Atrévete a ser tú mismo (la Ética de Erich Fromm)

Hay títulos que te atrapan. “Ética y psicoanálisis”, de Erich Fromm (1900-1980), es uno de ellos, pues aúna dos de mis pasiones: la Filosofía moral o Ética y la Psicología. Por fin lo he leído y he de decir que no me ha decepcionado. Lo único que lamento es que el diálogo entre las disciplinas se publicara en 1947. El libro, no obstante, sigue siendo valioso en pleno siglo XXI. Intentaré convenceros…self-esteem-star-girl

La Ética de Fromm suele calificarse como Ética Humanista. De hecho, él mismo la denomina así y la contrapone a la Ética Autoritaria:

“En la Ética Autoritaria una autoridad es la que establece lo que es bueno para el hombre y prescribe las leyes y normas de conducta; en la Ética Humanista es el hombre mismo quien da las normas y es a la vez el sujeto de las mismas, su fuente formal o agencia reguladora y el sujeto de su materia” (p. 20, ed. 2010).

El término humanista,  no obstante, puede conducir a confusión, ya que suele ser un adjetivo bastante manido. Para Fromm, significa que no hay nada “superior ni más digno que la existencia humana” (25). También que, para saber qué es bueno para el hombre, es preciso conocer su naturaleza (30).

Si toda naturaleza buscar preservar y afirmar su propia existencia, no extraña por tanto que el primer deber de todo organismo, incluido el hombre, sea estar vivo. Más todavía, “el deber de estar vivo es el mismo que el deber de llegar a ser sí mismo, de desarrollarse hasta ser el individuo que cada uno es potencialmente” (32).

He de reconocer que esta idea me encanta. Fromm es consciente de que no es completamente original, pues se considera heredero de una tradición que bebe en Aristóteles, Spinoza o Dewey, pero ¿habríamos de despreciar una idea sólo porque otros la hayan utilizado?

Por tanto, si nuestro principal deber es llegar a ser lo que ya somos, esto es, desplegar todas las potencialidades de nuestra naturaleza, el primer paso será conocernos muy bien a nosotros mismos, ¿no? Es aquí entonces donde entra en escena la Psicología, que nos ayuda a conocer mejor nuestra naturaleza y, por tanto, aquello que nos conviene.

Esto explica que Fromm se adentre en el estudio del carácter, pues éste “representa una forma particular en la cual la energía está encauzada en el proceso de vivir” (70). Así, hay caracteres que se orientan a la improductividad: los receptivos (viven como si todo lo bueno procediera del exterior y la única forma de lograr algo bueno es recibiéndolo), los explotadores (lo bueno también procede del exterior, pero hay que hacerse con ello como sea), los acumulativos (no confían en el mundo exterior sino en su capacidad para conseguir las cosas) y los mercantiles (se experimentan a sí mismos como mercancías que deben venderse a los demás).

Entre los caracteres que se orientan a la productividad, Fromm expone algunas características generales. “Si bien es cierto que la productividad del hombre puede crear objetos materiales, obras de arte y sistemas de pensamiento, el objeto más importante de la productividad es el hombre mismo. […] Es parte de la tragedia de la situación humana que el desarrollo del yo jamás sea completo; aun bajo las mejores condiciones, sólo una parte de las potencialidades del hombre son realizadas. El hombre siempre muere antes de haber nacido completamente” (106).

 “El hombre siempre muere antes de haber nacido completamente”. ¡Guauuu! No me digáis que esto no os estimula a buscar la forma de desarrollaros más y mejor. ¿Y cómo? Pues bien, Fromm nos sugiere buscar el amor, el trabajo y el pensamiento productivos. Sólo me detengo en el primero:

“El amor es la forma productiva de relación con otros y con uno mismo. Implica responsabilidad, cuidado, respeto y conocimiento, así como también el deseo de que la otra persona crezca y se desarrolle” (125).

Si nuestros sentimientos, pensamientos y acciones nos ayudan a desarrollar nuestra personalidad total (no sólo una parte), entonces conseguiremos una ‘buena conciencia’. “La conciencia es, así, una re-acción de nosotros ante nosotros. Es la voz de nuestro verdadero yo que nos vuelve a reconciliar con nosotros mismos, para vivir productivamente, para evolucionar con plenitud y armonía, es decir, para que lleguemos a ser lo que somos potencialmente” (173).

Como podéis observar, todo el libro gira en torno a esta idea, la idea de que los seres humanos tenemos la –inevitable- tarea de desarrollar toda nuestra personalidad.  Por eso puede afirmar Fromm que “el hombre es responsable ante sí mismo de ganar o perder su vida” (185).

Y la forma de saber si uno está ganando o perdiendo su vida puede medirse por su grado de felicidad, pues “es la indicadora de que el hombre ha encontrado la respuesta al problema de la existencia humana: la realización productiva de sus potencialidades siendo simultáneamente uno con el mundo y conservando su propia integridad” (205).

Por eso, el gran problema del hombre, entonces como ahora, reside en que el hombre no se toma en serio a sí mismo, no tiene fe en sí mismo, lo que le impide observarse, cuidarse y amar(se) adecuadamente. Pero nada está decidido de antemano. Y así acaba el libro:

“La decisión depende del hombre. Depende de su capacidad para tomarse a sí mismo, a su vida y a su felicidad seriamente; de su buena voluntad para enfrentarse con su problema moral y el de su sociedad. Depende del valor que tenga para ser él mismo y de ser para sí mismo” (269).

Lo dicho, atrévete a ser tú mismo.

Imagen tomada de aquí.

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7 respuestas a Atrévete a ser tú mismo (la Ética de Erich Fromm)

  1. Estimada EVA, como te puedes imaginar he concentrado mi siguiente comentario en la relación con mi tema suicidio.: ( y sin la capacidad mía (tiempo, prioridad, formación) de entrar en las otras profundidades del libro) : Si bien E.Fromm opina que el impulso de vivir es inherente a cada organismo y el hombre no puede evitar el querer vivir – y sigue después que el “deber” de estar vivo es el mismo que el deber de llegar a sí mismo…para resumir: lo “bueno” en la Ética Humanista es la afirmación de la vida, el despliegue de los poderes del hombre. —
    me pregunto: “¿qué se queda de este ‘deber’ cuando en la avanzada vejez o mermado totalmente por graves enfermedades NO hay más posibilidad de “desarrollarse”?

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  2. Gran pregunta, Valentín.
    Yo espero querer seguir viviendo incluso en la vejez, pues aún puedo desarrollar mi capacidad para conocer y amar. Y si una enfermedad mental me lo impide, me temo que no podré formularme la pregunta de si mi vida tiene sentido o no por sí misma.
    ¿Qué piensas tú?

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  3. valentinaustria77 dijo:

    Estimada EVA, hoy-sábado- con menos rigidez de mi horario (auto-impuesto) y pensamiento (limitado):
    Tus argumentos me suenan – PERDONAME- un poco influido por convicciones ‘tradicionales’- posiblemente religiosas. Y- por lo menos con una vista trascendente, más allá que un desarrollo intra-mundano con su intencionalidad de ayudar al próximo, a cumplir en la sociedad, mantener el orden (p.e. Confucio). Además – piensa, pensamos –
    en mi ejemplo de vejez… en la balanza entre un seguir en el (mi..) “desarrollo de (mi) capacidad para conocer más (será para qué futuro?), “de amar” (incluye egoísmo, siempre, hasta en Madre Teresa de Calcuta) , la aportación ‘verdadera’ — y — los problemas, obstáculos que con este ‘egoísmo’ aportamos al desarrollo de las personas que ‘todavía están en camino’ . ¿Un ‘deber’ ético? – y menos aún en el ejemplo de enfermedad…

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    • ejimenezgomez dijo:

      Valentín,
      No entiendo bien la primera parte.
      Siempre conocemos y amamos imperfectamente, pero no creo que debamos desistir del intento. Y creo que son dos actividades que satisfacen bastante por sí mismas.
      Un saludo.

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  4. valentinaustria77 dijo:

    Estimada EVA, perdona el retraso de mi respuesta . La lista de ‘pendiente’ sube y sube…
    Voy a intentar de aclarar – vale también para mí mismo, por mis comentarios tan espontáneos que en una segunda lectura parecen confusos… – Ref. comentario de EVA: “Yo espero querer seguir viviendo incluso en la vejez, pues aún puedo desarrollar mi capacidad para conocer y amar…”- – y mi respuesta “…un poco influido por convicciones ‘tradicionales’- posiblemente religiosas…“ : no veo un DEBER absoluto mantenerme vivo ‘a la fuerza’ para conocer y amar, si no me baso en una idea de trascendencia (filosófica o religiosa) después de esta vida mundana . Si bien defiendo el deber de aportar activamente mi parte de responsabilidad hacia mi entorno (actual, humano y general) NO creo que una continuación de una vida ‘vivida ya’ trae un enriquecimiento ni responde a un deber, pensando además en la carga que puede significar para los otros ( más jóvenes, que sí deben desarrollarse todavía) – Lo sé, que esta argumentación está cerca del tema “suicidio de balance” – pero no quiero referirme solamente a estos casos de ancianos enfermos – sino intento de reflexionar sobre este deber de ‘luchar’ al final de una vida …. NO creo que en cierta etapa de la vida los valores de ‘conocer’ y ‘amar’ son suficiente justificación para seguir… -y-repito, si no tienen un fondo ideológico de una vida más allá (premio,castigo,etc.)

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    • @evajg dijo:

      Valentín,
      Entiendo lo que dices, pero no creo que conocer y amar necesiten una motivación trascendente (un más allá). Yo creo que quien disfruta conociendo y amando (y no dudo que tú lo hagas) sabe que el placer se garantiza en el acto…
      Un abrazo.

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  5. valentinaustria77 dijo:

    Querida EVA, cuando he argumentado con la ‘trascendencia’ me he referido solamente a un supuesto ‘deber’ de seguir viviendo en la etapa de declive… -y- cuestionando un ‘deber’ (Fromm) y/o una ‘justificación’ suficiente de satisfacción, placer, como dices. Siempre relacionando con mi tema… NO veo bastante ‘recompensación’ en la (puede ser incuestionable) ‘satisfacción de conocer y amar’ – en comparación con los muchos sufrimientos de la vejez avanzada… porque pocos llegan en buenas condiciones…

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