La voluntad de Ramón y Cajal

Santiago Ramón y Cajal fue un médico español que ganó el Premio Nobel de ramon y cajalMedicina en 1906 por sus descubrimientos sobre las células nerviosas. En 1897 pronunció un discurso para ingresar en la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, que posteriormente se publicaría en forma de libro bajo el título Los tónicos de la voluntad. Reglas y consejos sobre investigación científica.

En esta obra, el científico navarro insiste muchísimo en que, para ser un buen investigador, no hace falta ser un genio, sino que lo más importante es trabajar, trabajar y trabajar: “¡Qué gran tónico sería para el novel observador el que su maestro, en vez de asombrarlo y desalentarlo con la sublimidad de las grandes empresas acabadas, le expusiera la génesis de cada invención científica, la serie de errores y titubeos que la precedieron, constitutivos, desde el punto de vista humano, de la verdadera explicación de cada descubrimiento! Tan hábil técnica pedagógica nos traería la convicción de que el descubridor, con ser un genio esclarecido y una poderosa voluntad, fue, al fin y al cabo, un hombre como todos” (p. 23).

Entre las cualidades morales del investigador, Ramón y Cajal destaca, por tanto, la perseverancia en el estudio,  la independencia de juicio, el culto por la verdad, la pasión por la gloria, el gusto por la originalidad científica y el patriotismo, entendido como el ansia de elevar el prestigio de la propia patria, sin por eso denigrar a las demás.

Por el contrario, existen enfermedades de la voluntad que conllevan al fracaso de contempladores (quienes se limitan a admirar la belleza sin poder avanzar en el conocimiento), bibliófilos y políglotas (o sea, eruditos), megalófilos (buscan la fama), organófilos (amantes de los instrumentos de observación y bastante egoístas en general), descentrados (los que cayeron en esta profesión por diversas circunstancias) y  teorizantes (perezosos disfrazados de diligentes).

Entre los consejos del Nobel también se encuentran las condiciones sociales favorables a la obra científica: “El sabio es planta delicada susceptible de prosperar solamente en un terreno especial formado por el aluvión de secular cultura y labrado por la solicitud y estimación sociales. En ambiente favorable, hasta el apocado siente crecer sus fuerzas, un medio hostil o indiferente abate el ánimo mejor templado” (p. 96).

Además de explicar los pasos de toda investigación científica, desde la observación hasta la redacción, Ramón y Cajal muestra su preocupación por la situación de la ciencia en la España de entonces. El médico investigador explica las principales teorías que dan razón de nuestro retraso. De entre todas las que menciona, considera que la más fundamental ha sido cerrarnos al exterior: “Cerramos las fronteras para que no se infiltrase el espíritu de Europa, y Europa se vengó alzando sobre los Pirineos una barrera moral mucho más alta: la muralla del desprecio” (p. 277). Es por ello que el autor recomienda viajar y permanecer un mínimo de dos años en contacto con grandes maestros de otros países.

Recomiendo la lectura de este libro, no tanto porque incluye consejos de un premio Nobel, que también, sino por su espíritu.  Santiago Ramón y Cajal consigue transmitir deseos de realizar un buen trabajo, el mejor posible, y no dejarse llevar por medianías o mediocridades. Gracias, paisano.

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