“Desclassificats” o cuando la vida privada interfiere en la pública

Periodistas y políticos realizan dos actividades que, nos guste o no, ejercen una enorme influencia sobre la vida pública, aquella que nos mantiene unidos con nuestros semejantes, en cuanto ciudadanos. El político toma las decisiones que, en teoría, facilitan la convivencia en paz y libertad. El periodista, también en teoría, informa sobre aquello que necesitamos saber para poder decidir quién nos gobierna, cómo y por qué. Ambos profesionales deberían trabajar de la mano en busca de lo mejor para todos y, sin embargo, la mayoría de las veces se enfrentan en el cuadrilátero de la opinión pública, ese espacio difícil de asir donde el vencedor parece arrastrar al público a su territorio, donde muchas veces se transforma en mero votante o consumidor. En los últimos años ha aparecido una tercera figura, el director de comunicación o jefe de prensa, a caballo entre el político y el periodista, cuyas funciones se hallan por definir, así como sus responsabilidades.

Las tensiones entre estas tres figuras aparecen claramente en la última obra de teatro escrita y dirigida por Pere Riera, Desclassificats, y protagonizada por Emma Vilarasau (la periodista), Toni Sevilla (el presidente del Gobierno) y Abel Folk (el jefe de prensa). La informadora, una profesional de reconocido prestigio, posee una información sobre la vida privada del mandatario que podría producir su dimisión y la de todo su equipo, entre ellos el jefe de prensa. Estos, por su parte, utilizan diversas estrategias para quitarle hierro al asunto, pero la periodista se mantiene en sus trece… hasta que recibe una llamada de carácter personal que presidente y asesor utilizarán para poner a la periodista ante uno de los dilemas más importantes de su vida. Como afirma el propio Riera,

Todos presumimos de disponer de una escala de valores, de unos principios rectores que nos hacen ser de una manera o de otra; que nos hacen juzgar las actitudes y los comportamientos de los otros desde un determinado punto de vista. ¿Pero qué pasa cuando estos valores, los principios más sólidos que nos rigen, son sacudidos y cuestionados, incluso en contra de nosotros mismos? ¿Qué pasa cuando tomamos conciencia de que no somos tan íntegros, ni tan dignos, ni tan coherentes?

La representación refleja perfectamente cómo se entremezclan vida pública y vida privada, de tal manera que ambas no pueden separarse completamente, por mucho que queramos. En el caso de los políticos, estos deben asumir que su vida privada interesa a los ciudadanos, en la medida en que dicha información puede ayudar a conocer si la persona que les representa es quien dice ser. En el caso de los periodistas, estos deben conocer qué aspectos de su vida privada pueden afectar a la imparcialidad de su información, y hacerles frente cuando llegue el caso.

Como ciudadanos, la obra nos ayuda a adquirir un mayor espíritu crítico, pues muestra los entresijos por los que se mueven quienes dicen representarnos y velar por nuestro derecho a la información.

 Desclassificats puede contemplarse en La Villarroel (Barcelona) hasta el 8 de mayo.

Foto tomada de aquí.

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4 respuestas a “Desclassificats” o cuando la vida privada interfiere en la pública

  1. amaya dijo:

    Buff… complicado tema. Para mi el Jefe de Prensa o el Director de Comunicación a veces equivale al mediador que en terreno de batalla tiene que conciliar ambas posturas y conseguir “que todas las parte queden contentas”… Algo que, creo , está totalmente reñido con el hecho de informar. Otras veces directamente olvidan su cometido y acaban haciendo promoción más que otra cosa ¡Qué facil es confundir información y publicidad! y eso que no se parecen en nada.

    ¡Un abrazo!

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  2. amaya dijo:

    “¿Qué pasa cuando tomamos conciencia de que no somos tan íntegros, ni tan dignos, ni tan coherentes?” al menos si nos damos cuenta no está todo perdido. Tal vez sea esta duda la que nos salve de imponer nuestros criterios o de cometer ciertos errores.

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  3. ejimenezgomez dijo:

    Yo también creo que el jefe de Prensa o Director de Comunicación también es un mediador, como puede serlo el director de un medio de comunicación; pero, como bien apuntas, se debe a sus jefes (el director del medio, en teoría, a sus lectores o, más todavía, a los ciudadanos) y eso le puede llevar a distorsionar la realidad (lo que también le puede pasar al director de un medio de comunicación, obviamente). Este tema es muy polémico y creo que hay que darle muchas vueltas.

    En cuanto a lo segundo, pues qué te puedo decir… La humildad, el saber el ‘humus’ que somos o pisamos, pues es muy importante para no andar por la vida imponiendo cosas que luego no cumplimos nosotros mismos.

    Un abrazo y gracias por abrir el diálogo!!!

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  4. amaya dijo:

    Muchas gracias a ti por mantenernos vivos con tus escritos, llenos de chispa.

    Un abrazo

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