Innovación docente o cómo aprender a enseñar a aprender

Aquí van algunas reflexiones en voz alta sobre lo aprendido en un congreso sobre excelencia en educación y unas jornadas sobre innovación docente.

Excelencia, innovación docente, calidad, competencias… Diferentes términos para expresar una única realidad: cómo aprender a enseñar a aprender. Parece un trabalenguas, pero no lo es. Los profesores debemos aprender a enseñar a los estudiantes a que asuman las riendas de su proceso de aprendizaje. Dicho de un modo más sencillo, el estudiante es el verdadero protagonista y sobre él deben recaer todos los focos. Los profesores, siguiendo con el símil teatral, somos los que permanecemos en la sombra, dispuestos a intervenir discretamente si, y sólo si, alguien se queda en blanco en un ataque de pánico escénico. 

El alumno no es el único que tiene miedo. El profesor también. El miedo -¿al ridículo, al fracaso?- es una de las causas por las que muchos docentes no se atreven a romper con el modelo clásico de enseñanza y a experimentar otras formas de educación.

También podría haber un cierto desánimo o desgana. Si no se me valora profesionalmente, ¿para qué hacer el esfuerzo? Caemos entonces en el error que criticamos en los alumnos: si no me dan créditos o no puntúa en la nota final, ¿para qué romperme la cabeza?

Qué estrecha es la relación entre innovación y nuevas tecnologías. La mera transmisión de conocimientos ha perdido todo su sentido. La ‘generación zapping’, como la describió Javier Martínez Aldanondo, tampoco podrá soportar una clase magistral. El educador asume dos nuevos roles: ha de motivar y ha de acompañar.

Para motivar, conexión con la realidad. Lo expresó muy bien el alumno Alejandro Trillo. Los profesores formularon una pregunta absolutamente actual -¿debería retrasarse la edad de jubilació o no?- y, a partir de ahí, se lanzaron a la búsqueda de conocimientos económicos, sociales, políticos. La profesora Pilar Úcar también supo utilizar guiones cinematográficos para mejorar la expresión escrita de sus estudiantes.

Las preguntas surjen cuando el alumno se enfrenta a un reto, un desafío, algo que hacer, algo que solucionar, algo por lo que merece la pena buscar en su ‘disco duro’ y, al no encontrar nada, lanzarse a la búsqueda del conocimiento y de sí mismo.

Para acompañar, resulta imprescindible aprender a resistir la tentación de dar todas las respuestas sin haber dejado que surjan las preguntas. Gran lección de las profesoras Vanesa Serrano y Marianna Bosch. Mucha atención también al lenguaje corporal. Como comentó el alumno Íñigo Puertas, la mirada y el gesto de un profesor pueden favorecer la participación o inhibirla totalmente.

No olvidemos las emociones, por favor. No creemos “cabezas andantes” sin corazón ni voluntad, como muy bien advirtió Joan Antoni Melé.

Tampoco olvidemos el contexto en el que vivimos, un mundo plagado de desigualdades, guerras, hambre, penurias… Como expuso Federico Mayor Zaragoza, debemos ser conscientes de que “vivimos en un barrio privilegiado de la aldea global”.

Y la mayor verdad con la que me he encontrado: no podrás dar nada de lo que tú carezcas.

Si no estás motivado, no motivarás.

Si no tienes preguntas, no buscarás respuestas ni favorecerás que otros las busquen.

Si no te conoces ni te amas, no ayudarás a otros a conocerse y amarse.

Si no eres un ciudadano coherente, no ayudarás a tus alumnos a serlo.

Si…

¡Sí! ¡Sí! ¡Sí! ¡Sí!

 Foto tomada de aquí.

Esta entrada fue publicada en Congresos..., Docencia. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s