Cómo luchar contra las Fake News en la universidad (o cómo recuperar el espíritu de Sócrates)

En el mundo de la comunicación se ha puesto muy de moda hablar de Fake News, un concepto que parece haber saltado a la esfera pública desde que el presidente norteamericano Donald Trump llegara a la Casablanca en noviembre de 2016. Ya se ha convertido en un tópico citar la primera rueda de prensa que ofreció tras ser elegido presidente, en la que acusa a un periodista de la CNN, no de practicar Fake News, sino de serlo.

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Momento en que Donald Trump acusa de ser Fake News al periodista de la CNN, Jim Acosta / CNN

La sola creación del concepto, Fake News, ya me parece un gol en propia puerta del 45º presidente de los Estados Unidos. Son los periodistas, son los medios, quienes propagan las noticias falsas, no los poderes políticos, no los poderes económicos, no los poderes tecnológicos, no los ciudadanos. Es por ello que, sin resultar tan espectacular, prefiero el término desinformación que utiliza la Unión Europea.

El asunto es bastante grave, en la medida en que cada vez resulta más complicado distinguir entre una noticia verdadera y una falsa, lo que nos puede llevar a tomar decisiones equivocadas y de consecuencias impredecibles. Los expertos en comunicación y política aseguran que es lo que ha ocurrido en el Brexit, el plebiscito de paz en Colombia o la elección de Donald Trump como presidente de EEUU, por citar tres ejemplos bastante consensuados.

 

La enseñanza del periodismo como fórmula autoreguladora

Interesada en la cuestión, como periodista, profesora y ciudadana, asistí lo que pude a La nova ética de la comunicación en temps de fake news, jornada organizada por la Fundació Consell de la Informació de Catalunya. En ella figuraba una mesa redonda sobre “La enseñanza del periodismo como fórmula autoreguladora”, moderada por el profesor y consejero del CIC, Carlos Ruiz Caballero, en la que participaron Marçal Sintes, hasta hace poco director del Departamento de Periodismo de la Facultad de Comunicación y Relaciones Internacionales de Blanquerna – Universitat Ramon Llull; Alfonso Méndiz, decado de la Facultad de Ciencias de la Comunicació de la Universitat Internacional de Catalunya; y María José Recoder, decana de la facultad del mismo nombre de la Universitat Autònoma de la Barcelona.

Conozco personalmente a la mayoría de los ponentes, y no dudo de su buena intención, pero me sorprendió que nadie hiciera referencia al título de la mesa redonda. Quiero decir, nadie pareció apostar claramente por el papel de las facultades de Comunicación en la lucha contra las Fake News, contra la desinformación. Por eso les pregunté por las medidas impulsadas dentro de sus facultades (materias, formación transversal, currículum oculto…), entre las propias universidades (como crear un consorcio anti Fake News) y entre las universidades y la profesión periodística.

El decano de la UIC explicó que en su facultad existe la asignatura de Ética y Deontología en todos los grados (Periodismo, Comunicación Audiovisual y Publicidad y Relaciones Públicas), y que en la facultad han comenzado a verificar cómo forman a los estudiantes en espíritu crítico, a partir del análisis de los elementos del paradigma de Lasswell (quién, qué, cómo, etc.). Esta iniciativa me parece muy valiosa, en la medida en que va más allá de la impartición de una única materia, que siempre corre el peligro de convertirse en un compartimento estanco y descoordinado del resto del plan de estudios.

La decana de la UAB explicó que en su facultad todavía no existe asignatura de Ética y Deontología en todos los grados, y anunció que la UAB retirará 120 plazas de Periodismo el próximo curso para no lanzar más estudiantes al paro. Esta decisión me parece valiente y digna de elogio, ya que, como hace años denuncian las organizaciones profesionales, existe mucha más demanda de puestos de trabajo que ofertas de empleo para periodistas. Ella misma no estaba segura del éxito de la medida, pues depende de que el resto de facultades no se aprovechen de la misma, pero sin duda ha encarnado esa idea que el sabio Sócrates, padre de la filosofía y de la ética, defendió tan bien: es mejor padecer la injusticia que cometerla.

 

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Méndiz, Ruiz, Sintes y Recoder, durante la mesa redonda organizada por la Fundación CIC / Eva Jiménez

 

¿Debe limitarse la universidad a transmitir conocimientos? ¿Puede?

En Blanquerna sí que existe la materia en los tres grados, si bien el exdirector del Departamento de Periodismo realizó algunas afirmaciones que me preocuparon un poco. En algún momento comentó que, cuando el alumnado le explica las dificultades para ejercer un periodismo ético, le responde: “Aquí explicamos la teoría, porque es la universidad”. Me gustaría hablar más del tema con él, porque igual le entendí mal, pero esta respuesta, a mi juicio, no hace sino agrandar la distancia existente entre academia y profesión, algo que rechazo de pleno, porque creo que el éxito profesional, y en la vida en general, se consigue si existe un adecuado equilibrio entre reflexión y acción. Y vuelvo a Sócrates, un hombre que decía que “una vida sin examen no merece la pena ser vivida” y al mismo tiempo era capaz de vivir aquello que pensaba, hasta el punto de aceptar la muerte antes que contradecirse a sí mismo. La respuesta que yo les doy a mis alumnos y alumnas cuando doy clase es otra: “Tú eres un profesional, y lo mínimo que puedes decirle a tu jefe o jefa es: ‘Esta es mi opinión y estos son mis argumentos. Ahora, tú tienes el poder, tú decides y tú tienes la responsabilidad”.

Marçal Sintes también comentó en otro momento que “las universidades no han de organizar la revuelta”, dando a entender que ya hacían suficiente con transmitir conocimientos. Ahora bien, desde Bolonia todas las universidades han asumido como propio el deber de formar en competencias, concepto completo que incluye conocimientos (saber teórico), habilidades (saber práctico) y actitudes (saber ético). ¿Alguien cree que se puede enseñar la ética, la actitud por salir de uno mismo y preocuparse por el otro, sin practicar con el ejemplo? ¿Alguien cree que un estudiante recién graduado tiene el conocimiento, la habilidad y el coraje de plantar cara, no a un superior, sino a una organización, a un sistema, si ni siquiera se atreve el claustro de profesores ni la directiva de la facultad y universidad? Sócrates fue maestro y marcó el rumbo de toda una civilización porque no pedía a los demás lo que él no se exigía a sí mismo. El “sólo sé que no sé nada” es un acto de profunda humildad, de profundo conocimiento de sí mismo, que lleva a la apertura al otro, a la empatía.

Cuando realicé mi pregunta y propuse crear un consorcio entre facultades de comunicación contra la desinformación, la mayoría de los participantes en la mesa asintieron con la cabeza. Puede ser un consorcio, puede ser un observatorio junto a organizaciones profesionales, puede ser una mesa de trabajo para comparar qué se enseña en clases de ética y encontrar un corpus común; puede ser lo que quieran, mientras haya voluntad de salir de este estado de posverdad, del que las Fake News son sólo un fenómeno.  ¿Quién dará el primer paso y lanzará su voz en medio del ágora pública? Vuelve espíritu socrático, vuelve.

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