Lo que nadie te explica cuando comienzas el doctorado

A lo largo de mi trayectoria como doctoranda –y os puedo asegurar que ha sido y es dilatada- he conocido a muchas personas que compartían mi mismo estatus de becaria de investigación. He conocido personas que han realizado y realizan tesis en tiempos razonauniversidad21bles y sin grandes problemas, y he conocido compañeros que, o bien no han acabado en los tiempos establecidos, o bien lo han hecho con un gran desgaste físico y psicológico. A los que les ha ido bien, nada puedo decirles salvo que me alegro por ellos. A los que no les ha ido o no les va tan bien, quiero dedicarles unas palabras. Pensaba hacerlo más adelante, cuando terminara mi tesis, pero, visto el éxito del ‘post’ “Consejos para quien comienza el doctorado de quien no lo ha terminado” y conversaciones recientes, he decidido lanzarme y comentar algunos aspectos que, a día de hoy, me parecen importantes. Ojalá que en el futuro pueda serviros de más ayuda.

 1. El director no siempre asesora, acompaña y motiva adecuadamente

La realidad que he conocido es que resulta muy complicado encontrar un ‘buen’ director. El que sabe mucho, no comparte o no es dialogante. El que comparte, no sabe tanto. El que es abierto, no es metódico. El que es sistemático y riguroso, no acompaña. Y todas las combinaciones que queráis añadir.

¿Por qué ocurre esto? Quiero pensar que nadie les ha enseñado a dirigir (¿alguien conoce algún plan de formación de doctores donde se enseñe cómo dirigir una tesis?), pero también creo que muchos no quieren aprender. La enseñanza personalizada, me temo, es más gratificante cuando es remunerada, económica o profesionalmente. Y aquí tienen responsabilidad, en primer lugar, los propios directores; en segundo, las facultades que ni los motivan ni valoran; y, en tercero, los criterios que marcan las administraciones, que mucho hablan de excelencia y calidad cuando en realidad sólo se guían por parámetros de rendimiento y eficacia.

¿Y sabes qué pasa cuando alguien no sabe dirigir? Pues lo que pasa con las personas que no saben de algo que se supone que deberían saber: que se ponen a la defensiva a la mínima de cambio e interpretan una duda o un comentario inocente como un cuestionamiento, no ya de carácter intelectual, sino muchas veces personal. Y entonces se entra en una dinámica tan nociva -¿cómo avanzar en el conocimiento si no se puede cuestionar nada?- que el doctorando tiene el peligro de quedarse a la deriva y sin autoestima. En ese caso, mi humilde consejo: ¡confía en ti y pide ayuda para cambiar de director lo antes posible!

2. Los equipos de investigación no siempre son tales

Hay doctorandos que pasan cuatro años haciendo la tesis doctoral sin saber lo que es trabajar en equipo. Porque no trabajan con su director (ver punto uno) y porque no se les incluye en ningún proyecto de investigación. Es una lástima, porque cada día se valoran más las investigaciones interdisciplinares (con miembros de varias disciplinas), internacionales (con miembros de varios países), inter-lo-que-quieras. Ahora bien, hay algo que no sé si es mucho mejor: utilizar al doctorando para hacer el trabajo que nadie quiere hacer (tareas mecánicas y farragosas) o, peor, para obtener alguna subvención o ayuda pública. En este tipo de casos, el doctorando figura nominalmente en un ‘equipo’ de investigación donde no aprende todo lo que podría y debería aprender. No aprendes, no cobras o cobras una miseria y a veces ni firmas los trabajos en los que has participado; pero no se te ocurra quejarte, porque te tomarán por un desagradecido y te harán sentir que tu trabajo no vale absolutamente nada. ¡Ni se te ocurra creértelo!

3. El doctorando no siempre desarrolla una carrera profesional coherente

La mayoría de las personas que realizan el doctorado lo hacen porque quieren aprender y porque les gusta la docencia. Es decir, quieren dedicarse al mundo académico. De otro modo, optarían por otra carrera o un máster, más enfocado al mundo profesional. Pues bien, tampoco conozco a nadie que me haya hablado de un programa de asesoramiento profesional para doctorandos: escalas profesionales, retribuciones, publicaciones de prestigio, congresos a los que conviene asistir, formas de preparar e  impartir clases, experiencia docente acompañada… Ojo, no estoy diciendo que uno no pueda preguntar –sólo faltaría-; lo que digo es que estas cuestiones son demasiado importantes como para dejarlas a la improvisación o a la suerte de cada uno. Si tu director se preocupa por tu futuro, ¡premio! Si no, ¡sigue jugando y paga la matrícula un curso más!

4. El doctorado no es la única llave que abre la puerta académica

Finalmente, me gustaría comentar que acabar el doctorado no es la única llave que abre la puerta del mundo académico. Muchos te dirán que sin el doctorado no eres nadie, que sin tu tesis doctoral no tienes ninguna posibilidad de que te contraten… Obviamente, cuanto antes la defiendas, mejor. Pero que no te engañen. En la universidad hay muchas personas a las que se les da una, dos y siete oportunidades sin haber conseguido el título de doctor. Es decir, en la universidad, el mundo del conocimiento desinteresado, también hay intereses. Y en la universidad también hay personas a las que les interesa ‘colocar’ a personas fieles antes que a personas independientes.

Sinceramente, me parece una auténtica lástima –por no decir un verdadero drama- que la institución que podría cambiar el modo de funcionar las cosas a través de la educación se limite a repetir los patrones de las empresas más competitivas e inhumanas. Podría escribir mucho más sobre esto, pero creo que es suficiente por ahora. Si te ha interesado este ‘post’, tan sólo te aconsejo que leas el artículo de Javier Martínez Aldanondo “Colaborar o no colaborar (esa es la cuestión)”. En él te explica realidades que se pueden aplicar perfectamente a las instituciones académicas. Desgraciadamente. Y como no puedo acabar de forma tan pesimista –ya me conocéis, siempre en positivo-, termino diciéndote que no te desanimes, que confíes en ti mismo y que el tiempo termina poniendo a cada persona en su sitio. ¡Vive los ideales universitarios y sé generoso con tu conocimiento!

Imagen tomada de aquí.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Doctorado. Guarda el enlace permanente.

4 respuestas a Lo que nadie te explica cuando comienzas el doctorado

  1. Daniel Gómez dijo:

    “gran desgaste físico y psicológico”, ese es mi segundo nombre!

    Me gusta

    • ejimenezgomez dijo:

      Dani, “gran desgaste físico y psicológico” ERA tu segundo nombre. ¡Enhorabuena por superar esa etapa, a pesar de los pesares!

      Me gusta

  2. Estimada Eva:
    Cuanto de cierto hay en tus palabras. No conozco a detalle la realidad de la formación posgradual en España, sin embargo está claro lo que argumentas. Tengo un hermano científico, investigador a tiempo completo en la UNAM de México y conferenciante internacional, quien de vez en cuando me comenta que los intereses políticos están asociados con la academia, formando grupos de poder cerrados y con mucha influencia.

    Por otra parte, las universidades han visto la manera de hacer mucho dinero con los posgrados sin considerar la inserción laboral real de los pos graduados. Aquello que se estudia, para lo que cada quien se forma, si no tiene aplicación constante y desarrollo laboral se vuelve obsoleto e innecesario. me atrevo inclusive a decir que muchos pos graduados realizan su actividad económica principal, que les da sustento, en otras áreas, digamos el comercio. La docencia para muchos profesores y profesoras, al menos en mi país, es una manera de sobrevivir económicamente. Pero también quienes han logrado insertarse en el mundo laboral universitario con todas las de la ley, gozan de sueldos jugosos, pero cero investigación y preparación, con los años se vuelven nomas, operarios en un sistema repetitivo y demandante de presupuesto público.

    Marcel Ávila R.

    Me gusta

    • ejimenezgomez dijo:

      Hola, Marcel.
      Muchas gracias por compartir tu experiencia. La verdad es que nadie está exento de las “tentaciones” del dinero y el poder. Es una lástima que algunos académicos vean su trabajo simplemente como un medio de subsistencia o de satisfacer su ego. En primer lugar, por ellos mismos, porque empobrecen su vida. En segundo, o al mismo tiempo, porque desaniman y ponen obstáculos a las personas que creen en su trabajo -entendido como servicio a los demás- y quieren hacerlo bien. Hemos de ser fuertes.
      Cuídate y gracias por pasarte por aquí.

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s