¡Otra ración de ombligos, por favor!

El periódico en el que trabajé casi un año ha cerrado. Mis ex compañeros están en la calle y la ciudad a la que tanto quise –y quiero- cuenta con un medio de comunicación menos. Ahora vivo en Barcelona y me llegan noticias de bajas incentivadas, despidos y Expedientes de Regulación de Empleo.

No son excepciones y todos los que nos movemos en el mundo de la comunicación –periodistas, profesores e investigadores universitarios y alumnos de Facultades de Comunicación- lo sabemos. Y yo me pregunto, ¿qué hacemos?

Los periodistas siguen resolviendo sus problemas por su cuenta. Su razonamiento, en líneas generales, es el siguiente: “Me han echado, qué mala suerte, a ver si consigo un buen finiquito, un paro largo y a ver si pronto encuentro algo. Creo que tengo un conocido en algún lado”. Ay, ¡qué cortos de miras que somos! ¿No vemos que, con ese planteamiento, que las cosas nos vayan mejor –o peor- dependerá única y exclusivamente de la suerte (no digo de la valía profesional, porque el-que-hace-las-cuentas no suele conocernos y, por tanto, no utiliza ese criterio)? Yo creo que ya es hora de unirse y de buscar soluciones conjuntas. Únete a una asociación, a un colegio profesional o a un sindicato; pero únete e intenta aportar algo. Si sólo puedes dar dinero, bueno, ya estás ayudando –yo estoy en el Sindicato de Periodistas de Cataluña y sé de lo que hablo-. Si puedes contar tu experiencia y buscar soluciones, ya vamos mejorando. Que es lento, que es costoso, que es pesado… ¿Pero no ves que cuantos más seamos más fuerza tendremos para cambiar algo?

Y las organizaciones profesionales, a ver si se espabilan, que la mala fama viene por algo. O consiguen ponerse todas de acuerdo para hacer frente a los problemas comunes –a ver si completa el Foro de Organizaciones de Periodistas- o luego no se quejen de que la gente no se les arrima. ¡Que no hay más ciego que el que no quiere ver!

Los profesores e investigadores universitarios también parecen desbordados: “Ha acabado el curso. Estoy agotado. Tengo que publicar algún artículo o libro, o no estaré acreditado. Y Bolonia me tiene asfixiado. Tengo que preparar dos nuevos seminarios”. Por el amor de Dios, ¡¡que nuestros compañeros y alumnos no tienen un cacho de pan que llevarse a la boca!! ¿Dónde están los decanos de las Facultades de Comunicación? ¿Cómo es que no están reunidos de forma urgente para buscar soluciones? ¿Qué balance de curso es ése en el que aparecen el número de doctorados y no el de parados? ¿Y qué investigaciones son ésas, que sólo te interesan a ti y los cuatro pelotas que te rodean?

Y los alumnos, para qué hablar de los alumnos: “Alá, se acabó el curso. Ahora vacaciones y a desconectar, que para eso me lo he currado. Claro que, si me dan prácticas, las cojo, aunque no me paguen nada, porque tal y como está el patio, cualquiera dice que no a un medio de comunicación. ¡Todo sea por adquirir experiencia y contactos!”.

A ver, que no nos enteramos; que la experiencia la vas a adquirir en una semana o dos, que tus contactos no te van a servir de nada, porque con la gente tan buena que están echando a la calle, hay que estar loco para contratar a un novato que no sabe ni por dónde le da el aire. Además, ¿tú quieres que te manipulen o qué? Fórmate bien la cabeza –a ver, enséñame tu plan de lecturas de verano- y procura que no te tomen el pelo cada vez que vayas a una rueda de prensa. Y anda, pásate por el Sindicato, que siempre hacen falta manos.

Estamos en crisis, pero nadie se plantea un cambio. Todos seguimos haciendo lo mismo, porque lo mismo ya nos ocupa demasiado. Pero nos estamos engañando. Todos podemos aportar algo. Pero nos estamos estancando y lo estamos pagando. Pero somos cabezotas y tendremos que tragarnos el fango. Los periodistas tendrán que ver como desaparece su profesión –que, por cierto, yo ya no sé si existe-. Los académicos tendrán que ver cómo disminuyen las matriculaciones de alumnos –o sea, ver como peligra su puesto de trabajo-. Los alumnos tendrán que ver que cuatro años de formación no sirven para trabajar; no ya con dignidad, sino para trabajar en lo que han estudiado –y no me hablen de agencias de comunicación, que estallo-. Al que hoy me hable de oportunidades, le mando al carajo.

Por cierto, ¿no me estará leyendo alguna persona a la que le importen los demás, quiero decir, un ciudadano? Pues ojito, que con el periodismo nos la jugamos todos. Tú también, empresario; que, por cierto, también eres ciudadano. Ya me contarás cómo defiendes la desregulación del mercado cuando ya no haya democracia ni Parlamento ni partidos a los que irles llorando.

Ala, buenas vacaciones y a ver si pensamos.

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2 respuestas a ¡Otra ración de ombligos, por favor!

  1. Maite dijo:

    Bua Eva, qué artículo tan bueno y tan necesario en nuestra sociedad. Me ha removido mucho por dentro ya que aunque no sea periodista, dentro de nada me enfrento de nuevo a la competitividad del mundo laboral y a la crisis. Hablaremos de este tema en persona porque seguro que puedes darme algún consejo. Muchas gracias y hasta pronto. Sigue así, eva, sigue así. Siendo valiente y arriesgando en los temas.

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  2. Jordi dijo:

    Me ha gustado mucho!!! Ahí va Eva con contundencia… Este estilo me encanta! 😉 Un abrazo

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