En fase de búsqueda y captura ¡de una buena pieza!

Estos días me estoy dedicando fundamentalmente a buscar bibliografía sobre el que será mi tema de tesis. Más concretamente, estoy buscando las investigaciones que se plantean preguntas parecidas a las mías para, una vez localizadas, proceder a su lectura.

Es impresionante la cantidad de material que se puede llegar a encontrar, y eso que me limito a los textos redactados en castellano, catalán, inglés, francés, italiano y portugués. Y eso que tampoco puedo acceder a todas las bases de datos que quisiera -algunas son de pago- o pudiera -podría pasarme meses y meses en esta fase preliminar-. Sinceramente, creo que se engaña quien piensa que no hay nada escrito sobre su tema. Tal vez no haya nada -o casi nada- escrito sobre la última aplicación para el móvil X, pero seguro que hay mucho escrito sobre tecnología, técnica, mediaciones, etc.

Ante este panorama, resulta fácil sentirse abrumado. No creo que pueda leer todo lo que se ha escrito sobre mi tema. De hecho, no sé si debería, porque intuyo que muchas publicaciones no poseerán calidad suficiente. No sé cómo será en otros países, pero aquí en España se ha caído en un vicio terrible: publicar, lo que sea, para conseguir un documento oficial que acredite que se es un docente e investigador competente. Como si cantidad significase calidad. Como si una buena trayectoria en investigación garantizase una buena docencia. ¡¡Terrible!!

La cuestión, por tanto, radica en elegir bien las pocas o muchas obras que uno puede leer. A este respecto, me parecen geniales las palabras de Wayne C. Booth, Gregory G. Colomb y Joseph M. Williams:

Una buena fuente vale más que una multitud de fuente mediocres, y un resumen certero de una buena fuente a veces vale más que la misma fuente (2001, p. 93).

Es evidente, pero el doctorando novato tiene grandes -enooormes- posibilidades de dejarse arrastrar por la ansiedad. Es decir, sospecha, equivocadamente, que realizar una buena selección bibliográfica es una pérdida de tiempo, que lo importante es leer, cuando en realidad la búsqueda de bibliografía pertinente es una sabia decisión. Merece la pena invertir algo de tiempo en esta fase, pues es así como se descubren personas e instituciones que han trabajado en lo mismo que le interesa a uno. Y se aprende de sus aciertos y de sus errores.

De hecho, creo que este saber auparse sobre los hombros de otros gigantes es una de las características del trabajo científico. El científico tiene tiempo -o, mejor dicho, tiene más tiempo- para buscar fuentes fiables sobre las que apuntalar su edificio. No puede -no debería- limitarse a utilizar todo lo que cae en sus manos por azar, por pereza -cuidado con adorar sólo a Google- o por rutina institucional -o sea, los autores que siempre se han leído en su lugar de trabajo-. El (buen) científico busca, examina y se queda con lo mejor. Desarrollar ese olfato lleva su tiempo. Y en eso estamos.

 Foto tomada de aquí.

 

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