La verdad periodística (I). Aproximación a la complejidad y la limitación

La “verdad” es una de esas palabrotas que uno pronuncia –o debería pronunciar- con respeto. Una idea tan antigua como, probablemente, el ser humano. “Mmm… -me imagino pensando a uno de los primeros Homo Sapiens-, el de la tribu de al lado me ha dicho eso, pero… ¿y si me ha mentido? ¿Por qué debería creer que es verdad?”. Historia-ficción o no, el caso es que la verdad toca el núcleo mismo de las relaciones humanas y, por eso, nos importa tantísimo, aunque a veces no hablemos de “verdad” y “mentira” de forma explícita.

El concepto de “verdad” es tan antiguo y, con el paso de los siglos, ha ido adquiriendo tantos matices y recovecos que esta cuestión podría ocupar unos buenos tomos enciclopédicos. Y yo aquí con un humilde ‘post’ donde sólo quisiera pararme a pensar un poco en un tipo, no sé si digo bien, de verdad: la verdad periodística.

verdad_mentira

Creo que no hay código deontológico del periodismo donde no se haga referencia, con una palabra u otra, a esa realidad que hemos enjaulado lingüísticamente como “verdad”. Tiina Laitila analizó 31 códigos europeos y en 1995 publicó un artículo donde concluyó que el 90% de los mismos hacía referencia a “veracidad, honestidad y exactitud de la información” y “corrección de errores”. El principio o principios con el porcentaje más elevado, dicho sea de paso.

Algo que no resulta extraño, si uno examina su propia experiencia profesional. Ahora mismo recuerdo un caso que me ha pasado hace bien poco. Yo observo un hecho que me parece digno de atención, pues afecta a mi salud y a la de mis conciudadanos. Me documento un poco a través de internet y encuentro una noticia de una cabecera de prestigio donde se dice que el Ayuntamiento va a implantar una medida para hacer frente a la situación. Pregunto en el Consistorio y la respuesta se hace esperar tanto que sólo tengo la versión del medio, así que la doy por verdadera. En el último momento, sin embargo, consigo hablar con una persona, que me dice que la medida se implantó hace años y que se está estudiando ampliarla en otras. ¡Menos mal, me digo, casi meto la pata! Reescribo mi artículo, añado los matices oportunos y envío el artículo a imprimir. Pero, una vez enviado, resulta que consigo hablar con una tercera fuente y ésta me explica que, si bien es cierto que la medida se implantó en el pasado en una zona concreta, continúa vigente en el presente. ¡Qué suerte, me digo, todavía estoy a tiempo de modificar el artículo y aclarar la cuestión!

Pasado el ajetreo, me paro y me pregunto: ¿qué ha ocurrido aquí? Está claro que nadie tenía la intención de mentir: he hablado con técnicos –disculpas a los políticos de buena fe-, cada uno desde una perspectiva diferente, y el tema no es tan grave como para generar suspicacias. Y me sorprendo: ¡nadie tiene la intención de mentir, pero por poco no cuento -no contamos- la verdad!

Entonces vuelvo a caer en la cuenta de que descubrir la verdad, lo que las cosas son, resulta algo muy complejo. En primer lugar, porque el periodista cuenta con un tiempo bastante limitado, a diferencia de un científico o un juez, por poner un par de ejemplos. Si yo no hubiera hablado con las fuentes antes de cerrar el número, no hubiera descubierto el alcance e importancia de las medidas implantadas por el Ayuntamiento y, por tanto, no hubiera podido contárselo a mis lectores. No les habría mentido, pero tampoco les habría explicado la verdad. Y no por mala fe, sino por un cúmulo de malentendidos. Por ello es tan importante preguntar las mismas cosas a diferentes personas o (re)preguntar de modo diverso a las mismas personas. Porque cada una ve el mundo desde su perspectiva y, sin querer engañarte, te da sólo esa parcela de la realidad, que nunca es completa.

Y aquí entra en juego la limitación humana. Porque, señoras y señores, todos somos limitados. Tanto los periodistas como las personas que nos facilitan la información. Ahora bien, los periodistas tenemos una responsabilidad extra, que es la de ser conscientes de nuestras limitaciones y, consiguientemente, la de poner todos los medios para superarlas, en la medida de lo posible. No a otro principio obedece el deber de verificar o contrastar la información.  Y, como el Homo Sapiens del inicio, tener muy claro que no siempre interesa contar la verdad. Pero ésa es otra historia. Continuará.

 Imagen tomada de aquí

 

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5 respuestas a La verdad periodística (I). Aproximación a la complejidad y la limitación

  1. Estimada EVA. 1) felicidad a)por este buen artículo –y- b)por navidad y año nuevo
    2) como siempre -en plan de brain storming – preguntas que me hago a raíz de tu artículo:
    a) ¿quién era el primer ser humano (incl.creencias bíblicas…) en entender el efecto de una mentira? (EVAssss…)
    ¿es mentir un factor de la evolución (lucha para la supervivencia)? –
    b) ¿vale lo mismo en el mundo de periodismo? Creo, que SÍ . (supervivencia…)
    Hablando con un ejemplo – ya sabes, mi tema suicidio en los medios: Uno de los pasos IMPORTANTES para disminuir este mundo de ‘mentiras y medias verdades’ en la profesión periodística será la BUENA FORMACIÓN sobre los temas que se transmiten. Me vas a decir de nuevo, que no hay tiempo – pero esto no excluye mi reflexión ‘ética’, ¿ó?

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    • ejimenezgomez dijo:

      Hola, Valentín:
      Antes de nada, ¡feliz Navidad y feliz Año Nuevo! Y seguimos reflexionando juntos…

      X. Es verdad, ¡la mentira ya está en Eva y Adán! En el relato bíblico, no creo que lo que prime sea el instinto de supervivencia/conservación, pero quién sabe por qué mentimos… Tal vez una parte de nosotros sí que quiera protegerse de algo, física o psicológicamente… Interesante…

      XX. Y si se puede aplicar al género humano, por qué no a los periodistas, que son humanos… ¡Y claro que la formación es importantísima, cómo no! Lo que digo es que uno se puede especializar en psicología/psiquiatría, por seguir con tu ejemplo, pero es muy díficil saber de todo en concreto, como el tema suicidios… Por eso se especializan también los médicos, ¿no?

      Un abrazo y no dejes de reflexionar.

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  2. GRACIAS- EVA – por seguir el diálogo. Vamos a ver que nos trae 2014.
    X) a) sistemas de castigos como algunas religiones se ‘montan’ exactamente sobre conceptos de bueno-malo, de moral, de ética. O los sistemas éticos se ‘montan’ sobre bases de creencias religiosas…. ¿Una corrida ‘mano a mano’?
    ¿Quién se ha inventado un pecado original de la pobre Eva? ¿Quién se ha inventado el efecto ‘Caín’?
    Todos… especulaciones. Así, para quedarnos más en lo ‘comprobable’ he hecho el desvío a las raíces ‘evolucionistas’ de mentira. TÚ me vas a decir más… tú tienes más conocimientos de ética –y – éticos…

    XX) A la formación de periodistas: Para que pueden decir más ‘verdades’. Aquí el contrario no es ‘mentira’ – excepto en casos de periodistas políticamente o empresarialmente ‘interesados’ – sino solamente (¿solamente?) informar con poco rigor ‘periodístico’. Por esto hablar de un ‘periodista’ bien ‘formado’ significa más que su posible (¿o no posible?) especialización — su formación ÉTICA. Aprender a saber hasta dónde puede ir con sus conocimientos ‘generales’ y cuándo tiene que callarse para dejar el terreno a especialistas – por lo menos a periodistas especializados.
    Buenos y más (!) malos ejemplos tenemos en el tema suicidio (mira solamente los datos retorcidos ref. crisis, desahucios). Pero esto lleva demasiado fuera de tu artículo – y también por su delicadez te voy a comentar en e-mails aparte.

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    • ejimenezgomez dijo:

      Hola de nuevo:

      1. ¿Me explicas mejor esta frase, por favor? “Para quedarnos más en lo ‘comprobable’ he hecho el desvío a las raíces ‘evolucionistas’ de mentira”.

      2. Estoy completamente de acuerdo en que el periodista no puede saber de todo, pero sí puede/debe saber lo que no sabe y, por tanto, preguntarlo; y preguntarlo a las fuentes adecuadas (que, obviamente, también puede/debe reconocer).

      Seguimos…

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  3. Estimada EVA, cómo ya conoces o deberías re-conocer un poco mi estilo muy espontáneo [ escribir como ‘hablando’ en un rápido diálogo – así no siempre con la profundidad de una larga reflexión sobre el justo-correcto empleo de ciertas palabras] me perdonas –y- explico que quería insinuar en mi comentario: que creo que para buscar las raíces del pensamiento ético (y/o la valoración ética de actos) NO se debe basar tanto (NO me refiero a ti –por favor) en ‘especulaciones’ de creencias, sino intentar –por lo menos en un concepto más ‘científico’ [tampoco eso será mí ‘dios’] – encontrar explicaciones más ‘comprobables’ p.e. en las investigaciones de evolucionismo. Y todavía nos queda el largo camino futuro de descubrimientos de neurocienca, véase el libro que ya te he recomendado de Adela Cortina.
    Personalmente me dan sustos algunos resultados – me quitan todavía más del propio valentín , ya tan limitado en su idea de tener un YO – desde Freud…
    Bueno – me quedan menos años – el futuro es de los jóvenes…..

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