La defensa de la tesis doctoral. Una experiencia

La defensa de una tesis doctoral tiene algo de resto medieval. Como expuso uno de los miembros del tribunal de la defensa a la que asistí hace una semana, los que pertenecen al gremio universitario someten al aspirante a una prueba -en sus palabras, “le hacen sufrir un poco”- para que demuestre que es digno de pertenecer a la Academia.

El rito consiste, básicamente, en que el doctorando presenta las líneas maestras de su investigación, ésta es evaluada por cinco doctores y defendida de nuevo por el futuro doctor, todo ello en una sala abierta al público y a la intervención de otros doctores, incluido el director de tesis del aspirante. 

Y que dure mucho porque, como advirtió el presidente del tribunal, para obtener el doctorado en ciencias naturales y económicas basta con publicar tres artículos en revistas internacionales de prestigio. En Comunicación, añadía el académico, la defensa de la tesis constituye un acontecimiento histórico irrepetible.

Es verdad. La defensa es probablemente la única oportunidad que tiene el doctorando de dialogar con cinco personas que se han leído el trabajo de cuatro años, a veces incluso más. Probablemente se trata también,  como apuntó el doctor más veterano de la mesa, del único momento de la historia de la disciplina, de la Universidad y de la propia cultura en general, en el que se aborda una cuestión específica con tanta intensidad. Dicho esto, comencemos por el principio.

El doctorando tiene 30 minutos para explicar qué ha estudiado, cómo, por qué, gracias a quién y a qué conclusiones ha llegado. Y ojo, la exposición oral no consiste en una mera repetición resumida del contenido de su trabajo sino, como valoró uno de los examinadores, una síntesis original y,  a ser posible, bella.

Tras esa exposición, el presidente del tribunal y moderador del acto invita a los doctores presentes en la sala, y en especial al director de tesis del doctorando, a ofrecer su parecer sobre la investigación. De las seis o siete defensas a las que he asistido, he visto de todo. Directores que hablan, apoyan y asumen los posibles errores del trabajo, y directores que optan por permanecer sentados y en silencio.

Lo que nunca falla es la intervención de los cinco miembros del tribunal -normalmente dos de la Universidad del doctorando y tres de otras universidades-, en orden creciente de antigüedad, es decir, desde el que ha obtenido el título hace poco hasta el que lo consiguió hace tiempo.

Este momento es uno de los más delicados, porque el doctorando ha de escuchar todo lo que se le dice -lo bueno, lo malo y lo mejorable- y, al mismo tiempo, preparar las respuestas. Lo normal es que los miembros del tribunal emitan su opinión sobre las cuestiones más importantes, como la elección del tema, el uso de la metodología, la relevancia de las conclusiones y la pertinencia y actualidad de la bibliografía, aunque no es extraño que cada uno se apasione con el tema en el que es especialista y aborde desde ahí al doctorando. Tampoco faltan quienes sacan punta a las erratas ni quienes se pierden en digresiones que no vienen al caso. Sea como fuere, todos agradecen que la tesis esté bien redactada, esto es, que siga la regla de las tres ‘ces’: corrección, claridad y concisión.

En esta última tesis, los evaluadores apoyaron al doctorando cuando éste se excusó por haber utilizado un lenguaje excesivamente periodístico y poco académico. “Yo no distingo entre lenguaje periodístico y científico, sino entre tesis bien escritas y mal escritas”, sentenció uno de ellos. 

Sobre la contraréplica del doctorando, me temo que ésta es una experiencia que hay que vivir en primera persona para poder contarla, pero ya nos imaginamos todos que no tiene que ser fácil hablar delante de 20 personas, 30, 50, las que sean, cinco de las cuales son expertas en el tema en el que uno se ha iniciado.

Tras escuchar las explicaciones del doctorando, el tribunal invita a los presentes a salir de la sala y, tras unos minutos de deliberación, los que lo desean entran de nuevo y escuchan el veredicto. La mayor nota: sobresaliente cum laude por unanimidad. La guinda del pastel: que te propongan a Premio Extraordinario de tu Universidad. Es posible. Sucedió la semana pasada.

En fin, toda una experiencia que espero contaros algún día en primera persona.

Foto: http://www.viax.cl/wp-content/uploads/2009/07/tesis.jpg

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6 respuestas a La defensa de la tesis doctoral. Una experiencia

  1. Hola Eva. Me encanto tu artículo sobre la versión de lo que significa la vivencia de defender la tesis doctoral. Refleja fielmente la relaidad, por lo menos de como yo la viví. Me gustaría saber si tu también viviras esa experiencia pronto. Entendí que eres doctoranda y que has asistido a varias defensas para preparar el terreno. !Yo también hice lo mismo!. Si no te importa, me gustaría referenciarla en mi blog. Avisame. Saludos, Antonina.

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  2. doctorandaenconstruccion dijo:

    Estimada Antonina,
    Es un placer conocerte. Gracias por escribir y compartir tu experiencia. A mí todavía me queda bastante -en septiembre depositaré la tesina, o sea, me quedará la mitad del camino-, pero espero conseguirlo algún día y poder contarlo en primera persona. ¡Y claro que puedes hacer referencia al artículo en tu blog!
    Un cordial saludo.

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  3. Laura dijo:

    Hola Eva, me ha gustado tu artículo. Justo estoy en la fase de preparación de la presentación de mi tesis ( a fin de mes) en la UCM y me preguntaba si hay una serie de frases hechas que haya que decir como parte del ritual, por ejemplo con la venia del tribunal o algo así.
    Te agradecería si me pudieras orientar.

    Un saludo.
    Laura

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    • doctorandaenconstruccion dijo:

      Hola, Laura:
      Es un placer conocerte. No sé si soy la persona más adecuada para orientarte -todavía no he defendido mi tesis- pero, como oyente, es verdad que hay algunos ritos que se suelen repetir siempre -o casi-. Empezar “con la venia de los miembros del tribunal” es lo habitual. Después, se suele agradecer el esfuerzo por la lectura y, seguidamente, se expone una síntesis -creativa, original- del contenido de la investigación. Hecho esto, se suele dedicar un tiempo a los agradecimientos, algunos vuelven a acordarse de los miembros del tribunal y poco más. Luego ya viene lo de escuchar, tomar apuntes, pensar respuestas… Tal vez, en tu segunda intervención, puedas volver a mencionar “con la venia”, pero tampoco pasa nada si no lo haces. Ahora sí, un consejo importante es que, si crees que vas a tomar mejores apuntes sentada, entonces hables antes de que comience el acto con el presidente del tribunal, para que, cuando termines tu primera exposición, te diga: “La doctoranda puede sentarse si así lo desea” -o similar-.

      Si se me ocurre algo más, te escribo. Oye, una pregunta, ¿haces la tesis en algo relacionado con Comunicación?

      ¡Mucha suerte y, si quieres, puedes contarnos tu experiencia cuando defiendas!

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  4. EDGAR SUBERO dijo:

    HOLA ANTONINA.AMIGA ME ENCANTÓ MUCHO APESAR DE QUE SOLO FUERON POCOS MINUTOS CONVERSAR DE TEMAS TAN IMPORTANTES SOBRE FINANZAS, DEVERAS QUE SÍ ME SENTÍ MUY IDENTIFICADO; GRACIAS POR PROYECTARME CADA FRASE,CADA CONCOPIMIENTO,CADA VERDAD DE LO QUE TRATAMOS AUNQUE BREVE,PERO CONSISO.GRACIAS!!!!

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