Cómo no analizar un discurso

El análisis de discursos, escritos u orales, es una actividad frecuente entre los investigadores en Comunicación. Es por ello que os invito a leer un artículo donde Charles Antaki, Michael Billig, Derek Edwards y Jonathan Potter explican y critican los atajos que toman algunos investigadores a la hora de “analizar” textos o conversaciones. Que hablen de análisis del discurso o se muevan en el campo de la Psicología Social no hace menos valiosas sus aportaciones, que resumo a continuación.images

1. Analizar no es resumir

Parece evidente, pero muchos investigadores se limitan a repetir lo que han dicho otros,  a su manera, lo cual es mucho peor, pues se pierden los matices de las expresiones originales.

2. Analizar no significa tomar una posición

Muchos investigadores emiten juicios de valor, positivos o negativos, acerca de lo que quieren analizar; pero, como sostienen los autores, valorar los datos no significa analizarlos.

3. Analizar no conlleva recopilar citas

Algunos académicos creen que hay declaraciones que hablan por sí mismas, y por eso incluyen citas en sus investigaciones. Nuevamente, incluir citas, muchas o pocas, no significa analizarlas.

4. Analizar no supone caer en argumentos circulares

En este punto, los autores advierten que hay que fundamentar muy bien por qué un extracto de un discurso supone la presencia de una determinada cuestión. Es decir, no hay que tomar las palabras al pie de la letra, sino ir “más allá de la idea de que las conversaciones o los textos son expresiones de puntos de vista, pensamientos y opiniones” (p. 28).

5. Analizar no consiste en emitir falsas generalizaciones

Tampoco se analiza cuando, una vez se han obtenido los datos sobre un asunto concreto, se extrapolan a otros aspectos o incluso al mundo en general.

6. Analizar no se reduce a localizar elementos

Algunos autores prestan tanta atención a los detalles, que consideran que eso basta para analizar un discurso. No es así. “El buen análisis siempre se mueve, de modo convincente, de ida y vuelta entre lo general y lo específico” (p. 30).

¡Suerte y cuidado con las propias trampas, que son las peores!

Foto: http://www.jovenindependiente.com

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