No es lo mismo plagiar en Estados Unidos que en España

Esta semana hemos asistido a dos casos de plagio en el ámbito peridístico. Por si alguien no lo sabe, plagiar, según el Diccionario de la Real Academia Española, consiste en “copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias”.

No hace falta ser periodista ni aprenderse de memoria el código deontógico de la FAPE o el del Colegio de Periodistas de Cataluña para saber que no está bien apropiarse de lo ajeno.

Tampoco hay que ser un experto en Derecho para entender que “la propiedad intelectual de una obra literaria, artística o científica corresponde al autor por el solo hecho de su creación”, como se afirma en el artículo del Real Decreto Legislativo 1/1996, de 12 de abril, por el que se aprueba el Texto Refundido de la Ley de Propiedad Intelectual.

Entonces, ¿por qué cometer una acción (robar unas cuantas ideas expresadas de una cierta forma) que nadie quisiera para uno mismo?

¿Por falta de tiempo en la tarea periodista? Con eso ya contamos.

¿Por comodidad? Igual las nuevas tecnologías nos están facilitando tanto el trabajo que cualquier esfuerzo “extra” nos parece desproporcionado e injustificado.

¿Por incapacidad propia para encontrar esa información y expresarla de otra manera? ¡Pues sí que nos hemos formado bien!

¿Por presiones de los jefes inmediatos? ¿Por ganar tiempo que, en el fondo, es ganar dinero? Pues me río yo de las líneas editoriales de los medios. ¡La única línea editorial que existe hoy es “la pela”!

En los plagios de esta semana no hemos sabido el por qué , sino el cómo. Y hemos comprobado claramente que no es lo mismo plagiar en Estados Unidos que en España.

En Estados Unidos, los responsables del periódico The Wall Street Journal escribieron una carta privada a los del New York Times y les explicaron, hasta con seis ejemplos, por qué creían que el redactor del Times, Zachery Kouwe, había plagiado textos de  un periodista de su empresa. La carta, ojo al dato, está fechada el 12 de febrero de 2010.

¿Qué ocurre inmediatamente después? Los responsables del Times abren una investigación y descubren que, efectivamente, Kouwe ha plagiado, pero no sólo al WSJ. Entonces, va y reconocen públicamente lo que ha ocurrido en la sección de “corrections” (correcciones, rectificaciones, fe de erratas) ¡¡dos días después de recibir la carta!!

Los responsables suspenden al periodista en sus funciones y, tras reunirse con él, éste dimite el 17 de febrero ¡de ese mismo año!

El caso español es diferente. Un reconocido investigador sobre últimas tendencias en Periodismo, Ramón Salaverría, publica una noticia en su blog el 15 de febrero de 2010. Al día siguiente, dicha noticia aparece en El Mundo.es sin que se cite ninguna fuente. El académico comenta lo sucedido a través de Twitter y su denuncia adquiere gran repercusión. Al rato, alguien de ElMundo. es cambia la noticia y ofrece una segunda versión que, como bien apunta Salaverría, ¡sigue marcando la misma hora que la anterior, algo humanamente imposible!

Salaverría vuelve a denunciar lo ocurrido a través de Twitter y el 17 de febrero expone en su blog e-periodistas todo el proceso del plagio. A las 12.53 h. de ese mismo día, recibe una llamada telefónica de “un responsable de ElMundo.es” que le expresa sus disculpas por lo ocurrido.  Y ya está.

Bien amigos, ¿quién se anima a encontrar las siete diferencias?

1. En Estados Unidos no hace falta que te denuncien públicamente, y varias veces, para reconocer que te has equivocado.

2. En Estados Unidos el periódico es el primer interesado en conocer la verdad del asunto y aclararlo. Nadie intenta taparlo.

3. En Estados Unidos la empresa anuncia públicamente que se ha contratado a un periodista que ha abusado de su posición.

4. En Estados Unidos la empresa toma medidas y el periodista dimite.

5. En España, hace falta que te denuncien públicamente, y varias veces, para reconocer tu error, y sólo se admite de manera privada.

6. En España, la empresa no quiere saber nada del asunto y, por tanto, opta por taparlo, por mirar para otro lado…

7. En España, no dimite ningún periodista, haga lo que haga.

Sé que exagero cuando contrapongo Estados Unidos y España, pero creo que estos casos revelan dos culturas periodísticas muy diferentes y, lamentablemente, la nuestra deja mucho que desear. ¡¡Y así nos va!!

Termino con unas palabras del director del Times, para haceros ver que la ética es una utopía mientras no haya periodistas valientes dipuestos a hacerla realidad. Afortunadamente, todavía quedan algunos.

Copiar el lenguaje directamente de otras organizaciones periodísticas sin mencionar la atribución -incluso si los datos se verifican independientemente- es una grave violación de la política del Times y de los estándares periodísticos básicos. No debería haber ocurrido. El asunto permanece bajo investigación por el Times, que tomará la acción adecuada con nuestros estándares con el fin de proteger la integridad de nuestro periodismo (Copying language directly from other news organizations without providing attribution — even if the facts are independently verified — is a serious violation of Times policy and basic journalistic standards. It should not have occurred. The matter remains under investigation by The Times, which will take appropriate action consistent with our standards to protect the integrity of our journalism).

 

Claro que, pensándolo bien, ¿quién protege la integridad del periodismo en España?

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6 respuestas a No es lo mismo plagiar en Estados Unidos que en España

  1. doctorandaenconstruccion dijo:

    Gracias a ti, Ramón, y ojalá que esta situación no vuelva a repetirse.

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  2. Leo dijo:

    Eva! Súper interesante lo que comentas. Es la estadounidense una cultura curiosa a la vez que apasionante. Yo siempre digo que se trata de una cultura un poco inocente, que está basada en la confianza en el otro. Es decir, aquí el pacto social es muy muy fuerte. POr eso mismo, por esa confianza que hay per se (creo que en España es al contrario, siempre tememos que nos la vayan a dar con queso) quien rompe el pacto social es castigado severamente, es definitivamente excluido. Gente que haya sido culpable de un delito (desde algo tan “inocente” como conducir borracho, hasta plagios en el colegio o durante tu carrera profesional) tiene muy muy difícil la enmienda. Me temo que este periodista estará más que “condenado”, no ya por su ex-periódico, sino en general por el mundo periodístico estadounidense (veremos a ver dónde termina trabajando).

    Lo dicho, muy bueno este post.

    Un abrazo,

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  3. doctorandaenconstruccion dijo:

    Leo, gracias por tu aportación. Ya me parecía a mí que tú me ibas a ayudar a entender mejor este caso. No había pensado que la gente podía ser tan desconfiada en España, pero ahora que lo dices, tal vez sea cierto.
    Un abrazo y gracias por acercarte,
    eVa

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  4. Rubén dijo:

    Hola Eva. Me parece que en ambos casos se pone en juego la diferencia entre ética de la empresa y ética periodística.Se trata de periodistas-empleados que violan los códigos. En un caso lo defienden y en otro lo denuncian. Lo que ocurre en la Argentina, sospecho, es bastante diferente, porque se confunde cada vez más la ética empresaria y la ética periodística, subsumidas por el interés empresario.
    Si el periodista no chequea fuentes o hasta si las inventa, el medio evalúa si la falsedad favorece sus intereses económicos y/o políticos. Si es así, lo disimula y hasta lo convierte en título de tapa. Si alguien ajeno al diario descubre la falsedad, se lo acusará de ataque a la libertad de prensa.
    Como la precarización y el enorme ejército de periodistas desocupados que actúa como reserva quitan márgenes de acción a los periodistas, todo termina en una suerte de síndrome de Estocolmo. Yo escribo lo que tu quieres, pero cuando violo los códigos deontológicos, tu lo disimulas. Y si alguien me cuestiona, será un ataque a la libertad de prensa. Es muy perverso.

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    • ejimenezgomez dijo:

      Rubén, estoy completamente de acuerdo contigo en que la libertad de prensa/expresión se utiliza muchas veces como un comodín para justificar cualquier cosa. Es una lástima que las “perversidades” (yo no lo llamaría ética) periodística y empresarial coincidan en lo peor. Siento que Argentina también esté viviendo ese tipo de situaciones. Un abrazo.

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