Egipto, un grito de esperanza que deberíamos escuchar

Mi profesor de Historia Universal, Gonzalo Redondo, decía que la historia humana es la lucha del hombre por la libertad. Antes o después, los seres humanos toman conciencia de su dignidad y deciden defenderla al precio que sea, incluso de su propia vida. Es una forma de interpretar lo que está sucediendo estos días en Egipto, donde miles de personas se han hartado de sobrevivir y han salido, qué extraña coincidencia, a la plaza de la Liberación para defender su derecho a vivir con dignidad.

Este hecho me conmueve -qué desesperados tienen que estar, los pobres- y me llena de esperanza al mismo tiempo. Los derechos básicos recogidos en la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948) no son papel mojado ni una imposición de Occidente, sino la plasmación de una experiencia de siglos de revoluciones y guerras: donde unos hombres someten a otros, no puede reinar la paz.

Desgraciadamente, no terminamos de aprender la lección, tal vez porque pensamos -porque tiranos como Hosni Mubarak piensan- que la situación podrá mantenerse una generación más y, con un poco de suerte, las consecuencias de nuestros actos nos visiten en nuestro lecho de muerte. No importa que unos mueran violentamente, otros pierdan los ahorros de toda su vida ni que muchos más desconozcan lo que significa la palabra libertad. ¿No importa?

El momento actual es sumamente delicado pues, como distinguía Isaiah Berlin, una cosa es liberarse de algo (lo que llamaba libertad negativa) y otra cosa muy distinta es saber qué hacer con la libertad conquistada (libertad positiva). ¿Las ansías de libertad se quedarán en un mero cambio de “reyes” en un jerárquico tablero de ajedrez, o conseguirán los egipcios cambiar de juego y apostar por unas democráticas “damas”? En el primer caso, podría salir Mubarak y entrar una facción radical islamista, lo cual constituiría un cambio aparente y un seguir tirando hasta Dios sabe cuándo. En la segunda opción, el cambio sería real y las personas que han nacido en ese rincón del mundo llamado Egipto podrían aspirar a ser los dueños de su destino.

¿Como nosotros? Ah, la libertad de poder elegir entre cientos de productos de consumo. ¡¡Ni se os ocurra, amigos egipcios!! Haced lo que os sugerimos -derecho a pensar, creer, expresarse, participar en una democracia real-, pero no hagáis lo que nosotros hacemos -vivir sin pensar, sin confiar, sin expresar desde la verdad, sin interés por los demás-. Vuestra lucha es hoy un grito de esperanza que todos deberíamos escuchar.

 Foto tomada de aquí.

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