Sobre la ética y la ciencia, a propósito de Bunge

Mario_BungeCreo que sé  lo que le preocupaba a Mario Bunge cuando escribió Ética y ciencia, el último libro que acabo de leer (Siglo Veinte, Buenos Aires, 1972). Creo que lo explica muy bien en el último párrafo del primer apéndice:

“Un humanismo sin ciencia y neutral es inoperante; una ciencia sin humanismo es peligrosa. Para cobrar eficacia, el humanismo universalista debe ser científico y militante. Y para no corromperse, la investigación científica debe guiarse por principios humanistas” (p. 90).

 Como podéis ver, a Mario Bunge le preocupaban dos cosas. La primera, la oscuridad de los filósofos o teóricos de la ética que ha llevado a la gente a pensar que la ética es “un muestrario de opiniones, arbitrariedades y utopías de pensadores ilustres” (p. 14). La segunda, la falta de ética de muchos científicos, que no piensan o no quieren pensar en las consecuencias de sus investigaciones para la humanidad. Y a ello dedica todo el libro, a argumentar el carácter ético de la ciencia y el carácter científico de la ética.

En este último caso, el que más me interesa para mi investigación, el autor apuesta por una ética basada en los conocimientos de la lógica y de las ciencias –naturales y biopsicosociales, como dice él- para avanzar en el conocimiento preciso y riguroso del “problema ético supremo: el de conocer y posibilitar la recta conducta” (p. 14). No basta con “estudiar la conducta tal cual se da, ni basta conocer las pautas óptimas, todos desearíamos saber lo que debiéramos hacer dados determinados fines y determinadas circunstancias” (pp. 76-76).

El autor considera, por tanto, que merece la pena tratar de justificar o criticar las normas en las que nos basamos y de explicar por qué se las adopta o rechaza. En este sentido, es contrario a quienes, como los filósofos irracionalistas o pragmatistas, “quieren hacernos creer que la ética es injustificable, o sea, irracional” (p. 68).

Ahora bien, Bunge tampoco se encuentra del lado de quienes afirman que existen valores y bienes intrínsecos y absolutos (cfr. p. 93): “Seguiremos creyendo que las normas surgen y evolucionan en contextos históricos-culturales concretos, y que normas lógicamente incompatibles entre sí pueden ser igualmente conducentes o eficaces en situaciones diferentes; pero –si no somos pragmatistas puros ni intuicionistas, sino científicos- exigiremos que las normas sean teóricamente justificables. Con esto propenderemos a la universalización de ciertos preceptos, ya que los preceptos justificados teóricamente participan, en cierto sentido, de la universalidad del conocimiento científico” (pp. 70-71).

No sé hasta qué punto tiene razón en concederle tanta importancia al análisis lógico-lingüístico-formal ni si acierta en su defensa de lo que denomina una axiología (teoría de los valores) “relativista y objetivista” (p. 113). Sin embargo, no puedo negar que comparto su preocupación por el oscurantismo y la opinionitis en ética que ha devaluado su valor, así como su deseo de avanzar en el conocimiento riguroso y preciso.

A quienes la cuestión del carácter científico de la ética ni les va ni les venga, les dejo con su idea de la actividad científica como una escuela de moral, válida también para el periodismo y para la comunicación cotidiana, “por exigir la adquisición o el afianzamiento de los siguientes hábitos o actitudes normales:

1)      La honestidad intelectual (o “culto” de la verdad), el aprecio por la objetividad y la comprobabilidad, el desprecio por la falsedad y el autoengaño […]

2)      la independencia de juicio, el hábito de convencerse por sí mismo con pruebas, y de no someterse a la autoridad. […]

3)      coraje intelectual (y aún físico en ocasiones): decisión para defender la verdad y criticar el error cualquiera que sea su fuente y, muy particularmente, cuando el error es propio. […]

4)      amor por la libertad intelectual y, por extensión, amor por las libertades individuales y sociales que la posibilitan; concretamente, desprecio por toda autoridad infundada –sea intelectual o política- y por todo poder injusto. […]

5)      sentido de la justicia, que no es precisamente la servidumbre a la ley positiva –que nos imponen y que puede ser injusta- sino la disposición a tomar en cuenta los derechos y opiniones de prójimo, evaluando sus fundamentos respectivos” (pp. 41-42).

En último lugar, quiero agradecer a Mario Bunge que me haya hecho pensar sobre las relaciones entre la ética y la ciencia y que me haya reafirmado en algunas de mis convicciones personales y profesionales.

 

 Foto obtenida de www.elpais.com

 

Esta entrada fue publicada en Ética, Investigación. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Sobre la ética y la ciencia, a propósito de Bunge

  1. Maite dijo:

    Hola Eva volviste super trabajadora de tus vacaciones eh? A mí ya me falta poco para volver a la rutina. Enhorabuena por el artículo porque se ve muy bien elaborado y fundamentado. De toda una investigadora¡¡ Graciaaaaaaaassssssss¡¡¡

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s