El periodista, en ángulo muerto

El periodista viaja en automóvil. Mira hacia delante, mira hacia atrás, mira hacia arriba, mira hacia abajo… Pero se le escapa el ángulo muerto, colisiona y pierde la vida. Ésta podría una buena forma de describir la situación de muchos periodistas actuales. Relatan los acontecimientos presentes y se anticipan a los venideros, se documentan sobre el pasado, miran hacia sus jefes y hacia los más poderosos, miran hacia los que están más abajo y desvalidos… Pero se les escapa su propia situación, chocan con la realidad y acaban frustrados y sin vida.

Estudios recientes revelan que lo que más preocupa a los periodistas españoles es el paro, la precaridad y los bajos sueldos, esto es, las condiciones laborales en las que desempeñan su trabajo. No resulta extraño, en los tiempos que corren. Esto significa, básicamente, que muchos profesionales aguantan lo que sea con tal de llevar un sueldo a su casa, y yo lo comprendo.

Pero no lo puedo justificar. Porque si todo el mundo hacemos lo mismo, yo haré un trabajo de investigación mediocre, el médico atenderá superficialmente a sus enfermos, el arquitecto invertirá menos tiempo en calcular las estructuras de las construcciones, el operario de la fábrica no comprobará los estándares de calidad y… No quiero pensar en las consecuencias, aunque no puedo evitarlo cada vez que escucho que la investigación española no es competitiva, que ha muerto otra persona por una negligencia médica, que se ha caído un puente o que se ha estrellado otro avión.

Algunos periodistas me dirán que no pueden hacer nada, que han de acatar lo que se les dice y que, si comienzan a cuestionar los enfoques de sus superiores y a dar problemas, vendrá un recién licenciado que les sustituirá en un abrir y cerrar de ojos. Vale, les diría yo, ¿pero ya conoces tu situación? ¿Cuáles son tus posibilidades? ¿Qué están haciendo otros compañeros para afrontar los problemas? ¿Les apoyas de alguna forma? ¿YA TE ESTÁS MOVIENDO? Es que es muy bonito quejarse y seguir haciendo lo mismo de siempre, como si las cosas fueran a cambiar por arte de magia: “Abracadabra, mi jefe me explota y no puedo hacer nada”.

Voy a plantear algunas preguntas y, si alguno quiere engañarse durante más tiempo, allá él.

1. ¿Sabes si en tu medio de comunicación existe algún mecanismo de autorregulación? Por ejemplo: libro de estilo, código deontológico, defensor del público, estatuto de redacción, consejo/comité de redacción… ¿Y sabes qué dicen sobre tus derechos y deberes?

2. ¿Sabes si existe comité de empresa? ¿Sabes quiénes te representan ante la empresa desde el punto de vista laboral? ¿Te has acercado a ellos, has preguntado por la situación del medio, te has ofrecido a colaborar en algo?

3. ¿Sabes que existe un código deontológico de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España y otro del Colegio de Periodistas de Cataluña desde principios de los años 90, y que existe una Comisión de Quejas y Deontología, y un Consejo de la Información, respectivamente, que velan por el cumplimiento de los principios éticos y ante los cuales puedes solicitar ayuda?

4. ¿Sabes que existe una ley de 1997 sobre la cláusula de conciencia que te protege en caso de que te obliguen a vulnerar el derecho a la información veraz de la ciudadanía?

5. ¿Sabes que tanto la FAPE como el Foro de Organizaciones de Periodistas han elaborado dos propuestas para regular la profesión periodística? ¿Y que llevan en ello desde principios del año 2000, ante la indiferencia, no de los editores, sino de los propios periodistas?

6. ¿Sabes que el año que viene se va a celebrar el I Congreso Internacional de Ética de la Comunicación y que desde 2002 se celebra un Congreso Internacional de Ética y Derecho de la Información?

 7. ¿QUÉ SABES DE TU SITUACIÓN?

“Sólo sé que no sé nada”, sería un buen comienzo. Si tú deber es estar informado de lo que sucede, deberías empezar por tu propia casa. Acércate a las organizaciones profesionales, lee revistas especializadas, acude a alguna charla, recíclate… ¿Hace cuánto que no pisas la Universidad?

“Sólo sé que no hago nada”, sería un segundo paso. Sabes cómo estás, sabes las posibilidades que existen, deberías sería ser coherente y actuar para cambiar aquello que no te gusta, que no te satisface, que te tiene frustrado y desencantado. Si solo no puedes, busca otros compañeros que estén en una situación semejante a la tuya.

Porque si todos los profesionales nos escudamos en la precariedad laboral, todos perdemos.

Porque si no satisfacemos el derecho a la información de la ciudadanía, no tenemos sentido y desaparecemos.

Y ahora, sigue quejándote, que igual consigues que te escuchen las paredes y cambie algo. 

 Imagen tomada de aquí.

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