La cantera del Barça, un modelo a seguir

Las nominaciones al Balón de Oro 2010, otorgado por la FIFA al mejor futbolista del año pasado, han llevado a periodistas de muchos medios de comunicación a alabar el método de formación del Fútbol Club Barcelona, materializado en su lugar de aprendizaje, ‘La Masía’.

Se han alabado, entre otros aspectos, su capacidad para apreciar el talento de los jóvenes jugadores, sin mirar su país de origen o situación socioeconómica, su formación integral, más allá del fútbol, su visión humanística, centrada en virtudes como el esfuerzo y la humildad, etc. En definitiva, se ha dado por supuesto que el éxito del Barça de estas últimas temporadas tiene su origen en una filosofía o política deportiva que ve en las personas algo más que meros medios para alcanzar un fin inmediato.

Este caso me ha llevado a preguntarme si sería posible trasladar esa visión del deporte a otros ámbitos como la empresa o la universidad. En demasiadas ocasiones, se percibe una visión cortoplacista, donde únicamente se mira por el interés de la entidad en un momento puntual, sin pensar en las repercusiones de esas decisiones, no ya sobre la sociedad, sino sobre la propia institución. Así, la empresa opta por los becarios-kleenex, que usa y tira según sus necesidades de producción, sin pensar si quiera en la posibilidad de formar una cantera de profesionales que, a la larga, constituyan el mejor sello de calidad de la organización. 

Con las universidades pasa algo parecido. Se conceden becas a estudiantes con potencial para la investigación y la docencia pero, superado el plazo asignado, se les envía a la calle sin concederles la más mínima oportunidad, no ya de demostrar lo que valen, sino de comenzar una carrera formativa que, a la larga, elevaría la calidad y, por tanto, el prestigio de la entidad.

Supongo que todo esto está relacionado con nuestro sistema económico capitalista, tan denostado en la teoría y tan resucitado en la práctica, donde se asume sin pestañear que todo lo que no sea ganar el máximo dinero con el menor gasto posible es una inversión perdida. Esto no es así y el Barça lo ha demostrado. Aún es posible aunar la ética y los beneficios.

 Foto tomada de aquí.

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