Qué me ha aportado y quitado el doctorado. Carta a María.

María navega en un mar de dudas. No sabe si realizar el doctorado o no hacerlo. Dice en un comentario a otro ‘post‘ que lo cogió con “mucha ilusión”, pero que, con el paso del tiempo, se ha desmotivado, duda si podrá hacerlo y no sabe si continuar o abandonarlo. Se plantea si merecerá la pena el tiempo que les restará a su familia y a su hija pequeña. Ay, la vida está repleta de pequeños-grandes dilemas.

barco en la tormenta

Me he comprometido a escribir este artículo, no porque tenga la solución, que sólo puede encontrar María, sino porque creo en el diálogo, es decir, creo que el intercambio de experiencias en un espacio de libertad y confianza genera progresos significativos en el conocimiento de las partes que participan. Es cierto que yo ya estoy a punto de concluir la etapa doctoral, pero agradezco mucho la posibilidad que me brinda María para hacer balance hasta el día de hoy y estoy deseando escuchar su opinión al respecto.

También quiero matizar que yo realizo la tesis doctoral en el ámbito de la Ética periodística y, por tanto, me muevo a caballo entre las Humanidades y las Ciencias Sociales; y que he podido disfrutar de una beca para investigar a tiempo completo durante cuatro años. Quiero decir que no sé hasta qué punto podré “saltar sobre mi propia sombra” y aportar ideas que sirvan a cualquier tipo de doctorando en cualquier circunstancia. Y, ahora sí, me dirijo a María y a todas las Marías que visitan el ciberespacio.

Apreciada María,

Sé muy poco de ti, pero lo suficiente para darme cuenta de que te encuentras en una encrucijada vital. Así interpreto yo el hecho de que te hayas decidido a buscar información por internet y, más todavía, a que hayas contactado conmigo. Te felicito por ser consciente de eso (el primer paso para solucionar un problema es ser consciente de su existencia) y te animo, como lo hice al responder a tu comentario, a ir hasta el final de tus dudas para poder tomar una decisión de la que luego no puedas arrepentirte.

Por lo que veo, atraviesas una etapa de gran desánimo. Si te soy sincera, yo creo que  esto es muy normal al principio. Porque uno se adentra en un mar infinito de informaciones montado en la barquichuela de la licenciatura o el grado y con una hoja de ruta muy precaria (los directores suelen delegar en los doctorandos la tripulación de la nave desde el inicio y muchos no vuelven a pisar el barco hasta que este llega a buen puerto). O sea, que la nave avanza lenta, insegura y empujada por las corrientes con las que se encuentra, con lo que tu autoestima baja tan pronto como se agotan los víveres de los que te equipó la carrera. ¡Y qué frustración, a ti que tanto te gustaba estudiar y encima sacabas buenas notas! 

Con esto sólo quiero decir que uno no debería abandonar el barco y volver a tierra por encontrarse en esa fase ya que, como digo, suele ser frecuente en los primeros momentos… Que pueden ser perfectamente dos años a tiempo completo (más si  son a tiempo parcial), que es el tiempo que se suele dedicar a elaborar el mapa mental o marco teórico (y que, dicho sea de paso, a mí me parece insuficiente, dada la sociedad de la información en la que nos movemos).

Si te has quedado estancada en esta fase, tal vez no hayas podido disfrutar todavía de la satisfacción que produce comprender en qué consiste o cómo funciona lo que estás estudiando, qué factores, qué condiciones, qué circunstancias, qué ideas se mueven en la superficie y cuáles en el fondo…  Esto que te cuento es muy difícil de explicar si no lo has experimentado, pero voy a intentarlo porque creo que aquí reside la clave para comprender qué es lo me ha aportado el doctorado.

Hay una frase, no recuerdo de quién, que dice que si tiras de un hilo, de cualquiera, te encontrarás con la vida. Mi hilo es la ética periodística, pero tu hilo puede ser la arquitectura modernista o la física cuántica. Da igual. Lo importante es saber que ese hilo, si lo tejes y desenvuelves bien, te conducirá hacia las verdades de la vida. En mi caso, por ejemplo, he visto cómo la deontología periodística en España se halla estancada porque nació como reacción a unas presiones sociopolíticas, derivadas a su vez de una sociedad que transitaba como podía de una moral católica nacional a una ética cívica global sin suficiente tiempo para asimilar el cambio. He visto, he visto en el sentido de que he contemplado, asimilado e integrado, la historia de mis antepasados, la de mis abuelos, la de mis padres y la mía. Y ahora me conozco mejor, me comprendo mejor y soy capaz de aportar algo al mundo, sobre todo a los que me rodean.

Me objetarás que esto se puede conseguir sin realizar el doctorado y te contestaré que tienes toda la razón. El hilo de la vida se encuentra en cualquier actividad, oficio u profesión (dejo ahora de lado la familia,) siempre que tires de él con suficiente convicción, persistencia y valor. Si esto es cierto, entonces, ¿para qué realizar tantos sacrificios? Algunos te dirán que el doctorado te aportará cierto prestigio social, cierta estabilidad laboral y cierta capacidad de influencia. Los típicos “bienes externos” de fama, dinero y poder que, por otro lado, puedes hallar más fácilmente en otras actividades.

¿Qué te quiero decir con esto? Pues que al final, al final, al final de todo, tú eres la única que puede saber si te atraen tanto conocer, entender, comprender y, en definitiva, aprender y compartir lo aprendido como para dedicarle tus mayores desvelos. Que los habrá, y desde el primer momento, como te he mostrado hace un momento.

En mi caso, he tenido la suerte de contar con becas de investigación y, por tanto, he podido adentrarme en el mundo del conocimiento sin preocupaciones de otro tipo. Ahora bien, también te digo que el exceso de tiempo a veces te lleva a no ser suficientemente efectivo. Y sobre el cuidado de tu hija, que comprendo perfectamente, pues no sé qué decirte, pero el sabio Aristóteles igual te recordaba que la virtud se halla en el término medio. Es decir, que no se trata de renunciar a una aspiración vital (que, ojo, podría transformarse en resentimiento hacia tu hija a medio plazo) o realizarla en un tiempo récord (no te compares, por favor, con quienes puedan o quieran ir más rápido), sino, tal vez, de hallar un lugar, tu lugar,  en que puedas disfrutar de lo que haces sin renunciar a otros valores importantes. Sólo así podrás comprender que el doctorado no te ‘quita’ nada que tú no quieras que te ‘quite’. Cómo ponerle límites es otra historia que, si quieres, comentamos más adelante. Que cada día tiene su afán. Cuídate.  

Imagen tomada de aquí.

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4 respuestas a Qué me ha aportado y quitado el doctorado. Carta a María.

  1. franciscopellicer dijo:

    Estimada Eva,

    Te felicito por tu articulo y por tu blog que seguiré a partir de ahora.
    Me llamo Francisco pero también soy “Maria” porque llevo unos veinte dias con el doctorado y me siento desbordado ante tanta información, no saber si estoy en articulo odocumento correcto y todo ello me crea ansiedad… Me ha animado leer que es normal al principio. Me gustaria saber por favor el tema de las becas pues yo trabajo y hago el doctorado a tiempo parcial… Muchas gracias y abrazos virtuales para todos.

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