“No, si yo no recibo presiones, pero sé muy bien a quién no he de molestar”. Reflexiones sobre la autocensura

Muchos periodistas se jactan, orgullosos, de que ellos no reciben presiones, consignas, censuras de ninguna clase. Son libres para publicar lo que quieran y como quieran; pero, luego, por lo bajinis, reconocen que si publican algo que molesta al editor del medio, o a alguno de sus grandes amigos, están perdidos. Hoy quiero hablar de autocensura.censura (1)

El tema me lo sugirió hace tiempo Asier Solana y estas vacaciones, mientras leía Rebelión en la granja de George Orwell, descubrí un prólogo fantástico sobre, atención, “la libertad de prensa”. No se publicó en la edición original, de 1945, pero el profesor Bernad Crick, del Birkbeck College de Londres, asegura que fue escrito por Orwell. En realidad no importa mucho. Como dijo Machado, “la verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero”.

Resulta que a finales de los años 30 y primeros de los 40 del siglo XX, que es cuando se redactó la introducción a la obra, la URSS tenía una fama buenísima entre los ingleses. No en vano, los amigos del Este de Europa les estaban ayudando a derrotar a los alemanes. Por tanto, todo lo que se publicaba contra el comunismo, incluido el libro de Orwell, era rechazado o, simplemente, ignorado.

¿Pero, cómo, no es Gran Bretaña una de las cunas de la libertad de expresión en el mundo? Que hable Orwell:

Si los editores y los directores de los periódicos se esfuerzan en eludir ciertos temas no es por miedo a una denuncia: es porque le temen a la opinión pública. En este país, la cobardía intelectual es el peor enemigo al que han de hacer frente periodistas y escritores en general.

¡Ah, amigos, qué gran sabiduría! La autocensura nace de la falta de valor, de la ausencia de coraje personal para defender lo que uno piensa, caiga quien caiga, incluso uno mismo si es necesario. La autocensura depende única y exclusivamente de uno mismo. La censura, en cambio, no tiene nada que ver, pues requiere de la intervención de una tercera persona o institución. Orwell lo deja claro (los corchetes son míos):

Creo que es importante distinguir entre el tipo de censura que se imponen voluntariamente los intelectuales ingleses [autocensura] y la que proviene de los grupos de presión [censura o heterocensura, podríamos decir]. […] Toda gran organización cuida de sus intereses lo mejor que puede y, si ello se hace a través de una propaganda descubierta, no hay nada que objetar.

Si os dais cuenta, Orwell está diciendo que el intelectual, el periodista, el director y el propietario de un medio de comunicación son algo más que simples organizaciones con intereses propios. ¡¡A ver si nos enteramos de que los profesionales de la información (y me da igual el cargo que ocupen en el organigrama de la empresa) tenemos una responsabilidad con la sociedad, que parece que no nos entra en la mollera!!

Es que me puedo quedar sin trabajo.

Es que podría reducir mis beneficios.

¡Ah! ¡Pues luego no te quejes de que te has quedado sin profesión y sin beneficios!

¡Ah! Pues luego no te quejes de que la democracia se ha ido al garete y volvemos a la ley de la selva -si no estamos ya en ella-.

¿En serio vamos a renunciar a lo que nos ha costado siglos conseguir y gracias a lo cual hemos alcanzado cierta paz, cierto bienestar, cierta tranquilidad? Orwell otra vez:

Si la libertad intelectual ha sido sin duda alguna uno de los principios básicos de la civilización occidental, o no significa nada o significa que cada debe tener pleno derecho a decir y a imprimir lo que él cree que es la verdad, siempre que ello no impida que el resto de la comunidad tenga la posibilidad de expresarse por los mismos inequívocos caminos. […] La gente de la calle […] sigue pensando vagamente en aquello de: “Supongo que cada cual tiene derecho a exponer su propia opinión”. Por ello incumbe principalmente a la intelectualidad científica y literaria el papel de guardián de esa libertad que está empezando a ser menospreciada en la teoría y en la práctica.

No podemos evitar que personas e instituciones de todo tipo y condición quieran utilizar los medios para darse a conocer, para defender sus intereses, como decía Orwell. Lo que sí podemos evitar es claudicar ante sus presiones y, sobre todo, anticiparnos a ellas, por miedo a las represalias. No cedas antes la censura, pero tampoco te engañes. O tal vez un día descubras que el mayor enemigo del periodismo no son los políticos, las grandes corporaciones ni la pasividad del público, sino simple y llanamente, tú y nadie más que tú.

  censura (1)

  Imagen: www.hacer.org/latam/?p=584

 

Actualización: 25 de agosto de 2010

Vídeo sobre la autocensura en Colombia, muy interesante: La autocensura, derrota moral del periodista.

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2 respuestas a “No, si yo no recibo presiones, pero sé muy bien a quién no he de molestar”. Reflexiones sobre la autocensura

  1. A.S.B. dijo:

    Casualidad. La primera vez que pensé en este tema fue al leer ese mismo prólogo en una asignatura de Libre Elección en segundo de carrera, que además era de otra Facultad (Filosofía y Letras). Después de terminar el libro, como suele ser mi costumbre, me metí con el prólogo. Y me encontré ese texto del que hablas.

    Hablando de Orwell, de la prensa y de España en general, no entiendo como ‘Homenaje a Cataluña’ no es obligatorio en todos los Institutos.

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  2. doctorandaenconstruccion dijo:

    Bienvendido de nuevo. ¿Y qué piensas? ¿Se autocensuran los profesionales de la información, nos autocensuramos? Háblame de Homenaje a Cataluña, que tengo ganas de leerlo. Cuídate.

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