¿El tamaño, importa? Consideraciones sobre la extensión de la introducción en la tesis doctoral

En ocasiones me pregunto qué tamaño debería tener la introducción de una tesis doctoral. Las he visto de todo tipo: pequeñas (10-12 páginas), medianas (25-50) y grandes (75-100). Una vez más, me temo que cada elección presenta ventajas e inconvenientes.

Quien opta por una introducción de tamaño pequeño suele dedicar esas páginas a presentar algunos de los puntos que suele contener una introducción (objeto de estudio, objetivos, justificación, estado de la cuestión, hipótesis, marco teórico, metodología y fuentes, alcance y limitaciones del trabajo, estructura del trabajo, etc.) y, posteriormente, desarrolla los más importantes en los capítulos posteriores. La introducción, por tanto, se concibe como una supersíntesis de lo que vendrá a continuación. Esta opción tiene una gran ventaja, y es que no se cansa al lector; y una gran inconveniente, que es más fácil “enrollarse” y perder el sentido de los capítulos. He visto marcos teóricos tan extensos que al final parecían más un manual que una tesis –por cierto, me refiero siempre a investigaciones presentadas en el ámbito de la Comunicación-.

Los que se decantan por una introducción de extensión mediana suelen tocar todos los aspectos mencionados con algo más de extensión y, al mismo tiempo, dedican algún capítulo a desarrollar algunos de los asuntos más complejos. Esta elección parece la más equilibrada, pero a veces me resulta insatisfactoria: en la introducción no se presentan adecuadamente todos los temas y en los capítulos me parece que abunda más “la paja” que “el grano”.

Finalmente, está la postura de quienes prefieren una introducción de grandes proporciones. La gran ventaja de esta introducción, creo, es que permite profundizar en todos los aspectos, de tal modo que resulta innecesario incluir capítulos extras y, por tanto, obliga a un esfuerzo de síntesis que impide que el autor “se vaya por las ramas” tan fácilmente. El inconveniente, está claro, radica en que los lectores no están preparados para tal avalancha de información y pueden cansarse antes de tiempo. Este problema, no obstante, puede subsanarse de algún modo: se incluye un prefacio o prólogo, donde uno presenta la investigación de un modo más informal o personal, y seguidamente “se va al grano”.

A día de hoy esta última posición es la que más me convence, pero me gustaría escuchar más opiniones. ¿Me das la tuya? Gracias.

 Imagen tomada de aquí.

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