¿Medios excesivamente imprudentes y universidades demasiado prudentes? Reflexiones en torno al 10º CIEDI

“La Ética y el Derecho de la información ante la imprudencia mediática”. Así se titulaba la décima edición del Congreso Internacional de Ética y Derecho de la información (CIEDI) que se celebró en Concepción (Chile) los pasados 15 y 16 de noviembre. Los organizadores del congreso invitaban de este modo a reflexionar sobre “los excesos y extravíos de los medios de comunicación”, así como sobre el papel de las “Facultades de Comunicación en la revitalización teórica y práctica del Derecho y la Ética de la Comunicación”. Para ello, convidaron a cuatro ponentes: dos provenientes del ámbito profesional y otros dos del ámbito académico.

El tema de la prudencia puede sonar un poco extraño aplicado a los medios y a las universidades, pero no tanto si tenemos en cuenta que las organizaciones y/o instituciones salen adelante gracias a la iniciativa de muchas personas y, éstas, todos lo sabemos, pueden actuar con prudencia o todo lo contrario.

¿Y qué es la prudencia?

Carlos Soria, profesor extraordinario de la Universidad de Navarra, intentó responder, en su estilo poético y vibrante, a esta compleja cuestión. Tan compleja que casi es mejor definirla en sentido negativo. No es “pusilanimidad”. No es “lo políticamente correcto”. No es “descompromiso social”. Pero es preciso mirar la otra cara, si quiera por el rabillo del ojo. Es “un juicio operativo que sintetiza polos opuestos”. Es “originalidad”. Es una cuestión de “fidelidades”. ¿A alguien le sigue ‘bloqueando’ la palabra? Pues vayamos al grano: “La mejora de la calidad informativa está en relación directa con la mejora de la justicia y la prudencia ética y jurídica. Toda información de calidad será siempre justa y prudente. Y al revés: ninguna información que carezca de justicia y de prudencia, tendrá calidad”.

¿Son prudentes los periodistas y los empresarios de la información?

Una vez aclarado, si quiera mínimamente, el concepto de prudencia, vayamos a la primera cuestión: ¿son prudentes los medios o, mejor dicho, los periodistas y empresarios de la información periodística que trabajan en ellos? La cuestión parece meramente retórica, a juzgar por el consenso general de los ponentes, tanto periodistas como académicos. ¿Los periodistas también? Pues sí, los profesionales invitados reconocieron que han cometido y cometen excesos y extravíos. Eso sí, con importantes matices.

Cristián Zegers, director del diario El Mercurio, empezó hablando de la escasa tradición “fiscalizadora” del público chileno y del “resentimiento” de los políticos hacia la prensa, para acabar, finalmente, dedicando unas palabras a la importancia del autocontrol. Éste consistiría, básicamente, en “una expresa vinculación, conocida y acatada dentro de cada medio de comunicación, entre las salvaguardias habituales para evitar querellas criminales y demandas civiles por los contenidos publicados o emitidos, con aquellas perspectivas superiores que miren a la preservación e incremento del prestigio y cuidado de la marca del medio, que es el capital principal destinado a perdurar en el tiempo”. Evitar sanciones jurídicas, prestigio, marca, capital…: nada nuevo sobre el horizonte de los directivos de prensa, más próximos a la perspectiva de la empresa que la ciudadana, me temo. Es verdad que habló de la importancia de realizar una “autocrítica intensa, ácida y genuina” dentro de los medios y que concretó un poco más de lo habitual (la instauración de “la obligación semanal”, una especie de reunión de autocrítica entre personas que ocupan el mismo cargo), pero también es cierto que no escuchamos ningún ejemplo de imprudencia llevado a cabo en su medio –o yo, al menos, no lo recuerdo-.

La explicación de Enric González, periodista de El País en el momento de enviar su ponencia, fue muy diferente. Consideró que los “lectores son perfectamente capaces de discernir y exigen calidad” y reconoció abiertamente que “el público […] tiene derecho a sentirse estafado”. Habló de la “telebasura”, de las vulneraciones del derecho a la intimidad, de las dificultades para distinguir el interés periodístico del comercial… Y, cómo no, de la crisis: “La lucha por la supervivencia se utiliza para justificar los peores desmanes”. ¿Y como solución, también el autocontrol? Pues no, señores. González fue más lejos: “Corresponde al legislador fijar los límites entre lo tolerable y lo intolerable y actuar sobre la oferta”. Y “las sanciones económicas han de ser robustas y, aunque el término no suene del todo bien, hasta cierto punto ejemplarizantes”. Más claro, agua.

¿Y qué pueden hacer las universidades?

Enric González apuntó también que las facultades universitarias “deben insistir en la cuestión ética”, pero también mostró sus dudas acerca de su eficacia, ya que  “el ambiente de trabajo y los modelos que uno encuentra pasada la fase universitaria son fundamentales”. Todo un toque de atención para los investigadores presentes, si tenemos en cuenta que la mayoría de las comunicaciones sobre esta cuestión se centraron en la enseñanza de dicha materia, sin entrar en cuestionar su eficacia o sin complementarla con el aprendizaje de la ética en el mundo profesional.

Mario Urzúa, decano de la Facultad de Comunicación, Historia y Ciencias Sociales de la Universidad Católica de la Santísima Concepción, donde se celebró el congreso, realizó una reflexión más general sobre cuál debería ser el rol de las universidades, a partir de las indicaciones de John Henry Newman en 1852. Muy sintéticamente, desarrolló estas cuatro ideas: formar personas con amplios conocimientos, inteligencia crítica, decencia moral y sensibilidad social.

Nadie cuestionó sus palabras, probablemente porque todos coincidimos, más o menos, en cuál debe ser el papel de una universidad –nada fácil, por cierto, equilibrar la formación profesional con la humanística-. La “revolución” llegó cuando Carlos Soria se centró en el ser, durante el coloquio. Y su frase retumbó en mi mente durante largo tiempo: “El nivel de nuestras facultades es muy pobre y muy bajo”. Y realizó una reflexión en voz alta que me pareció muy acertada. Señoras y señores, hace falta replantearse los planes de estudios. Es hora de dejar atrás “la época del amontonamiento de materiales” y enfocar las asignaturas desde o hacia la comunicación. Hay que retornar a lo básico. En ese momento, me acordé del artículo que publicó Joseph Pulitzer en 1904 sobre “La escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia”, donde explicaba fenomenalmente bien qué se debe enseñar y, lo más interesante, cómo.

La autocrítica mediática y la universitaria parecían empezar a darse la mano y cuajaban en una idea lanzada por Carlos Ruiz, profesor de Ética de la Comunicación en la Universidad Ramón Llull, en Barcelona: ¿no deberían las facultades implicarse más en la defensa de la prudencia mediática? ¿No podríamos hacer algo más aparte de dar clases de Ética y Derecho? La pregunta se quedó en el aire, sonando en nuestras conciencias… Y yo me pregunté: ¿serán las universidades capaces de hacer la autocrítica efectiva que echan en falta en los profesionales de la información?

¿Podemos ser amigos?

Todo sin acritud, con respeto y, si es posible, como amigos. De la importancia de la amistad en la esfera pública nos habló Juan José García-Noblejas, profesor de la Pontificia Universitá della Santa Croce, en Roma. Su propuesta es bastante atrevida, si tenemos en cuenta que en el ámbito público nos relacionamos a través de mediaciones –no hay “cara a cara”-, que el tiempo es escaso –y para ser amigos hay que compartir muchas comidas, como bien recordó García-Noblejas al citar a Aristóteles-, que la relación puede ser asimétrica –existe el “temor” ante el poder de los media- o que el ambiente social puede moverse por el interés económico e ideológico y no por la búsqueda de la cooperación y la verdad. En cualquier caso, la intención cuenta mucho, como él mismo apuntó al inicio de su intervención, y no es baladí querer buscar “un espacio social cívico (distinto del Estado y no necesariamente condicionado por la economía) en el que las personas razonan y deliberan sobre el bien común, incluyendo sus fundamentos y finalidades intrínsecas de índole política, ética, poética, retórica o estética”. Un espacio social cívico donde los medios puedan actuar como “lugares de encuentro imprevisto pero amistoso”.

No sé si los participantes en el CIEDI 2012 habremos cambiado el mundo –me temo que no-, pero no caminamos mal si existe este lugar de encuentro previsto y amistoso, donde reflexionamos en voz alta para cambiarnos un poco a nosotros mismos (y, por tanto, a las instituciones en las que trabajamos) y para ayudar a otros a ser más conscientes del mundo en el que se mueven y en el que quieren moverse. Con prudencia, por supuesto. 😉

***

Más información en @ciedichile2012 y #ciedichile2012.

Fotos realizadas por la organización del CIEDI 2012: http://www.facebook.com/ciedi.chile

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6 respuestas a ¿Medios excesivamente imprudentes y universidades demasiado prudentes? Reflexiones en torno al 10º CIEDI

  1. ¿ reflexiones sobre “los excesos y extravíos de los medios de comunicación” – CON o SIN ref. tema “Suicidio+MdC” ?
    Mis comentarios (brain storming)
    — ad C.Soria: ¡ prudencia en ningún sitio – p.e. “suicidio+crisis económica”, “suicidio por desahucios” — -o— prudencia exagerada = silenciar según códigos deontológicos, libros de estilos – NO actualizados!
    y- que razón tiene con “hace falta replantearse los planes de estudios”…
    —ad Cristián Zegers : “autocrítica” – “autocontrol” – un papel mojado
    —ad Enric González: vamos a ver el “éxito” de la proposición no de ley… / facultades de MdC+ética – ahí veo EVA…
    —ad Mario Urzúa: muchos años ya desde 1852 (formar personas con amplios conocimientos, inteligencia crítica, decencia moral y sensibilidad social.) – 2012 (me vas a decir si ha entrado la temática en la facultad,…?)
    —ad Carlos Ruiz: lo mismo – y de autocrítica… ¿?
    —ad Juan José García-Noblejas: muy noble, pero ‘utópico’ – y más ahora con la única meta de loa MdC de sobrevivir económicamente.
    Estimada EVA, GRACIAS por tus apuntes y comentarios –

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    • ejimenezgomez dijo:

      Valentín, se comentaron los excesos y extravíos de los medios de forma general. No se entró en aspectos tan concretos como la cobertura del suicidio.
      No entiendo bien lo que comentas de Enric González, ¿me lo explicas?
      Y la pregunta sobre lo que expuso Mario Urzúa, tampoco. 😦
      GRACIAS a ti por el diálogo, siempre tan enriquecedor.

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      • Querida EVA, como no tenía mas info que tus apuntes, mi ‘brain storming’ tampoco tenía la posibilidad de profundizar … perdóname mis comentarios ‘lakonicas’ – supongo que ya te estás acostumbrando a la manera ‘austríaca’. Así – con un poquito más explicación:
        ad—–Enric González, —Mi comentario en este contexto de ‘legislación’ se refiere a— Histórica iniciativa del Congreso para la prevención del suicidio a propuesta de UPyD- 6 de Noviembre de 2012
        Proposición no de Ley, relativa a promover dentro de la Estrategia de Salud Mental acciones para una redefinición de los objetivos y acciones de prevención del suicidio
        = http://www.upyd.es/Uploads/20121102112931suicidio.pdf
        y – ref. Enric G.-“ las facultades universitarias “deben insistir en la cuestión ética”, — mi comentario expresa la esperanza que especialistas como tu van a mejor el futuro de estas instituciones.
        ad— Mario Urzúa (se refiere a lo mismo: cuál debería ser el rol de las universidades) – mi comentario se refiere a los muchos años desde las propuestas de Newman hasta hoy – y mi duda sobre si el tema ha entrado en la facultad de comunicación en España- cómo deduzco de mis charlas con periodistas jóvenes de Andalucía.

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  2. ejimenezgomez dijo:

    Valentín, gracias por la información sobre el suicidio y por tu confianza en la mejora de las universidades. Ojalá que entre todos, jóvenes y no tan jóvenes, las mejoremos y las hagamos más útiles para los alumnos y el resto de la ciudadanía. Un abrazo.

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  3. Rubén dijo:

    Eva: El blog está cada vez mejor. Felicitaciones.

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