El perfume embriagador de la autocrítica

No sé si alguna vez te has preguntado por qué es tan fácil ver los errores ajenos y tan difícil ver los propios.

A veces pienso que es por inseguridad, por creer que cometer errores nos hace imperfectos y, por tanto, desmerecedores de la estima propia o ajena. Otras, creo que se trata de pereza, porque reconocer un fallo implica el intento de subsanarlo, con todo el esfuerzo que eso puede suponer. Últimamente pienso si no se tratará de voluntad de poder, pues si admito que no hago algo de un modo perfecto puede venir alguien de fuera y quitarme ‘lo que es mío’.

Por supuesto, hay gente que ni se plantea que pueda estar equivocada, lo cual me parece uno de los errores más graves que puede cometer un ser humano, pues, quien no admite el error en su persona, está incapacitado para escuchar voces diferentes a la suya, lo cual le impide evolucionar.

No me dirijo a ellos.

Tampoco me dirijo a quienes, con buena o mala intención, hacen ejercicio de autocrítica delante de terceras personas y, tras el desahogo emocional -¡pero qué buena persona que soy que reconozco mis errores públicamente!-, siguen como si nada hubiera cambiado.

Un ejemplo. En el I Congreso Internacional de Ética de la Comunicación, los editores de algunas revistas científicas editadas en España reconocieron que los artículos de los investigadores en comunicación son de muy baja calidad. Begoña Zalbidea, directora de la revista Zer, expuso que les llegan “malos refritos y mal redactados” y, lo que es peor, que muchos científicos no quieren saber por qué se rechazan sus artículos. José Manuel Pérez Tornero, de la revista Anàlisi, fue incluso más lejos y cuestionó los métodos para medir el impacto de las publicaciones. En definitiva, quien asistió a esa mesa pudo comprobar algo que ya intuía: que la necesidad de acreditarse oficialmente está conduciendo a una fiebre por publicar que está deteriorando gravemente la calidad de la investigación española. Y, como señaló Zalbidea, si no hacemos ninguna contribución científica, la gente se preguntará qué aportamos, y con toda la razón.

Hay que agradecer la autocrítica, y de veras que la agradezco, pero no puedo entender cómo algo que comparte el 99 por ciento de la academia española puede seguir funcionando como si no pasara nada.

Miro a mi alrededor y veo gente estresada, con lo cual pienso que no hay tiempo para cambiar el sistema, que lo que hay que hacer es sobrevivir en un entorno salvaje. La tentación, enorme, es centrarme en ‘lo mío’ y olvidarme de los demás. Que se las apañen, como hago yo.

Pero, claro, luego pienso. Si yo voy a ‘lo mío’, ¿cómo puedo luego esperar que los alumnos, los periodistas, los empresarios de la comunicación o los usuarios de los medios a los que me dirijo me tomen en serio? Ellos también se dedican a sobrevivir y carecen de tiempo y energías para cambiar dinámicas igualmente agresivas –encontrar trabajo, mantenerlo con dignidad, ser rentable sin bajar la calidad, ser crítico con la información recibida, etc.-. Además, ¿cómo podemos ser tan ingenuos de pensar que, si cada uno va ‘a lo suyo’, eso no tendrá repercusiones sobre ‘lo nuestro’?

Creo que no nos damos cuenta de que las palabras no sirven de nada, absolutamente de nada, si no van acompañadas de hechos. Creo que de tanto insistir en que vivimos en la era de la Comunicación estamos perdiendo el contacto con la realidad, con nuestra realidad. Porque quiénes somos se aprecia mejor a través de nuestros actos que de nuestras palabras, por mucho que estas desprendan el perfume embriagador de la autocrítica.

 

La foto es mía y la tomé en el Rectorado de la Universidad de Sevilla, durante el Congreso.

Esta entrada fue publicada en Ética, Comunicación. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a El perfume embriagador de la autocrítica

  1. Estupendo artículo sobre la autocrítica, muy estimada doctora Eva. No sé si pudiste asistir al congreso de ética de la información en la Universidad Panamericana de Guadalajara, Jalisco, México. No me fue posible asistir. A ver si nos volvemos a encontrar en un nuevo congreso o en algún otro sitio. Recibe mis saludos.
    Ezequiel T.

    Me gusta

    • ejimenezgomez dijo:

      ¡Hola, David! ¡Qué sorpresa! Muchas gracias por tu comentario. Yo tampoco asistí al congreso CIEDI que se celebró en México. Seguro que volvemos a coincidir. Un abrazo y espero que estés bien.

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s