Estos días he leído y releído dos libros que considero fundamentales para comprender qué es y qué debería ser el periodismo. El primero está escrito por dos periodistas norteamericanos, Bill Kovach y Tom Rosenstiel, y se titula Los elementos del Periodismo (2001), y el segundo es del periodista español Iñaki Gabilondo y se denomina El fin de una época. Sobre el oficio de contar las cosas (2011). Se trata de dos trabajos muy diferentes en cuanto a la forma -una investigación exhaustiva frente a un relato personal, respectivamente-, pero que coinciden de forma asombrosa en el contenido, a pesar de la distancia geográfica y temporal.
Lo que debería ser el periodismo
¿Cuál es la finalidad o utilidad del periodismo, cuál es la razón de ser del trabajo de los periodistas? Los autores ofrecen las siguientes respuestas:
“El propósito del periodismo consiste en proporcionar al ciudadano la información que necesita para ser libre y capaz de gobernarse a sí mismo” (K&R, 2003, 18).
“El periodista debe ofrecer al lector elementos de juicio para entender el mundo en el que vive, para que pueda tomar sus propias decisiones” (G, 27).
En estas definiciones subyace algo muy importante y es la estrecha vinculación que existe -o mejor dicho, debería existir- entre conocimiento y acción, información periodística y participación ciudadana, periodismo y democracia.
Esta definición es bastante genérica, lo cual, unido a que el periodismo es un término “muy polisémico” (G, 52), nos lleva a analizar ”los elementos del periodismo” de forma más detallada. Vamos allá.
1) Buscar y contar la verdad
Este objetivo, tan propicio a los prejuicios y malentendidos, suele encontrarse presente en todos los periodistas de una u otra forma.
“El periodismo intenta llegar a la verdad en un mundo confuso procurando discernir en primer lugar lo que es información fidedigna de todo lo que son informaciones erróneas, desinformación o información interesada, para luego dejar que la comunidad reaccione y el proceso de discernimiento continúe. La búsqueda de la verdad se convierte en un diálogo” (K&R, 63).
Gabilondo afirma algo parecido, pero con otras palabras: “Mi compromiso, mi contrato con la gente desde el primer día que empecé ha sido siempre decir con honestidad lo que creo, trata de transmitir con diáfana claridad la diferencia entre lo que sé y lo que me parece, la información de la opinión” (G, 113-114).
Yo creo que los periodistas coinciden en tres afirmaciones básicas que subyacen cuando se habla de “la verdad”: la realidad existe, la realidad se puede conocer mejor o peor y la realidad se puede comunicar de forma más o menos fidedigna. Y esto significa que hay que esforzarse por conocer, verificar y contar lo que ocurre de la mejor forma posible.
2) Mantener la independencia
Los periodistas valoran muy mucho su libertad, y no es para menos. Kovach y Rosenstiel señalan que muchos informadores consideran crucial “mantener cierta distancia personal a fin de mantener la claridad de ideas y hacer valoraciones independientes” (K&R, 143).
Gabilondo cita la parábola de los puercoespines del filósofo Shopenhauer para hacernos comprender que “la dificultad mayor de la vida es la distancia” (G, 82). En invierno, los puercoespines han de mantener la separación justa: lo suficientemente cerca como para darse calor, pero lo suficientemente lejos como para no pincharse.
Y cada uno debe saber dónde está su límite. Gabilondo se conoce a sí mismo, lo cual es fundamental en estos casos: “Yo me encariño con la gente. [...] Yo no podría ni sabría estar regularmente en contacto con un personaje político y no simpatizar, no entender sus problemas, sus cuitas, no convertirme en un observador inadecuado” (G, 83).
3) Servir al ciudadano
Otro rasgo esencial del periodismo es ser fiel al ciudadano, frente a otro tipo de intereses personales o ajenos. De otro modo, se destruye la confianza, vital en cualquier tipo de comunicación.
“Más que vender contenido a los clientes, los periodistas construyen una relación con sus lectores, oyentes o espectadores basada en sus valores, en sus juicios, autoridad, valor, profesionalidad y compromiso con la comunidad” (K&R, 86).
Compromiso con la comunidad significa, para Gabilondo, vocación para servir a las personas: “Se elige esta profesión porque te importa el otro, tu semejante, y porque quieres hacer algo que sirva a la sociedad. Si no son ésas las razones, entonces es un oficio muy mal elegido” (G, 57).
4) Vigilar a cualquier clase de poder
“El principio de vigilancia y control [tan arraigado entre los profesionales de la información] significa algo más que limitarse a controlar al Gobierno y se extiende a todas las instituciones poderosas de la sociedad” (K&R, 157).
Lamentablemente, muchas veces se malinterpreta, como expone el periodista vasco: “Siempre ha creído que los periodistas tenemos ciertas dificultades para entender nuestro papel. No sé si el periodismo es el cuarto poder, el segundo o el tercero. Pero no es ni mucho menos el primero: nosotros no tenemos que gobernar, no tenemos que impartir justicia” (G, 76-77).
Gabilondo llama la atención además sobre el hecho de que el mundo periodístico-mediático también constituye un poder, lo cual requiere, como mínimo, una buena dosis de autocrítica, muchas veces inexistente (G, 90).
5) Dar voz y escuchar al público
Las nuevas tecnologías han otorgado un mayor protagonismo a la participación del público en la búsqueda, valoración y difusión de información. Esto constituye sin duda algo muy positivo, pues, cuantas más voces, mayores posibilidades de enriquecimiento. Es por ello que Kovach y Rosenstiel destacan que una de las misiones básicas del periodismo consiste en “proporcionar un foro para el debate y el compromiso públicos” (K&R, 187).
Gabilondo también es partidario de lo que denomina “la democratización del periodismo”, si bien considera fundamental “la necesidad de filtrar, la importancia de un trabajo solvente, con un sello de garantía reconocible, con nombres y apellidos y sin exabruptos que se oculten en el anonimato. Asimismo, el buen periodismo requiere siempre que los hechos se contextualicen” (G, 125).
6) Ser fiel a la propia conciencia
Otro aspecto destacado por los periodistas norteamericanos es la importancia de seguir la propia conciencia personal (K&R, 249). Gabilondo vuelve a coincidir con ellos y lamenta la ausencia de unos “parámetro intocables” (G, 45) o unas “líneas de civilidad” (G, 48) compartidas entre todos los miembros de la profesión periodística -y empresarial, añado yo, pues el periodismo no depende sólo del buen hacer de los periodistas-. Creo que merece la pena incluir una cita larga para comprender la importancia de compartir unos valores, no sólo por respeto al resto de la sociedad, sino para hacer respetar al propio periodismo:
“Valoremos un símil: un cirujano se lava las manos antes de operar. Si trabaja en un hospital privado, se lava las manos antes de operar y si trabaja en un hospital público también. Si el hospital está en una situación de pérdidas, también. Si el hospital se asocia con veinte multinacionales de la cirugía, también. Y si trabaja en un centro pequeño, el cirujano también se lava las manos antes de operar. El cirujano ha institucionalizado el principio de lavarse las manos antes de operar como una realidad que le protege de cualquier vaivén que se produzca en el mundo. Nadie logrará nunca que un cirujano no se lave las manos antes de operar. [...] Y sin embargo el periodismo español no ha rescatado ninguna línea defensiva” (G, 44-45).
Hasta aquí, por tanto, lo relativo a lo que debería ser el periodismo. En el próximo post me centraré en lo que el periodismo es, se ha convertido o se está convirtiendo, a juicio de estos autores. Mientras tanto, os lanzo una pregunta, con la esperanza de que podamos iniciar un diálogo que nos enriquezca a todos: ¿Estás de acuerdo en la descripción que hacen estos autores de la esencia del periodismo? ¿Crees que sobra o falta algún elemento esencial? ¿Por qué?
Muchas gracias por participar.
Imagen tomada de aquí.