Liderazgo y ética, una historia en crisis

Hoy en día se habla mucho de liderazgo. Demasiado. Mala señal. En demasiadas ocasiones la ausencia de hechos se intenta mitigar con el exceso de palabras, como apunta el refranero tradicional “dime de qué presumes y te diré de qué careces”.

Hacen falta líderes en el ámbito político, empresarial, social y, cómo no, en el personal. Ahora bien, ¿todos entendemos liderazgo de la misma manera? Y si no, ¿de qué se habla realmente cuando se denuncia la escasez de liderazgo? ¿Y por qué es tan importante el tema?

La editorial LID me ha hecho llegar el libro 50 líderes que hicieron historia, del profesor de IESE Business School Luis Huete y el ingeniero Javier García. Interesante obra para introducirse en el tema, conocer 50 personas influyentes y reflexionar sobre la condición humana.

Lo primero que me sorprende es que, entre las 50 personas o personajes seleccionados, se encuentran Robespierre (1758-1794), Stalin (1878-1953) o Hitler (1889-1945), conocidos mundialmente por su crueldad. Deduzco, por tanto, que los autores, y otros tantos expertos en el tema, conciben el liderazgo como una extraordinaria capacidad de influencia sobre una amplia número de personas. O no, porque el Epílogo de la obra comienza con una definición de Sheryl Sandberg, directora de Operaciones de Facebook: liderar es hacer que la presencia de uno haga mejor a los demás, y que esa mejore perdure aun en nuestra ausencia. ¿Se trata, entonces, de una influencia positiva?

La discrepancia o incongruencia me lleva a pensar que no resulta tan fácil distinguir entre una influencia positiva y negativa, al menos no en el tiempo presente. Siempre resulta más fácil valorar la trayectoria de una persona cuando esta ha finalizado. Si no, ¿por qué habrían votando tantos estadounidenses a Donald Trump, cuyos discursos y acciones siguen siendo muy parecidos antes y después de las elecciones?

También sorprende la ausencia de líderes reconocidos universalmente -o casi- como Buda, Jesús y Martin Luther King, entre otros. Y al contrario: los autores han incluido otros menos conocidos y reconocidos como los empresarios François Michelin (1926-2016) y Amancio Ortega (1936-). Yo no los habría incluido en mi listado, pero hay que reconocer que aportan originalidad y contribuyen a hacer patente una idea que me parece muy verdadera: los auténticos líderes no se circunscriben únicamente al ámbito político o espiritual.

El caso de María Moliner (1900-1981) me parece paradigmático en este sentido. Filóloga y lexicógrafa condenada al ostracismo tras la Guerra Civil por defender los valores republicanos, aprovechó el tiempo alejada de la vida pública para elaborar el famoso diccionario que lleva su nombre.

Ya que cito a una mujer, no puedo evitar preguntarme por qué el libro incluye tan pocas (Leonor de Aquitania, Isabel, Teresa de Ávila, Catalina la Grande, Marie Curie, Helen Keller, Eleanor Roosevelt, Edith Stein, María Moliner, Teresa y Svetlana Alexievich) y expone sus casos de manera más breve que los de sus homólogos masculinos. ¿No hay mujeres líderes en una historia masculinizada? ¿Apenas existe documentación sobre ellas?

Liderazgo sociópata y liderazgo con conciencia

El libro apenas cuenta con reflexiones teóricas sobre el liderazgo, ya que su punto fuerte, como indica el título, radica en exponer la vida y obra de 50 personas o personajes influyentes en la Historia. Las historias individuales son breves y ágiles, algunas más literaturizadas que otras, y concluyen con tres o cuatro Reflexiones que permiten, valga la redundancia, reflexionar sobre la condición humana y los valores o antivalores que nos mueven. En el caso de María Moliner, por ejemplo, aparece en primer lugar: “Ninguna circunstancia nos impide tomar las riendas de nuestra vida y verter toda nuestra creatividad en esas circunstancias adversas; en el caso de María, fue el ostracismo y la relegación a una ocupación sin brillo” (p 241).

Ahora bien, los autores se esfuerzan por distinguir claramente entre lo que podrían considerarse los dos tipos básicos de liderazgo según ellos: el liderazgo sociópata y el liderazgo con conciencia. “Un sociópata es una persona que actúa como si no tuviera conciencia; es decir, no siente ningún deber de hacer el bien por los demás salvo cuando le interese personalmente. Los demás son medios, no tienen una condición de finalidad” (p. 309).

Este rasgo psicológico o distorsión cognitiva afecta al menos al 4% de la población, por lo que los autores no dudan en lanzarnos algunas advertencias para detectar sociópatas en todos los ámbitos de nuestra vida. Por ejemplo, seguir la regla de tres: “A la tercera mentira y/o promesa importante incumplida, o a la tercera dejación seria de responsabilidad, ir cortando con esa persona antes de que sea tarde” (p. 314). En el ámbito público, recomiendan realizar mejores procesos de selección a la hora de contratar a alguien, diseñar gobiernos colegiales, reforzar la transparencia y las normas de buen gobierno, evitar salarios y privilegios desmesurados, etc.

Frente el liderazgo sociópata, los autores proponen el liderazgo con conciencia. “La conciencia es un sentido del deber y un sentimiento de responsabilidad hacia los demás y hacia uno mismo”. Y, atención: “La conciencia y la capacidad de amar son como dos caras de una misma moneda” (306, 307). Muchas de las obras que perduran en el tiempo, añaden los autores, son fruto precisamente de una equilibrada conjunción de amor y técnica.

Liderazgo ajeno y liderazgo interior

Esta distinción no se muestra de manera tan evidente como la anterior, pero se desprende de la lectura de la obra. Desde el punto de vista personal, conocer historias de liderazgo ajeno nos sirve para conocer mejor qué conocimientos, habilidades y actitudes estamos ejercitando o atrofiando en nuestra vida. Y desde el punto de vista social, estas historias nos sirven de aviso de lo que hemos de evitar. “Ejemplo o advertencia”, sintetizan Huete y García.

Existe, por tanto, un liderazgo ajeno, en el que podemos inspirarnos y motivarnos, pero que no puede servir de excusa para descuidar el liderazgo propio o interior. Y, en caso de tener que elegir, los autores lo tienen claro: “La [batalla] primera y más importante es el crecimiento armónico y simbiótico de los recursos (salud, estado físico), intelectuales (conocimientos y estilos de pensar), emocionales (estado anímico y sentimientos) y espirituales (sentido de propósito y conciencia). Hacerlos crecer y hacer que esos recursos se retroalimenten de forma positiva unos con otros es la obra maestra del liderazgo” (p. 32).

El cuidado del liderazgo interior constituye el primer paso para, a partir de ahí, impulsar el progreso político, económico y social: “Un interior bien construido hace que la presencia de uno influya positivamente en los demás, y que esa mejora permanezca aun en nuestra ausencia. También ayuda a hacer de un grupo humano un equipo, y que este quiera moverse del sitio que ocupa a uno mejor” (p. 35).

Últimas preguntas, en soledad

Leer literatura sobre liderazgo aporta algunos beneficios indiscutibles. Cuando las fuerzas de la globalización y la macroeconomía parecen dirigir el mundo, este tipo de obras permite tomar conciencia del poder del individuo, de una única persona, para transformar la realidad. Si todos fuéramos más conscientes del poder, la fuerza, que existe dentro de cada uno de nosotros, estoy convencida de que el mundo daría un giro de 180 grados.

Una manera de descubrir nuestros talentos, tan antigua como la humanidad, reside en la narración de historias de héroes, de personas que se trabajaron a sí mismas para sacar a relucir todo su potencial, para llegar a ser plenamente ellas mismas. Leer estas vidas, estas biografías, y prestar atención a las palabras y acciones que quedan grabadas en nuestra memoria, en nuestro corazón, constituye un ejercicio de autoconocimiento imprescindible para iniciarse en el camino del desarrollo personal.

50 líderes que hicieron historia constituye además una seria advertencia a navegantes y demás influencers. Si solo pensamos en nosotros mismos, en nuestro bienestar, comodidad e interés, nos estamos haciendo un flaco favor a nosotros mismos y a los que nos rodean. La sociopatía no deja de ser un extremo que, como deja patente este libro, ha afectado a personas de todas las épocas y, por tanto, también puede afectarnos a nosotros.

En última instancia, este tipo de publicaciones permite reflexionar sobre el lugar en que se encuentra uno mismo a todos los niveles mencionados y, sobre todo, en qué lugar desea estar. Y a preguntarse por qué. ¿Desde dónde o para qué hago todo lo que hago, o no hago todo lo que puedo?

Estas preguntas no dejan de tener un componente ético, en la medida en que nos invitan a reflexionar sobre quiénes somos y por qué hacemos -o no hacemos- lo que hacemos, a ser los únicos dueños y señores de nuestra vida, y a poner nuestros dones al servicio del bien común, que también es el nuestro. Conciencia, palabra elegida por los autores del libro, la otra cara del amor. Lástima que hayamos llegado a un punto donde no esté bien visto hablar de ética ni de amor y tengamos que recurrir a nuevos términos, como liderazgo o empoderamiento. O no. Al fin y al cabo, el fondo es lo que importa. Y ahí nadie puede acompañarnos. Ahí nadie puede acompañarte. Cierro el libro, cierro internet y me sumerjo en la profundidad, en la soledad, ese lugar donde las palabras ya no importan. Hasta luego, era de la hipercomunicación. Buen verano, verano bueno.

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7 respuestas a “Liderazgo y ética, una historia en crisis

  1. Estimada EVA, después de una primera lectura de tu interesante reflexión – y, por los 40 grados, con la mente no tan ‘fría’ como quería – solo en plan de brain-storming:
    1) ref. “Influencia positiva vs negativa” la frase del facebookler Sandberg: “uno haga mejor a los demás…”:
    Me pregunto, ya sabes, ¿en qué sistema de valores se basa uno para definir su acto de ‘mejor’?
    Ya la elección de los 50 ‘líderes’ para el libro depende tanto de un sistema ético (o no) personal (se nota en la elección desigual de género – pero, vale, puede ser un resultado estadístico, claro) y se queda en una ‘mezcolanza’ de manzanas y peras… agri-dulces.
    2) ref. “obra permite tomar conciencia del poder del individuo, de una única persona, para transformar la realidad”
    Me pregunto ¿si verdaderamente se puede deducir del éxito de un ‘líder’ el poder de UN (1) individuo? Que la ‘figura’ tal – como un Trump – es ‘mascarón de proa’ – NO significa más que DETRÁS de un TITERE está un conjunto de INTERESES, normalmente económicos y de poder.
    Ni un ‘gran’ empresario llega a ser un famoso ‘líder’ solamente por sus cualidades individuales, sino por constelaciones adecuadas coyunturales a lo largo de su carrera.
    3) Bueno, apreciada EVA, para decir también algo ‘positivo’:
    Coincido contigo que se puede , se debe, aprender de este lectura para cuestionar el propio camino.

    un abrazo – caluroso ( por la temperatura)- valentín – que ha escrito esto en un minuto de descanso de su ‘deber principal’ de trabajo (suicidología) : aportar algo a aliviar el sufrimiento existencial …del otro…con interés propia, claro. NO hay un altruismo absoluto, ni en la Madre Teresa de Calcutta – en el fondo de su incuestionable BUENA DEDICACIÓN… ella quería acercarse a Cristo…, supongo-con todo mi respeto-
    ¿ Y TÚ ?

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  2. Y con más fondo ‘filosófico’ y/o ético cuestiono además el mérito ‘verdadero’ de una persona.
    No dudo en un reconocimiento de cualidades. Entiendo además que en nuestras jerarquías hay diferentes niveles ‘alcanzados’.
    PERO me pregunto:
    ¿ De qué puede ser uno verdaderamente orgulloso? – ¿Qué te ha privilegiado la naturaleza con algunos dotes, con un chip de especial energía de estudiar, aprender, ‘trabajar’; con una memoria especial, etc.?“ – y no hablar del contexto socio-cultural, etc. – de las ‘circunstancias’ coyunturales… –
    Para explicarme, lo comparo con “¿ser orgulloso de ser guapo?”.
    Y referente a la ética: “¿ser orgulloso de ser ‘bueno’? – A uno tiene que tocar ser CAÍN. Y uno ser ABÉL. ¿Pero qué mérito es?

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  3. Hola, Valentín:

    Una vez más, muchas gracias por iniciar el diálogo y disculpas por el retraso.
    Cuántas preguntas me haces, no sé por dónde empezar…

    1. Estoy de acuerdo contigo en que cada persona tiene una escala de valores y que, por tanto, es muy complicado valorar lo que hace o deja de hacer otra persona de manera “objetiva”. Sin embargo, creo que existen grandes consensos, como que Hitler fue un dictador que causó mayor mal que bien, y que necesitamos estos consensos para poder convivir y vivir juntos. Esto explicaría,a mi juicio, el nacimiento de preocupaciones y reflexiones que después hemos bautizado y sistematizado en disciplinas normativas como la Ética o el Derecho.

    2. También me parece cierto que es muy complicado separar lo que depende de uno y lo que depende del entorno, circunstancias, contexto o como queramos llamarlo. No obstante, me gusta hablar del poder del individuo, porque creo que podemos hacer más de lo que hacemos, porque creo que tenemos un potencial enorme que no debemos permitir que las circunstancias taponen. Es un llamamiento a dar lo mejor de uno mismo, dentro de sus circunstancias.

    3. Aprender de las lecturas, de la experiencia, de la vida… Sí, escuchar(nos) más… Esto nos lleva a la humildad, a pisar la tierra, a tocar la realidad, a amarla y amarnos como somos sin estancarnos. Y a no poder juzgar las intenciones de los demás, sea Hitler o sea la madre Teresa de Calcuta.

    Abrazo fuerte y seguimosss

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  4. Aquí solo una parte de una respuesta más larga, que te mandaré vía e-mail
    ———————–
    Estimada EVA, para entrar de nuevo en el tema (liderazgo) casi olvidado, he releído tu artículo y quiero añadir dos puntos a mis comentarios anteriores:
    1) ref. “conciencia –y- amor”: creo que se puede ver también “el DEBER de CUMPLIR responsabilidades…” SIN incluir un concepto de AMOR (p.ej. al prójimo, al otro).
    Esta teoría mía tiene dos peligros:
    a) de desviarse totalmente de ciertos valores humanos, como se demuestra en la historia del nacionalsocialismo alemán: Cumplían ‘su deber’ SIN darse cuenta de las consecuencias fatales. – y
    b) hacer tantas cosas por ‘amar’ y ‘amor’… en contra de deberes, de responsabilidades.

    2) ref. “beneficios de leer sobre lideres”: además de lo mencionado por ti, veo también que conocer las vidas y actitudes de líderes –negativos- nos ayuda a conocer sus trucos y marañas, y salvarnos ser demasiado influenciados.
    ———–
    Ahora pensando sobre las reflexiones de tu respuesta (1.9.):
    EVA, apreciada especialista de la ética. Claro, estoy acuerdo con lo que dices de NECESIDAD de CONSENSOS sobre un sistema de valores – para CONvivir.
    Mis dudas, cuales a lo largo de nuestro contacto te he comentado, NO se refieren a la “necesaria disciplina normativa”. Se sobreentiende (entiendo) que tenemos juzgar, condenar, encerrar, etc. –
    Mi duda se refiere al fondo esencial de cada valoración ética.
    PERO – esto en el e-mail, para NO molestar aquí otros lectores.

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  5. en relación con tus reflexiones sobre biografías – he encontrado (¿sea por casualidad –o- por el efecto Pauli-Jung de sincronicidad?) un filósofo de mi encanto y sus reflexiones:
    Te mando aquí un parcial (!) extracto de su libro
    ———————————————————–
    “Los aventureros del absoluto”[ biografías de Wilde,Rilke,Tsvietáieva], T.Todorov, Círc.d.Lect.,2007
    pág.15 (de la introducción)
    …la indagación que ha inspirado estas páginas: esperando que el pasado ilumine el presente, he querido saber cómo otras personas. a los que admiro, se han enfrentado a este desafío {aspiración a la plenitud, a la realización interior}. Dónde fueron a buscar la perfección, qué papel desempeñó este examen en su existencia y cómo lo conjugaron con el intento de ser felices.
    Para aproximarme a esta temible pregunta “¿cómo vivir?”, tomo un desvío, siguiendo el destino de otras personas. El relato de sus vidas me servirá como instrumento de reflexión. No son vidas ejemplares en el sentido de que puedan servirnos de modelo; estos individuos no fueron perfectos, ni tampoco muy felices. Sin embargo, ya hace mucho tiempo que, para reflexionar sobre nuestra propia existencia, no nos inspiramos en la vida de los santos sino preferimos la de seres débiles y errantes como nosotros.
    …los héroes imperfectos de nuestro tiempo no incitan a la imitación o a la sumisión, sino al examen y la interrogación.
    [Tzvetan Tódorov (1939-2017) lingüista, filósofo, historiador, crítico y teórico literario ;(nacionalizado frc.)]
    ———————————————————————————–
    TE RECOMIENDO, no solo por este tema, sino también por sus reflexiones ÉTICAS sobre el arte …este libro.

    Le gusta a 1 persona

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