Los dilemas de “El Congreso”

La vida es una sucesión de decisiones. Algunas más intrascendentes, como elegir una película de la cartelera para el fin de semana;  otras, más vitales, como renunciar a una carrera profesional por cuidar de un hijo. El largometraje ‘El Congreso’, dirigido por Ari Folman, nos presenta a la actriz Robin Wright ejerciendo de ella misma: con 44 años, sin trabajo, con dopeliculaelcongresos hijos, uno de ellos con una deficiencia sensorial, sin perspectivas de futuro profesional. Y, de repente, el dilema número uno que le plantean los estudios de Hollywood: ¿te  escaneamos, te convertimos en un personaje digital y dejas de interpretar lo que te queda de vida?

Dilema importante para cualquier actor, pero que a nosotros no nos interesa demasiado, pues tenemos pocas probabilidades de que nos propongan dicha oferta. El interrogante más peliagudo de esta película franco-israelí, y que ya nos concierne un poco más a todos, es el siguiente. Supongamos que es posible tomar una sustancia que nos permite vivir en un mundo animado, en dos sentido: animado, como los dibujos; sin tragedias ni dramas, también como los dibujos. ¿Qué hacemos?

La pregunta es muy pertinente justo en la parte del mundo en que nos encontramos, pues cada vez tenemos más tiempo de ocio y, corrígeme si me equivoco, cada vez elegimos actividades más evasivas, en el sentido de alejadas de la vida cotidiana, de los problemas, de las desgracias. Siempre en términos generales, claro. O sea, que, en el fondo, la pregunta nos toca de lleno si nos planteamos cuál es la actitud con la que afrontamos o queremos afrontar la vida: ¿encaramos los problemas o preferimos esquivarlos y “dejarle el muerto” a otro?,  ¿asumimos nuestra responsabilidad en lo que pasa en el mundo, en nuestro mundo global, o nos escondemos en nuestra casa y nuestra vida privada como si no pasara nada y no pudiéramos hacer absolutamente nada?

De hecho, resulta muy curioso que en la vida animada, tan poética, tan fascinante y tan colorida, en contraste con la vida real, tan prosaica, vulgar y gris, no haya espacio para el conflicto, pero tampoco para la solidaridad. No hay problemas, porque cada uno tiene lo que desea –no hay egos, dicen en el film-, pero tampoco hay compasión, porque nadie es capaz de salir de su ombligo y mirar más allá de sí mismo –por eso nadie ayuda a la pobre mujer negra tirada en la calle-. No hay odio, no hay amor, no hay ética.

También me parece muy oportuno plantearnos a quién le interesa que vivamos en un mundo de fantasía. En la película queda bastante claro que los promotores son los creadores de ficción, pero es evidente que ellos no trabajan solos ni a espaldas de las autoridades. Y también se perciben con nitidez las diferencias entre la élite y el resto de la masa en el mundo real.

Sea como fuere, y a pesar de algunas incoherencias internas, la película me parece interesante, pues nos plantea la importancia de tomar decisiones correctas. ¿Y cuál es la decisión correcta? No lo sé, pero mucho me temo que, como ocurre en los grandes dilemas, cualquiera de ellas presenta problemas. Al menos, vistas desde fuera. ¿Será que la vida humana, para ser realmente humana, ha de ser imperfecta? ¿Nos estaremos engañando al querer buscar una felicidad completa? ¿No estará engañando alguien al querer vendérnosla? Mira la película y busca tu respuesta.

 Imagen tomada de aquí.

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2 respuestas a Los dilemas de “El Congreso”

  1. valentinaustria77 dijo:

    (sin entrar en los detalles -sin ver la película) – me refiero (a lo rápido) solamente a la referencia que has hecho en el ‘interrogante’.. a un mundo sin tragedias, sin dramas. – – Opino — siempre con mis limitaciones intelectuales y falta de estudios profundos de la ética- que NO hay NI ES POSIBLE (ni en la ficción) un mundo sin ‘negro’ . Un mundo sin ‘negro’ (asuntos, impresiones ‘negativos’) tampoco tendrá ‘blanco (asuntos, impresiones ‘positivos’). Lo positivo solamente se puede valorar como positivo sobre un posible fondo negativo. Como no se puede escribir blanco sobre blanco, negro sobre negro. El ‘bueno’ solo es bueno en relación con un ‘malo’. NO hay (a parte de enfoques ‘religiosos’) un mal o bien ‘absoluto’-objetivo. Siempre está en comparación-relación con un sistema de valores… ‘subjetivos’. Estimada EVA, como ya sabes, mis comentarios son una reacción espontánea a tus profundas reflexiones – que valoro y ‘envidio’ … valentín

    El 15/9/14, “Investigación, docencia, comunicación, ética +”

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  2. @evajg dijo:

    Valentín, tiene mucho sentido lo que dices. No se puede escribir blanco sobre blanco ni negro sobre negro, ¡qué bueno! Un abrazo y gracias por compartir tus impresiones.

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