“Sólo veo víctimas”

¡Hola de nuevo!

¿Qué tal ha ido el verano? ¿Has descansado el cuerpo y la mente? Espero que sí y que hayas cogido fuerzas, pues se avecina un otoño y un invierno bastante calentitos… Políticamente hablando, claro. Después de las elecciones municipales del 24 de mayo, los catalanes y residentes en Catalunya estamos llamados a votar otra vez el 27 se septiembre, para elegir los diputados del Parlamento catalán y, atención, para decidir si queremos que Catalunya deje de depender de España en todos los ámbitos y comience a gobernarse por sí misma. El tema es muy complejo, pues se mezclan sentimientos e intereses a partes iguales, y nadie sabemos muy bien qué puede pasar a partir de ese día.

Por si esto no fuera suficiente, pocos meses después los españoles y residentes en España estamos llamados a votar en las elecciones generales, para elegir a nuestros representantes en el Congreso y en el Senado y, atención, para decidir si queremos seguir siendo gobernados por los partidos que tradicionalmente se han repartido el poder en nuestro país (Partido Socialista Obrero Español y Partido Popular) o confiar en los nuevos que han surgido en los últimos tiempos (Ciudadanos y Podemos, fundamentalmente). Otra decisión sumamente compleja donde vuelven a entrar en juego los miedos y los intereses, me temo.

El caso es que yo iba a hablar de todo esto en mi última columna para El Llobregat, con el complemento local de siempre, pero me quedé estupefacta al ver la imagen de Aylan, el niño sirio ahogado en la playa. Entonces me di cuenta de que, por si no teníamos ya suficientes problemas/oportunidades en Catalunya y España, había que sumar además un reto europeo, por no decir global.

aylan-kurdi

Entonces me dio por pensar que realmente nadie quiere solucionar/afrontar los problemas que se avecinan, sino que resulta mucho más fácil y cómodo ponerse en el lugar de víctima y echar la culpa a los demás de nuestros problemas y así olvidarnos un poco de nuestro orgullo y nuestra insolidaridad. Y me puse realmente pesimista, pues apenas observo autocrítica y acciones, sino mucha crítica ajena y muchas declaraciones. Como se suele decir, mucho ruido y pocas nueces. 

Puedes leer la columna entera aquí

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