Un antiguo compañero de trabajo ha conseguido una beca para realizar el doctorado. Se muestra abierto a consejos y decido responderle públicamente, por si mi experiencia pudiera servirle a alguien más, aun a sabiendas de que no he terminado la tesis doctoral y, por tanto, carezco de la visión completa.
La elaboración de la tesis es una tarea ardua. Fundamentalmente, porque es un trabajo en el que se pasan muchas horas solo -lo cual requiere una gran fuerza de voluntad- y porque no se ven los frutos del esfuerzo hasta pasado mucho tiempo -lo cual exige una gran paciencia-.
Esta dificultosa labor puede verse agravada si uno cae en una Facultad que carece de un programa de formación/promoción. Y no me refiero a los pasos administrativos habituales -máster oficial, trabajo final, inicio de tesis, etc.- sino a una planificación institucionalizada -seminarios para reforzar lagunas teórico-metodológicas, formación docente, participación en un equipo de investigación, asesoramiento para participar en congresos y publicar artículos en revistas especializadas, etc.-.
Si esto no existe, lo que es más habitual de lo que parece, el doctorando depende exclusivamente de su capacidad de trabajo y de la vocación de su director. Es por ello que lo primero de todo es tener un área o tema de interés -no diré vital, pero casi- y un buen director.
En el primer caso, lo mejor es ser sincero con uno mismo y preguntarse por qué se quiere hacer el doctorado y si esa motivación será suficiente cuando lleguen los momentos críticos -que llegarán-. Si a uno le basta con adquirir un título por si acaso, adelante, pero le costará mucho más y probablemente la calidad de su trabajo no sea tan buena como la de quien quiere solucionar un problema social, responder a una íntima inquietud o dedicarse a la docencia universitaria por encima de todo.
En el segundo, es preciso buscar información sobre la persona que podría dirigir el trabajo-si tiene experiencia o no, si es dialogante o autoritario, si mantiene reuniones constantes o sólo aparece al final, etc.-. Generalmente, no se trata de encontrar a la persona ideal, sino aquella que mejor se adapta a nuestras necesidades. Por ejemplo, si yo soy una persona caótica, es posible que necesite un director sistemático. Si me desmotivo con facilidad, necesitaré alguien optimista y estimulante. Si soy dubitativo, alguien dialogante y que argumente sus posiciones. Para acertar en este asunto crucial conviene hacer un esfuerzo por dejar atrás las inseguridades e informarse, bien directamente -preguntándole sus gustos y su forma de trabajar-, bien indirectamente -a través de otras personas que haya dirigido-.
Una vez que tengas más o menos claro qué quieres investigar, por qué y de la mano de quién, te sugiero que intentes formular tu tema en forma de pregunta -la idea no es mía, la he leído en algún manual- y busques los conceptos clave en bases de datos especializadas en lo tuyo. La idea es buscar “todo” lo que se haya escrito sobre este tema, o parecido, en los idiomas que conozcas y que estés dispuesto a aprender. Te aseguro que, si buscas bien, encontrarás muchísima más información de la que puedes leer.
Los investigadores inexpertos tienen la tentación de elegir un tema en abstracto cuando lo mejor, a mi juicio, es leer obras y artículos parecidos a lo que uno quiere investigar. Así se comprueba, en primer lugar, si lo que queremos hacer ya está hecho o no. Si ya está hecho, seguro que hay algún aspecto por completar o actualizar. Si no, seguro que se apela a autores, teorías, datos y experiencias que nos pueden servir para fundamentar nuestro trabajo. La búsqueda también es muy útil para redactar un estado de la cuestión o para ahondar en los antecedentes históricos del asunto. En fin, lo que quiero decir con todo esto es que merece la pena invertir tiempo en la fase de documentación antes de lanzarse a leer y, por supuesto, a escribir.
Leer y tomar notas de lo leído no es tan fácil como parece. Algunos autores recomiendan, creo que con acierto, seleccionar un bloque de lecturas (cuatro o cinco libros o artículos sobre un tema común) y, una vez leído, pararse a pensar y escribir algo. Para decidir el orden y seleccionar las obras puede ser útil echar un ojo a los índices, las introducciones y las conclusiones. Tomar notas y extraer citas tampoco es fácil, ya que al principio todo nos resulta nuevo e interesante. Con el tiempo, uno va descubriendo las repeticiones, las personas que son referentes, las ideas que están mejor o peor expresadas… En definitiva, uno va adquiriendo criterio y puede tomar mejores notas.
A medida que vamos leyendo y hablando con otras personas -entre ellas, ojalá, el director-, vamos concretando el tema de tesis y perfilando el índice del trabajo. La estructura de un típico trabajo en Ciencias Sociales suele tener dos partes: una, donde se exponen los conceptos e ideas desde los que de parte; y otra, donde se aplican dichas teorías a un caso práctico o trabajo de campo. Puede resultarte útil seleccionar un epígrafe de ese índice y agrupar las lecturas sobre ese epígrafe, para después redactarlo. No olvides que el doctorado son varios años y que la memoria humana es frágil y traicionera.
A lo largo del proceso sufrirás altibajos en tu estado de ánimo. No te preocupes. En todas las fases hay momentos de subida, momentos de bajada y momentos de meseta. Hay días -a veces, instantes- en los que crees que has tenido una idea brillante, días -a veces, meses- en los que te parece que eres un investigador mediocre que se limita a copiar y pegar citas, y días -a veces años- en los que ni sientes ni padeces. Mi consejo es que trabajes las mismas horas te encuentres en la fase en la que te encuentres. Es verdad que si estás hundido después de una dura crítica no vas a estar completamente concentrado y por eso tal vez debas dedicar ese día a tareas mecánicas -búsqueda de bibliografía, ordenar carpetas, hacer copias de seguridad-, pero al final de día te sentirás satisfecho de haber cumplido con tu trabajo. El autoengaño es muy fácil en esta actividad-porque estás tú solo contigo mismo-, así que, si quieres aceptarlo, creo que éste es mi mejor consejo: Pase lo que pase, trabaja, trabaja y trabaja, como si no hubiera pasado nada.
La tesis doctoral es una excelente oportunidad para conocerse a sí mismo, para abrirse a la realidad, para aportar un poco de luz en este mundo tan caótico y misterioso… No la desperdicies y, sobre todo, disfrútala.
Foto tomada de aquí.