Cuando la realidad duele demasiado. Un caso de postverdad aplicado al periodismo

El otro día me pasó algo que no me había pasado nunca. Una entrevistada se quejó de la transcripción que hice de nuestra conversación telefónica, no porque tergiversara sus palabras, sino por todo lo contrario: había sido demasiado fiel y eso solo le parecía adecuado en un medio oral, no escrito. Me ha dado mucho que pensar.

Lo primero que me ha venido a la mente es que algo no anda bien cuando a una persona le molesta que se recojan sus palabras tal y como fueron pronunciadas, más todavía  cuando se trata de un tema de Sociedad, es decir, que no tiene la repercusión ni la polémica de Política o Economía.

Luego he pensado que la realidad puede no gustar porque nos hemos acostumbrado a leer “entrevistas” perfectas, donde el entrevistado se expresa de maravilla: es claro, conciso, riguroso, no incurre en informalidades ni repeticiones, no titubea…

Entrevista va entre comillas precisamente porque muchas entrevistas actuales no son tales, esto es, no son conversaciones orales sino cuestionarios que se envían por correo electrónico. Hay que reconocer que es muy cómodo para ambas partes -el periodista no ha de transcribir y el entrevistado controla hasta la última coma de su texto-, pero mucho me temo que todos nos hemos dejado por el camino algo muy importante en una democracia: el arte de escuchar, de hablar, de (re)preguntar, de argumentar… Y ahora resulta que la realidad nos duele demasiado.

entrevista

Me pregunto si este fenómeno estará relacionado con la postverdad e intuyo que sí. La postverdad, dicho muy llanamente, es un concepto que ha surgido para explicar la tendencia creciente a seguir nuestras opiniones y sentimientos en detrimento de los hechos y los argumentos racionales. Nada nuevo sobre el horizonte, pero que adquiere una nueva dimensión con la mediación tecnológica, que impide, dificulta o adormece nuestra capacidad para  comprobar lo que circula por el mundo virtual y puede que también real.

Este fenómeno también está relacionado, en mi opinión, con el hecho de que vivimos en una sociedad donde prima la imagen y se otorga más importancia a la forma, a las apariencias, en detrimento del fondo, lo verdadero.

¿Qué valor posee lo verdadero si presenta una forma imperfecta? ¿A quién le importa la verdad cuando el acceso a la imagen es mucho más cómodo y directo? Estas parecen ser las dudas que anidan en el subconsciente del occidental medio del siglo XXI y que el término postverdad parece haber sacado a la luz, denunciando una nueva sofística para un mundo nuevo.

Y si este es el diagnóstico, ¿cuál es la solución? Compleja y compartida, como todo aquello que no depende únicamente de nuestra voluntad, por muy importante que sea esta. Los Gobiernos hablan de transparencia, los dueños de buscadores y redes sociales aseguran que trabajan para buscar filtros mientras solicitan la colaboración ciudadana…

Como periodistas, podemos comenzar por explicar a nuestros entrevistad@s que la autenticidad y la espontaneidad son valores a preservar, aunque alguien pueda criticarnos por no dar nuestra mejor imagen en un momento concreto, como si hubiéramos de ser perfectos en todo momento. Y los responsables de los medios de comunicación podrían reconocer la existencia de un nuevo género periodístico -el cuestionario- u obligar a sus periodistas a no aplicarlo -lo cual no sería una obligación, sino una bendición-. Eso sí, que no esperen que no baje la producción. La calidad, no se engañen, requiere tiempo.

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2 respuestas a Cuando la realidad duele demasiado. Un caso de postverdad aplicado al periodismo

  1. Raúl dijo:

    Quizás para entender la situación es necesario conocer más sobre comunicación.
    En efecto, en el origen no existía la palabra, y los seres humanos nos comunicábamos con indicios , señas y sonidos guturales.
    En aquel entonces, la comunicación era exclusivamente corporal.
    Más tarde aparecería el lenguaje, sin embargo, la expresión corporal no desapareció.
    Incluso hay uatores que afirman que más del 90% de nuestra comunicación es No Verbal.
    Por lo tanto, las palabras representan una fracción de lo que intentamos expresar.
    Es este contexto, ser fiel a las palabras representa una verdad incompleta, y en consecuencia, no es trivial una transcripción, pues requiere de una fase de interpretación. Interpretación en la que el entrevistado debería manifestar su aprobación.
    La palabra escrita mutila la expresión, y es por eso que existe un esfuerzo paralelo y transgresor del leguaje denominada poesía, disciplina que pretende, con palabras, comunicar lo que las reglas del buen escribir, no son capaces de hacer.
    Hemos pasado de la conversación presencial, a la charla telefónica, al texto escrito, y actualmente al twit.
    Perdiendo en cada paso, más y más significado.
    Si esto no aclara en parte tus dudas, puede que no haya podido expresarme bie, pero me he dado el gusto de decírtelo por escrito.

    Tan, tan

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    • @evajg dijo:

      ¡Hola, Raúl!
      Muy interesante la reflexión, gracias, aunque no sé si aplica al caso, pues creo que la entrevistada sentía que había demasiada literalidad y muy poca interpretación (y puede que eso ya sea una interpretación, no lo discuto).
      Comparto contigo la idea de que la poesía puede expresar realidades más profundas -y añado que la usamos demasiado poco en el mundo periodístico y científico- y que da la impresión de que cada vez perdemos más capacidad de expresión -y el tuit es un gran ejemplo-.
      Un gran abrazo y ¡muchas gracias por compartir!

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