De miedos y ansiedades, a propósito de la elección del tema de tesis

La elección del tema de tesis es una de las decisiones más difíciles para un doctorando. No en vano, éste dedicará varios años de su vida a profundizar en la cuestión elegida.  

Normalmente, uno tiene más o menos claro el ámbito que le atrae -en mi caso, la ética periodística-, pero encontrar un tema o problema es harina de otro costal.

El investigador novel del siglo XXI se estremece ante el volumen de información que puede encontrar sobre su área de interés. Desarmado ante esa realidad, no resulta extraño que el miedo haga acto de presencia y le ataque en forma de preguntas: ‘¿Conseguiré encontrar la información relevante para decidir adecuadamente?’, ‘¿cómo distinguiré lo importante de lo que no lo es?’, ‘¿y si me dejo algo sin leer, y me lo reprochan cuando defienda la tesis ante el tribunal?’.

Los manuales de metodología de la investigación científica recomiendan comenzar por artículos de síntesis o estados de la cuestión, con el fin de averiguar qué enfoques son los más estudiados, o todo lo contrario. También son útiles para averiguar cuáles son los autores más citados y, con toda probabilidad, los más relevantes en la materia. 

Resulta conviente además transformar el interés -genérico- en una o dos preguntas -concretas-, de tal forma que sea más fácil encontrar trabajos que respondan a idénticas o parecidas cuestiones y averiguar cómo las han encarado.

Todo esto en la teoría. En la práctica, la ansiedad por encontrar un tema concreto lo antes posible puede malograr -y muy gravemente- la calidad del trabajo. En cierto modo, es como si el inconsciente nos dijera: “No pierdas el tiempo buscando. Tú ponte a leer, y rápido, que el tiempo se pasa volando”.

Por eso, creo que un paso importante, muy importante, es darse cuenta de que uno no está realizando una búsqueda sistemática y completa -a través de bases de datos, catálogos y otras fuentes de información, como el director de la tesis u otros expertos-, sino que se está limitando a leer lo primero que cae en sus manos. Y depender de la suerte o de las combinaciones algorítmicas de San Google me parece bastante arriesgado.

De hecho, compensa invertir algo de tiempo al principio, para buscar los artículos y libros clave, porque una lectura atenta de los mismos nos permitirá encontrar las palabras/conceptos clave que se utilizan en el área, los autores a los que se apela para fundamentar las investigaciones (muy útiles para nuestro marco teórico) y valorar el éxito de la metodología empleada (aplicables o no a nuestro trabajo).

En resumen, tómate en serio la búsqueda de bibliografía, porque, siendo realistas (o humildes, que es lo mismo), sólo aportaremos alguno nuevo al campo de investigación -que no es lo mismo que a nuestro babaje personal- si conocemos lo que ya se ha hecho, es decir, lo que ha funcionado y lo que no.

Y ahora voy yo, y me aplico el cuento.

O, por lo menos, lo intento.

Imagen: “El mar se retira al atardecer”, cuadro de Pablo Ferrer.

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