¿Qué fue de la vida privada e íntima con la llegada de internet?

Recientemente he vivido un acontecimiento personal que me ha dado qué pensar sobre los límites de lo público y lo privado. El hecho en sí no ha sido nada del otro mundo. Quiero decir, ha sido algo muy importante para mí y mi familia, pero algo que sucede todos los días desde que el hombre es hombre. En todo caso, ha sido algo que yo quería que supieran únicamente las personas a las que yo o los más allegados decidiéramos comunicar.

Es por ello que me ha sorprendido mucho que algunas personas me preguntaran o me hicieran comentarios sobre la cuestión a través de Twitter y Facebook. La sorpresa ha sido mayúscula cuando el comentario ha provenido de un periodista al que, tras pedirle que eliminara su comentario, afirmó no compartir mi opinión para, acto seguido, reconocerme el derecho a la privacidad. Ni una disculpa, oye. Y es ahí donde me he parado a pensar. ¿Se está difuminando la frontera entre lo público y lo privado? ¿Esta disolución está afectando también a los periodistas? Y, finalmente, ¿por qué es tan importante esta distinción?intimidad

En mi humilde experiencia, respondo sí, se está difuminando la línea entre lo público y lo privado. Muchas personas están (re)transmitiendo su vida en directo, comunicando experiencias e ideas que compartirían con un amigo. En el caso del periodismo, reitero mi opinión y añado que dicho límite se ha venido difuminando desde hace tiempo y probablemente se ha agravado con la aparición de la televisión y la competencia entre canales.

¿Y qué?, me objetará alguien. Los tiempos han cambiado y ya está. Sí, los tiempos han cambiado y supongo que todo cambio conlleva ventajas e inconvenientes. Entre las ventajas probablemente se halle la impresión de ser escuchado, la sensación de compañía y la atenuación de la soledad negativa. No es poca cosa, pero obsérvese que estamos hablando de apariencias o sucedáneos, pues, en el fondo, siempre nos comunicamos a través de una pantalla y, por tanto, no nos llega todo el calor humano que nuestro ser necesita. Pero algo es algo, cómo no.

Por el contrario, el mayor inconveniente que encuentro ahora mismo reside en que, al hacer pública nuestra vida privada o íntima, tengo la impresión de que perdemos una parte importante de nuestro ser. A ver si consigo explicarme. Por un lado, somos seres sociales y, por tanto, la opinión de los demás es muy importante para nosotros. Por muy independientes que nos creamos, a todos nos cuesta mostrarnos tal y como somos, porque sabemos que no hay dos personas que piensen exactamente igual y que, una vez que nos pronunciamos, nos definimos y, por tanto, podemos ser objeto de críticas y burlas. También me parece bastante generalizable que con las personas más cercanas nos mostramos más relajados y más nosotros mismos que con extrañas o simples conocidas. Y, en tercer lugar, creo que todos intuimos que la comunicación humana es imperfecta y que lo que yo digo a veces no se corresponde exactamente con lo que pienso y que lo que el otro interpreta tampoco tiene por qué ser justo lo que le estoy diciendo.

Si esto es cierto, entonces intuyo que cuando hacemos público algo de nuestra vida privada o íntima se produce, cómo decirlo, un cierto grado de distorsión. Sin darnos cuenta, proyectamos una imagen algo más idealizada o denostada de nosotros mismos, según sea nuestro nivel de autoestima. Más bien lo primero. No hay más que ver las fotos de nuestros perfiles, todos con nuestro mejor perfil, valga la redundancia. Al enviar un mensaje ligera o profundamente distorsionado, los demás nos responden a esa distorsión, devolviéndonos una imagen –no una realidad- de nosotros mismos, con lo que podríamos llegar a creernos que somos esa imagen y no quienes realmente somos. Es decir, podríamos perder el acceso a nuestra verdadera realidad y vivir, exagerando un poco, desde la mentira.

Este peligro puede ocurrir perfectamente sin la necesidad de internet ni las redes sociales, pero creo que estas herramientas técnicas pueden potenciar el problema de la falsificación de la identidad o el autoengaño. Y así como uno puede “caer en la tentación” de dar la imagen que cree que gusta a los demás, los medios y profesionales de la información pueden limitarse a elaborar noticias que consigan una alta popularidad, independientemente de su valor real, es decir, valorando más los ‘clics’ que obtienen que lo que aportan a la conciencia cívica y democrática de los ciudadanos. Si esto se ve tan claro a nivel informativo, ¿no ocurrirá algo parecido a nivel personal? Es para pensarlo un poco, ¿no os parece?

Imagen tomada de aquí.

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2 respuestas a ¿Qué fue de la vida privada e íntima con la llegada de internet?

  1. valentinaustria77 dijo:

    TE FELICITO para hacernos de nuevo a pensar con uno de tus buenos artculos. GRACIAS. Lo lamentable es que con toda la tecnologa de redes sociales creemos que estamos ‘ms conectados’ y ‘ms escuchados’ – pero hemos perdido una cualidad -la del contacto verdaderamente humano… as espero que este ao tu y tu ‘familia’ me van a visitar ‘personalmente, de carne y hueso’ en mi isla en la sierra

    El 21/2/14, “Investigacin, docencia, comunicacin y tica +”

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    • @evajg dijo:

      Valentín,
      Creo que no te respondí a este comentario, tan GENEROSO. MUCHAS GRACIAS. Te pido disculpas y ojalá que algún día podamos ‘platicar’ en persona. Cuídate.

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