otra vez:

Si la libertad intelectual ha sido sin duda alguna uno de los principios básicos de la civilización occidental, o no significa nada o significa que cada debe tener pleno derecho a decir y a imprimir lo que él cree que es la verdad, siempre que ello no impida que el resto de la comunidad tenga la posibilidad de expresarse por los mismos inequívocos caminos. […] La gente de la calle […] sigue pensando vagamente en aquello de: “Supongo que cada cual tiene derecho a exponer su propia opinión”. Por ello incumbe principalmente a la intelectualidad científica y literaria el papel de guardián de esa libertad que está empezando a ser menospreciada en la teoría y en la práctica.

No podemos evitar que personas e instituciones de todo tipo y condición quieran utilizar los medios para darse a conocer, para defender sus intereses, como decía Orwell. Lo que sí podemos evitar es claudicar ante sus presiones y, sobre todo, anticiparnos a ellas, por miedo a las represalias. No cedas antes la censura, pero tampoco te engañes. O tal vez un día descubras que el mayor enemigo del periodismo no son los políticos, las grandes corporaciones ni la pasividad del público, sino simple y llanamente, tú y nadie más que tú.

  censura (1)

  Imagen: www.hacer.org/latam/?p=584

 

Actualización: 25 de agosto de 2010

Vídeo sobre la autocensura en Colombia, muy interesante: La autocensura, derrota moral del periodista.