El periodismo resiste: motivos para la esperanza

Hace mucho que no escribía, tal vez demasiado. Los compromisos profesionales y familiares a veces ahogan estos momentos de escritura-reflexión, tan necesarios entre quienes necesitamos comunicar como respirar. Y, hoy, tal vez por mi situación convaleciente –nada grave, afortunadamente, aunque nunca antes en mi vida me había cogido una baja-, encuentro algo de silencio, algo de reflexión, algo de expresión.

Mirando Twitter, que es lo que mi mente me ha permitido hacer sin agotarse demasiado –algo que no juzgo ni bueno ni malo-, he visto la cara y la cruz del periodismo. La cara, el lanzamiento de Maldita.es, “un proyecto periodístico independiente cuyo fin es dotar a los lectores de ‘herramientas para que no te la cuelen’. Las diferentes ramas de maldita.es monitorizan en discurso político y las informaciones que circulan en redes sociales y analizan el mensaje aplicando técnicas del periodismo de datos para su verificación”.

Como he expresado en Twitter, qué felicidad que el periodismo vuelva a su esencia, que no es otra que la búsqueda de la verdad –que, por muy pretencioso que pueda resultar, refleja muy bien de qué estamos hablando-.

 

 

Y sí, yo también creo que el periodismo renovado que se atisba en el horizonte es un periodismo mucho más cercano a la gente, mucho más pedagógico incluso. Mirad qué gran vídeo han realizado los  Maldita.es para descubrir falsedades y no contribuir a su difusión.

 

 

La cruz del periodismo: #SPORTseacaba

El mismo día del alumbramiento de Maldita.es, asistimos al que parece el ocaso del periódico deportivo SPORT, al menos tal y como lo hemos conocido hasta ahora. Casi una treintena de profesionales despedidos, el 35% de la plantilla de un diario que, según dicen, goza de buena salud.

Para algunos ya habremos salido de la crisis, pero el caso de Sport se suma a otros tantos que se vivieron en los momentos más difíciles, y que confirman que el modelo del periodismo tradicional está llegando a su fin.

Justo de eso nos habla el Informe de la Profesión Periodística 2017 publicado por la Asociación de la Prensa de Madrid. En él se observa claramente cómo aumenta el número de trabajadores autónomos frente a empleados por cuenta ajena, con toda la precariedad que eso conlleva. La nota de prensa dice textualmente:

“Una de las consecuencias de este deterioro se refleja en el creciente número de periodistas que trabajan en régimen de autónomos, que ya representa la cuarta parte de quienes trabajan en periodismo y en comunicación. Uno de los aspectos en los que la encuesta del Informe muestra diferencias sustanciales entre autónomos y contratados es “en el de los medios donde prestan sus servicios”. Los periodistas autónomos están más presentes en medios nativos digitales, revistas de papel y desarrollos digitales de los medios convencionales, y los contratados están más asentados en televisión, diarios en papel y radios”.

El paro y la precariedad laboral siguen siendo los asuntos que más preocupan a los periodistas: el 45,9% de los encuestados considera que este es el principal problema de la profesión periodística. Les siguen las malas retribuciones (16,1%), la falta de independencia (14,7%) y la falta de rigor y neutralidad en la información (13,4%).

Es lógico. A uno le cuesta mucho preocuparse por los demás cuando se encuentra en una situación difícil o complicada. Se comprende pero no se justifica, porque, si perdemos la independencia, si perdemos el rigor y la neutralidad, entonces perdemos la confianza, la credibilidad… Y, al final, ni somos vistos como necesarios –y eso es la muerte de cualquier profesión- ni somos apoyados por la sociedad cuando nos encontramos en situación de dificultad.

Está por ver, y no me quiero meter en este berenjenal hoy, cómo saldrán parados los periodistas tras la crisis entre Catalunya y España, acabe cuando acabe. Estoy detectando poca independencia, poco rigor, poca neutralidad… Y me preocupa, claro que me preocupa. Me pregunto si no se convertirá en un punto de inflexión –negativo, claro-, como algunos dicen que sucedió tras los atentados del 11-M, cuando medios y periodistas se olvidaron de su función de informar y la mezclaron con la opinión, la ideología, el partidismo…

Y a pesar de todo, algunos trabajamos por un #periodigne

¿Luz, ocaso? ¿Cuál es la situación actual del periodismo? Vaya usted a saber. La realidad es tan compleja que requeriría una buena investigación. Por de pronto, me quedo con el buen sabor de boca que me ha dejado la iniciativa #periodigne (la suma de las palabras “periodismo” y “digno” en catalán).

Para quienes no lo conozcan, se trata de un movimiento periodístico-cívico muy interesante, no tanto por lo que exige en un pentadecálogo hecho público hace aproximadamente un mes, sino porque supone el trabajo conjunto de entidades periodísticas diferentes y el esfuerzo de estas por escuchar a la ciudadanía.

Entre las entidades se encuentran el Sindicat de Periodistes de Catalunya –al que pertenezco, ya lo sabéis-, la Associació de Dones Periodistes de Catalunya, el Grup de Periodistes Ramon Barnils, el colectivo Som Atents y Solidaritat i Comunicació. Faltan otras muchas, como el Col·legi de Periodistes de Catalunya, pero el solo hecho de haberse unido e intentar sumar esfuerzos ya me parece un logro, y más en los tiempos que corren –que ya he comentado-.

El aspecto cívico se refleja en el hecho de que el primer encuentro, celebrado el 6 de mayo de este año, se realizó en la Casa de la Premsa, un edificio emblemático que los vecinos del barrio barcelonés de Poble Sec reivindican para su uso y que el Sindicato de Periodistas de Catalunya y la Fundació Periodisme Plural también quieren aprovechar para “reivindicar la información como un derecho democrático esencial de la ciudadanía”, como se explica en esta noticia.

El segundo encuentro se celebró en la Confederació d’Associacions Veïnals de Catalunya (CONFAVC) y contó con la ponencia de la activista Simona Levi, que justamente apuntaba a la importancia de la independencia periodística para poder ser útiles y valorados por la sociedad.

 

 

Acabo felicitando a los periodistas comprometidos con las raíces del oficio, como parece con los profesionales de Maldita.es, mostrando mi solidaridad con los despedidos del diario SPORT, y animando a todos, profesionales del periodismo y ciudadanos, a seguir juntos por este camino que hemos iniciado.

Seguiremos informando, si la mala salud me lo permite. Al fin y al cabo, una crisis no deja de ser una oportunidad fantástica para pararse, tomar distancia, hacer autocrítica y volver a la carga de nuevo, pero de otro modo. Renovarse o morir, you know!

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